El aumento de las temperaturas y los efectos del cambio climático han puesto en el punto de mira la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. En este contexto, Cataluña ha dado un paso al frente con la puesta en marcha de una instalación que busca aprovechar los residuos ganaderos para generar energía y otros subproductos útiles.
Se trata de la planta experimental de biogás del IRTA en Mas Bové, en Constantí (Tarragona), presentada oficialmente por el Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Generalitat. Esta instalación es la primera de estas características en España gestionada por un instituto público de investigación y, a la vez, presta servicio a una explotación ganadera.

Una apuesta por la investigación y la economía circular
La instalación se alimenta de las deyecciones de los cerdos (purines) y de las aves de corral (gallinaza) criados en las granjas del propio centro. Cada año se tratan más de 5.200 toneladas de materia orgánica que, mediante un proceso de digestión anaerobia, se convierten en biogás, fertilizantes orgánicos y agua recuperada. El biogás producido alcanza los 96.697 Nm³ al año, una cantidad equivalente a 58.000 litros de gasóleo o al consumo energético de unas 165 familias.
La energía generada se emplea para el autoconsumo de las instalaciones, como calentar la nave de maternidad porcina, donde antes se usaba gas propano, o mantener la temperatura del digestor. El fertilizante resultante se destina a abonar los campos de Mas Bové, mientras que el agua recuperada se utiliza para regar y limpiar las granjas. De esta forma, se reduce la dependencia de insumos externos y se minimiza el impacto ambiental de la gestión de los residuos.
Una herramienta para impulsar el biogás en Cataluña
La puesta en marcha de esta planta se enmarca en la Estrategia catalana del biogás y la Estrategia catalana del digestato, aprobadas en 2024, que prevén un importante despliegue de estas instalaciones en los próximos años. Según estas previsiones, en 2030 las deyecciones ganaderas representarán casi un tercio de la materia orgánica que alimentará las plantas de biogás del territorio. La Generalitat ha movilizado 46 millones de euros en ayudas en 2024 y ha lanzado una nueva convocatoria de 25 millones para impulsar proyectos de este tipo.
El IRTA cuenta, además, con una segunda planta experimental de biogás, más pequeña, que se está construyendo junto a la granja de vacuno de Monells (Girona). La instalación de Mas Bové no solo servirá para producir energía, sino que se convertirá en un espacio de pruebas para validar tecnologías emergentes, ensayar nuevos productos y formar a técnicos especializados. También está previsto que acoja visitas de la ciudadanía y del sector, con el objetivo de transferir conocimiento sobre el funcionamiento de este tipo de plantas.
Con esta iniciativa, Cataluña refuerza su apuesta por la bioeconomía y la sostenibilidad del sector agroalimentario. La planta del IRTA Mas Bové demuestra que es posible aprovechar los residuos ganaderos para obtener recursos valiosos, al tiempo que se contribuye a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Queda camino por recorrer, pero esta instalación sienta las bases para un modelo energético más circular y respetuoso con el entorno.

