Von der Leyen admite que abandonar la energía nuclear fue un error estratégico para Europa

  • Ursula von der Leyen reconoce que alejarse de la energĂ­a nuclear fue un “error estratĂ©gico” para Europa.
  • La ComisiĂłn Europea lanza una estrategia para pequeños reactores modulares (SMR) con una garantĂ­a de 200 millones de euros.
  • La UE busca reducir su dependencia de combustibles fĂłsiles en plena crisis geopolĂ­tica y de precios energĂ©ticos.
  • Francia lidera el giro pronuclear, mientras España mantiene su calendario de cierre y Alemania considera “irreversible” su apagĂłn atĂłmico.

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La nueva crisis geopolítica y el encarecimiento de la energía han reabierto en Europa un debate que muchos daban por zanjado: el papel de la nuclear en el mix energético. En este contexto, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha admitido públicamente que abandonar la energía nuclear fue un error estratégico para la Unión Europea, un mensaje que marca un giro muy notable respecto a la línea que predominó tras el accidente de Fukushima.

Mientras los precios del gas y el petróleo se disparan de nuevo por la guerra en Oriente Próximo y las tensiones en el Golfo Pérsico, Bruselas intenta blindar la seguridad de suministro y la competitividad de su industria. Para la Comisión, la combinación de energía nuclear y renovables se perfila ahora como una vía clave para reducir la dependencia de combustibles fósiles importados y estabilizar los costes eléctricos.

«Fue un error estratégico»: el giro de Von der Leyen sobre la nuclear

En la Cumbre de Energía Nuclear celebrada en París, organizada por Francia y el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), Von der Leyen dejó claro que la UE se equivocó al reducir de forma tan drástica el peso de la energía atómica en su sistema eléctrico. Según recordó, en 1990 cerca de un tercio de la electricidad europea procedía de la nuclear y hoy apenas ronda el 15%.

La presidenta de la Comisión subrayó que esta caída no fue fruto del azar, sino de una decisión política deliberada. A su juicio, dar la espalda a una fuente “fiable, asequible y con bajas emisiones” supuso un error de cálculo en un continente que apenas produce petróleo ni gas y que es extremadamente vulnerable a los vaivenes de los mercados energéticos globales.

Sus palabras suponen también un cambio personal relevante: Von der Leyen formó parte de los gobiernos de Angela Merkel que impulsaron el cierre escalonado de los reactores alemanes tras Fukushima. Ahora, desde Bruselas, admite que aquella senda ha dejado a Europa más expuesta y con un mix más caro y dependiente del exterior.

La dirigente comunitaria vinculó directamente este giro al nuevo contexto internacional: la guerra de Rusia contra Ucrania, el conflicto entre EEUU, Israel e Irán y la tensión en el estrecho de Ormuz han demostrado con crudeza hasta qué punto la dependencia del gas y el petróleo puede usarse como arma de presión económica y política.

Un plan europeo para minirreactores nucleares y más inversión

Ese reconocimiento del “error estratégico” no se queda en lo simbólico. La Comisión Europea ha presentado una nueva estrategia para impulsar los pequeños reactores modulares (SMR), una tecnología nuclear de menor tamaño y mayor flexibilidad que aspira a complementar tanto a las grandes centrales como a las renovables.

Bruselas plantea que los primeros SMR estén operativos a principios de la década de 2030, con el objetivo de desplegar entre 17 y 53 gigavatios de potencia instalada hacia 2050. Teniendo en cuenta que la flota nuclear actual ronda los 100 GW en la UE, en el escenario más ambicioso esta tecnología podría aumentar la capacidad nuclear europea hasta un 50%.

La Comisión quiere que estos minirreactores no se limiten a generar electricidad para la red, sino que también apoyen procesos industriales intensivos en energía y contribuyan a descarbonizar sectores difíciles de electrificar. Entre sus potenciales usos se incluyen el suministro a grandes complejos fabriles, la producción de hidrógeno bajo en carbono o el calor de proceso para determinadas industrias.

Para respaldar este impulso, el Ejecutivo comunitario ha anunciado una garantía de 200 millones de euros destinada a movilizar inversión privada en tecnologías nucleares innovadoras, financiación que procederá del sistema europeo de comercio de emisiones (ETS). El objetivo es reducir el riesgo percibido por los inversores en un sector que exige desembolsos muy elevados y plazos largos.

Desde Bruselas insisten en que lo realmente relevante no es solo la cifra, relativamente modesta frente a las necesidades totales, sino el cambio de enfoque político y regulatorio: se reconoce explícitamente el papel de los SMR dentro de una estrategia de neutralidad tecnológica, se habla de energía “limpia” y se pasa de considerar la nuclear un tabú a verla como un pilar posible de la transición energética.

Reglas, permisos y cooperaciĂłn: la otra mitad del plan nuclear europeo

Más allá del apoyo financiero, la Comisión quiere acelerar los proyectos nucleares simplificando su entorno normativo. En la cumbre de París se esbozó una hoja de ruta que incluye marcos regulatorios de prueba para tecnologías innovadoras, la armonización de estándares de seguridad entre países y la agilización de los procedimientos de autorización.

El propio director general del OIEA, Rafael Grossi, incidió en que no tiene sentido que una central tarde cuatro o cinco años en obtener permisos si Europa pretende recuperar su liderazgo en esta industria. En su opinión, es posible mantener un nivel muy alto de seguridad reduciendo al mismo tiempo la burocracia y dando previsibilidad a empresas e inversores.

Von der Leyen habla incluso del arranque de una auténtica “carrera tecnológica nuclear”, en la que la UE aspira a no quedarse atrás frente a proyectos avanzados en Estados Unidos, Canadá o Corea del Sur. Bruselas confía en que las empresas europeas puedan destacar especialmente en los reactores modulares avanzados (AMR), una siguiente generación de diseños sobre la que ya trabajan varios consorcios comunitarios.

El plan de la Comisión también apunta a la necesidad de reforzar las redes eléctricas, la capacidad de almacenamiento y la flexibilidad del sistema, ya que la integración de nueva capacidad nuclear de base debe coordinarse con la expansión de la eólica, la solar y otras renovables. La idea es construir un sistema donde las fuentes variables y las firmes se apoyen mutuamente, y no se solapen de forma ineficiente.

En paralelo, Bruselas ha recomendado a los Estados miembros revisar su fiscalidad energética y las tarifas de acceso a la red para contener los costes de la electricidad para hogares e industria, siempre con la cautela de no comprometer la sostenibilidad de las cuentas públicas, tal y como ha advertido el comisario de Economía, Valdis Dombrovskis.

Nuclear y renovables: hacia una combinación más equilibrada

Lejos de plantear la nuclear como alternativa excluyente a las energías verdes, Von der Leyen y otros responsables europeos subrayan que el sistema más eficiente combina ambas tecnologías. En su intervención, la presidenta de la Comisión destacó que las renovables generan los electrones más baratos, pero su producción es intermitente y depende del viento y del sol.

La nuclear, por el contrario, aporta producción estable durante todo el año, las 24 horas del día, lo que ayuda a cubrir la demanda cuando caen la eólica y la fotovoltaica o cuando las mejores ubicaciones renovables se encuentran lejos de los grandes centros industriales. La idea de fondo es que un mix que mezcle ambas fuentes, apoyado en almacenamiento y redes reforzadas, ofrece más seguridad y precios más previsibles.

Este discurso encaja con la visión que defienden países como Francia, cuyo presidente, Emmanuel Macron, aprovechó la cumbre para reivindicar la energía nuclear civil como un factor de independencia y soberanía frente a la inestabilidad de los hidrocarburos. A su juicio, el uranio —pese a su propia dependencia geopolítica— permite reducir el poder de chantaje asociado al gas y al petróleo.

Macron considera que la nuclear es “segura” con los avances introducidos desde Fukushima y la ve como complemento imprescindible del crecimiento renovable, al no ofrecer estas últimas la misma capacidad de control sobre la producción. Francia, de hecho, está impulsando tanto la prolongación de la vida de sus reactores como la construcción de nuevas unidades, incluyendo SMR.

El propio Grossi se sumó a esta línea argumental al definir la nuclear como una “fuente de soberanía y autonomía” y afirmar que se ha superado una etapa en la que su financiación se trataba poco menos que como algo “delictivo”. El mensaje compartido es que, sin negar sus desafíos tecnológicos y ambientales, la nuclear vuelve a ser vista como una pieza legítima de la estrategia climática y de seguridad energética europea.

División en la UE: Francia tira del carro, España resiste y Alemania cierra la puerta

El viraje discursivo de Bruselas no borra las profundas diferencias entre los Estados miembros respecto al futuro de la energía atómica. La política energética sigue siendo competencia nacional, como recordó la vicepresidenta de la Comisión y responsable de Competencia y Transición, Teresa Ribera: cada país decide su propio mix y Bruselas no puede imponer el uso de esta tecnología.

Francia se ha situado al frente del bloque pronuclear, defendiendo que la energĂ­a atĂłmica se reconozca como tecnologĂ­a limpia y priorizando su extensiĂłn tanto para consumo interno como para exportaciĂłn de electricidad. En el extremo opuesto se encuentran paĂ­ses como Alemania, que en 2023 desconectĂł sus Ăşltimos reactores tras un largo proceso de eliminaciĂłn gradual.

Las palabras de Von der Leyen han abierto un intenso debate en Berlín. El canciller y líder democristiano Friedrich Merz ha dicho compartir la opinión de que acabar con la nuclear fue un error, aunque considera que la decisión es “irreversible” y que Alemania debe centrarse ahora en ampliar redes y cooperación transfronteriza para abaratar la luz.

El ministro de Medio Ambiente, el socialdemócrata Carsten Schneider, ha rechazado rotundamente la tesis del error estratégico. A su juicio, mantener la nuclear sería un “callejón sin salida” que seguiría reclamando enormes ayudas públicas a una tecnología de alto riesgo cuando ya existen alternativas más seguras y baratas. Para Schneider, abandonar esta fuente ha hecho al país “más seguro” y no debe reabrirse ese consenso.

Otros países, como Bélgica o Grecia, se mueven en posiciones intermedias o cambiantes: Bruselas ha prolongado la vida útil de algunos reactores para reforzar su seguridad de suministro, mientras que Atenas ha anunciado que estudiará incorporar minirreactores a su combinación de fuentes como complemento a las renovables y al gas importado.

España: calendario de cierre nuclear frente al giro europeo

En el caso de España, el nuevo enfoque pronuclear de la Comisión choca con una estrategia nacional que, de momento, se mantiene sin cambios. El Gobierno de Pedro Sánchez sostiene un calendario de cierre escalonado de las actuales centrales, que prevé el apagado completo del parque nuclear entre 2027 y 2035, con la central de Trillo como última instalación en clausurarse.

En los últimos meses, el Congreso ha debatido una proposición no de ley del PP —apoyada por Vox— que instaba a retrasar ese calendario, mientras que las compañías propietarias de la central de Almaraz (Iberdrola, Endesa y Naturgy) han solicitado prorrogar su vida útil hasta 2030. Estas presiones, sin embargo, no han logrado por ahora un viraje claro en la política oficial.

La ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, insiste en que la “apuesta ganadora” del Ejecutivo pasa por las energías renovables. A su juicio, España dispone de recursos excepcionales de sol y viento y un marco regulatorio estable desde 2018 que ha atraído una fuerte inversión en tecnologías verdes, mientras que no existen señales de interés empresarial por acometer nuevas grandes inversiones nucleares.

Sobre la solicitud de prórroga de Almaraz, el Gobierno ha remitido la decisión al informe del Consejo de Seguridad Nuclear, previsto para este año. A partir de esa evaluación técnica, el Ejecutivo tomará su decisión definitiva, que, según Aagesen, será coherente con la línea marcada en los últimos años a favor del cierre progresivo.

En el plano político, el discurso español incide en que la dependencia de combustibles fósiles es una vulnerabilidad crítica y que la salida pasa por acelerar la transición renovable, reforzar interconexiones y almacenamiento y continuar reduciendo la intensidad energética de la economía. El Ejecutivo recuerda que, a diferencia de otros socios europeos, España no se planteó extender la vida de sus centrales tras el estallido de la guerra en Ucrania.

Seguridad, residuos y contestaciĂłn social: las sombras de la apuesta nuclear

El renacimiento del debate nuclear no elimina los motivos que llevaron a buena parte de la opinión pública europea a rechazar esta tecnología. Las críticas se centran sobre todo en la gestión de residuos radiactivos de muy larga vida, los riesgos de accidentes graves —por infrecuentes que sean— y el elevado coste de construcción y financiación de nuevas plantas.

Organizaciones ecologistas como Greenpeace aprovecharon la cumbre de París para escenificar su rechazo. Varios activistas interrumpieron el acto inaugural, desplegando pancartas en las que se podía leer lemas como “La energía nuclear alimenta la guerra rusa” o “Nuclear = inseguridad energética”, y cuestionando que Europa siga comprando uranio a Rusia mientras intenta sancionar a Moscú por su invasión de Ucrania.

Esta contestación llega además en un momento en el que la seguridad nuclear vuelve a ser objeto de escrutinio. Desde Fukushima, los reguladores han endurecido los requisitos, elevando al mismo tiempo los costes de operación y actualización de las centrales. La Comisión y el OIEA sostienen que los futuros diseños —especialmente los SMR— incorporan sistemas pasivos y estándares reforzados que deberían reducir el riesgo para las poblaciones cercanas.

En el plano económico, sigue abierto el debate sobre si la nuclear puede competir sin apoyos públicos frente a renovables cada vez más baratas. Críticos como el ministro alemán Schneider recalcan que después de más de siete décadas, la industria nuclear continúa necesitando ayudas del Estado y garantías financieras, mientras que otras alternativas han logrado reducir drásticamente sus costes.

Aun así, gobiernos como el francés defienden que, sin un cierto grado de intervención pública y estabilidad regulatoria, tampoco sería posible desplegar a gran escala redes eléctricas, almacenamiento o proyectos de energías renovables, por lo que consideran legítimo ofrecer señales claras de apoyo a la nuclear si forma parte de la estrategia climática común.

En este cruce de argumentos, Von der Leyen y su equipo tratan de dibujar una postura intermedia: reconocer que renunciar tan deprisa a la nuclear fue un error, impulsar nuevas tecnologías que puedan ser más seguras y competitivas y, al mismo tiempo, respetar que cada Estado miembro mantenga su propia decisión sobre si prolongar, reducir o eliminar su parque atómico.

Con las tensiones geopolíticas presionando los mercados energéticos, las instituciones comunitarias intentan ahora rehacer el equilibrio entre seguridad de suministro, precios asumibles, reducción de emisiones y aceptación social. El mea culpa de Bruselas sobre la retirada de la nuclear, la apuesta por los minirreactores y las divergencias entre países como Francia, Alemania y España muestran hasta qué punto Europa está reescribiendo su estrategia energética en tiempo real, entre la urgencia de la crisis y la necesidad de trazar un rumbo más estable para las próximas décadas.

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