Proteínas animales y medio ambiente, una combinación peligrosa

Carne roja

Si existe un nutriente que se le atribuye a los músculos, ciertamente son las proteínas. Efectivamente, se trata de un constituyente mayor del tejido muscular, cuyos aportes merecen ser optimizados a diario cuando el individuo se interesa por la práctica deportiva, cuando se quiere adelgazar, o simplemente cuidar la salud. Adelgazar y la práctica frecuente de una actividad física engendran en efecto un aumento de las necesidades teóricas.

Este razonamiento es fisiológico y es objeto de las principales recomendaciones nutricionales. Pero si llevamos una mirada un tanto más global sobre el papel de la alimentación, en una dimensión colectiva, la situación no es tan sencilla. En efecto, viendo la evolución de la demografía y la tendencia actual de la población mundial de aumentar sus aportes en proteínas animales, finalmente empieza a crearse un problema.

Mientras que las proyecciones nos conducen a más de 9,6 mil millones de habitantes en el planeta de aquí a 2050, el mantenimiento de tal tipo de consumo en proteínas animales es en efecto un problema de carácter ecológico. A escala humanitaria, revisar a la baja el consumo de proteínas animales es indispensable. La producción de ganado monopoliza el 70% de las tierras cultivables, y el 40% de los cereales cultivados en todo el mundo están destinados a alimentar al ganado que moviliza estas tierras.

Este es uno de los puntos esenciales para garantizar esta demanda creciente de proteínas animales. Es indispensable aumentar la producción de cereales en detrimento de la fertilidad de las tierras y del respeto al ecosistema. En resumen, mientras que más de 840 millones de personas sufren hambre en el mundo, y 2000 millones de carencias nutricionales, el sistema actual prioriza un débil rendimiento energético para responder a las necesidades crecientes de proteínas animales en detrimento de soluciones globales, tanto nutricionales como medioambientales y económicas.

En efecto, en función de las especies, el coste energético de la caloría animal estimado es de aproximadamente de 3 a 9 calorías vegetales. Si tomamos el ejemplo de un buey criado de forma industrial durante tres años para proporcionar 200 kilos de carne, este buey consumirá 1300 kg de granos y 7200 kilos de forraje. De media, 7 kilos de cereales son necesarios para producir un kilo de carne en la ganadería intensiva. Quien dice cultivo, dice también consumo de agua.

La impronta hídrica es una unidad de medida virtual, que permite cuantificar el agua necesaria para la producción de un alimento en el conjunto de las etapas, directas e indirectas. Entre 1996 y 2005, la impronta hídrica de la humanidad fue enorme, el 92% de esta fue destinada para la agricultura y la ganadería. Según un informe publicado en 2010 por el HIE de la UNESCO, la producción de un kilo de buey requiere 15.000 litros de agua.

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