La nueva crisis geopolĂtica y el encarecimiento de la energĂa han reabierto en Europa un debate que muchos daban por zanjado: el papel de la nuclear en el mix energĂ©tico. En este contexto, la presidenta de la ComisiĂłn Europea, Ursula von der Leyen, ha admitido pĂşblicamente que abandonar la energĂa nuclear fue un error estratĂ©gico para la UniĂłn Europea, un mensaje que marca un giro muy notable respecto a la lĂnea que predominĂł tras el accidente de Fukushima.
Mientras los precios del gas y el petrĂłleo se disparan de nuevo por la guerra en Oriente PrĂłximo y las tensiones en el Golfo PĂ©rsico, Bruselas intenta blindar la seguridad de suministro y la competitividad de su industria. Para la ComisiĂłn, la combinaciĂłn de energĂa nuclear y renovables se perfila ahora como una vĂa clave para reducir la dependencia de combustibles fĂłsiles importados y estabilizar los costes elĂ©ctricos.
«Fue un error estratégico»: el giro de Von der Leyen sobre la nuclear
En la Cumbre de EnergĂa Nuclear celebrada en ParĂs, organizada por Francia y el Organismo Internacional de la EnergĂa AtĂłmica (OIEA), Von der Leyen dejĂł claro que la UE se equivocĂł al reducir de forma tan drástica el peso de la energĂa atĂłmica en su sistema elĂ©ctrico. SegĂşn recordĂł, en 1990 cerca de un tercio de la electricidad europea procedĂa de la nuclear y hoy apenas ronda el 15%.
La presidenta de la ComisiĂłn subrayĂł que esta caĂda no fue fruto del azar, sino de una decisiĂłn polĂtica deliberada. A su juicio, dar la espalda a una fuente “fiable, asequible y con bajas emisiones” supuso un error de cálculo en un continente que apenas produce petrĂłleo ni gas y que es extremadamente vulnerable a los vaivenes de los mercados energĂ©ticos globales.
Sus palabras suponen también un cambio personal relevante: Von der Leyen formó parte de los gobiernos de Angela Merkel que impulsaron el cierre escalonado de los reactores alemanes tras Fukushima. Ahora, desde Bruselas, admite que aquella senda ha dejado a Europa más expuesta y con un mix más caro y dependiente del exterior.
La dirigente comunitaria vinculĂł directamente este giro al nuevo contexto internacional: la guerra de Rusia contra Ucrania, el conflicto entre EEUU, Israel e Irán y la tensiĂłn en el estrecho de Ormuz han demostrado con crudeza hasta quĂ© punto la dependencia del gas y el petrĂłleo puede usarse como arma de presiĂłn econĂłmica y polĂtica.
Un plan europeo para minirreactores nucleares y más inversión
Ese reconocimiento del “error estratĂ©gico” no se queda en lo simbĂłlico. La ComisiĂłn Europea ha presentado una nueva estrategia para impulsar los pequeños reactores modulares (SMR), una tecnologĂa nuclear de menor tamaño y mayor flexibilidad que aspira a complementar tanto a las grandes centrales como a las renovables.
Bruselas plantea que los primeros SMR estĂ©n operativos a principios de la dĂ©cada de 2030, con el objetivo de desplegar entre 17 y 53 gigavatios de potencia instalada hacia 2050. Teniendo en cuenta que la flota nuclear actual ronda los 100 GW en la UE, en el escenario más ambicioso esta tecnologĂa podrĂa aumentar la capacidad nuclear europea hasta un 50%.
La ComisiĂłn quiere que estos minirreactores no se limiten a generar electricidad para la red, sino que tambiĂ©n apoyen procesos industriales intensivos en energĂa y contribuyan a descarbonizar sectores difĂciles de electrificar. Entre sus potenciales usos se incluyen el suministro a grandes complejos fabriles, la producciĂłn de hidrĂłgeno bajo en carbono o el calor de proceso para determinadas industrias.
Para respaldar este impulso, el Ejecutivo comunitario ha anunciado una garantĂa de 200 millones de euros destinada a movilizar inversiĂłn privada en tecnologĂas nucleares innovadoras, financiaciĂłn que procederá del sistema europeo de comercio de emisiones (ETS). El objetivo es reducir el riesgo percibido por los inversores en un sector que exige desembolsos muy elevados y plazos largos.
Desde Bruselas insisten en que lo realmente relevante no es solo la cifra, relativamente modesta frente a las necesidades totales, sino el cambio de enfoque polĂtico y regulatorio: se reconoce explĂcitamente el papel de los SMR dentro de una estrategia de neutralidad tecnolĂłgica, se habla de energĂa “limpia” y se pasa de considerar la nuclear un tabĂş a verla como un pilar posible de la transiciĂłn energĂ©tica.
Reglas, permisos y cooperaciĂłn: la otra mitad del plan nuclear europeo
Más allá del apoyo financiero, la ComisiĂłn quiere acelerar los proyectos nucleares simplificando su entorno normativo. En la cumbre de ParĂs se esbozĂł una hoja de ruta que incluye marcos regulatorios de prueba para tecnologĂas innovadoras, la armonizaciĂłn de estándares de seguridad entre paĂses y la agilizaciĂłn de los procedimientos de autorizaciĂłn.
El propio director general del OIEA, Rafael Grossi, incidió en que no tiene sentido que una central tarde cuatro o cinco años en obtener permisos si Europa pretende recuperar su liderazgo en esta industria. En su opinión, es posible mantener un nivel muy alto de seguridad reduciendo al mismo tiempo la burocracia y dando previsibilidad a empresas e inversores.
Von der Leyen habla incluso del arranque de una autĂ©ntica “carrera tecnolĂłgica nuclear”, en la que la UE aspira a no quedarse atrás frente a proyectos avanzados en Estados Unidos, Canadá o Corea del Sur. Bruselas confĂa en que las empresas europeas puedan destacar especialmente en los reactores modulares avanzados (AMR), una siguiente generaciĂłn de diseños sobre la que ya trabajan varios consorcios comunitarios.
El plan de la Comisión también apunta a la necesidad de reforzar las redes eléctricas, la capacidad de almacenamiento y la flexibilidad del sistema, ya que la integración de nueva capacidad nuclear de base debe coordinarse con la expansión de la eólica, la solar y otras renovables. La idea es construir un sistema donde las fuentes variables y las firmes se apoyen mutuamente, y no se solapen de forma ineficiente.
En paralelo, Bruselas ha recomendado a los Estados miembros revisar su fiscalidad energĂ©tica y las tarifas de acceso a la red para contener los costes de la electricidad para hogares e industria, siempre con la cautela de no comprometer la sostenibilidad de las cuentas pĂşblicas, tal y como ha advertido el comisario de EconomĂa, Valdis Dombrovskis.
Nuclear y renovables: hacia una combinación más equilibrada
Lejos de plantear la nuclear como alternativa excluyente a las energĂas verdes, Von der Leyen y otros responsables europeos subrayan que el sistema más eficiente combina ambas tecnologĂas. En su intervenciĂłn, la presidenta de la ComisiĂłn destacĂł que las renovables generan los electrones más baratos, pero su producciĂłn es intermitente y depende del viento y del sol.
La nuclear, por el contrario, aporta producciĂłn estable durante todo el año, las 24 horas del dĂa, lo que ayuda a cubrir la demanda cuando caen la eĂłlica y la fotovoltaica o cuando las mejores ubicaciones renovables se encuentran lejos de los grandes centros industriales. La idea de fondo es que un mix que mezcle ambas fuentes, apoyado en almacenamiento y redes reforzadas, ofrece más seguridad y precios más previsibles.
Este discurso encaja con la visiĂłn que defienden paĂses como Francia, cuyo presidente, Emmanuel Macron, aprovechĂł la cumbre para reivindicar la energĂa nuclear civil como un factor de independencia y soberanĂa frente a la inestabilidad de los hidrocarburos. A su juicio, el uranio —pese a su propia dependencia geopolĂtica— permite reducir el poder de chantaje asociado al gas y al petrĂłleo.
Macron considera que la nuclear es “segura” con los avances introducidos desde Fukushima y la ve como complemento imprescindible del crecimiento renovable, al no ofrecer estas últimas la misma capacidad de control sobre la producción. Francia, de hecho, está impulsando tanto la prolongación de la vida de sus reactores como la construcción de nuevas unidades, incluyendo SMR.
El propio Grossi se sumĂł a esta lĂnea argumental al definir la nuclear como una “fuente de soberanĂa y autonomĂa” y afirmar que se ha superado una etapa en la que su financiaciĂłn se trataba poco menos que como algo “delictivo”. El mensaje compartido es que, sin negar sus desafĂos tecnolĂłgicos y ambientales, la nuclear vuelve a ser vista como una pieza legĂtima de la estrategia climática y de seguridad energĂ©tica europea.
División en la UE: Francia tira del carro, España resiste y Alemania cierra la puerta
El viraje discursivo de Bruselas no borra las profundas diferencias entre los Estados miembros respecto al futuro de la energĂa atĂłmica. La polĂtica energĂ©tica sigue siendo competencia nacional, como recordĂł la vicepresidenta de la ComisiĂłn y responsable de Competencia y TransiciĂłn, Teresa Ribera: cada paĂs decide su propio mix y Bruselas no puede imponer el uso de esta tecnologĂa.
Francia se ha situado al frente del bloque pronuclear, defendiendo que la energĂa atĂłmica se reconozca como tecnologĂa limpia y priorizando su extensiĂłn tanto para consumo interno como para exportaciĂłn de electricidad. En el extremo opuesto se encuentran paĂses como Alemania, que en 2023 desconectĂł sus Ăşltimos reactores tras un largo proceso de eliminaciĂłn gradual.
Las palabras de Von der Leyen han abierto un intenso debate en BerlĂn. El canciller y lĂder democristiano Friedrich Merz ha dicho compartir la opiniĂłn de que acabar con la nuclear fue un error, aunque considera que la decisiĂłn es “irreversible” y que Alemania debe centrarse ahora en ampliar redes y cooperaciĂłn transfronteriza para abaratar la luz.
El ministro de Medio Ambiente, el socialdemĂłcrata Carsten Schneider, ha rechazado rotundamente la tesis del error estratĂ©gico. A su juicio, mantener la nuclear serĂa un “callejĂłn sin salida” que seguirĂa reclamando enormes ayudas pĂşblicas a una tecnologĂa de alto riesgo cuando ya existen alternativas más seguras y baratas. Para Schneider, abandonar esta fuente ha hecho al paĂs “más seguro” y no debe reabrirse ese consenso.
Otros paĂses, como BĂ©lgica o Grecia, se mueven en posiciones intermedias o cambiantes: Bruselas ha prolongado la vida Ăştil de algunos reactores para reforzar su seguridad de suministro, mientras que Atenas ha anunciado que estudiará incorporar minirreactores a su combinaciĂłn de fuentes como complemento a las renovables y al gas importado.
España: calendario de cierre nuclear frente al giro europeo
En el caso de España, el nuevo enfoque pronuclear de la Comisión choca con una estrategia nacional que, de momento, se mantiene sin cambios. El Gobierno de Pedro Sánchez sostiene un calendario de cierre escalonado de las actuales centrales, que prevé el apagado completo del parque nuclear entre 2027 y 2035, con la central de Trillo como última instalación en clausurarse.
En los Ăşltimos meses, el Congreso ha debatido una proposiciĂłn no de ley del PP —apoyada por Vox— que instaba a retrasar ese calendario, mientras que las compañĂas propietarias de la central de Almaraz (Iberdrola, Endesa y Naturgy) han solicitado prorrogar su vida Ăştil hasta 2030. Estas presiones, sin embargo, no han logrado por ahora un viraje claro en la polĂtica oficial.
La ministra para la TransiciĂłn EcolĂłgica, Sara Aagesen, insiste en que la “apuesta ganadora” del Ejecutivo pasa por las energĂas renovables. A su juicio, España dispone de recursos excepcionales de sol y viento y un marco regulatorio estable desde 2018 que ha atraĂdo una fuerte inversiĂłn en tecnologĂas verdes, mientras que no existen señales de interĂ©s empresarial por acometer nuevas grandes inversiones nucleares.
Sobre la solicitud de prĂłrroga de Almaraz, el Gobierno ha remitido la decisiĂłn al informe del Consejo de Seguridad Nuclear, previsto para este año. A partir de esa evaluaciĂłn tĂ©cnica, el Ejecutivo tomará su decisiĂłn definitiva, que, segĂşn Aagesen, será coherente con la lĂnea marcada en los Ăşltimos años a favor del cierre progresivo.
En el plano polĂtico, el discurso español incide en que la dependencia de combustibles fĂłsiles es una vulnerabilidad crĂtica y que la salida pasa por acelerar la transiciĂłn renovable, reforzar interconexiones y almacenamiento y continuar reduciendo la intensidad energĂ©tica de la economĂa. El Ejecutivo recuerda que, a diferencia de otros socios europeos, España no se planteĂł extender la vida de sus centrales tras el estallido de la guerra en Ucrania.
Seguridad, residuos y contestaciĂłn social: las sombras de la apuesta nuclear
El renacimiento del debate nuclear no elimina los motivos que llevaron a buena parte de la opiniĂłn pĂşblica europea a rechazar esta tecnologĂa. Las crĂticas se centran sobre todo en la gestiĂłn de residuos radiactivos de muy larga vida, los riesgos de accidentes graves —por infrecuentes que sean— y el elevado coste de construcciĂłn y financiaciĂłn de nuevas plantas.
Organizaciones ecologistas como Greenpeace aprovecharon la cumbre de ParĂs para escenificar su rechazo. Varios activistas interrumpieron el acto inaugural, desplegando pancartas en las que se podĂa leer lemas como “La energĂa nuclear alimenta la guerra rusa” o “Nuclear = inseguridad energĂ©tica”, y cuestionando que Europa siga comprando uranio a Rusia mientras intenta sancionar a MoscĂş por su invasiĂłn de Ucrania.
Esta contestaciĂłn llega además en un momento en el que la seguridad nuclear vuelve a ser objeto de escrutinio. Desde Fukushima, los reguladores han endurecido los requisitos, elevando al mismo tiempo los costes de operaciĂłn y actualizaciĂłn de las centrales. La ComisiĂłn y el OIEA sostienen que los futuros diseños —especialmente los SMR— incorporan sistemas pasivos y estándares reforzados que deberĂan reducir el riesgo para las poblaciones cercanas.
En el plano econĂłmico, sigue abierto el debate sobre si la nuclear puede competir sin apoyos pĂşblicos frente a renovables cada vez más baratas. CrĂticos como el ministro alemán Schneider recalcan que despuĂ©s de más de siete dĂ©cadas, la industria nuclear continĂşa necesitando ayudas del Estado y garantĂas financieras, mientras que otras alternativas han logrado reducir drásticamente sus costes.
Aun asĂ, gobiernos como el francĂ©s defienden que, sin un cierto grado de intervenciĂłn pĂşblica y estabilidad regulatoria, tampoco serĂa posible desplegar a gran escala redes elĂ©ctricas, almacenamiento o proyectos de energĂas renovables, por lo que consideran legĂtimo ofrecer señales claras de apoyo a la nuclear si forma parte de la estrategia climática comĂşn.
En este cruce de argumentos, Von der Leyen y su equipo tratan de dibujar una postura intermedia: reconocer que renunciar tan deprisa a la nuclear fue un error, impulsar nuevas tecnologĂas que puedan ser más seguras y competitivas y, al mismo tiempo, respetar que cada Estado miembro mantenga su propia decisiĂłn sobre si prolongar, reducir o eliminar su parque atĂłmico.
Con las tensiones geopolĂticas presionando los mercados energĂ©ticos, las instituciones comunitarias intentan ahora rehacer el equilibrio entre seguridad de suministro, precios asumibles, reducciĂłn de emisiones y aceptaciĂłn social. El mea culpa de Bruselas sobre la retirada de la nuclear, la apuesta por los minirreactores y las divergencias entre paĂses como Francia, Alemania y España muestran hasta quĂ© punto Europa está reescribiendo su estrategia energĂ©tica en tiempo real, entre la urgencia de la crisis y la necesidad de trazar un rumbo más estable para las prĂłximas dĂ©cadas.