La energía nuclear es la más segura

la energía nuclear es la más segura de todas

Cuando hablamos de todos los tipos de energías que existen debatimos sobre cuáles son las más eficientes, las más fáciles de extraer, las que mayor poder energético tienen y, por supuesto, cuál es la más segura. Aunque esté en contra de todo lo que se cree hasta ahora, la energía más segura que existe en la actualidad es la nuclear.

¿Cómo puede ser esto verdad? Tras el incidente de Chernóbil en el año 1986 conocido como la catástrofe nuclear más grande de toda la historia y el reciente accidente en Fukushima en el año 2011, ambos relacionados con la energía nuclear, cuesta creer que esta energía sea la más segura de todas las existentes en nuestro planeta. Sin embargo, os vamos a presentar las evidencias empíricas de que esto es así. ¿Quieres saber por qué la energía nuclear es la más segura de todas?

Producción de energía y desarrollo económico

la energía nuclear tiene mucho rechazo en todo el mundo

En el desarrollo económico de un país la producción y el consumo de energía son componentes fundamentales para mejorar los niveles de vida en general. Aunque la producción de energía no solamente está vinculada a efectos positivos, ya que también pueden derivar en resultados negativos para la salud. Por ejemplo, la producción de energía se puede atribuir a casos de mortalidad como de enfermedad grave. En esta parte incluimos posibles accidentes en la extracción de las materias primas, las fases de procesamiento y producción y la posible contaminación.

El objetivo que se presenta la comunidad científica es poder producir energía con los menores impactos a la salud y al medioambiente. Para ello, ¿qué tipo de energía debemos explotar? Realizamos la comparación entre las energías más utilizadas en todo el mundo como son el carbón, petróleo, gas natural, biomasa y energía nuclear. En 2014, estas fuentes de energía representaron casi el 96% de la población mundial de energía.

Seguridad en la energía

los altos niveles de radioactividad dañan la salud humana a largo plazo

Hay dos marcos de tiempo fundamentales para poder cuantificar y clasificar las muertes o la peligrosidad potencial en la producción de energía. En función de estas variables se puede establecer el grado de peligrosidad que tiene, tanto para el ser humano como para el medioambiente, la extracción de un tipo de energía u otro.

El primer marco de tiempo es a corto plazo o generacional. Este consiste en las muertes que están relacionadas con accidentes en la fase de extracción, procesamiento o producción de las fuentes de energía. En cuanto al medioambiente, se analizan los impactos de contaminación que tienen en el aire durante su producción, transporte y combustión.

El segundo marco es el impacto que se produce a largo plazo o intergeneracional como pueden ser desastres como el de Chernóbil o los efectos del cambio climático.

Analizando resultados obtenidos de muertes provocadas por contaminación del aire y accidentes, se ve cómo las muertes relacionadas con la contaminación atmosférica son dominantes. En el caso del carbón, el petróleo y el gas, representan más del 99% de las muertes.

La energía nuclear es la que menos muertes genera en su producción

Número de muertes provocados por la generación de los distintos tipos de energía

En la energía extraída en las centrales eléctricas de carbón existen cantidades claves de dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno. Estos gases son precursores de la contaminación por ozono y partículas que pueden tener un impacto en la salud humana, incluso a bajas concentraciones. Estas partículas están presentes en el desarrollo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

Analizando las muertes relacionadas con la energía nuclear, vemos que existen 442 veces menos muertes en relación con el carbón por unidad de energía. Cabe señalar que estas cifras también tienen en cuenta las muertes relacionadas con el cáncer estimadas como resultado de la exposición radiactiva de la producción de energía nuclear.

Gestión de los residuos nucleares

los residuos nucleares tienen una complicada gestión

La peligrosidad máxima de la energía nuclear a largo plazo es qué hacer y cómo gestionar los residuos nucleares. Es todo un desafío gestionar estos desechos radiactivos, ya que durante muchísimos años seguirán emitiendo grandes cantidades de radiación. Este período de preocupación por los residuos se extiende desde 10.000 a 1 millón de años. Por ello, dividimos los residuos en tres categorías: residuos bajos, intermedios y de alto nivel. La capacidad que existe para tratar con niveles bajos e intermedios de residuos suele estar bien establecida. Los residuos de bajo nivel se pueden compactar, incinerar y enterrar con seguridad a una profundidad baja. Los residuos de nivel intermedio, que contiene mayores cantidades de radiactividad, necesitan ser protegido en betún antes de su eliminación.

El desafío comienza cuando se deben de gestionar los residuos de alto nivel. La cosa se complica demasiado, puesto que la larga vida útil y las altas cantidades de radioactividad en el combustible nuclear significan que los residuos no sólo deben de estar debidamente protegidos, sino también estar en un entorno estable durante un millón de años. ¿Cómo se encuentra un lugar estable para mantener residuos durante un millón de años? Lo que normalmente se hace es guardar estos residuos en almacenamientos geológicos profundos. La dificultad de esto radica en encontrar lugares geológicos profundos donde se pueda almacenar de manera estable y no contamine su alrededor. Además, no debe de suponer un peligro para la salud humana. Tenemos que tener en cuenta que hablamos de un periodo de un millón de años y los lugares geológicos, por muy estables que sean, tienen fluctuaciones de temperatura y de niveles de agua, lo que hace que no sea estable por tanto tiempo.

Muertes producidas por el cambio climático

Efectos intergeneracionales del cambio climático como es el aumento del nivel del mar

Como se ha mencionado antes, la producción de energía no sólo tiene efectos a corto plazo en la salud relacionado con accidentes y contaminación. También tiene impactos sobre la salud humana y el medioambiente a largo plazo o intergeneracional. Unos de los efectos más conocidos a largo plazo producido por la producción de energía es el calentamiento global. Los impactos más pronunciados de este calentamiento global es el cambio climático que produce condiciones climáticas extremas, aumento de la frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos, aumento del nivel del mar, reducción de los recursos de agua dulce, menor rendimiento en las cosechas, etc. Esto altera todos los ecosistemas del mundo y cambia las tornas.

Es muy difícil atribuir muertes con el cambio climático, ya que, siendo a largo plazo, es más complejo guardar relación. Sin embargo, es evidente el aumento de las muertes provocadas por las olas de calor más intensas y frecuentes, y éstas han sido provocadas por el cambio climático.

Para relacionar las muertes por el cambio climático a la producción de energía se emplea la intensidad de la energía del carbono, que mide los gramos de dióxido de carbono (CO2) emitidos en la producción de un kilovatio-hora de energía (gCO2e por kWh). Utilizando este indicador, se puede suponer que las fuentes de energía con mayor intensidad de carbono tendrían un mayor impacto en las tasas de mortalidad por el cambio climático para un determinado nivel de producción de energía.

Las fuentes de energía más inseguras a corto plazo, también lo son a largo plazo. Por el contrario, las energías más seguras en la generación actual también son más seguras en las generaciones futuras. El petróleo y el carbón tienen alta tasa de mortalidad tanto a corto como a largo plazo, además de ser responsables de la contaminación del aire. Sin embargo, la energía nuclear y de biomasa tienen menos intensidad de carbono, unas 83 y 55 veces más bajo que el carbón para ser exactos, respectivamente.

Por lo tanto, la energía nuclear es más baja en la mortalidad a corto y largo plazo relacionada con la producción de energía. Se calcula que se evitaron hasta 1,8 millones de muertes relacionadas con la contaminación atmosférica entre 1971 y 2009 como resultado de la producción de energía con centrales nucleares en lugar de alternativas disponibles.

Conclusiones sobre la seguridad energética

Desastre de Chernóbil ocurrido en 1986

Chernóbil 30 años después del accidente nuclear

Cuando se habla de la seguridad energética en el ámbito nuclear surgen preguntas como: ¿cuántos murieron a causa de los incidentes nucleares en Chernóbil y Fukushima? En resumen: las estimaciones varían pero el número de muertes de Chernobyl es probable que sea del orden de decenas de miles. Para Fukushima, se espera que la mayoría de las muertes estén relacionadas con el estrés inducido por el proceso de evacuación (de 1600 muertes) en lugar de la exposición directa a la radiación.

Hay que tener en cuenta que estos dos eventos son autónomos aunque sus impactos hayan sido grandes. Sin embargo, teniendo en cuenta todos estos años, el número de muertes por estos dos accidentes es mucho menor que todas las personas que han muerto a causa de la contaminación atmosférica de otras fuentes de energía como el petróleo y el carbón. La Organización Mundial de la Salud calcula que 3 millones mueren cada año por contaminación del aire ambiente y 4,3 millones de la contaminación del aire en interiores.

Esto tiene una controversia en la percepción de las personas, debido a que los eventos de Chernóbil y Fukushima han sido desastres conocidos en todo el mundo y titulares de periódicos durante mucho tiempo. Sin embargo, las muertes por contaminación atmosférica de forma continuada pasa a ser silenciosa y nadie conoce sus repercusiones con tanto detalle.

desastre de fukushima ocurrido en 2011

Accidente nuclear de Fukushima

Sobre la base de las cifras históricas y actuales de muertes relacionadas con la producción de energía, la energía nuclear parece haber causado de lejos el menor daño de las principales fuentes de energía actuales. Esta realidad empírica está en gran medida en desacuerdo con las percepciones públicas, donde el apoyo público a la energía nuclear es a menudo bajo como resultado de preocupaciones de seguridad.

El apoyo público a la producción de energía renovable es mucho más fuerte que para los combustibles fósiles. Nuestra transición global a los sistemas de energía renovable será un proceso que toma tiempo, un período extenso durante el cual debemos tomar decisiones importantes sobre las fuentes de generación de energía. La seguridad de nuestras fuentes de energía debe ser una consideración importante en el diseño de las vías de transición que queremos tomar.

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