
Taiwán ha dado un giro inesperado en su política energética y estudia recuperar la energía nuclear apenas un año después de haber cerrado su último reactor en funcionamiento. La combinación de una demanda eléctrica disparada por la expansión de la inteligencia artificial (IA) y la creciente inestabilidad en Oriente Medio ha encendido todas las alarmas sobre la seguridad de suministro en la isla.
Este cambio de rumbo llega tras años de apuesta por una “patria libre de nucleares” impulsada por el Partido Democrático Progresista, una consigna muy marcada desde el accidente de Fukushima en 2011. Ahora, el debate se reabre con fuerza, no solo en Taiwán, sino también en Europa y España, donde la discusión sobre el papel de la nuclear en plena transición energética y revolución digital está más viva que nunca.
Reactivación de las centrales de Kuosheng y Maanshan
El presidente taiwanés, William Lai, ha confirmado que la eléctrica estatal Taipower trabaja ya en los trámites para reanudar las operaciones de dos centrales nucleares clave: Kuosheng y Maanshan. Se trata de instalaciones ubicadas en el norte (Nuevo Taipéi) y en el sur (condado de Pingtung), que habían quedado fuera de servicio en el marco del plan de abandono nuclear.
Según explicó Lai en un acto público, Taipower presentará a finales de este mes un plan detallado a la Comisión de Seguridad Nuclear (NSC), el organismo regulador encargado de analizar si la reapertura es viable desde el punto de vista técnico y de seguridad. El documento deberá abordar tanto el estado de las instalaciones como los protocolos de operación y supervisión.
El último reactor operativo de la central de Maanshan se desconectó en mayo del año pasado, marcando el cierre formal de la era nuclear en Taiwán tras el desmantelamiento progresivo de Chinshan y Kuosheng entre 2018 y 2023. La reapertura de estas plantas supondría, en la práctica, revertir una de las decisiones energéticas más simbólicas de la última década en la isla.
Lai ha subrayado que el regulador deberá guiarse por tres criterios considerados “esenciales”: seguridad nuclear, gestión de residuos radiactivos y consenso social. Sin estos elementos, ha señalado, no se dará luz verde a un retorno estable y a largo plazo de la energía atómica.
El anuncio ha reavivado las tensiones políticas internas, con sectores pronucleares presionando para acelerar la reapertura y grupos antinucleares alertando de que retomar esta fuente energética podría suponer un paso atrás en la transición hacia un sistema 100 % renovable.
La inteligencia artificial dispara la demanda eléctrica
Uno de los factores que pesa más en el cambio de postura del Gobierno es el “sólido desarrollo económico” de la isla y, en particular, el auge de la industria de la inteligencia artificial. Centros de datos, grandes servidores y sistemas de cálculo de alto rendimiento requieren enormes cantidades de electricidad de forma continua.
Taiwán es un actor estratégico en la cadena tecnológica global, especialmente en semiconductores y componentes clave para aplicaciones de IA. Estas actividades, de gran valor añadido, son también muy intensivas en energía, lo que obliga a disponer de un suministro estable, abundante y con la menor huella de carbono posible.
En este contexto, el Ejecutivo reconoce que mantener una matriz eléctrica baja en carbono exclusivamente con renovables y gas natural se está volviendo cada vez más complejo, sobre todo si el crecimiento de la demanda continúa al ritmo actual. La energía nuclear reaparece así como una pieza que, para algunos actores políticos y empresariales, podría aportar estabilidad y reducir emisiones.
Esta situación tiene eco directo en Europa y España, donde el desarrollo de hubs de datos y proyectos de IA plantea retos similares en términos de consumo eléctrico y necesidad de infraestructuras de respaldo. Aunque el debate europeo incorpora otros elementos, como los mercados de CO₂ y los objetivos climáticos comunitarios, la presión tecnológica y digital empuja en la misma dirección: garantizar energía suficiente y fiable.
Para las autoridades taiwanesas, no responder a tiempo a las necesidades energéticas del sector de la IA supondría perder competitividad frente a otros polos tecnológicos en Asia, Norteamérica o la propia Unión Europea, lo que añade una dimensión económica adicional a la discusión nuclear.
Dependencia crítica del gas y del petróleo de Oriente Medio
Más allá de la industria tecnológica, el giro nuclear está motivado por una preocupación creciente por la seguridad de suministro ligada a la inestabilidad geopolítica en Oriente Medio. El gas natural licuado (GNL) se convirtió en 2025 en la principal fuente de generación eléctrica de la isla, aportando más del 47 % del total.
Un tercio de ese gas procede de Catar, de acuerdo con datos de la Administración de Energía taiwanesa, lo que refleja una fuerte concentración de las importaciones energéticas en una región sujeta a conflictos y tensiones. Cualquier interrupción de los flujos comerciales o problema en las rutas marítimas podría impactar directamente en la capacidad del país para mantener el suministro eléctrico.
La dependencia es aún más evidente en el caso del petróleo: cerca del 70 % del crudo importado por Taiwán llega desde Oriente Medio, con Arabia Saudí, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos como principales proveedores. Esta realidad refuerza la sensación de vulnerabilidad frente a choques externos que escapan al control de la isla.
La combinación de elevada dependencia energética exterior y conflicto bélico en la región ha llevado al Gobierno a replantearse si puede seguir apoyando su crecimiento económico casi exclusivamente en combustibles fósiles importados. La energía nuclear se presenta como una vía para diversificar el mix y reducir, al menos parcialmente, esa exposición.
Esta misma preocupación resuena en Europa, donde la guerra de Ucrania puso en primer plano la necesidad de disminuir la dependencia del gas y del petróleo de zonas geopolíticamente sensibles. Países como Francia, Finlandia o la República Checa han reforzado su apuesta por la nuclear precisamente para ganar margen de maniobra estratégico.
Posición oficial: seguridad, residuos y consenso social
En un comunicado reciente, el Ministerio de Asuntos Económicos taiwanés ha querido enviar un mensaje de calma al subrayar que el suministro de gas natural está garantizado, al menos, hasta finales de mayo. El Ejecutivo sostiene que la isla ya ha diversificado sus fuentes de importación y compra gas a un total de catorce países, de modo que no depende exclusivamente de Oriente Medio.
Pese a esa aclaración, el propio presidente Lai reconoce que las condiciones del entorno internacional y el peso creciente de la IA hacen necesario abrir la puerta a la energía nuclear como parte de la estrategia de futuro. No se trata, según su discurso, de sustituir renovables, sino de sumar una fuente adicional que reduzca riesgos.
El Gobierno insiste en que cualquier decisión deberá pasar por la NSC, que analizará en profundidad los criterios de seguridad de las centrales de Kuosheng y Maanshan, así como los planes para gestionar los residuos radiactivos, un tema especialmente sensible para la opinión pública.
El recuerdo del accidente de Fukushima en 2011 sigue muy presente en la sociedad taiwanesa. aquel desastre impulsó la apuesta política por el cierre progresivo de las centrales y el abandono total de la energía nuclear, una meta que, en teoría, se había cumplido con el apagado del último reactor en 2023.
Ahora, la reapertura del debate obliga a buscar un nuevo equilibrio entre seguridad, medio ambiente y necesidades económicas. La cuestión no es sencilla: mientras parte de la ciudadanía ve la nuclear como un riesgo inaceptable, otros sectores la perciben como un mal menor frente a las amenazas climáticas y geopolíticas.
Un debate que también mira hacia Europa y España
Lo que ocurre en Taiwán no se entiende solo en clave local. El dilema entre mantener o reactivar la energía nuclear y avanzar al mismo tiempo en renovables se repite en múltiples países, incluidos los europeos. El auge de la IA y de la digitalización hace que esta discusión gane aún más relevancia al otro lado del mundo.
En Europa, la Comisión Europea ha reconocido a la nuclear un papel potencial dentro de la taxonomía verde, siempre que cumpla estrictos criterios de seguridad y gestión de residuos. Esto ha abierto la puerta a que algunos Estados miembros la utilicen como soporte para una transición menos dependiente de combustibles fósiles.
España, por su parte, mantiene un calendario de cierre progresivo de sus centrales nucleares, en paralelo a una fuerte expansión de la eólica y la fotovoltaica. Sin embargo, el incremento esperado de la demanda eléctrica por la electrificación de la economía, la IA y los nuevos centros de datos está generando un debate técnico sobre cómo asegurar el respaldo necesario al sistema.
El caso taiwanés sirve de ejemplo de hasta qué punto los cambios tecnológicos y las tensiones internacionales pueden forzar a revisar planes energéticos que parecían ya cerrados. La combinación de IA, objetivos climáticos y seguridad de suministro dibuja un escenario complejo en el que no hay soluciones sencillas.
En este contexto global, la discusión sobre si la nuclear debe ser una pieza temporal, de largo plazo o prescindible del mix energético seguirá marcando la agenda política y económica tanto en Asia como en Europa. Taiwán, con su giro inesperado hacia la posible reapertura de centrales, se convierte en un observatorio clave para entender cómo evolucionan estas decisiones en un entorno cada vez más condicionado por la tecnología y la geopolítica.
La decisión de Taiwán de plantearse el regreso a la energía nuclear, presionada por el auge de la inteligencia artificial y la fragilidad del suministro desde Oriente Medio, ilustra cómo la seguridad energética, la competitividad económica y la lucha contra el cambio climático se entrelazan en un mismo debate. Lo que se resuelva en la isla en torno a Kuosheng y Maanshan será seguido de cerca en Europa y España, donde la discusión sobre el papel de la nuclear en un sistema eléctrico descarbonizado y digitalizado continúa muy abierta.