Valorización de residuos ganaderos y agro-ganaderos en la economía circular

  • La valorización de residuos ganaderos permite recuperar nutrientes, producir energía renovable y mejorar la salud del suelo, reduciendo la dependencia de fertilizantes sintéticos.
  • Proyectos como AGROVALOR y la implicación del sector veterinario demuestran el potencial de los residuos agro-ganaderos y forestales para impulsar una agricultura circular y competitiva.
  • La normativa (Ley 7/2022, RD 1051/2022 y planes autonómicos) exige informes técnicos, control de dosis y planes de gestión para garantizar una aplicación segura de residuos y digestatos en suelos agrícolas.
  • El uso combinado de tratamientos físicos, biológicos y digestión anaerobia convierte estiércoles, purines y otros subproductos en fertilizantes circulares y biogás con alto valor económico y ambiental.

valorizacion de residuos ganaderos

La valorización de residuos ganaderos y agroalimentarios se ha convertido en una pieza clave para que el campo español pueda seguir produciendo con garantías en plena crisis de materias primas, fertilizantes y energía. Lo que antes se veía como un problema molesto —purines, estiércoles, gallinaza, lodos o subproductos de la industria agroalimentaria— hoy se considera una materia prima estratégica para generar fertilizantes circulares, biogás, materiales biodegradables y soluciones para mejorar la salud del suelo.

En los últimos años han surgido proyectos, normativas y tecnologías muy potentes que demuestran que, si se gestionan bien, los residuos agro-ganaderos no solo dejan de ser un riesgo ambiental, sino que ayudan a cerrar el ciclo de nutrientes, reducir la dependencia de fertilizantes sintéticos importados, producir energía renovable y avanzar hacia un modelo real de economía circular en el medio rural.

Valorización de residuos ganaderos dentro de la economía circular

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Cuando hablamos de valorización de residuos ganaderos nos referimos a transformar subproductos como estiércoles, purines, gallinaza y restos orgánicos en recursos útiles: fertilizantes orgánicos o circulares, enmiendas del suelo, bioenergía, compuestos de valor industrial o biocidas agrícolas. El objetivo no es solo “quitarse de encima” los residuos, sino integrarlos de nuevo en el sistema productivo de forma segura y rentable.

La economía circular aplicada al sector agroganadero persigue que los nutrientes nunca salgan del sistema: el nitrógeno, el fósforo o el potasio que se encuentran en los excrementos del ganado y en los subproductos agroalimentarios se recuperan y vuelven al suelo agrícola en forma de fertilizantes o enmiendas orgánicas. De esta manera se reduce la necesidad de importar fertilizantes minerales, se disminuyen costes y se protege el medio ambiente.

Este enfoque está completamente alineado con las prioridades europeas, especialmente con la llamada “Misión Suelo” de la Unión Europea, que pone el foco en restaurar la salud de los suelos para 2030. La valorización de residuos agro-ganaderos y forestales es una de las palancas más eficaces para mejorar la materia orgánica, favorecer la actividad microbiana y aumentar la capacidad del suelo para almacenar carbono.

Además, la crisis de suministros y el encarecimiento de los fertilizantes nitrogenados, agravados por situaciones geopolíticas como el bloqueo del estrecho de Ormuz, han puesto de manifiesto lo vulnerable que es el modelo agrícola actual, muy dependiente de insumos externos y de combustibles fósiles. Recuperar nutrientes a partir de residuos ganaderos ya no es solo una opción ambientalmente interesante: es una necesidad estratégica.

El proyecto AGROVALOR y la revalorización integral de residuos agro-ganaderos

Uno de los ejemplos más completos de este cambio de paradigma es el proyecto AGROVALOR, una iniciativa que busca dar una segunda vida a residuos y subproductos agroalimentarios y ganaderos mediante tecnologías avanzadas y aplicaciones innovadoras en distintos sectores productivos.

Bajo la coordinación de Itagra.ct y con la participación del Centro Tecnológico de Miranda de Ebro (CTME), Cesefor y CETECE, AGROVALOR se centra en transformar residuos agroganaderos, industriales y forestales en recursos de alto valor añadido, con usos que van desde la alimentación humana y animal hasta la agricultura, la biotecnología o la fabricación de materiales sostenibles.

Entre los objetivos técnicos del proyecto destacan varios frentes muy concretos: desarrollar suplementos alimentarios a partir de subproductos, obtener compuestos activos con interés industrial, producir aditivos capaces de conferir nuevas propiedades a bioplásticos, diseñar biocidas agrícolas de origen orgánico y optimizar procesos biotecnológicos para mejorar el cultivo y procesado de microorganismos.

CTME, en particular, apuesta por crear materiales biodegradables que incorporen subproductos agrícolas en su formulación, así como por investigar nuevas aplicaciones que faciliten la reutilización de residuos en la industria. De este modo, el centro refuerza su compromiso con la sostenibilidad, la innovación tecnológica y el apoyo a la industria agroalimentaria de Castilla y León, generando impactos positivos tanto en la economía regional como en el medio ambiente.

El proyecto está cofinanciado por el Instituto para la Competitividad Empresarial de Castilla y León (ICECyL) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), dentro del marco del Programa Operativo FEDER 2021-2027. Se enmarca en el objetivo específico de desarrollar y mejorar las capacidades de investigación e innovación y en la prioridad de transición digital e inteligente, contribuyendo a una Europa más competitiva, innovadora y conectada.

La Jornada AGROVALOR: ciencia, empresa y administración en torno al residuo

En paralelo al desarrollo tecnológico, AGROVALOR también ha impulsado un espacio de intercambio de conocimiento con la celebración de la I Jornada AGROVALOR: “Valorización de residuos agro-ganaderos y forestales para la salud del suelo y la economía circular”, cuyo libro de resúmenes recoge 57 páginas de aportaciones técnicas y casos reales.

Esta jornada, celebrada en Sevilla los días 20 y 21 de mayo de 2025, reunió a 49 participantes procedentes de once empresas privadas, tres entidades públicas, cinco universidades y seis centros de investigación. Se generó así un foro muy activo en el que academia, sector empresarial y administración pudieron debatir y buscar soluciones conjuntas para avanzar hacia una agricultura más circular y competitiva.

El programa se estructuró en cinco bloques temáticos que cubrían todo el ciclo de la valorización. El primero giró en torno a la transformación de biomasa mediante pirólisis, presentando experiencias innovadoras en la generación de biochar, energía renovable y nuevos productos a partir de residuos agrícolas y forestales.

El segundo bloque se centró en la agricultura circular y la integración de residuos en los sistemas de cultivo, abordando tanto enfoques empresariales como soluciones desarrolladas desde el ámbito académico. Se puso especial énfasis en cómo los residuos orgánicos pueden reincorporarse al sistema agrario sin comprometer la calidad ambiental y mejorando, al mismo tiempo, la fertilidad del suelo.

La tercera sesión trató sobre agricultura resiliente y cambio climático, mostrando prácticas agrícolas adaptativas, estrategias de secuestro de carbono y formas de reducir la huella climática mediante enmiendas orgánicas como compost, biochar o digestatos. La cuarta sesión analizó de forma directa el vínculo entre salud del suelo y productividad, presentando cinco estudios que evidenciaban el impacto positivo de estas enmiendas sobre propiedades físicas y químicas del suelo, actividad microbiana y rendimientos de los cultivos.

Por último, el quinto bloque abordó aplicaciones ambientales más allá de la fertilización: filtración y adsorción de contaminantes, remediación de suelos degradados y tratamiento de aguas empleando materiales orgánicos reciclados y transformados. La jornada se completó con visitas técnicas a instalaciones clave de la región, como el Complejo Ambiental El Copero de EMASESA, parcelas de ensayo con tecnosuelos, el CIT Montemarta Cónica y la Finca Experimental “La Hampa” del IRNAS-CSIC, donde se pudieron ver en campo las soluciones debatidas.

Recuperación de nutrientes: fertilizantes circulares a partir de residuos ganaderos

Uno de los debates más candentes ligados a la valorización de residuos ganaderos tiene que ver con la recuperación de nutrientes, especialmente nitrógeno, para reducir la dependencia de fertilizantes sintéticos. En el contexto actual de crisis de suministros, este tema ha cobrado una relevancia enorme.

La Organización Colegial Veterinaria (OCV) ha insistido en que España podría recuperar entre 200.000 y 400.000 toneladas anuales de nitrógeno si se aprovechasen correctamente los subproductos ganaderos, principalmente purines, lodos y otros residuos animales. Estas cifras suponen un salto muy importante en la autonomía productiva de uno de los principales países ganaderos de la UE.

Para lograrlo, la OCV propone impulsar tecnologías de recuperación de nitrógeno, como las conocidas soluciones RENURE, que permiten transformar los purines y otros efluentes ganaderos en fertilizantes circulares de alto rendimiento. Paralelamente, estos residuos pueden utilizarse para producir biogás, generando energía renovable y disminuyendo las emisiones asociadas a combustibles fósiles.

La Federación de Veterinarios Europeos ya advirtió que es prioritario reducir la dependencia de fertilizantes sintéticos ligados a combustibles fósiles, apostando por el nitrógeno biológico presente en estiércoles y subproductos animales. Esta visión encaja con un modelo de bioeconomía circular en el que los residuos se reintegran en el ciclo productivo como recursos valiosos, y la ganadería extensiva juega un papel fundamental como fuente de fertilización orgánica para los cultivos.

Además de mejorar la autonomía en fertilizantes, la recuperación de nutrientes ayuda a restaurar suelos degradados. Hoy en día, cerca del 60 % de los suelos de la Unión Europea muestra signos de degradación, lo que compromete tanto la productividad agraria como la capacidad de secuestro de carbono. La aplicación planificada de estiércol, compost, digestatos o biochar es una de las estrategias más efectivas para revertir esta situación.

Marco normativo y operación R1001: condiciones para una valorización segura

Para que la valorización agrícola de residuos orgánicos sea una herramienta real y no un foco de problemas, es imprescindible cumplir un conjunto de requisitos legales y técnicos. En España, la operación R1001 de valorización en suelos agrícolas y jardinería establece el marco para que esta práctica se realice con garantías.

La operación R1001 se basa en incorporar residuos orgánicos al suelo con un fin agronómico claro: aportar nutrientes a los cultivos y aumentar la materia orgánica del suelo, al tiempo que se gestiona adecuadamente el residuo. Para ello, debe respetarse la Ley 7/2022 de residuos y suelos contaminados para una economía circular, así como el Real Decreto 1051/2022 sobre nutrición sostenible de suelos agrarios.

Este Real Decreto fija criterios técnicos para la aplicación de residuos y subproductos en el campo: límites de dosis, requisitos de calidad, trazabilidad, frecuencias de aplicación, controles analíticos y compatibilidad con los planes de fertilización. También señala la obligación de evitar impactos sobre aguas superficiales y subterráneas, especialmente en zonas vulnerables a la contaminación por nitratos.

Las comunidades autónomas complementan esta normativa estatal mediante programas de actuación específicos en las zonas vulnerables a nitratos, como por ejemplo la ORDEN MAV/398/2022 en Castilla y León, que regula la gestión de nitrógeno de origen agrícola y ganadero en esas áreas. Otros marcos relevantes son el Borrador del Plan Regional de Biometanización en Castilla-La Mancha o la Estrategia Catalana del Digestato y su plan de acción 2024-2030.

Todo este entramado normativo obliga a planificar muy bien la valorización. Las autoridades exigen informes técnicos y planes de gestión que justifiquen la idoneidad del residuo, su calidad, las dosis aplicables y su compatibilidad con las características de suelo y cultivos. Empresas especializadas en gestión ambiental elaboran estos estudios, combinando análisis de laboratorio, estudios agronómicos, balances de nutrientes y cartografía mediante SIG.

Tipos de residuos ganaderos con mayor potencial de valorización

En las explotaciones ganaderas se generan grandes volúmenes de residuos orgánicos, con elevado potencial contaminante si se gestionan mal, pero también con un valor agronómico y energético muy interesante si se tratan adecuadamente. Los principales residuos de granja son de origen orgánico y biodegradables.

Entre los residuos más habituales se encuentran los estiércoles sólidos, los purines y la gallinaza. El estiércol mezcla los excrementos de los animales con materiales de cama como paja, serrín o restos vegetales, formando un abono orgánico rico en ácidos grasos volátiles, proteínas, polisacáridos y lípidos. Los purines agrupan las deyecciones líquidas y sólidas del ganado junto con restos de alimento y aguas de lavado.

La gallinaza procede de explotaciones avícolas y se compone mayoritariamente de excrementos de aves y restos de cama. Debido al bajo rendimiento digestivo de las aves, puede contener hasta un 81 % del nitrógeno, un 88 % del fósforo y un 95 % del potasio ingeridos, lo que la convierte en una fuente muy concentrada de nutrientes, pero también en un material que hay que manejar con cuidado.

A nivel cuantitativo, se suele estimar que la cantidad diaria de estiércoles y purines generados ronda el 7 % del peso vivo de los animales. Esto da una idea del enorme volumen que pueden generar granjas porcinas, bovinas u otras explotaciones intensivas, y de la importancia de contar con sistemas de gestión robustos.

Si estos residuos no se tratan como es debido, los impactos ambientales son múltiples: emisiones de gases nocivos y malos olores a la atmósfera, problemas de salinidad o acumulación de metales pesados en los suelos, elevadas cargas orgánicas en aguas superficiales, lixiviación de nitratos hacia acuíferos, eutrofización de masas de agua y presencia de patógenos. De ahí que la prevención y las buenas prácticas de manejo sean la primera línea de defensa.

Riesgos ambientales y sanitarios de una mala gestión

Los purines, estiércoles y gallinazas sin tratamiento o mal aplicados se convierten rápidamente en un problema para el entorno y para la propia explotación. En el aire, pueden liberar gases como amoníaco y sulfuro de hidrógeno, que no solo generan malos olores, sino que también suponen riesgos para la salud de los trabajadores y de los animales.

En el suelo, la aplicación excesiva o sin criterio de estos residuos puede alterar el pH, incrementar en exceso la salinidad, favorecer la acumulación de metales pesados y generar efectos depresivos sobre determinados cultivos. Además, puede incrementar la presencia de patógenos y provocar desequilibrios en la comunidad microbiana del suelo.

En las aguas, el problema más grave es la lixiviación de nitratos y nitritos hacia acuíferos y cursos superficiales, lo que contribuye a procesos de eutrofización y supone un riesgo tanto para la calidad del agua potable como para los ecosistemas acuáticos. La presencia de restos fecales y microorganismos patógenos añade un componente sanitario que no se debe subestimar.

Por todo ello, la mejor estrategia es actuar desde la prevención: reducir en lo posible la generación de residuos, mejorar el diseño de las instalaciones para minimizar agua de lavado, optimizar la alimentación del ganado y aplicar tratamientos adecuados a los efluentes, de modo que puedan destinarse a usos productivos sin generar impactos inasumibles.

En este contexto, la ganadería extensiva tiene un rol interesante como sistema más integrado con el territorio, donde parte de la fertilización puede realizarse de forma directa sobre pastos y cultivos. Sin embargo, incluso en estos casos es necesario contar con asesoramiento técnico y seguimiento para evitar sobrecargas de nutrientes en determinadas zonas.

Tecnologías de tratamiento: físico, biológico y valorización energética

Para transformar los residuos ganaderos en recursos aprovechables se recurre a una combinación de tratamientos físicos y biológicos, que permiten estabilizar la materia orgánica, reducir su potencial contaminante y adaptar sus características al uso final deseado.

Los tratamientos físicos incluyen operaciones como el tamizado o rejas para eliminar elementos gruesos, el batido para homogeneizar el residuo y la separación mecánica en fracciones sólida y líquida mediante prensas o tamices de distinta naturaleza. La fracción sólida suele destinarse a procesos de estabilización y compostaje, mientras que la fracción líquida se somete a decantación para retirar lodos.

Los lodos obtenidos por sedimentación se pueden incorporar de nuevo a la fracción sólida para una fermentación conjunta, optimizando la gestión del conjunto del residuo. Existen también tecnologías físicas como la deshidratación o la incineración, aunque suelen implicar inversiones más elevadas y, en muchos casos, una menor revalorización del producto final, por lo que se emplean en situaciones concretas.

En cuanto a los tratamientos biológicos, la digestión aerobia es la base del compostaje. En presencia de oxígeno, comunidades de bacterias y hongos degradan la materia orgánica, generando dióxido de carbono y transformando la mezcla inicial en un compost estabilizado, más seguro, con menos patógenos y olores, y con propiedades agronómicas muy interesantes como enmienda del suelo.

Por otro lado, la digestión anaerobia se realiza en ausencia de oxígeno, normalmente en biodigestores. En este proceso, consorcios microbianos especializados degradan la materia orgánica para producir biogás —formado sobre todo por metano y dióxido de carbono— y un digestato que mantiene gran parte de su valor fertilizante. A menudo se refuerza el proceso añadiendo bacterias, enzimas o levaduras específicas.

El biogás generado puede utilizarse para la producción de energía eléctrica y térmica, contribuyendo a reducir la huella de carbono de la explotación y mejorando su balance energético. Además, si se purifica hasta calidad biometano, puede inyectarse en red o emplearse como combustible renovable en movilidad o procesos industriales.

La digestión anaerobia está especialmente bien posicionada como herramienta para reducir emisiones de gases de efecto invernadero, ya que evita la liberación descontrolada de metano procedente de la descomposición natural de los residuos y lo canaliza hacia un uso energético útil. Al mismo tiempo, permite conservar la mayor parte de los nutrientes en el digestato, que luego puede valorizarse agronómicamente.

Valorización agrícola: informes técnicos, planes de gestión y digestato

Para aplicar residuos y subproductos orgánicos en el campo de manera segura, las administraciones exigen informes técnicos detallados que planifiquen toda la gestión de la valorización agrícola: desde la caracterización del residuo hasta las dosis por hectárea y su integración en los planes de fertilización.

Estos informes suelen incluir la identificación del residuo y de las parcelas receptoras, la toma de muestras y su análisis en laboratorios acreditados, estudios agronómicos de suelos y cultivos, balances de macronutrientes como nitrógeno, fósforo y potasio, y la elaboración de cartografía temática mediante sistemas de información geográfica para delimitar zonas de aplicación.

Además, se redacta una memoria técnica que describe las operaciones de aplicación y justifica su conformidad con la normativa, acompañada de la asistencia en la tramitación administrativa necesaria para obtener autorizaciones o comunicar actividades. Empresas especializadas en medio ambiente ofrecen este tipo de servicios tanto a productores de residuos agroalimentarios como a titulares de explotaciones agrícolas o gestores de residuos no peligrosos.

El caso del digestato de plantas de biogás y biometano merece una mención específica. Este subproducto de la digestión anaerobia puede tener un valor agronómico notable, pero su utilización está muy regulada. Muchas comunidades autónomas obligan a elaborar planes de gestión del digestato que especifiquen su caracterización, sistemas de almacenamiento y aplicación, cultivos destinatarios y dosis máximas por hectárea.

En regiones como Cataluña o Castilla-La Mancha ya se han diseñado estrategias específicas para promover el uso seguro del digestato y facilitar su integración en los planes regionales de biometanización, siempre bajo el paraguas de la normativa estatal sobre residuos y nutrición sostenible de suelos. Esta planificación rigurosa es clave para convertir el digestato en una solución y no en un nuevo problema.

En paralelo, se fomenta la implantación de plantas de biogás colectivas, que agrupan residuos de varias granjas y, en muchos casos, practican la codigestión con otros residuos orgánicos de origen agroindustrial. Este modelo de gestión integral por zonas geográficas permite repartir costes, optimizar las instalaciones y obtener beneficios ambientales, económicos y sociales para el territorio.

En definitiva, cuando se combinan buenas tecnologías, cumplimiento normativo y planificación, los residuos ganaderos pasan de ser un quebradero de cabeza a convertirse en una herramienta para producir fertilizantes circulares, generar energía renovable, mejorar la salud del suelo y fortalecer la resiliencia del sistema agroalimentario frente a crisis de suministros y a las exigencias del cambio climático.