Ya en 2019, un estudio de la Universidad Estatal de Zúrich liderado por Thomas Crowther calculó que había espacio para 1,2 billones de árboles adicionales, capaces de absorber hasta dos tercios de las emisiones históricas. Esa idea impulsó campañas globales como ‘Un billón de árboles’ de la ONU. Pero la realidad ha demostrado ser mucho más compleja, y el propio Crowther ha matizado sus conclusiones.
Los riesgos de la reforestación masiva

Durante la COP28, Crowther sorprendió al afirmar que las plantaciones masivas pueden ser perjudiciales cuando se utilizan como excusa para no reducir las emisiones. El científico lo calificó como una forma de greenwashing, ya que empresas y gobiernos compensan su huella de carbono con certificados de reforestación sin atajar las causas estructurales del problema. Esta práctica, lejos de ayudar, desvía la atención de medidas más efectivas como el abandono de los combustibles fósiles.
Además, plantar árboles en lugares inadecuados puede alterar ecosistemas existentes. Praderas y sabanas también almacenan carbono y su transformación en bosques puede ser contraproducente. La falta de mantenimiento a largo plazo y el aumento de temperaturas locales por el efecto albedo son otros factores que los expertos señalan como riesgos.
El caso de China: la Gran Muralla Verde

Uno de los ejemplos más ambiciosos es la Gran Muralla Verde de China, un proyecto iniciado en 1978 para frenar la desertificación. Con cerca de 78.000 millones de árboles plantados, la cobertura forestal pasó del 10% al 25%. Sin embargo, un estudio publicado en ‘Earth’s Future’ revela que esta reforestación masiva está alterando el ciclo hidrológico. La evapotranspiración de los nuevos bosques ha desplazado la humedad hacia la meseta tibetana, dejando sin agua a regiones áridas del noroeste y a la zona monzónica del este, que concentran el 74% del territorio.
La paradoja es evidente: los árboles que debían proteger esas tierras han terminado por restarles el recurso más valioso, el agua. El noroeste chino ha perdido grandes volúmenes de agua, mientras que el altiplano tibetano ha ganado disponibilidad. Este desequilibrio agrava la escasez en una zona que ya solo dispone del 20% del agua del país para el 46% de la población, evidenciando cómo los bosques generan agua y regulan el clima de forma compleja.
Claves para una reforestación responsable
Frente a estos problemas, los expertos coinciden en que la reforestación debe replantearse. Karen Holl, experta en ciencias ambientales, aboga por dejar que los ecosistemas se regeneren naturalmente en lugar de imponer plantaciones masivas. Crowther propone priorizar la biodiversidad y el beneficio directo de las comunidades locales, utilizando especies autóctonas y evitando competir con las necesidades agrícolas.
La Gran Muralla Verde de África, que busca frenar el avance del Sáhara, se cita como un ejemplo más positivo porque colabora con las comunidades locales. En cambio, los programas en China y Uganda han provocado pérdida de agua y tierras de cultivo debido al uso de especies no autóctonas de crecimiento rápido. La lección es clara: la restauración ambiental no se reduce a plantar árboles, y cualquier proyecto debe estudiar cuánto tarda en regenerarse un bosque y sus interacciones con el agua y el suelo.
Aunque la reforestación puede ser una herramienta útil, no debe considerarse la panacea. La prioridad sigue siendo reducir las emisiones mediante energías limpias y eficiencia energética. Solo un enfoque integral que combine la reducción de emisiones con una reforestación bien planificada podrá hacer frente al cambio climático de manera efectiva.

