¿Se acerca un súper El Niño y qué puede suponer para nuestro clima?

  • Modelos climáticos apuntan a un El Niño muy intenso con alta probabilidad de consolidarse en 2026.
  • El Pacífico ecuatorial se está calentando de forma sostenida, condición clave para un posible "súper" El Niño.
  • 2026 podría situarse entre los años más cálidos registrados, con efectos que se notarían aún más en 2027.
  • Europa y España deberán prepararse para olas de calor, sequías o lluvias extremas, en un contexto de cambio climático acelerado.

Mapa climático global asociado a El Niño

La posibilidad de que se forme un El Niño excepcionalmente intenso en los próximos meses está ganando fuerza en los principales servicios meteorológicos internacionales. Aunque todavía no se puede asegurar que alcance la categoría informal de «súper» El Niño, el escenario de un episodio fuerte o muy fuerte en 2026 se consolida a medida que avanzan los modelos.

Este posible repunte del fenómeno llega además en un contexto de calentamiento global sin precedentes, lo que hace que los científicos miren con especial preocupación el periodo 2026-2027. No sólo se espera un nuevo impulso a las temperaturas medias del planeta, sino también cambios notorios en los patrones de precipitaciones, con mayor riesgo de episodios extremos en numerosas regiones, incluida Europa.

Un inicio de año inusualmente cálido y un océano que se calienta

Los análisis más recientes de distintos grupos de investigación climática (como NASA, NOAA, Met Office Hadley Centre/UEA, Berkeley Earth y Copernicus/ECMWF) coinciden en que los tres primeros meses de 2026 se han situado entre los cuartos más cálidos registrados desde que hay datos fiables, sólo por detrás de 2016, 2024 y 2025. Las anomalías de temperatura han ido aumentando de forma progresiva según se han ido disipando las condiciones de La Niña que dominaban el Pacífico tropical.

La transición de una fase fría (La Niña) a una más cálida es uno de los patrones clásicos previos al desarrollo de El Niño. En 2026, las observaciones muestran que el Pacífico ecuatorial, tanto en superficie como en capas subsuperficiales, está acumulando calor de forma constante, lo que refuerza la sensación de que el sistema climático está a las puertas de un nuevo episodio.

Este calentamiento no es algo aislado, sino que se enmarca en un planeta que ya está alrededor de 1,4-1,5 ºC por encima de los niveles preindustriales. En ese contexto, cualquier impulso adicional procedente de El Niño puede traducirse en años récord de temperatura global, con impactos claros en olas de calor, sequías y lluvias extremas.

Para Europa y España, este telón de fondo, según la predicción del clima en España, significa que los veranos, ya de por sí muy cálidos en los últimos años, pueden verse acompañados de episodios de calor más duraderos y noches tropicales más frecuentes, incluso aunque los efectos directos de El Niño sean más marcados en otras regiones del mundo.

Evolución de temperaturas globales en años de El Niño

Qué entienden los científicos por un «súper» El Niño

En el debate público se ha popularizado el término «súper» El Niño, aunque no forme parte de las categorías oficiales de todos los organismos meteorológicos. De forma general, los expertos suelen utilizar esta expresión cuando la anomalía de temperatura en la región Niño 3.4 del Pacífico central y oriental supera los +2 ºC durante varios meses consecutivos.

La región Niño 3.4 es un área de referencia porque allí se monitoriza con precisión cómo responde el océano en los trópicos. Cuando la desviación térmica se mantiene por encima de +0,5 ºC se habla de un evento El Niño; si supera el +1,5 ºC, se clasifica como El Niño intenso, y por encima de +2 ºC se entra en el terreno de los episodios históricos que muchos medios califican como «súper».

En la memoria reciente destacan los eventos de 1982-83, 1997-98 y 2015-16, que provocaron alteraciones muy marcadas en el clima global. Aquellos episodios se asociaron con inundaciones en unas zonas, sequías severas en otras, cambios drásticos en la distribución de huracanes y alteraciones importantes en ecosistemas marinos y terrestres.

Los modelos climáticos actuales apuntan a que, para el tramo que va hasta finales del verano boreal de 2026, la mediana de las simulaciones sitúa la anomalía en torno a +2,2 ºC en Niño 3.4. Este valor colocaría al planeta en un escenario compatible con un El Niño de intensidad muy fuerte, claramente dentro del rango en el que se habla de «súper» episodio, si se confirma y se mantiene.

Sin embargo, no todos los modelos coinciden. Algunos sistemas de predicción, como CanESM5 o DWD, sugieren todavía un El Niño de intensidad débil o moderada. Esta disparidad ilustra hasta qué punto sigue siendo complicado anticipar con precisión la evolución del fenómeno con varios meses de antelación.

Mapa de anomalías de temperatura del Pacífico tropical

La barrera de predictibilidad de primavera y las probabilidades para 2026

Uno de los conceptos que más repiten los expertos al hablar del futuro de El Niño en 2026 es la «barrera de predictibilidad» de la primavera. Se trata de un periodo del año, en torno al final del invierno y la primavera del hemisferio norte, en el que los modelos climáticos tienen más dificultades para captar las señales del océano y la atmósfera y, por tanto, aumentan las incertidumbres en los pronósticos.

Según ha explicado la Organización Meteorológica Mundial (OMM), aunque los modelos apunten en la misma dirección, hay que interpretar con prudencia las cifras durante esta fase. Aun así, las simulaciones de distintos centros internacionales (NOAA en Estados Unidos, la agencia meteorológica de Japón, la Oficina de Meteorología de Australia o el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo) coinciden en que hay un alto riesgo de que El Niño se instaure a lo largo de 2026.

Algunos informes hablan ya de probabilidades superiores al 60 % de que el fenómeno se desarrolle entre junio y agosto, con la opción de que se prolongue hasta finales de año. Proyecciones recientes basadas en modelos estacionales europeos incluso sitúan la probabilidad de un El Niño moderado muy cerca del 100 % para finales del verano, con alrededor de un 80 % de opciones de un episodio fuerte y en torno a un 20 % de posibilidades de que alcance la categoría de «súper».

Los meteorólogos recuerdan que una probabilidad aparentemente baja puede ser relevante si las consecuencias potenciales son muy graves. Por eso, se insiste en tratar este escenario como un problema de gestión de riesgos: no se trata tanto de acertar al milímetro en la intensidad final, sino de prepararse para impactos plausibles que podrían afectarnos durante varios trimestres.

La OMM prevé publicar actualizaciones periódicas sobre la evolución del sistema El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), afinando mes a mes las previsiones para el Pacífico ecuatorial y, en consecuencia, para el clima global. A partir de finales de primavera, cuando se reduce la influencia de la barrera de predictibilidad, los pronósticos suelen ganar fiabilidad.

Gráfico de probabilidad de El Niño y años más cálidos

¿Será 2026 uno de los años más cálidos registrados?

Las estimaciones de distintos equipos científicos, como el proyecto Carbon Brief, apuntan a que la temperatura media global en 2026 podría situarse entre +1,37 ºC y +1,58 ºC respecto a la era preindustrial, con un valor central en torno a +1,47 ºC. Esto colocaría al año prácticamente asegurado dentro del top 4 de años más cálidos desde que hay registros instrumentales.

Los cálculos de probabilidad indican que existe una opción muy elevada, cercana a dos tercios, de que 2026 acabe como el segundo año más cálido, sólo superado por uno de los récords recientes. No se descarta, no obstante, un escenario más extremo: se estima cerca de un 20 % de probabilidades de que 2026 llegue a ser el año más caluroso de la historia de los registros, y otro 20 % de que se sitúe como tercero o cuarto.

Los expertos matizan que el empuje máximo de El Niño sobre las temperaturas globales suele producirse con cierto retardo. La respuesta de la atmósfera al pico de calentamiento en el Pacífico tropical tiende a alcanzarse unos tres meses después. Si el fenómeno se intensifica en la segunda mitad de 2026 y alcanza su máximo entre noviembre y enero, lo más probable es que 2027 registre el impacto térmico más notable.

En la práctica, eso significa que, aunque 2026 ya apunte muy alto en el ranking de calor, es en 2027 cuando podrían verse valores globales todavía más extremos, empujando el promedio planetario hacia niveles cercanos a los +1,8 ºC por encima del periodo preindustrial durante algunos meses. Un escenario de este tipo incrementaría claramente el riesgo de fenómenos meteorológicos severos en numerosas regiones.

Para Europa, y especialmente para países mediterráneos como España, Italia, Grecia o Portugal, un par de años consecutivos de temperaturas globales tan elevadas se traducen habitualmente en veranos más largos e intensos, primaveras adelantadas y otoños más templados, con impactos directos en agricultura, recursos hídricos, salud pública y gestión de incendios forestales.

Impactos climáticos globales de un super El Niño

Posibles efectos en Europa y España de un El Niño muy intenso

Aunque los impactos más directos de El Niño se concentran en el Pacífico y en los trópicos, sus repercusiones se extienden por todo el planeta a través de cambios en la circulación atmosférica y en la llamada corriente en chorro. Para Europa, esto puede significar modificaciones en la trayectoria de borrascas, en la posición de los anticiclones y en la frecuencia de entradas de aire extremadamente cálido desde latitudes más bajas.

En años con El Niño fuerte, varios estudios han observado una mayor tendencia a que, en invierno, se dé un patrón con el Atlántico norte algo más templado y un desplazamiento de las tormentas hacia zonas más septentrionales. Esto puede traducirse, en determinadas configuraciones, en episodios de lluvias intensas en parte del oeste y noroeste de Europa, mientras que el Mediterráneo occidental, incluida buena parte de España, puede experimentar alternados con episodios de precipitación muy concentrada.

Durante el verano, el calentamiento global y la presencia de un El Niño intenso pueden reforzar la probabilidad de olas de calor prolongadas en la península ibérica. En los últimos años ya se ha observado cómo las masas de aire cálido procedentes del norte de África alcanzan la región con más frecuencia, favoreciendo temperaturas extremas tanto diurnas como nocturnas. Un nuevo impulso térmico a escala global hace plausible que estos episodios se vuelvan aún más recurrentes.

Además, el aumento de la temperatura media del mar Mediterráneo implica que, cuando se combinan aire muy cálido y húmedo con condiciones dinámicas favorables, se puedan registrar lluvias torrenciales en zonas del litoral este y sudeste de España. Aunque no se puede atribuir automáticamente cada episodio a El Niño, la combinación de un océano más caliente con un forzamiento adicional desde el Pacífico tropical tiende a favorecer extremos más intensos.

En un contexto de planificación, estos escenarios llevan a los servicios meteorológicos y a las administraciones públicas europeas a reforzar la vigilancia de episodios de calor extremo, sequías y lluvias intensas. Sectores como la agricultura, la gestión del agua y la energía, o la salud pública, dependen cada vez más de la información climática estacional para anticipar y reducir riesgos.

En definitiva, el panorama que dibujan los modelos para 2026-2027 es el de un sistema climático sometido a la combinación de un calentamiento global muy avanzado y un posible El Niño de gran intensidad. Aunque persisten incertidumbres sobre si llegará a la categoría de «súper» evento, la probabilidad de un episodio fuerte es elevada y suficiente como para que Europa y España pongan el foco en la adaptación y la preparación frente a un par de años que podrían marcar nuevos hitos en temperaturas y fenómenos extremos.

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