Vitamina D y folato: posible escudo frente a la mortalidad ligada a contaminantes plásticos

  • Un gran estudio internacional relaciona la exposición a mezclas de plastificantes con un aumento significativo de la mortalidad
  • Niveles adecuados de vitamina D y folato podrían atenuar el riesgo asociado a estos contaminantes
  • Los efectos se observan sobre todo en personas con niveles bajos de estas vitaminas y sin suplementación
  • Expertos en España y Europa piden reforzar la regulación y recomiendan dieta mediterránea, menos ultraprocesados y menos plástico

Relación entre vitamina D folato y contaminantes plásticos

La presencia constante de químicos procedentes de envases plásticos, latas y cosméticos vuelve a situarse en el punto de mira. Un nuevo trabajo internacional sugiere que no solo incrementan el riesgo de muerte, sino que ese impacto podría ser menor en quienes mantienen buenos niveles de vitamina D y folato en sangre.

Este estudio, liderado desde Granada en colaboración con centros de referencia de Estados Unidos y China, apunta a que la combinación de exposición a plastificantes y déficit vitamínico puede convertirse en una mezcla especialmente desfavorable para la salud, con implicaciones que alcanzan también a España y al resto de Europa.

Un gran estudio sobre plásticos, salud y mortalidad

Estudio sobre vitamina D folato y plastificantes

La investigación ha sido coordinada por el Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada (ibs.GRANADA) y la Universidad de Granada (UGR), en colaboración con la Escuela de Salud Pública de Harvard y la Universidad de Pekín. El trabajo se ha publicado en la revista The Lancet Planetary Health, una de las cabeceras de referencia en salud ambiental.

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Para evaluar el impacto de los contaminantes plásticos, el equipo analizó a más de 8.000 personas adultas participantes en la gran encuesta nacional de salud de Estados Unidos (NHANES). Al inicio del seguimiento se midió en la orina la presencia de distintos disruptores endocrinos, entre ellos el conocido bisfenol A y diversos ftalatos empleados en envases de alimentos, latas, plásticos de uso cotidiano y productos cosméticos.

Las personas fueron seguidas mediante registros poblacionales durante una media de ocho años, registrando las muertes por cualquier causa, así como las debidas a cáncer y a enfermedad cardiovascular. Este enfoque de cohorte prospectiva permite observar cómo la exposición inicial a la mezcla de compuestos se relaciona con la mortalidad a medio plazo.

Al tener en cuenta factores como edad, índice de masa corporal, nivel socioeconómico o hábitos de vida, los autores pudieron aislar el efecto de la mezcla de plastificantes sobre la salud, reduciendo al mínimo el peso de otros elementos que también influyen en el riesgo de fallecer.

Más riesgo de muerte con mayores niveles de contaminantes plásticos

Vitamina D folato y riesgo de mortalidad

Los resultados son contundentes: las personas con mayor exposición a la mezcla de químicos plastificantes mostraron un incremento notable en el riesgo de fallecer durante el periodo de seguimiento. En comparación con quienes tenían niveles más bajos, el riesgo de muerte fue un 35 % superior por cualquier causa, un 73 % mayor en el caso del cáncer y llegó a un 89 % más para la enfermedad cardiovascular.

A partir de estos datos, los investigadores estiman que esta exposición podría vincularse con hasta 256.471 muertes anuales en Estados Unidos, aproximadamente un 10 % de todos los fallecimientos. La magnitud del problema se sitúa, según el equipo, por debajo del impacto del tabaco, pero en un rango equiparable al de la inactividad física, otro de los grandes factores de riesgo conocidos.

Marieta Fernández, catedrática de la UGR e investigadora responsable del grupo A15-Oncología Básica y Clínica del ibs.GRANADA, destaca que estos datos respaldan una hipótesis en la que llevan trabajando décadas: la población está expuesta de forma continua a mezclas complejas de disruptores endocrinos y es precisamente esa combinación, más que cada sustancia por separado, la que podría estar detrás de múltiples daños a la salud.

La investigadora recuerda que, sin embargo, las evaluaciones de riesgo suelen hacerse compuesto a compuesto. Según subraya, para proteger de forma más eficaz a la ciudadanía sería necesario regular «familias» de sustancias con comportamientos físico-químicos y biológicos similares, como ocurre con los químicos presentes en materiales plásticos en contacto con alimentos.

El papel de la vitamina D y el folato como posible factor protector

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que la relación entre exposición a contaminantes plásticos y mortalidad no fue igual para todas las personas. La asociación se observó principalmente en quienes presentaban niveles sanguíneos más bajos de vitamina D y folato. En cambio, entre los participantes con concentraciones más altas de estas vitaminas, el vínculo con la mortalidad prácticamente desaparecía.

Este patrón sugiere que un estado nutricional óptimo podría amortiguar, al menos en parte, los efectos dañinos de estas mezclas químicas. La hipótesis es consistente con trabajos experimentales en animales, donde tanto la vitamina D como el folato han mostrado capacidad para modular respuestas inflamatorias, oxidativas y hormonales asociadas a la exposición a plastificantes.

Vicente Mustieles, investigador Miguel Servet del ibs.GRANADA y del Hospital Universitario Clínico San Cecilio de Granada, explica que los resultados apuntan a que unos niveles adecuados de vitamina D y folato podrían ayudar a contrarrestar los efectos adversos de la exposición a estas sustancias. Este potencial efecto modulador abre la puerta a nuevos ensayos clínicos que evalúen si mejorar el estado vitamínico puede reducir el impacto de los contaminantes ambientales sobre la mortalidad.

Con todo, el estudio no propone las vitaminas como una solución mágica ni como sustituto de la reducción de la exposición. Más bien, sitúa al estado nutricional y de estilo de vida como una pieza más del puzle en un contexto en el que los plásticos están presentes en gran parte de los objetos cotidianos.

Suplementos frente a dieta: por qué importa la forma de obtener estas vitaminas

Uno de los matices importantes del trabajo es que el posible efecto protector de la vitamina D y el folato se observó sobre todo en personas que no tomaban suplementos vitamínicos. En este grupo, quienes tenían niveles más elevados en sangre parecían menos afectados por la mortalidad asociada a la mezcla de plastificantes.

Este resultado respalda la idea de que la mejor estrategia pasa por mejorar el estado vitamínico mediante la alimentación y el estilo de vida, más que confiar en cápsulas o comprimidos. Los autores hacen especial hincapié en un patrón de alimentación similar a la dieta mediterránea, rica en alimentos de origen vegetal.

Las fuentes habituales de folato incluyen verduras de hoja verde, legumbres, frutas, cereales integrales y frutos secos, todos ellos protagonistas de este tipo de dieta. En el caso de la vitamina D, además de algunos alimentos, el factor determinante es la exposición moderada al sol, siempre evitando quemaduras y excesos.

Los investigadores señalan que un estilo de vida activo, con paseos y ejercicio al aire libre, puede ayudar tanto a mantener un mejor estado general de salud como a favorecer niveles adecuados de vitamina D. A la vez, recuerdan que los suplementos deben valorarse de forma individualizada, preferiblemente con supervisión profesional, y no como una herramienta para compensar una exposición elevada a químicos ambientales.

Cómo reducir la exposición diaria a contaminantes plásticos

Más allá del papel de estas vitaminas, el equipo insiste en la importancia de rebajar lo máximo posible la exposición cotidiana a los disruptores endocrinos asociados a los plásticos. Una de las principales recomendaciones es limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, que a menudo vienen en envases plásticos complejos y, además, ofrecen un perfil nutricional pobre.

Entre las medidas propuestas, los investigadores recomiendan dar preferencia a alimentos frescos o mínimamente procesados, priorizando verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y frutos secos, tanto por su aporte en micronutrientes como por su menor dependencia de envases plásticos sofisticados.

También se sugiere sustituir, siempre que sea posible, los envases y utensilios de cocina de plástico por alternativas como el vidrio o el acero inoxidable. Esto incluye tanto el almacenamiento en casa como el transporte de comida y bebida, reduciendo así una vía directa de contacto entre los alimentos y los materiales que pueden liberar plastificantes.

Los autores recuerdan que, aunque no es realista eliminar por completo el uso de plásticos, pequeños cambios en la rutina (como evitar calentar comida en recipientes de plástico en el microondas o reducir el uso de plásticos de un solo uso) pueden contribuir a disminuir la exposición acumulada a lo largo del tiempo.

Implicaciones para España y Europa

Una de las preguntas clave es hasta qué punto estos resultados, obtenidos en una cohorte estadounidense, pueden aplicarse a la población de España y el resto de Europa. Según Marieta Fernández, la exposición a este tipo de disruptores endocrinos es prácticamente universal: tanto en Estados Unidos como en países europeos, más del 90 % de la población presenta niveles cuantificables de estos compuestos en la orina.

Estudios previos realizados en Europa ya han relacionado la presencia de estos mismos químicos con enfermedades crónicas como patologías cardio-metabólicas y distintos tipos de cáncer, que se encuentran entre las principales causas de morbilidad y mortalidad en el continente. El nuevo trabajo viene a reforzar la preocupación sobre el impacto a largo plazo de estas mezclas de sustancias.

Desde la perspectiva regulatoria, el estudio pone el foco en el papel de organismos como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), responsable de evaluar los riesgos asociados a sustancias presentes en alimentos y materiales en contacto con ellos. Aunque se han dado pasos, como la reciente prohibición del bisfenol A en ciertos envases alimentarios, los autores advierten de que, en ocasiones, las decisiones llegan con retraso respecto a la evidencia científica.

Para España, donde la dieta mediterránea todavía tiene un peso importante pero convive con un consumo creciente de alimentos ultraprocesados y envases de usar y tirar, los investigadores consideran que reforzar las políticas de prevención y la información a la ciudadanía puede tener un impacto relevante en salud pública.

Un enfoque multidisciplinar para entender los efectos de los plastificantes

El trabajo se enmarca en la trayectoria del grupo de investigación A15-Oncología Básica y Clínica del ibs.GRANADA, un equipo multidisciplinar que integra profesionales de la medicina clínica, la biología, la química, la fisioterapia y las ciencias ambientales. Su objetivo común es comprender mejor las causas ambientales de las enfermedades crónicas y trasladar ese conocimiento al diagnóstico y tratamiento de diferentes tumores.

Entre sus líneas de investigación destacan la epidemiología ambiental, el estudio de factores de riesgo en patologías de larga duración, la medicina personalizada, la radiobiología tumoral y el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas. Todo ello con un enfoque traslacional, es decir, buscando que los hallazgos del laboratorio terminen influyendo en la práctica clínica y en la salud de la población.

La colaboración con instituciones internacionales como la Escuela de Salud Pública de Harvard o la Universidad de Pekín refuerza la capacidad de estos grupos para abordar problemas globales, como la exposición a contaminantes plásticos, desde una perspectiva amplia que integra datos de distintos países y contextos.

El estudio publicado en The Lancet Planetary Health es un ejemplo de cómo la combinación de grandes bases de datos poblacionales, análisis estadísticos avanzados y conocimiento en toxicología ambiental puede aportar evidencias sólidas sobre riesgos que, hasta hace poco, pasaban relativamente desapercibidos en el debate público.

Qué podemos hacer a nivel individual y colectivo

Los autores insisten en que la responsabilidad no puede recaer únicamente en decisiones personales, pero sí apuntan a una serie de cambios razonables en el día a día que pueden ayudar a disminuir la carga de contaminantes plásticos y, de paso, mejorar otros aspectos de la salud.

En el plano individual, proponen apostar por alimentos frescos, cocinados en casa siempre que sea posible, preferir el agua del grifo (cuando la calidad lo permite) frente a bebidas envasadas en plástico, y revisar el uso de recipientes plásticos para almacenar o calentar comida. También recomiendan mantener una actividad física regular al aire libre, adecuada a cada edad y condición, que contribuya tanto a un mejor estado general como a un nivel adecuado de vitamina D.

A nivel colectivo, el trabajo respalda la necesidad de políticas más ambiciosas en materia de regulación de sustancias químicas, incluyendo la evaluación conjunta de mezclas y no solo de compuestos individuales. Además, subraya la importancia de que las medidas de salud pública tengan en cuenta la combinación de exposiciones ambientales, dieta y desigualdades socioeconómicas, que a menudo condicionan el acceso a alimentos saludables y a entornos menos contaminados.

En conjunto, los resultados refuerzan la idea de que el impacto de los plásticos va más allá del problema de los residuos y alcanza de lleno a la salud humana. Reducir la exposición, apostar por dietas ricas en alimentos vegetales y asegurar un buen estado de vitamina D y folato se perfila como una estrategia razonable para mitigar parte de los riesgos asociados, en un contexto en el que los plásticos siguen omnipresentes en nuestra vida cotidiana.