
Las Zonas de Aceleración de Renovables (ZAR) en Lanzarote se han convertido en uno de los focos principales del debate energĆ©tico en Canarias. Lo que nació como una herramienta para facilitar la implantación de energĆas limpias y evitar conflictos administrativos, ha terminado abriendo un frente polĆtico y tĆ©cnico que mantiene en tensión al Gobierno autonómico y al Cabildo insular.
En apenas un aƱo, estas Ć”reas para agilizar proyectos eólicos y fotovoltaicos han pasado de ser motivo de felicitación por parte de la Unión Europea a convertirse, en el caso de Lanzarote, en objeto de dudas por errores en los mapas, reproches cruzados y peticiones de aclaración pĆŗblica. El fondo del asunto sigue siendo el mismo: cómo avanzar en la descarbonización sin perder seguridad jurĆdica ni respaldo social.
Qué son las Zonas de Aceleración de Renovables y por qué afectan tanto a Lanzarote
Las ZAR son Ć”reas previamente consensuadas entre el Gobierno de Canarias y los cabildos, diseƱadas para concentrar la instalación de parques eólicos y plantas fotovoltaicas en lugares donde, en teorĆa, se minimizan impactos ambientales y conflictos de uso del suelo. La idea es que, una vez delimitadas, los proyectos que se ubiquen dentro de estos perĆmetros tengan una tramitación mĆ”s rĆ”pida y con menos riesgo de acabar en los tribunales.
Este marco se impulsa en un contexto en el que la comunidad autónoma se ha marcado objetivos ambiciosos de penetración de renovables, con la meta de alcanzar alrededor del 58% de generación eléctrica a partir de fuentes limpias en 2030. Para lograrlo, el Ejecutivo regional pretende evitar la parÔlisis que se ha vivido en el pasado, cuando numerosos proyectos terminaban judicializados por discrepancias entre administraciones sobre su ubicación.
La herramienta legal que dio cobertura a estas zonas no estuvo operativa hasta junio del aƱo pasado, cuando el Parlamento de Canarias aprobó un decreto que modificó la Ley de Cambio ClimĆ”tico. Ese cambio normativo incluyó explĆcitamente la creación de las ZAR, aunque los contactos con los cabildos para ir preparando el terreno se habĆan iniciado bastante antes.
Desde entonces, el departamento de Transición Ecológica, dirigido por Mariano HernÔndez Zapata, ha señalado estas zonas como un hito clave para acelerar la instalación de renovables sin reproducir las batallas legales del pasado. Sin embargo, la implantación real estÔ siendo desigual según la isla y su grado de planificación previa.
El papel de Lanzarote: pionera en firmar, cuestionada en la aplicación
En el verano pasado, Lanzarote se situó en la primera lĆnea de este nuevo modelo: en julio se firmó el protocolo ZAR en la isla, y un mes despuĆ©s hizo lo propio La Gomera. Este movimiento convirtió a ambas islas en referencia dentro del ArchipiĆ©lago, al ser las primeras en plasmar sobre el mapa dónde se podrĆan desarrollar, con prioridad, los nuevos proyectos de energĆas renovables.
En el caso concreto de Lanzarote, el acuerdo fijó 3.163,89 hectĆ”reas designadas como ZAR, aproximadamente el 3,75% de la superficie total de la isla. Estos suelos se definirĆan como preferentes para la implantación de plantas fotovoltaicas y parques eólicos, con la intención de simplificar los trĆ”mites y reducir la incertidumbre tanto para las administraciones como para los promotores.
Las cifras, sin embargo, han generado debate polĆtico y social. SegĆŗn los propios documentos oficiales, la ocupación real necesaria de suelo para cumplir los objetivos de descarbonización fijados para 2030 serĆa de solo el 0,23% del territorio insular, muy por debajo del 3,75% delimitado como ZAR. Este desfase entre suelo necesario y suelo potencialmente utilizable ha alimentado preguntas sobre el criterio seguido para marcar los mapas.
En paralelo, desde la ConsejerĆa se ha destacado que la experiencia de las ZAR en Canarias, con Lanzarote y La Gomera como casos avanzados, ha recibido una felicitación expresa de la Unión Europea. Bruselas ha puesto al ArchipiĆ©lago como ejemplo de cómo trasladar a la normativa interna la directiva comunitaria que promueve la simplificación de permisos para las energĆas renovables.
Pero mientras llega el reconocimiento europeo, en el plano interno el consenso se ha ido resquebrajando. Lo que sobre el papel debĆa ser un modelo de coordinación interadministrativa ha terminado derivando, en Lanzarote, en un choque abierto entre instituciones que comparten incluso el mismo color polĆtico.
Diferencias entre islas y ritmo desigual en la firma de las ZAR
Aunque Lanzarote y La Gomera fueron las primeras en estampar la firma en los protocolos ZAR, el resto de islas no ha ido al mismo ritmo. La viceconsejera de Transición Ecológica, Lucha contra el Cambio ClimĆ”tico y EnergĆa, Julieta Schallenberg, ha reconocido que cada cabildo partĆa de una situación diferente en su planificación territorial y energĆ©tica, lo que ha obligado al Gobierno autonómico a āacompasarā el paso.
Este desfase se explica en parte por las distintas realidades energéticas insulares. La viceconsejera sitúa a El Hierro a la cabeza, gracias a la existencia de la central hidro-eólica Gorona del Viento, que ha convertido a la isla en un referente internacional. Tras ella, ubica a Gran Canaria y Tenerife, que cuentan con un desarrollo renovable mÔs avanzado que otras islas.
A medio plazo, la previsión oficial es que La Gomera gane todavĆa mĆ”s peso una vez se inaugure la interconexión elĆ©ctrica con Tenerife, prevista para el próximo aƱo. Esa infraestructura permitirĆ” optimizar la integración de renovables y mejorar la gestión del sistema elĆ©ctrico regional.
En el lado opuesto se encuentran Fuerteventura, Lanzarote y La Palma, situadas āpor detrĆ”sā en cuanto a penetración de energĆas limpias. Desde la ConsejerĆa se insiste en que las ZAR deben servir precisamente como acicate para acelerar el despliegue en estas islas, donde aĆŗn queda mucho margen para incrementar la generación renovable.
En La Palma, los esfuerzos se han centrado en reforzar la red de distribución y transporte, una condición previa imprescindible para poder elevar el peso de las renovables en el mix de generación sin comprometer la estabilidad del sistema. En Fuerteventura, en cambio, se subraya que existe una amplia disponibilidad de zonas potenciales, pero se estÔ a la espera de encajar las nuevas Ôreas de aceleración con el plan territorial propuesto por el cabildo.
El conflicto polĆtico en Lanzarote por los mapas de la ZAR
Mientras en otras islas las negociaciones avanzan de manera mĆ”s discreta, en Lanzarote el foco se ha desplazado hacia un enfrentamiento institucional abierto. El diputado socialista por Lanzarote y La Graciosa, Marcos Bergaz, ha llevado el asunto al pleno del Parlamento de Canarias, reclamando el fin del choque entre el Gobierno autonómico y el Cabildo insular en torno a la llamada āfallidaā ZAR de la isla.
El origen del conflicto estÔ en los errores detectados en los mapas que delimitan las zonas de aceleración. Esos documentos cartogrÔficos determinan qué suelos pueden destinarse a la implantación de plantas fotovoltaicas y parques eólicos, y son la base sobre la que se apoyan tanto los promotores como las administraciones para impulsar proyectos concretos.
Según ha denunciado Bergaz, la presentación pública del Protocolo de la ZAR de Lanzarote se hizo con orgullo por parte del Gobierno canario y del Cabildo, que presumieron de ser los primeros de Canarias en cerrar este tipo de acuerdo. Sin embargo, pasado el tiempo, ambas administraciones no logran ofrecer una explicación conjunta y coherente sobre qué ha fallado exactamente en la confección de esos mapas.
El diputado califica de āincomprensible e irresponsableā el enfrentamiento entre dos instituciones gobernadas por los mismos partidos, Coalición Canaria y Partido Popular, a causa de las consecuencias de esos supuestos errores. Mientras el Ejecutivo autonómico defiende el rigor tĆ©cnico del documento y el consenso alcanzado, el Cabildo ha llegado a plantear la paralización de la ZAR por posible nulidad de pleno derecho de lo actuado hasta ahora.
Las discrepancias han alimentado una sensación de āespectĆ”culoā polĆtico, en palabras del propio Bergaz, que considera que la ciudadanĆa asiste a un cruce de acusaciones sin que se ofrezca una versión clara y compartida sobre quĆ© partes del mapa son correctas, cuĆ”les deben rectificarse y en quĆ© plazos se abordarĆ”n esas correcciones.
Transparencia, seguridad jurĆdica y plazos en entredicho
MĆ”s allĆ” de los aspectos tĆ©cnicos, el debate sobre la ZAR de Lanzarote se ha centrado tambiĆ©n en la gestión polĆtica y la transparencia. El parlamentario socialista ha cuestionado por quĆ© el Gobierno de Canarias tardó varios meses en remitir al Parlamento el expediente solicitado sobre la zona de aceleración, y por quĆ© el Cabildo no ha publicado todavĆa, segĆŗn denuncia, los mapas āverdaderamente acordadosā.
Estas crĆticas se acompaƱan de preguntas directas: quĆ© necesidad habĆa de demorar la entrega de la documentación, por quĆ© no se difunden los planos definitivos y, en general, por quĆ© se mantiene un clima de opacidad en una cuestión que afecta al modelo energĆ©tico y territorial de la isla. Para Bergaz, el resultado es una āmala imagenā institucional y una pĆ©rdida de confianza ciudadana.
El diputado ha pedido a ambas administraciones que comparezcan de forma conjunta, ya sea en Lanzarote, en La Graciosa o en el propio Parlamento, para ofrecer una explicación compartida y poner fin a lo que califica como ālĆoā generado por los propios gobiernos. A su juicio, la transición energĆ©tica no puede gestionarse al ritmo del enfrentamiento polĆtico, sino con criterios de responsabilidad y estabilidad normativa.
En este contexto, cobra especial relevancia la demanda de seguridad jurĆdica para los proyectos renovables que se pretendan ubicar en las ZAR de Lanzarote. Si los mapas estĆ”n en cuestión y no existe un criterio Ćŗnico entre Gobierno regional y Cabildo, los inversores y promotores pueden encontrarse con un escenario de incertidumbre que contraviene precisamente el espĆritu con el que nacieron estas zonas de aceleración.
La paradoja es evidente: una herramienta diseƱada para simplificar y agilizar procedimientos podrĆa terminar generando mĆ”s dudas de las que resuelve si no se corrigen los errores detectados y no se cierran filas institucionalmente en torno a una versión Ćŗnica y validada del planeamiento.
El reto de compatibilizar objetivos climƔticos y consenso territorial
El caso de Lanzarote ilustra hasta quĆ© punto la transición energĆ©tica exige equilibrar metas climĆ”ticas, planificación territorial y consenso polĆtico. Por un lado, las islas estĆ”n obligadas a incrementar con rapidez la generación renovable si quieren cumplir los objetivos marcados para 2030 y reducir su dependencia de combustibles fósiles importados.
Por otro, la experiencia acumulada en Canarias muestra que la elección de ubicación de parques eólicos y plantas solares no es un asunto menor: impacta en el paisaje, en usos agrĆcolas, en actividades económicas y en la percepción social de los proyectos. De ahĆ que las ZAR se idearan como un mecanismo para adelantar y pactar esas decisiones, reduciendo el margen para sorpresas de Ćŗltima hora y conflictos posteriores.
En Lanzarote, la amplitud de las zonas señaladas -esas 3.163 hectÔreas, equivalentes a unos 4.200 campos de fútbol- contrasta con la superficie realmente necesaria para alcanzar los objetivos de descarbonización. Este desfase reabre debates sobre el equilibrio entre reserva de suelo, protección de determinados espacios y margen de maniobra para proyectos futuros.
A nivel regional, la ConsejerĆa insiste en que se estĆ”n redoblando esfuerzos, especialmente en islas como Fuerteventura, Lanzarote y La Palma, para que las ZAR sirvan de trampolĆn y no de obstĆ”culo. Sin embargo, los tiempos polĆticos, la complejidad tĆ©cnica y las distintas sensibilidades insulares hacen que el avance sea menos lineal de lo que cabrĆa esperar sobre el papel.
El desafĆo pasa por alinear a todas las administraciones implicadas -Gobierno autonómico, cabildos y ayuntamientos- en una hoja de ruta comĆŗn, evitando dobles discursos y contradicciones pĆŗblicas que erosionen el respaldo a las renovables. La experiencia reciente en Lanzarote muestra que cualquier fisura en esa coordinación se amplifica rĆ”pidamente en el debate polĆtico y mediĆ”tico.
Todo este proceso sitĆŗa a las Zonas de Aceleración de Renovables en Lanzarote en un punto clave: si se logra corregir los fallos de planificación, aclarar los mapas y reconstruir la confianza entre instituciones, estas Ć”reas pueden convertirse en un instrumento eficaz para acelerar la descarbonización en la isla y en el conjunto de Canarias; si no, el riesgo es que se consoliden como ejemplo de cómo una buena idea se complica al chocar con la realidad administrativa y polĆtica.