La influencia de la Luna sobre el campo magnético de la Tierra

Luna-tierra

El campo magnético de la Tierra nos protege cada día de partículas cargadas y de radiaciones procedentes de la radiación solar. Este escudo está producido por los movimientos rápidos de enormes cantidades de aleación de hierro líquido en el núcleo externo del planeta. Para mantener este campo magnético, el modelo clásico reclamaba que el núcleo terrestre se hubiera enfriado aproximadamente 3000 grados en los últimos 4,3 mil millones de años. Esto era sin contar con la influencia de la Luna.

El modelo clásico de formación del campo magnético de la Tierra levantaba una paradoja mayor. Para que esta geodinámica funcionara, la tierra debería haberse fundido completamente hace 4000 millones de años, y su núcleo si hubiera tenido que enfriar lentamente unos 6800 grados. Unos trabajos recientes de modelización de la evolución precoz de la temperatura interna del planeta, y geoquímicas sobre la composición de carbonatitos y de basaltos más antiguos van en contra de este enfriamiento. Si las temperaturas tan altas son excluidas, los investigadores proponen otra fuente de energía en este estudio.

Un equipo de investigadores sugiere que la temperatura ha bajado de sólo 300 grados. La acción de la Luna, olvidada hasta ahora, compensaría entonces esta diferencia para mantener la geodinámica activa.

La Tierra adopta una forma aplanada, da vueltas alrededor de un eje inclinado que oscila alrededor de los polos y su manto se deforma elásticamente por el efecto de la marea debida a la luna. Los investigadores han mostrado que este efecto podría estimular continuamente los movimientos de aleación de hierro líquido que constituye el núcleo externo, y generar a su vez el campo magnético terrestre.

Esta energía es suficiente para generar el campo magnético de la Tierra que con la Luna, resuelve la paradoja mayor del modelo clásico. Un tal efecto de fosas gravitacionales sobre el campo magnético de un planeta ha sido ampliamente documentado a través de dos satélites naturales, el de Júpiter y el de muchos exoplanetas.

Como ni la rotación de la Tierra alrededor de su eje, ni la orientación de este eje, ni la órbita de la Luna son perfectamente regulares, su influencia acumulada sobre los movimientos en el núcleo es inestable y puede hacer fluctuar la geodinámica. Este fenómeno permite explicar ciertos pulsos de calor en el núcleo externo y en su frontera con la capa de la tierra. Históricamente, esto ha podido conducir a picos de fusión en el manto profundo y eventuales acontecimientos volcánicos mayores en la superficie de la Tierra. Este nuevo modelo destaca que la influencia de la Luna sobre la Tierra supera ampliamente el simple caso de las mareas.

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