La puesta en marcha de seis nuevas plantas de biogás y biometano en Aragón ha situado a la comunidad en el centro del mapa de los gases renovables en España. Se trata de una apuesta económica y energética de gran calado, con una inversión global superior a los 130 millones de euros y un impacto notable en el empleo, la gestión de residuos y la reducción de emisiones.
Estas instalaciones se consideran por el Ejecutivo autonómico proyectos estratégicos para la economía circular y la transición energética. Los complejos se distribuirán entre las tres provincias aragonesas y están orientados tanto a la generación de biogás como a la producción de biometano listo para su inyección en la red gasista, aprovechando residuos orgánicos agrícolas, ganaderos y agroalimentarios.
Seis proyectos declarados de interés autonómico
El Consejo de Gobierno ha otorgado la catalogación de inversiones de interés autonómico a estos seis proyectos vinculados a la gestión de residuos orgánicos y a la producción de gases renovables. Esta figura administrativa permite agilizar la tramitación, dada su relevancia económica, social y ambiental para el territorio.
En total, la inversión anunciada supera ligeramente los 130 millones de euros —en algunas fuentes se eleva hasta los 132 millones— y se espera la creación de cerca de 600 empleos entre las fases de construcción, operación y logística. La mayor parte de esta actividad se concentrará en las zonas rurales donde se ubican las plantas, generando oportunidades económicas en comarcas que a menudo sufren despoblación.
Los proyectos se reparten en dos bloques principales: tres plantas de valorización y producción de biogás promovidas por Biogás Power y otras tres plantas de biometano impulsadas por Ric Energy. En todos los casos se parte de la misma idea: transformar residuos orgánicos no peligrosos en energía renovable y subproductos aprovechables para el sector agrario.
Desde el punto de vista institucional, el Gobierno de Aragón ha resaltado la importancia de que los ayuntamientos implicados hayan emitido informes favorables, un respaldo local que se considera clave para la aceptación social de este tipo de infraestructuras.

Ubicación de las plantas: biogás y biometano repartidos por Aragón
Las tres plantas de biogás se situarán en Lupiñén (Hoya de Huesca), Agón (Campo de Borja) y Bujaraloz (Monegros). Estas instalaciones estarán orientadas principalmente a la valorización de subproductos orgánicos y a la generación de biogás que, tras su depuración, también podrá convertirse en biometano.
Por su parte, las tres plantas centradas en la producción de biometano se ubicarán en San Esteban de Litera (La Litera), Calanda (Bajo Aragón) y Caspe (Bajo Aragón-Caspe/Baix-Aragó Casp). Estas instalaciones estarán específicamente diseñadas para la gestión de residuos no peligrosos y la obtención de gas renovable apto para su inyección a la red general de abastecimiento de gas natural.
Con esta distribución territorial, el Ejecutivo aragonés persigue descentralizar la generación de energía y reforzar el papel de las comarcas rurales en la transición energética. Además, la cercanía de las plantas a zonas con fuerte actividad agrícola y ganadera facilita el suministro de materia prima y reduce costes de transporte de residuos.
En conjunto, los seis proyectos se integran en el impulso que Aragón viene realizando en el campo de las renovables, ampliando un mapa energético donde ya destacan la eólica y la fotovoltaica, y donde ahora el biogás y el biometano se abren paso como nuevos protagonistas.
Inversión y empleo: un impacto económico notable
Los proyectos de Biogás Power, responsables de las tres plantas de biogás, contemplan una inversión de 70,4 millones de euros. En términos laborales, la empresa estima la creación de 210 empleos directos y 60 indirectos durante la fase de construcción, además de 45 puestos directos y 60 indirectos en la fase de operación de las instalaciones.
El plazo de ejecución previsto para estas plantas se sitúa en torno a los 24 meses desde la obtención de licencias y autorizaciones, lo que supone un calendario relativamente ajustado si se tiene en cuenta la complejidad técnica de este tipo de infraestructuras industriales.
En paralelo, las tres plantas de biometano promovidas por Ric Energy suman una inversión conjunta de 61,6 millones de euros. En este caso, la previsión de empleo se sitúa entre 95 y 125 puestos de trabajo en la construcción, a los que se añaden 47 empleos en la fase de operación y entre 47 y 60 puestos vinculados a la logística, con un total estimado de hasta 232 empleos.
Según la compañía, el periodo de desarrollo y construcción de estas plantas podría prolongarse hasta 44 meses. A largo plazo, se espera que la operación continuada de estas instalaciones contribuya a consolidar un tejido empresarial ligado a los residuos, el transporte y los servicios auxiliares en las comarcas implicadas.
Cómo funcionan: de los residuos orgánicos al gas renovable
El núcleo tecnológico de estas plantas se basa en la digestión anaerobia, un proceso biológico en el que microorganismos descomponen la materia orgánica en ausencia de oxígeno. A partir de residuos agrícolas, ganaderos y orgánicos biodegradables se genera un gas rico en metano —el biogás— que posteriormente puede depurarse para obtener biometano con una calidad similar a la del gas natural fósil.
En las instalaciones promovidas por Biogás Power se tratarán subproductos orgánicos procedentes de explotaciones ganaderas, cultivos agrícolas e industrias agroalimentarias. El biogás producido se someterá a un proceso de purificación, con el objetivo de aumentar su contenido en metano y eliminar impurezas, dando lugar a biometano apto para distintos usos energéticos.
Las plantas de Ric Energy siguen una lógica similar, pero orientada directamente a la producción de biometano como gas renovable. Este biometano se destinará principalmente a su inyección en la red general de gas, de modo que pueda emplearse en calefacción, procesos industriales o como combustible vehicular, sustituyendo parcial o totalmente al gas fósil.
Además del gas renovable, estas instalaciones obtienen otros productos valiosos. En el caso de las plantas de biogás, el proceso genera digestato, una enmienda orgánica rica en nutrientes que puede utilizarse como fertilizante agrícola. En las plantas de biometano, el subproducto principal es el líquido digerido, que también puede tener aprovechamientos en el sector agrario, cerrando así el círculo de la economía circular.
Infraestructuras y diseño de las plantas
Cada complejo industrial está concebido como un conjunto de zonas funcionales diferenciadas. En primer lugar, se prevé una nave de recepción y preparación de residuos orgánicos, donde se controla, homogeneiza y acondiciona la materia prima antes de entrar en los digestores.
A continuación se sitúan las unidades de digestión anaerobia y producción de biogás, formadas por reactores cerrados en los que la materia orgánica se transforma en gas renovable y digestato. Estas instalaciones incorporan equipamiento técnico específico para controlar temperatura, agitación y otros parámetros clave del proceso.
Posteriormente, el biogás pasa a los sistemas de purificación y upgrading, donde se eliminan compuestos indeseables y se incrementa la proporción de metano hasta alcanzar la calidad necesaria para ser considerado biometano. En paralelo, se dispone de equipos para la separación de las fracciones sólida y líquida del digestato, con el fin de facilitar su gestión y comercialización como fertilizante o enmienda orgánica.
Todo ello se complementa con infraestructuras auxiliares: accesos acondicionados hasta la planta, tendidos eléctricos para el abastecimiento energético y ramales de conexión a los gasoductos existentes, que permiten inyectar el biometano en la red gasista. Este último elemento es clave para integrar el gas renovable en el sistema energético sin necesidad de crear nuevas grandes infraestructuras de transporte.
Reducción de emisiones y contribución a la economía circular
Uno de los argumentos más repetidos por el Gobierno autonómico y los promotores es la contribución de estas plantas a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Solo las instalaciones de Ric Energy tienen prevista una producción conjunta equivalente a 153.000 MWh anuales de biometano, lo que permitirá evitar la emisión de más de 90.000 toneladas de CO₂ al año.
A esto se suma la ventaja de valorizar residuos que, de otro modo, podrían generar emisiones difusas de metano o problemas ambientales si no se gestionan adecuadamente. Al canalizar residuos ganaderos, agrícolas y agroalimentarios hacia estas plantas, se reduce el impacto de vertidos y se avanza hacia modelos de gestión más sostenibles.
El uso del digestato y del líquido digerido como enmiendas orgánicas para el suelo refuerza aún más la lógica de la economía circular: la energía se obtiene de los residuos, y los subproductos vuelven al campo como fertilizantes, sustituyendo parcial o totalmente a insumos de origen mineral.
En el contexto de los objetivos climáticos de la Unión Europea y de la estrategia nacional de descarbonización, este tipo de proyectos posicionan a Aragón como territorio pionero en el despliegue de gases renovables, complementando el peso que ya tienen otras tecnologías limpias como la solar y la eólica.
Apoyo institucional, debate social y garantías ambientales
Durante la presentación de los proyectos, la vicepresidenta y portavoz del Gobierno de Aragón, Mar Vaquero, subrayó que las plantas de biogás y biometano pertenecen a un sector en pleno auge y estrechamente ligado a la economía circular y la sostenibilidad. También incidió en que todos los proyectos cuentan con el respaldo de los consistorios implicados, algo que el Ejecutivo valora de forma especial.
En San Esteban de Litera, por ejemplo, el pleno municipal aprobó por unanimidad un informe favorable al proyecto, mientras que en Calanda y Caspe las áreas de Urbanismo y las respectivas juntas de gobierno también se posicionaron a favor. Para el Gobierno autonómico, este apoyo local es un indicador de que los vecinos perciben estas inversiones como una oportunidad de generar empleo y actividad económica en su entorno.
Ahora bien, la implantación de este tipo de instalaciones no está exenta de debate social, sobre todo en lo relativo a posibles molestias por olores o impactos ambientales. Interpelada por estas cuestiones, Vaquero recalcó que el Ejecutivo «no va a paralizar» los proyectos siempre que cumplan la normativa y los requisitos exigidos para obtener la declaración de interés autonómico.
La evaluación de las afecciones corresponde al Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (Inaga), que establece medidas específicas y distancias mínimas respecto a infraestructuras sensibles o equipamientos cercanos. Según la portavoz, estos proyectos no se impulsarán si se detecta una repercusión claramente negativa sobre el entorno, más allá del impacto asumible que conlleva cualquier instalación industrial.
Para el Gobierno, el equilibrio pasa por compatibilizar la generación de energías renovables, la creación de empleo y la protección ambiental, reforzando al mismo tiempo los equipos de tramitación administrativa debido al creciente número de proyectos de biogás y biometano en cartera.
Aragón, nodo emergente de biogás y biometano en España
Con la aprobación de estas seis plantas, el Gobierno de Aragón ha recordado que ya existen más de 70 proyectos de este tipo en distintas fases de tramitación en la comunidad. Esto refleja la rapidez con la que el sector ha ido ganando presencia y el interés de inversores y empresas especializadas en la región.
La combinación de una potente base agroganadera, disponibilidad de suelo, tejido industrial vinculado a las renovables y el impulso político a la transición energética convierten a Aragón en uno de los territorios más dinámicos en gases renovables dentro del panorama estatal.
Además de la generación de energía limpia, el despliegue de estas plantas contribuye a revalorizar subproductos del campo y de la industria agroalimentaria, sectores con mucho peso en la economía aragonesa. La posibilidad de obtener ingresos adicionales por la gestión de residuos o por la venta de digestatos y fertilizantes orgánicos supone un incentivo extra para explotaciones y cooperativas.
Todo ello, sumado a la capacidad de reducir emisiones y a la inyección de biometano en la red gasista, refuerza la posición de Aragón como referente en la transición hacia un modelo energético más descentralizado, bajo en carbono y apoyado en recursos locales. Estas seis plantas se convierten así en un paso significativo dentro de una estrategia más amplia que pone el foco en las renovables, el medio rural y la economía circular.