
La retirada de biomasa en el Mar Menor ha arrancado el año con cifras inusualmente elevadas para los primeros meses, en un contexto marcado por la entrada continua de agua dulce y nutrientes desde la cuenca del Campo de Cartagena, incluidos químicos agrícolas arrastrados por la lluvia. El Gobierno regional mantiene desplegado un dispositivo de limpieza permanente en todo el perímetro de la laguna para contener el impacto de esta presión sostenida sobre el ecosistema.
En lo que va de primer trimestre se han extraído ya 3.514 toneladas de biomasa del litoral de la albufera, y las previsiones apuntan a que el volumen superará las 4.000 toneladas al cierre de mes. Se trata de un esfuerzo de limpieza muy por encima de lo habitual para estas fechas, que las autoridades ligan directamente al aumento de aportes de agua dulce y nutrientes a través de la rambla del Albujón y al elevado nivel del acuífero del Campo de Cartagena.
Por qué se dispara la biomasa en el Mar Menor
Las intensas y prolongadas lluvias del actual año hidrológico han modificado de forma clara la dinámica de entradas de agua hacia el Mar Menor. Desde el inicio del periodo hidrológico, el pasado 1 de octubre, el volumen que llega a la laguna por la rambla del Albujón se ha más que duplicado respecto al mismo tramo del año anterior.
En concreto, se han contabilizado 7,31 hectómetros cúbicos de agua dulce que han desembocado en la laguna a través de este cauce, frente a los 3,11 hectómetros del periodo equivalente previo. Traducido a una escala más cotidiana, el volumen supone en torno a 2.925 piscinas olímpicas descargadas en apenas unos meses sobre un ecosistema que, por naturaleza, es hipersalino.
Este incremento no responde solo a episodios de lluvia intensa, sino a un flujo prácticamente constante de agua procedente del acuífero del Campo de Cartagena, cuyo nivel sigue elevado. Ese acuífero vierte de manera continuada hacia la rambla incluso en fases sin tormentas destacadas, manteniendo una aportación sostenida de agua dulce y nutrientes que acaban llegando a la laguna.
Las autoridades autonómicas recalcan que ya no se trata de picos puntuales, sino de una presión permanente sobre el Mar Menor que alimenta el crecimiento de biomasa y la acumulación de arribazones en las orillas. Esta situación obliga a mantener la vigilancia y a planificar medidas con antelación, sobre todo de cara a la primavera y el verano, cuando el aumento de las temperaturas puede agravar los efectos de la acumulación de nutrientes.
En paralelo, los indicadores ambientales muestran un escenario de relativa estabilidad, pero con matices. La salinidad se sitúa en torno a 40,44 PSU, un valor considerado bajo para esta época del año y entre uno y tres puntos por debajo de registros habituales en años anteriores. El oxígeno disuelto ronda los 6,11 miligramos por litro, mientras que la transparencia del agua alcanza los 4,31 metros y la clorofila se sitúa cerca de 0,90 miligramos por metro cúbico, un nivel que supone un descenso cercano al 48 % respecto a valores previos.

Un operativo de limpieza reforzado todo el año
Para hacer frente a este escenario, la Comunidad mantiene activo un dispositivo permanente de retirada de biomasa que trabaja a lo largo de todo el litoral del Mar Menor. El operativo está integrado por unas 70 personas al día, con capacidad de refuerzo en función de cómo evolucione la situación de la laguna y de los temporales que puedan arrastrar más material hacia la costa.
Durante una visita reciente al dispositivo en Santiago de la Ribera, el consejero de Medio Ambiente, Universidades, Investigación y Mar Menor, Juan María Vázquez, acompañado por el alcalde de San Javier, comprobó sobre el terreno la intensidad de los trabajos y el aumento de arribazones tras los últimos episodios de mal tiempo. Según explicó, las brigadas actúan en todo el perímetro y se redistribuyen hacia las zonas donde la acumulación es mayor.
Los datos manejados por la administración regional ilustran la magnitud del esfuerzo: en el primer trimestre se han retirado 1.158 toneladas de biomasa en enero, 1.540 en febrero y 816 en lo que va de marzo. La previsión oficial es cerrar el mes con alrededor de 4.000 toneladas extraídas, lo que equivaldría aproximadamente al 40 % de todo lo recogido durante el año anterior.
Esta cifra resulta especialmente llamativa si se compara con ejercicios previos. En la última campaña completa se alcanzaron 8.821 toneladas de biomasa retiradas, un volumen que ya supuso un incremento cercano al 25 % respecto al año precedente. Que casi la mitad de esa cantidad se haya alcanzado solo en los primeros meses del nuevo año hidrológico da una idea de la presión actual sobre el ecosistema.
El consejero insiste en que la retirada de biomasa es una actuación necesaria para reducir la carga orgánica y extraer nutrientes del sistema lagunar, pero advierte de que no puede considerarse una solución definitiva. A su juicio, mientras no se consiga frenar la entrada continuada de agua dulce y nutrientes, será preciso mantener e incluso reforzar este tipo de actuaciones directas sobre la orilla.
Las zonas más afectadas por la acumulación de biomasa
La distribución de la biomasa en el Mar Menor no es uniforme. Las mayores concentraciones se localizan en la cubeta sur y en el entorno de La Manga, donde la dinámica de vientos y corrientes, unida a los temporales, favorece que el material se acumule en determinados puntos del litoral.
Entre los enclaves más afectados figuran Los Urrutias, El Carmolí, Los Nietos y Mar de Cristal, así como Islas Menores y el tramo comprendido entre los kilómetros 1 y 6 de La Manga. Son zonas en las que, tras cada episodio de mal tiempo, se registran importantes arribazones que obligan a reorientar las brigadas de limpieza para evitar que la biomasa se degrade en la orilla y libere más nutrientes al agua.
El Gobierno regional subraya que estas tareas de retirada no solo persiguen mejorar la imagen y el uso público de las playas, sino, sobre todo, reducir la carga de materia orgánica que puede alimentar futuros episodios de eutrofización. La eliminación física de la biomasa del sistema contribuye a extraer del ecosistema parte de los nutrientes que han llegado desde la cuenca vertiente.
Aun así, las autoridades insisten en que las labores sobre el terreno deben ir acompañadas de un seguimiento continuo de los parámetros ambientales y de una vigilancia estrecha ante posibles cambios bruscos. El objetivo es anticipar situaciones de riesgo, especialmente en los meses de mayor temperatura, cuando el equilibrio del sistema resulta más delicado y cualquier alteración puede desencadenar problemas de oxigenación.
Reclamaciones al Estado y medidas pendientes
Más allá del trabajo diario sobre la orilla, la Comunidad Autónoma reitera que la clave está en actuar sobre el origen de las entradas de agua dulce y nutrientes, y en medidas como las ayudas a la transición ecológica ganadera. En este sentido, el Ejecutivo regional vuelve a poner el foco en las competencias estatales sobre la gestión de aguas superficiales y subterráneas en el entorno del Mar Menor.
El consejero recuerda que el bombeo de la rambla del Albujón fue declarado de utilidad pública y urgente en 2021, pero todavía no se ha puesto en marcha de forma efectiva. Esta infraestructura se considera estratégica para reducir el caudal de agua cargada de nutrientes que llega a la laguna por este cauce, especialmente en periodos como el actual, con el acuífero del Campo de Cartagena en niveles altos.
Además, el acuífero fue declarado en mal estado en 2020, lo que conlleva la obligación legal de desarrollar y aplicar un plan de recuperación. Según denuncia la administración regional, ese plan aún no se ha implementado plenamente, pese a que la situación del Mar Menor sigue muy condicionada por las filtraciones y aportes subterráneos procedentes de la cuenca agrícola.
Mientras se resuelven estas cuestiones de fondo, la Comunidad mantiene activas las labores de monitorización y seguimiento permanente del ecosistema. Técnicos especializados analizan de forma continua parámetros como salinidad, oxígeno, transparencia, temperatura y niveles de nutrientes, con el fin de disponer de información actualizada que permita ajustar las medidas de gestión.
El conjunto de actuaciones sobre el terreno, la vigilancia ambiental y las reclamaciones para que se ejecuten las obras y planes comprometidos conforman, por ahora, la estrategia regional para intentar estabilizar el Mar Menor. En un contexto de lluvias abundantes y aportes sostenidos de agua dulce, la retirada de biomasa se ha convertido en una pieza central de la respuesta institucional para contener los efectos más inmediatos de la presión sobre la laguna.
