Sequía: Impacto global, retos y respuestas ante una crisis persistente

  • Las sequías recientes han alcanzado niveles históricos, afectando especialmente a Europa, África y América Latina.
  • España, Marruecos y Turquía destacan como focos críticos dentro del Mediterráneo por la gravedad de los impactos.
  • La sequía no solo es meteorológica: provoca crisis agrícolas, energéticas, sociales y ecológicas y golpea más a los grupos vulnerables.
  • Expertos e instituciones abogan por inversión en alerta temprana, infraestructuras resilientes y cooperación internacional para mitigar efectos futuros.

sequía en el mundo

En los últimos dos años, el avance del cambio climático y la presión sobre los recursos naturales han desencadenado algunas de las sequías más graves jamás registradas a nivel internacional. Así lo constatan recientes informes de organismos como la ONU y la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, que alertan del riesgo creciente y de las repercusiones sociales, económicas y medioambientales de esta crisis. El fenómeno, lejos de ser episódico, se perfila como una realidad permanente a la que gobiernos, empresas y ciudadanos deberán adaptarse urgentemente.

Las investigaciones del Centro Nacional de Mitigación de la Sequía de EEUU (NDMC) revelan que la sequía ha dejado huella indeleble en regiones tan dispares como el Mediterráneo, la Amazonía o el África oriental y meridional. Los efectos se extienden desde cortes de agua y cosechas perdidas hasta crisis humanitarias que ponen a prueba la resiliencia de millones de personas.

sequía en España y Europa

El Mediterráneo: epicentro de la escasez hídrica

El informe global identifica siete áreas especialmente golpeadas por la sequía entre 2023 y 2025, situando al Mediterráneo —y en concreto a España, Marruecos y Turquía— en el centro de la atención. El documento destaca que, aunque la sequía forma parte del clima habitual de la ribera mediterránea, su frecuencia e intensidad se han incrementado notablemente desde los años cincuenta. Con el actual ritmo de calentamiento global, se espera que las precipitaciones bajen entre un 14% y un 20% adicional antes de 2050, agravando aún más la reducción ya acumulada del 12% en la disponibilidad de agua desde 1980 en regiones como el sur y el este de España.

En el plano agrícola, la campaña de la aceituna, clave para el aceite de oliva, se redujo un 50% en 2023 y 2024, desencadenando subidas de precios y tensiones en los mercados. Además, el 60% de las tierras de cultivo españolas llegaron a estar bajo condiciones severas de sequía, provocando la pérdida de millones de hectáreas de cosechas y obligando a restringir el suministro de agua en territorios como Cataluña y Andalucía.

crisis hídrica en embalses

El fenómeno también ha puesto a prueba la infraestructura hídrica nacional. España, pese a contar con un extenso sistema de presas y canales, solo consigue aprovechar el 9% del agua de lluvia, muy por debajo de la media europea. Las reservas de los embalses han oscilado en los últimos meses: si bien las lluvias de invierno y primavera permitieron una cierta recuperación, persisten problemas localizados en puntos como la cabecera del Guadiana o las vegas del Genil. Expertos como la Federación Nacional de Comunidades de Regantes insisten en que es urgente invertir en embalses de gran capacidad y modernizar la gestión del riego agrícola.

efectos de la sequía en agricultura

Impacto social y desigual: mujeres, niños y los más vulnerables

Las consecuencias de la sequía no se reducen a cosechas fallidas o restricciones de agua. Numerosos informes resaltan el peaje humano: en África occidental y meridional, por ejemplo, más de 90 millones de personas sufren hambre aguda derivada directamente de la falta de lluvias y la pérdida de cultivos. En Somalia se contabilizaron 43.000 muertes relacionadas con el hambre solo en 2022.

La escasez hídrica impulsa a muchas familias a tomar decisiones extremas, como aumentar los matrimonios infantiles forzados en países como Etiopía, donde las dotes se convierten en una estrategia de supervivencia. Organismos internacionales y oenegés advierten que la adaptación debe abordar las desigualdades y tener un fuerte enfoque de género.

En América Latina, la Amazonía ha sufrido bajadas récord en el nivel de sus ríos, dificultando el acceso a agua potable y servicios sanitarios en muchas comunidades. La sequía actúa como un «asesino silencioso», agravando las brechas sociales y poniendo a prueba los sistemas de protección social y sanitaria en todos los continentes afectados.

escasez de agua y sociedad

El cambio climático y El Niño: sumando leña al fuego

Una de las particularidades de la crisis actual es la coincidencia del fenómeno El Niño con los efectos estructurales del cambio climático. Este combo ha intensificado los episodios de sequía en zonas agrícolas cruciales, como el Valle del Guadalquivir, el sudoeste asiático o la cuenca amazónica, con consecuencias en la seguridad alimentaria y energética global.

En Zambia, la reducción del caudal del río Zambeze ha provocado apagones de hasta 21 horas diarias, afectando a hospitales y fábricas, dejando a millones sin electricidad. Casos similares se repiten en India, México y el sur de Estados Unidos, donde la producción agrícola y los precios internacionales de alimentos se ven condicionados por la disponibilidad de agua cada vez más incierta. La gestión del sector primario también se ve afectada por estos eventos extremos.

efectos de El Niño y cambio climático

Adaptarse y prepararse: retos y propuestas de futuro

Los expertos subrayan que, aunque reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es fundamental, parte de los efectos de la sequía ya son inevitables y exigen medidas de adaptación. Entre las recomendaciones destacan el desarrollo de sistemas de alerta temprana, la monitorización en tiempo real del estrés hídrico, y la apuesta por soluciones basadas en la naturaleza: desde la restauración de cuencas hidrográficas hasta el fomento de cultivos autóctonos más resistentes.

También es necesario modernizar las infraestructuras resilientes para minimizar pérdidas y garantizar el suministro incluso en situaciones críticas. Invertir en redes de distribución y canalizaciones, potenciar la reutilización del agua y mejorar la eficiencia energética son pasos clave. A nivel político, el Gobierno español y la Comisión Europea han impulsado la idea de un Pacto Nacional del Agua y la cooperación internacional, además de fortalecer la financiación para proyectos de seguridad hídrica.

reduccion de pantanos
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