Después de una racha bastante intensa de calor y cielos despejados, parece que la atmósfera en la capital del Pisuerga se ha dado un respiro. El Servicio de Medio Ambiente ha confirmado que ya no es necesario mantener la denominada Situación 1 Preventiva, un protocolo que se activó para vigilar de cerca la calidad del aire que respiramos. Durante la jornada de ayer, los medidores de la Red de Control de Contaminación Atmosférica (RCCAVA) por fin marcaron valores por debajo de los 100 microgramos por metro cúbico en sus medias móviles.
Este episodio no ha sido precisamente una anécdota de un par de días, ya que Valladolid ha estado bajo este plan de acción desde el pasado 24 de mayo. Aunque ya se ha desactivado la alerta, desde las instituciones locales se sigue haciendo hincapié en que lo ideal es priorizar el transporte público frente al coche privado, especialmente cuando el sol aprieta en las horas centrales del día, para evitar que los niveles vuelvan a dispararse.
Crónica de un episodio de contaminación persistente

Si echamos la vista atrás, la ciudad ha encadenado nada menos que diez jornadas seguidas, concretamente desde el 21 hasta el 30 de mayo, superando los límites de referencia establecidos en el Plan de Acción en Situaciones de Alerta. Lo más preocupante fue que, en el tramo final del episodio, se llegaron a rebasar los 120 microgramos por metro cúbico, lo que puso en guardia a los técnicos municipales. El ozono troposférico es un contaminante un tanto traicionero; no sale directamente de los tubos de escape, sino que se forma en el aire cuando los gases de los coches y la industria reaccionan con una radiación solar potente.
Las previsiones meteorológicas no ayudaron demasiado durante la semana pasada, con temperaturas que invitaban más a buscar la sombra que a pasear por el centro. Al ser un contaminante secundario, su presencia está muy ligada a los picos de calor, lo que explica por qué estos avisos son tan frecuentes en la meseta cuando llega el buen tiempo. La situación ha obligado al consistorio a mantener informada a la población de manera constante, aunque la gestión de estos datos ha generado cierto revuelo entre los distintos grupos municipales.
Impacto en la salud y recomendaciones expertas

Desde el punto de vista médico, la situación se analiza con lupa. Tomás Ruiz, jefe de neumología del Hospital Rio Hortega, ha aclarado que los efectos de respirar este aire cargado no suelen ser fulminantes. Lo normal es que el cuerpo reaccione con un proceso proinflamatorio que se nota pasados unos días, especialmente en personas que ya sufren patologías previas como asma o EPOC. No es que uno se sienta mal al instante, sino que el organismo se vuelve más vulnerable a coger un catarro o sufrir una crisis respiratoria poco después de la exposición.
Para aquellos que disfrutan haciendo deporte al aire libre, los expertos recomiendan cambiar un poco los hábitos durante estos picos de contaminación. Lo suyo es evitar las palizas físicas a última hora de la tarde, que es justo cuando el ozono alcanza su punto máximo de concentración. La prevención es la mejor herramienta que tenemos, y estar pendientes de los niveles en tiempo real puede ahorrarnos más de un susto innecesario en los pulmones.

Debate político sobre las restricciones de tráfico
Como suele ocurrir en estos casos, la calidad del aire ha saltado al ruedo político. Desde el grupo Valladolid Toma la Palabra (VTLP), Rocío Anguita ha sido bastante crítica con la supuesta falta de rapidez del equipo de Gobierno. Según la formación de izquierdas, no se ha informado a la ciudadanía con la claridad suficiente sobre los riesgos para la salud, tachando de insuficiente la respuesta municipal. Para ellos, la solución pasaría por aplicar restricciones directas al tráfico, limitando la circulación de los vehículos que más gases emiten para cortar el problema de raíz.
Sin embargo, el concejal de Medio Ambiente, Alejandro García Pellitero, se ha mantenido firme en su postura de no cortar calles por este motivo. El edil sostiene que, según los datos técnicos que manejan, los niveles de ozono no mejoran sustancialmente por aplicar restricciones puntuales de tráfico, ya que influyen muchos otros factores químicos y climáticos. Pellitero ha defendido que el Ayuntamiento ha cumplido con los protocolos enviando la información pertinente a los medios y manteniendo actualizadas las plataformas digitales oficiales.

Para quienes quieran estar al tanto de lo que respiran minuto a minuto, la aplicación móvil Vallaire sigue siendo la herramienta de referencia, junto con la propia web del Ayuntamiento. Es fundamental que colectivos sensibles, como los ancianos o los niños, tengan este recurso a mano para saber cuándo es mejor quedarse en casa o evitar ciertas zonas. A pesar de que la situación ha vuelto a la normalidad, la vigilancia no cesa, ya que el verano no ha hecho más que empezar y el sol no parece que vaya a dar mucha tregua en las próximas semanas.

La ciudad despide así un episodio de contaminación por ozono que ha durado diez días, dejando tras de sí un intenso debate sobre cómo equilibrar la movilidad urbana y la protección de la salud pública. Con la desactivación de la fase preventiva, los vallisoletanos pueden volver a sus rutinas habituales, aunque siempre con un ojo puesto en los termómetros y en esos indicadores de la RCCAVA que nos recuerdan que el aire que nos rodea es un bien que debemos cuidar entre todos mediante el uso responsable del transporte.