
El fin de la apuesta de TotalEnergies por la energía eólica marina en Estados Unidos ya es una realidad. La multinacional francesa ha llegado a un acuerdo con la administración estadounidense para renunciar a sus proyectos offshore en la costa este y recuperar los derechos de arrendamiento que había abonado hace apenas unos años.
Este movimiento supone un cambio de rumbo notable en la estrategia de la compañía en territorio norteamericano y lanza un mensaje claro sobre la competitividad de la eólica marina en Estados Unidos frente a otras tecnologías, en un contexto en el que Europa depende cada vez más del gas natural licuado (GNL) procedente del otro lado del Atlántico para garantizar su seguridad energética.
El acuerdo que pone punto final a la eólica marina de TotalEnergies en EE. UU.
La compañía francesa ha suscrito varios acuerdos con el Departamento del Interior de Estados Unidos para dar por terminados los desarrollos de energía eólica marina que tenía en marcha en aguas federales estadounidenses. En la práctica, esto implica abandonar de forma definitiva los proyectos que había previsto en la costa este del país.
El corazón del acuerdo pasa por la renuncia a dos concesiones clave: una en la zona de Carolina Long Bay, frente a Carolina del Norte, y otra en el área conocida como New York Bight, frente a la costa de Nueva York. Ambas áreas fueron adjudicadas en 2022 mediante subastas de arrendamientos offshore, en las que TotalEnergies desembolsó cuantiosas sumas para asegurar su participación en la incipiente industria eólica marina estadounidense.
Con la firma de este pacto, el Gobierno federal se compromete a reembolsar prácticamente la totalidad de los derechos de arrendamiento, valorados en torno a 928 millones de dólares, a cambio de que la empresa desista de construir allí parques eólicos marinos y abandone la vía judicial que otras compañías del sector sí han explorado.
Desde la perspectiva de la Administración, el acuerdo se presenta como una forma de redirigir capital hacia fuentes de energía consideradas más fiables y asequibles, mientras que para TotalEnergies se traduce en una liberación de recursos que podrá destinar a otras áreas de negocio que juzga más rentables en Estados Unidos.
El entendimiento entre ambas partes se hizo público en la conferencia energética CERAWeek, celebrada en Houston (Texas), uno de los grandes escaparates mundiales del sector, subrayando la relevancia internacional de este giro estratégico.
Detalles económicos de las concesiones canceladas
Los proyectos que ahora se dejan en el cajón no eran menores. En conjunto, las concesiones offshore alcanzaban un valor aproximado de 928 millones de dólares, una cifra que refleja la fuerte apuesta que, en su momento, hizo la compañía por la eólica marina estadounidense.
La pieza más relevante del paquete era el proyecto de Carolina Long Bay, localizado a unos 35 kilómetros de la costa de Carolina del Norte. Solo este bloque suponía alrededor de 795 millones de dólares en derechos de arrendamiento, es decir, la mayor parte del esfuerzo económico inicial comprometido por TotalEnergies en el país.
El segundo elemento de la operación era una concesión en la bahía de Nueva York, tasada en unos 133 millones de dólares. Esta zona, clave para abastecer el área metropolitana de Nueva York y parte de la costa noreste, se ha convertido en uno de los principales focos de desarrollo eólico marino en Estados Unidos, con múltiples actores implicados.
Tras varios análisis de viabilidad técnica y financiera, la dirección de la empresa concluyó que seguir adelante con estos proyectos habría supuesto un coste excesivo, con el riesgo de trasladar precios de la electricidad demasiado elevados a los consumidores estadounidenses. El mensaje desde la cúpula de TotalEnergies ha sido claro: en las condiciones actuales del mercado de Estados Unidos, estos desarrollos no resultan competitivos.
El acuerdo alcanzado implica que la compañía recuperará el capital aportado por las concesiones, pero a la vez asume el compromiso de dedicar un volumen de inversión equivalente a otros proyectos energéticos en Estados Unidos, centrados en gas y generación eléctrica, dejando atrás la vía offshore en este país.
Por qué la eólica marina en Estados Unidos sale peor parada que en Europa
Uno de los argumentos centrales esgrimidos por TotalEnergies para justificar la decisión tiene que ver con la comparación directa entre los costes de la eólica marina en Estados Unidos y en Europa. Según los estudios internos de la empresa, los proyectos offshore estadounidenses presentan unos costes sensiblemente superiores a los de los parques europeos.
Este diferencial de costes, subraya la compañía, no es un matiz menor: impacta de lleno en el precio final de la electricidad y, por tanto, en la aceptación social y regulatoria de esta tecnología. Mientras que en Europa se ha logrado cierto equilibrio entre apoyo público, experiencia industrial y cadenas de suministro consolidadas, en Estados Unidos el sector eólico marino todavía arrastra sobrecostes relevantes.
Desde la dirección de TotalEnergies se remarca que el entorno energético norteamericano ofrece otras alternativas tecnológicas con mayor eficiencia económica para cubrir la demanda eléctrica. Entre ellas, centrales de gas de ciclo combinado, proyectos solares a gran escala y soluciones de almacenamiento en baterías, que compiten con ventaja en cuanto a coste por megavatio hora.
En palabras de su consejero delegado, la eólica marina no es actualmente la forma más barata de producir electricidad en Estados Unidos, especialmente en un país con abundantes recursos fósiles, espacio disponible en tierra y un mercado regulatorio heterogéneo según el estado. Esta combinación hace que el despliegue de grandes complejos eólicos marinos requiera un nivel de subvención y de estabilidad normativa que, a juicio de la compañía, no está garantizado.
La comparación con la experiencia europea también es recurrente en el discurso corporativo. En el Viejo Continente, la empresa sí mantiene una posición relevante en eólica marina, apoyada en marcos regulatorios más estables y en una política climática que impulsa con más claridad las renovables offshore. Esa diferencia de entorno explica, en parte, que el grupo mantenga su apuesta por esta tecnología en Europa mientras que opta por retirarse del mercado estadounidense.
Giro hacia el gas natural y el GNL: un nuevo foco con impacto en Europa
El dinero que deja de destinarse a la eólica marina no desaparece del panorama energético. TotalEnergies ha dejado claro que los fondos recuperados se reorientarán hacia proyectos de gas natural y gas natural licuado (GNL), así como a la generación eléctrica asociada a estas infraestructuras en Estados Unidos.
Entre los proyectos estrella destaca la planta de GNL de Rio Grande, en Texas, concebida como una instalación de gran capacidad que podría alcanzar alrededor de 29 millones de toneladas anuales. Buena parte de las inversiones que se liberen de la eólica marina servirán para acelerar la construcción y puesta en marcha de varios trenes de licuefacción en este complejo.
Asimismo, la compañía tiene en cartera otros desarrollos vinculados al gas y al petróleo en territorio estadounidense, incluyendo proyectos de extracción de crudo convencional y producción de gas de esquisto en el golfo de México y en otras cuencas productoras. Para la empresa, esta red de activos consolida a Estados Unidos como uno de sus polos estratégicos más relevantes a escala mundial.
El impacto de este giro se deja notar también al otro lado del Atlántico. TotalEnergies se ha convertido en uno de los principales exportadores de GNL estadounidense hacia Europa, con alrededor de 19 millones de toneladas previstas para 2025. De ese volumen, una parte muy significativa se dirige a la Unión Europea, cubriendo un porcentaje relevante de sus importaciones de gas y alimentando debates sobre captura y almacenamiento de CO2.
Desde el comienzo de la guerra en Ucrania y la ruptura progresiva de los suministros de gas ruso por gasoducto, Europa ha intensificado la compra de GNL norteamericano para garantizar el suministro. En pocos años, Estados Unidos ha llegado a representar más de una cuarta parte del total de las importaciones de gas de la UE, un dato que ilustra la magnitud del cambio. El refuerzo de la capacidad de exportación que impulsa ahora TotalEnergies enlaza directamente con esta nueva dependencia energética europea.
Visiones contrapuestas: del apoyo político a las críticas climáticas
El acuerdo entre la Administración estadounidense y TotalEnergies no ha pasado desapercibido para el ámbito político ni para las organizaciones medioambientales. Desde el Gobierno se ha defendido que la operación permite apostar por fuentes de energía consideradas más firmes y asequibles, en contraste con una eólica marina que describen como costosa, dependiente de subvenciones y con impactos ambientales controvertidos.
Responsables federales han llegado a calificar la eólica offshore como uno de los sistemas más caros e inestables que se han impuesto a consumidores y contribuyentes, celebrando que la compañía canalice su capital hacia tecnologías que, a su juicio, garantizan mejor el suministro eléctrico de base y ayudan a contener las facturas energéticas.
Por el lado de las organizaciones climáticas y pro-renovables, la lectura es muy distinta. Colectivos que habían defendido la creación de una potente industria eólica marina en Estados Unidos sostienen que este tipo de acuerdos suponen retirar capacidades limpias en un momento en el que la demanda eléctrica crece de la mano de la digitalización, los centros de datos y la electrificación de sectores como el transporte.
Algunas voces han llegado a definir el pacto como una maniobra política que prioriza los combustibles fósiles en plena crisis energética mundial, justo cuando las tensiones geopolíticas en Oriente Medio y otras regiones ponen de relieve la vulnerabilidad de un sistema demasiado dependiente del petróleo y el gas.
La propia TotalEnergies, por su parte, insiste en que su enfoque es pragmático y orientado a la rentabilidad, y que el capital debe dirigirse hacia aquellas tecnologías y localizaciones donde el equilibrio entre riesgo, coste y retorno resulte más favorable. La compañía recuerda además que sigue desarrollando proyectos de energía renovable en Estados Unidos, especialmente solar fotovoltaica, eólica terrestre y almacenamiento, donde suma ya unos 10 GW instalados o en operación y otros tantos en desarrollo.
Implicaciones para España y Europa en la transición energética
Aunque la decisión de TotalEnergies se circunscribe a Estados Unidos, sus efectos se sienten también en Europa y, por extensión, en países como España, muy atentos a la evolución de los precios del gas y de las políticas de descarbonización globales.
Por un lado, el refuerzo de la posición de Estados Unidos como gran exportador de GNL hacia Europa consolida la dependencia europea del gas licuado para cubrir parte de sus necesidades, incluso mientras se impulsa la expansión de las energías renovables. España, que cuenta con una extensa red de regasificadoras y es una de las principales puertas de entrada del GNL al continente, y donde la energía doméstica en España figura entre las más altas de la UE, se ve afectada directamente por esta dinámica.
Al mismo tiempo, la retirada de un actor como TotalEnergies del mercado eólico marino estadounidense contrasta con el interés creciente por la eólica offshore en Europa, incluida la eólica flotante en el caso español. Mientras en Estados Unidos se prioriza, al menos en este caso, el desarrollo de gas y GNL, en la UE se mantiene el objetivo de ampliar la potencia instalada en parques eólicos marinos como una de las bases de la neutralidad climática a medio y largo plazo.
Para los responsables energéticos europeos, la situación plantea una doble reflexión: por un lado, asegurar que el desarrollo de la eólica marina en Europa se mantiene competitivo y estable, especialmente frente a movimientos que reconfiguran el mapa energético ibérico; por otro, gestionar el equilibrio entre la reducción de emisiones y la necesidad de disponer de gas suficiente y a precios asumibles durante la transición, en un contexto en el que compañías como TotalEnergies refuerzan su apuesta por el GNL.
Todo ello sitúa a España en una posición intermedia: como potencial potencia en renovables marinas a largo plazo, pero también como punto clave de entrada de gas licuado destinado tanto al consumo interno como al resto de la Unión. Las decisiones corporativas y políticas que se toman en Estados Unidos acaban teniendo un efecto indirecto en el diseño de la transición energética europea.
La cancelación de los proyectos eólicos marinos de TotalEnergies en la costa este de Estados Unidos y su viraje decidido hacia el gas natural y el GNL ilustran hasta qué punto la transición energética global avanza a diferentes velocidades y con prioridades divergentes según la región. Mientras Europa busca reforzar la eólica marina y reducir de forma acelerada su dependencia de los combustibles fósiles, parte de la estrategia estadounidense pasa por consolidar su papel como proveedor mundial de gas, en un juego de equilibrios donde compañías como TotalEnergies actúan como puente entre ambos mundos.

