Plantas de reciclaje químico en Tarragona: una nueva industria estratégica

  • Dos plantas de reciclaje quĂ­mico en Tarragona y Flix movilizan más de 80 millones de euros y cerca de 100 empleos
  • La tecnologĂ­a de pirĂłlisis permite valorizar plásticos sucios y mezclados que no admite el reciclaje mecánico
  • Greenertis y 2G Chemical Plastic Recycling se integran en el polo petroquĂ­mico tarraconense para producir aceite circular
  • El proyecto refuerza la economĂ­a circular del plástico y la soberanĂ­a europea en materias primas

planta de reciclaje quimico en tarragona

Tarragona se está consolidando como uno de los epicentros del reciclaje químico en España gracias a la puesta en marcha de dos plantas pioneras que prometen cambiar la forma en que se gestionan los residuos plásticos más complejos. Estas instalaciones, ubicadas en la capital tarraconense y en el municipio de Flix, suman inversiones millonarias y se presentan como un nuevo eslabón clave de la economía circular ligada al potente polo petroquímico de la zona.

La llegada de esta tecnología supone un salto cualitativo para un territorio con larga tradición industrial, pero también una respuesta a un problema global: la mayoría de los plásticos siguen sin reciclarse y terminan en vertederos, incineradoras o directamente en el medio ambiente. Las nuevas plantas aspiran a aprovechar precisamente esos residuos que el reciclaje mecánico convencional no puede asumir, devolviéndolos a la cadena productiva como materia prima secundaria.

Una nueva industria en torno al reciclaje quĂ­mico en Tarragona

La provincia se prepara para acoger una nueva industria basada en el reciclaje químico de plásticos, con dos proyectos que ya están en fase muy avanzada. Por un lado, la planta de Greenertis en el Polígono Riu Clar, en Tarragona ciudad; por otro, el complejo de 2G Chemical Plastic Recycling en Flix, en la Ribera d’Ebre. En conjunto, ambas iniciativas superan los 80 millones de euros de inversión y se acercan al centenar de puestos de trabajo estables.

Estas plantas se conciben como un complemento al reciclaje mecánico, no como un sustituto. Su foco estará en residuos plásticos sucios, mezclados o de muy baja calidad que hoy no encuentran salida más allá de la incineración o el vertedero. De este modo, la petroquímica tarraconense podrá recibir de nuevo materia prima en forma de aceites y productos intermedios con los que fabricar nuevos plásticos, cerrando el círculo de la circularidad.

El paso es especialmente relevante si se tiene en cuenta el contexto internacional: según datos manejados por las empresas promotoras, solo alrededor del 9% de los plásticos se reciclan a nivel mundial, mientras que cientos de millones de toneladas acaban cada año como residuo. Frente a este escenario, la apuesta tarraconense quiere demostrar que es posible recuperar valor incluso de las fracciones más problemáticas.

Además del efecto ambiental, estos proyectos representan el aterrizaje de años de investigación aplicada en química y procesos industriales. En el caso de Greenertis, se habla ya de cerca de una década de trabajo técnico y pruebas desde que se empezaron a explorar estas soluciones de vanguardia a mediados de la década pasada.

instalaciones de reciclaje quimico en tarragona

Greenertis: la gran planta de Riu Clar y el aceite pirolĂ­tico

La infraestructura de mayores dimensiones se ubica en el PolĂ­gono Riu Clar de Tarragona. Greenertis ha realizado una inversiĂłn inicial de unos 30 millones de euros para poner en marcha una planta considerada completamente novedosa desde el punto de vista tecnolĂłgico, en la que se ha contratado ya a 21 personas para esta primera fase.

La instalación se encuentra a las puertas de iniciar su actividad industrial. La compañía prevé que, en esta etapa inicial, entren en la planta unas 8.000 toneladas anuales de residuos plásticos, principalmente procedentes del contenedor gris y formados por mezclas de distintos tipos de polímeros. A partir de ahí, mediante procesos de pirólisis, se convertirán en unas 6.000 toneladas de aceite pirolítico o “circular oil”.

Este aceite pirolítico está llamado a sustituir, en parte, al crudo de petróleo usado como base para fabricar nuevos plásticos. De esta manera, el producto final de la planta de Greenertis se integra directamente en la cadena de la petroquímica tarraconense, que podrá producir envases y otros artículos sin recurrir a tanta materia prima fósil virgen. La empresa calcula, además, un ahorro aproximado de 5.000 toneladas de dióxido de carbono al año en esta primera fase.

La hoja de ruta de la compañía no se detiene ahí. Greenertis tiene planificada una segunda etapa de expansión que elevará la inversión total hasta algo más de 70 millones de euros. Esta nueva fase, apoyada por una subvención de 6,5 millones de euros del PERTE de Economía Circular del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, permitirá incrementar la plantilla por encima de los 60 trabajadores y multiplicar por seis las capacidades actuales de tratamiento y producción.

El calendario previsto apunta a que la inversión adicional arrancará a finales de este año, con un montaje que se prolongará durante 2027. La planta completamente desplegada debería estar operativa alrededor de 2028, culminando así un ciclo de cerca de una década de desarrollo tecnológico. La elección de Tarragona como enclave responde a la fuerte concentración de empresas petroquímicas y a la infraestructura ya existente en el territorio para manejar este tipo de productos.

2G Chemical Plastic Recycling: el proyecto de Flix y la pirĂłlisis lenta

El segundo gran eje de este nuevo mapa del reciclaje químico en Tarragona se sitúa en Flix, en la Ribera d’Ebre. Allí se construirá la planta de 2G Chemical Plastic Recycling, que replicará en buena medida la filosofía de Greenertis: captar residuos plásticos que no pueden reciclarse mecánicamente y transformarlos mediante procesos termoquímicos en materias primas reutilizables por la industria.

El proyecto de Flix contempla una inversión de alrededor de 13,7 millones de euros, apoyada por una ayuda estatal de unos 2,1 millones dentro del mismo programa de incentivos a la economía circular. La planta está concebida para operar con una pirólisis de tipo lento, un proceso que, según la compañía, permite recuperar hasta el 85% de la fracción de poliolefina contenida en los residuos tratados.

Para ello, el complejo contará con entre cinco y seis reactores industriales y se estima que generará entre 35 y 40 empleos directos. La empresa ya dispone de experiencia previa en este campo gracias a una unidad que funciona desde 2021 en Ascó, donde opera un reactor piloto que ocupa a unas 20 personas. El salto a Flix supone, por tanto, un paso importante en la escala del proyecto y en su impacto económico local.

Los responsables de 2G Chemical Plastic Recycling destacan que la nueva planta está diseñada para admitir plásticos muy contaminados, mezclados o de bajísima calidad, precisamente aquellos que hoy se descartan del circuito de reciclaje tradicional. La tecnología desarrollada busca dar valor a una fracción que representa una parte significativa de los residuos que acaban en vertederos de todo el mundo.

La elección de Flix no es casual. La localidad cuenta con una larga trayectoria industrial y mano de obra cualificada, lo que facilita la puesta en marcha de proyectos de este tipo. Además, su proximidad a la petroquímica de Tarragona y a las rutas logísticas de la región refuerza su papel como punto estratégico dentro del nuevo esquema de gestión de residuos plásticos.

Impacto econĂłmico, empleo y coordinaciĂłn institucional

Entre las dos plantas, la provincia de Tarragona movilizará una inversión conjunta próxima o superior a los 80 millones de euros y creará alrededor de 100 puestos de trabajo directos en el conjunto del territorio. Son cifras relevantes para municipios que buscan consolidar empleo de valor añadido y reforzar su tejido productivo con actividades ligadas a la transición ecológica.

Las ayudas públicas tienen también un papel notable. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ha asignado 12,7 millones de euros a seis proyectos de la provincia vinculados a la economía circular del plástico, incluyendo las iniciativas de Greenertis y 2G Chemical Plastic Recycling. En el caso concreto de Flix, la ejecución de la subvención está condicionada a un plazo que se extiende hasta noviembre de 2027.

Los promotores empresariales subrayan, sin embargo, la necesidad de una mayor coordinación entre los distintos niveles administrativos para que los calendarios de licencias urbanísticas y ambientales vayan en sintonía con los plazos de las ayudas. Argumentan que una gestión más fluida de los permisos facilitaría aprovechar plenamente los incentivos económicos y reduciría riesgos para las inversiones.

Aun asĂ­, desde 2G Chemical Plastic Recycling se ha expresado la voluntad de seguir adelante con la construcciĂłn de la planta en Flix incluso si surgieran complicaciones en la tramitaciĂłn de las subvenciones. La apuesta por el reciclaje quĂ­mico se entiende como una oportunidad de largo recorrido que no depende Ăşnicamente del apoyo pĂşblico a corto plazo.

En términos de empleo, tanto en Tarragona ciudad como en Flix se prevé la creación de puestos de trabajo especializados en operación de reactores, mantenimiento e ingeniería de procesos. A ello se suman los empleos indirectos ligados al transporte de residuos y productos, servicios auxiliares y actividades derivadas de la propia cadena de suministro del sector petroquímico.

PirĂłlisis y quĂ­mica del reciclaje: asĂ­ funciona la transformaciĂłn de residuos

La tecnología que sustenta estas plantas se basa en la pirólisis, un proceso de degradación térmica de materiales en ausencia de oxígeno. A diferencia de la combustión, aquí no se produce una reacción de quemado, sino una descomposición controlada que rompe las cadenas de los polímeros plásticos y las transforma en fracciones más simples, principalmente aceites y gases.

En la práctica, esto permite “volver a la molécula inicial” que dio origen al polímero. Los ejemplos más claros se encuentran en los envases: una botella de plástico, tras pasar por los reactores de pirólisis, se reduce a componentes químicos básicos que pueden utilizarse de nuevo como materia prima para generar plásticos equivalentes o adaptados a otros usos industriales.

Este enfoque se considera complementario al reciclaje mecánico. Mientras que el sistema tradicional sirve para fracciones relativamente limpias y homogéneas, la pirólisis es capaz de asumir residuos mezclados, degradados o contaminados que hoy no encuentran otras salidas. Por eso, los promotores insisten en que no existe una competencia directa, sino un nuevo mercado que se abre para dar solución a lo que antes era un residuo sin valor.

La clave, señalan expertos del ámbito químico, está en avanzar hacia circuitos cerrados en los que todos los recursos posibles se recuperen, especialmente en regiones con una fuerte implantación industrial como Cataluña. Las plantas de Tarragona y Flix encajan en esa visión de economía circular ampliada, en la que la frontera entre desperdicio y recurso se difumina cada vez más.

Desde el punto de vista energético, las instalaciones podrán abastecerse de suministro propio o de redes externas, dependiendo de su configuración final. No obstante, el auténtico reto de fondo pasa por asegurar un flujo constante de materias primas, es decir, de residuos plásticos aptos para el proceso, en un escenario en el que las políticas de reducción y reutilización también irán ganando protagonismo con el tiempo.

Contexto global: solo una pequeña parte del plástico se recicla

La apuesta de Tarragona por el reciclaje químico se entiende mejor al mirarla en perspectiva global. Las cifras que manejan las compañías y consultoras de referencia son contundentes: se calcula que en el mundo se generan unos 350 millones de toneladas de plásticos al año, de las cuales únicamente una fracción reducida termina reciclándose de forma efectiva.

Según estimaciones citadas por las empresas promotoras, solo alrededor de 30 millones de toneladas, en torno al 9% del total, se reciclan actualmente. En cambio, unas 70 millones se destinan a la incineración y cerca de 250 millones acaban en vertederos o dispersas en el medio ambiente. De esta última parte, una porción nada desdeñable, del orden de 10 millones de toneladas anuales, termina contaminando los océanos.

Con estos datos sobre la mesa, el reciclaje químico se plantea como una herramienta adicional para mejorar los ratios de recuperación, especialmente en lo referente a residuos complejos, mezclados o contaminados que el reciclaje mecánico no es capaz de asumir. No se trata de una solución única ni milagrosa, pero sí de un instrumento más dentro del abanico de opciones para reducir la presión sobre vertederos y ecosistemas.

En el ámbito europeo, además, la cuestión no es solo ambiental. Los especialistas insisten en que el desarrollo de tecnologías propias de reciclaje y valorización de residuos es clave para que Europa y regiones como Cataluña reduzcan su dependencia de terceros países en lo que respecta a materias primas críticas.

De forma similar a lo que ocurre con las baterías o los microchips, se abre una carrera por asegurar suministros estables de materiales básicos para la industria. En este contexto, la posibilidad de obtener parte de esas materias primas a partir de residuos plásticos o fracciones orgánicas se ve como una pieza estratégica dentro de las políticas de soberanía y seguridad económica del continente.

Tarragona como polo de economĂ­a circular y quĂ­mica avanzada

Tanto la planta de Greenertis como la de 2G Chemical Plastic Recycling se insertan de lleno en la tradición química e industrial de Tarragona. La demarcación alberga uno de los complejos petroquímicos más importantes del sur de Europa, y la integración de estas nuevas tecnologías de reciclaje refuerza su posición como nodo clave en la transición hacia modelos más circulares.

El entorno cuenta, además, con instituciones científicas de referencia, como el Institut Català d’Investigació Química (ICIQ), que han venido trabajando en líneas de investigación aplicadas a la reutilización de residuos y al desarrollo de procesos más eficientes. Desde este ámbito académico se subraya que el paso de la teoría a la planta industrial es esencial para que los avances de laboratorio se traduzcan en impactos reales sobre el territorio.

Expertos del sector resaltan que estamos ante una industria que prácticamente no existía hace unos años y que ahora empieza a tomar forma con instalaciones concretas, empleo y cadenas de valor asociadas. La expectativa es que, con el tiempo, se abran nuevas oportunidades de negocio vinculadas a la optimización de procesos, el diseño de productos más reciclables y la gestión integral de residuos.

Al mismo tiempo, desde las propias empresas se reconoce que todavía queda mucho por investigar y perfeccionar. Tanto en la eficiencia de los reactores como en la calidad y estabilidad de los productos obtenidos, la evolución técnica puede ser rápida si se mantiene la colaboración entre industria, administración y centros de conocimiento.

Con este telón de fondo, la provincia de Tarragona se consolida como un laboratorio a escala real de la economía circular del plástico en Europa, donde se pondrá a prueba la viabilidad económica, ambiental y social del reciclaje químico a medio y largo plazo. El seguimiento de su funcionamiento ofrecerá pistas valiosas para otros territorios que evalúen implantar iniciativas similares.

El despliegue de las plantas de reciclaje químico en Tarragona y Flix combina inversión privada, apoyo público, innovación tecnológica y aprovechamiento de una sólida base industrial previa para abordar uno de los grandes retos de nuestro tiempo: qué hacer con los plásticos que hoy no se reciclan. La integración de estas instalaciones en el polo petroquímico tarraconense, la generación de empleo cualificado y la producción de aceites circulares que sustituyen al petróleo convierten a la provincia en un referente emergente de economía circular, al tiempo que refuerzan la autonomía en materias primas de Cataluña y del conjunto de Europa.

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