Tarragona se está consolidando como uno de los epicentros del reciclaje quĂmico en España gracias a la puesta en marcha de dos plantas pioneras que prometen cambiar la forma en que se gestionan los residuos plásticos más complejos. Estas instalaciones, ubicadas en la capital tarraconense y en el municipio de Flix, suman inversiones millonarias y se presentan como un nuevo eslabĂłn clave de la economĂa circular ligada al potente polo petroquĂmico de la zona.
La llegada de esta tecnologĂa supone un salto cualitativo para un territorio con larga tradiciĂłn industrial, pero tambiĂ©n una respuesta a un problema global: la mayorĂa de los plásticos siguen sin reciclarse y terminan en vertederos, incineradoras o directamente en el medio ambiente. Las nuevas plantas aspiran a aprovechar precisamente esos residuos que el reciclaje mecánico convencional no puede asumir, devolviĂ©ndolos a la cadena productiva como materia prima secundaria.
Una nueva industria en torno al reciclaje quĂmico en Tarragona
La provincia se prepara para acoger una nueva industria basada en el reciclaje quĂmico de plásticos, con dos proyectos que ya están en fase muy avanzada. Por un lado, la planta de Greenertis en el PolĂgono Riu Clar, en Tarragona ciudad; por otro, el complejo de 2G Chemical Plastic Recycling en Flix, en la Ribera d’Ebre. En conjunto, ambas iniciativas superan los 80 millones de euros de inversiĂłn y se acercan al centenar de puestos de trabajo estables.
Estas plantas se conciben como un complemento al reciclaje mecánico, no como un sustituto. Su foco estará en residuos plásticos sucios, mezclados o de muy baja calidad que hoy no encuentran salida más allá de la incineraciĂłn o el vertedero. De este modo, la petroquĂmica tarraconense podrá recibir de nuevo materia prima en forma de aceites y productos intermedios con los que fabricar nuevos plásticos, cerrando el cĂrculo de la circularidad.
El paso es especialmente relevante si se tiene en cuenta el contexto internacional: según datos manejados por las empresas promotoras, solo alrededor del 9% de los plásticos se reciclan a nivel mundial, mientras que cientos de millones de toneladas acaban cada año como residuo. Frente a este escenario, la apuesta tarraconense quiere demostrar que es posible recuperar valor incluso de las fracciones más problemáticas.
Además del efecto ambiental, estos proyectos representan el aterrizaje de años de investigaciĂłn aplicada en quĂmica y procesos industriales. En el caso de Greenertis, se habla ya de cerca de una dĂ©cada de trabajo tĂ©cnico y pruebas desde que se empezaron a explorar estas soluciones de vanguardia a mediados de la dĂ©cada pasada.
Greenertis: la gran planta de Riu Clar y el aceite pirolĂtico
La infraestructura de mayores dimensiones se ubica en el PolĂgono Riu Clar de Tarragona. Greenertis ha realizado una inversiĂłn inicial de unos 30 millones de euros para poner en marcha una planta considerada completamente novedosa desde el punto de vista tecnolĂłgico, en la que se ha contratado ya a 21 personas para esta primera fase.
La instalaciĂłn se encuentra a las puertas de iniciar su actividad industrial. La compañĂa prevĂ© que, en esta etapa inicial, entren en la planta unas 8.000 toneladas anuales de residuos plásticos, principalmente procedentes del contenedor gris y formados por mezclas de distintos tipos de polĂmeros. A partir de ahĂ, mediante procesos de pirĂłlisis, se convertirán en unas 6.000 toneladas de aceite pirolĂtico o “circular oil”.
Este aceite pirolĂtico está llamado a sustituir, en parte, al crudo de petrĂłleo usado como base para fabricar nuevos plásticos. De esta manera, el producto final de la planta de Greenertis se integra directamente en la cadena de la petroquĂmica tarraconense, que podrá producir envases y otros artĂculos sin recurrir a tanta materia prima fĂłsil virgen. La empresa calcula, además, un ahorro aproximado de 5.000 toneladas de diĂłxido de carbono al año en esta primera fase.
La hoja de ruta de la compañĂa no se detiene ahĂ. Greenertis tiene planificada una segunda etapa de expansiĂłn que elevará la inversiĂłn total hasta algo más de 70 millones de euros. Esta nueva fase, apoyada por una subvenciĂłn de 6,5 millones de euros del PERTE de EconomĂa Circular del Ministerio para la TransiciĂłn EcolĂłgica y el Reto Demográfico, permitirá incrementar la plantilla por encima de los 60 trabajadores y multiplicar por seis las capacidades actuales de tratamiento y producciĂłn.
El calendario previsto apunta a que la inversiĂłn adicional arrancará a finales de este año, con un montaje que se prolongará durante 2027. La planta completamente desplegada deberĂa estar operativa alrededor de 2028, culminando asĂ un ciclo de cerca de una dĂ©cada de desarrollo tecnolĂłgico. La elecciĂłn de Tarragona como enclave responde a la fuerte concentraciĂłn de empresas petroquĂmicas y a la infraestructura ya existente en el territorio para manejar este tipo de productos.
2G Chemical Plastic Recycling: el proyecto de Flix y la pirĂłlisis lenta
El segundo gran eje de este nuevo mapa del reciclaje quĂmico en Tarragona se sitĂşa en Flix, en la Ribera d’Ebre. AllĂ se construirá la planta de 2G Chemical Plastic Recycling, que replicará en buena medida la filosofĂa de Greenertis: captar residuos plásticos que no pueden reciclarse mecánicamente y transformarlos mediante procesos termoquĂmicos en materias primas reutilizables por la industria.
El proyecto de Flix contempla una inversiĂłn de alrededor de 13,7 millones de euros, apoyada por una ayuda estatal de unos 2,1 millones dentro del mismo programa de incentivos a la economĂa circular. La planta está concebida para operar con una pirĂłlisis de tipo lento, un proceso que, segĂşn la compañĂa, permite recuperar hasta el 85% de la fracciĂłn de poliolefina contenida en los residuos tratados.
Para ello, el complejo contará con entre cinco y seis reactores industriales y se estima que generará entre 35 y 40 empleos directos. La empresa ya dispone de experiencia previa en este campo gracias a una unidad que funciona desde 2021 en Ascó, donde opera un reactor piloto que ocupa a unas 20 personas. El salto a Flix supone, por tanto, un paso importante en la escala del proyecto y en su impacto económico local.
Los responsables de 2G Chemical Plastic Recycling destacan que la nueva planta está diseñada para admitir plásticos muy contaminados, mezclados o de bajĂsima calidad, precisamente aquellos que hoy se descartan del circuito de reciclaje tradicional. La tecnologĂa desarrollada busca dar valor a una fracciĂłn que representa una parte significativa de los residuos que acaban en vertederos de todo el mundo.
La elecciĂłn de Flix no es casual. La localidad cuenta con una larga trayectoria industrial y mano de obra cualificada, lo que facilita la puesta en marcha de proyectos de este tipo. Además, su proximidad a la petroquĂmica de Tarragona y a las rutas logĂsticas de la regiĂłn refuerza su papel como punto estratĂ©gico dentro del nuevo esquema de gestiĂłn de residuos plásticos.
Impacto econĂłmico, empleo y coordinaciĂłn institucional
Entre las dos plantas, la provincia de Tarragona movilizará una inversión conjunta próxima o superior a los 80 millones de euros y creará alrededor de 100 puestos de trabajo directos en el conjunto del territorio. Son cifras relevantes para municipios que buscan consolidar empleo de valor añadido y reforzar su tejido productivo con actividades ligadas a la transición ecológica.
Las ayudas pĂşblicas tienen tambiĂ©n un papel notable. El Ministerio para la TransiciĂłn EcolĂłgica y el Reto Demográfico ha asignado 12,7 millones de euros a seis proyectos de la provincia vinculados a la economĂa circular del plástico, incluyendo las iniciativas de Greenertis y 2G Chemical Plastic Recycling. En el caso concreto de Flix, la ejecuciĂłn de la subvenciĂłn está condicionada a un plazo que se extiende hasta noviembre de 2027.
Los promotores empresariales subrayan, sin embargo, la necesidad de una mayor coordinaciĂłn entre los distintos niveles administrativos para que los calendarios de licencias urbanĂsticas y ambientales vayan en sintonĂa con los plazos de las ayudas. Argumentan que una gestiĂłn más fluida de los permisos facilitarĂa aprovechar plenamente los incentivos econĂłmicos y reducirĂa riesgos para las inversiones.
Aun asĂ, desde 2G Chemical Plastic Recycling se ha expresado la voluntad de seguir adelante con la construcciĂłn de la planta en Flix incluso si surgieran complicaciones en la tramitaciĂłn de las subvenciones. La apuesta por el reciclaje quĂmico se entiende como una oportunidad de largo recorrido que no depende Ăşnicamente del apoyo pĂşblico a corto plazo.
En tĂ©rminos de empleo, tanto en Tarragona ciudad como en Flix se prevĂ© la creaciĂłn de puestos de trabajo especializados en operaciĂłn de reactores, mantenimiento e ingenierĂa de procesos. A ello se suman los empleos indirectos ligados al transporte de residuos y productos, servicios auxiliares y actividades derivadas de la propia cadena de suministro del sector petroquĂmico.
PirĂłlisis y quĂmica del reciclaje: asĂ funciona la transformaciĂłn de residuos
La tecnologĂa que sustenta estas plantas se basa en la pirĂłlisis, un proceso de degradaciĂłn tĂ©rmica de materiales en ausencia de oxĂgeno. A diferencia de la combustiĂłn, aquĂ no se produce una reacciĂłn de quemado, sino una descomposiciĂłn controlada que rompe las cadenas de los polĂmeros plásticos y las transforma en fracciones más simples, principalmente aceites y gases.
En la práctica, esto permite “volver a la molĂ©cula inicial” que dio origen al polĂmero. Los ejemplos más claros se encuentran en los envases: una botella de plástico, tras pasar por los reactores de pirĂłlisis, se reduce a componentes quĂmicos básicos que pueden utilizarse de nuevo como materia prima para generar plásticos equivalentes o adaptados a otros usos industriales.
Este enfoque se considera complementario al reciclaje mecánico. Mientras que el sistema tradicional sirve para fracciones relativamente limpias y homogéneas, la pirólisis es capaz de asumir residuos mezclados, degradados o contaminados que hoy no encuentran otras salidas. Por eso, los promotores insisten en que no existe una competencia directa, sino un nuevo mercado que se abre para dar solución a lo que antes era un residuo sin valor.
La clave, señalan expertos del ámbito quĂmico, está en avanzar hacia circuitos cerrados en los que todos los recursos posibles se recuperen, especialmente en regiones con una fuerte implantaciĂłn industrial como Cataluña. Las plantas de Tarragona y Flix encajan en esa visiĂłn de economĂa circular ampliada, en la que la frontera entre desperdicio y recurso se difumina cada vez más.
Desde el punto de vista energĂ©tico, las instalaciones podrán abastecerse de suministro propio o de redes externas, dependiendo de su configuraciĂłn final. No obstante, el autĂ©ntico reto de fondo pasa por asegurar un flujo constante de materias primas, es decir, de residuos plásticos aptos para el proceso, en un escenario en el que las polĂticas de reducciĂłn y reutilizaciĂłn tambiĂ©n irán ganando protagonismo con el tiempo.
Contexto global: solo una pequeña parte del plástico se recicla
La apuesta de Tarragona por el reciclaje quĂmico se entiende mejor al mirarla en perspectiva global. Las cifras que manejan las compañĂas y consultoras de referencia son contundentes: se calcula que en el mundo se generan unos 350 millones de toneladas de plásticos al año, de las cuales Ăşnicamente una fracciĂłn reducida termina reciclándose de forma efectiva.
Según estimaciones citadas por las empresas promotoras, solo alrededor de 30 millones de toneladas, en torno al 9% del total, se reciclan actualmente. En cambio, unas 70 millones se destinan a la incineración y cerca de 250 millones acaban en vertederos o dispersas en el medio ambiente. De esta última parte, una porción nada desdeñable, del orden de 10 millones de toneladas anuales, termina contaminando los océanos.
Con estos datos sobre la mesa, el reciclaje quĂmico se plantea como una herramienta adicional para mejorar los ratios de recuperaciĂłn, especialmente en lo referente a residuos complejos, mezclados o contaminados que el reciclaje mecánico no es capaz de asumir. No se trata de una soluciĂłn Ăşnica ni milagrosa, pero sĂ de un instrumento más dentro del abanico de opciones para reducir la presiĂłn sobre vertederos y ecosistemas.
En el ámbito europeo, además, la cuestiĂłn no es solo ambiental. Los especialistas insisten en que el desarrollo de tecnologĂas propias de reciclaje y valorizaciĂłn de residuos es clave para que Europa y regiones como Cataluña reduzcan su dependencia de terceros paĂses en lo que respecta a materias primas crĂticas.
De forma similar a lo que ocurre con las baterĂas o los microchips, se abre una carrera por asegurar suministros estables de materiales básicos para la industria. En este contexto, la posibilidad de obtener parte de esas materias primas a partir de residuos plásticos o fracciones orgánicas se ve como una pieza estratĂ©gica dentro de las polĂticas de soberanĂa y seguridad econĂłmica del continente.
Tarragona como polo de economĂa circular y quĂmica avanzada
Tanto la planta de Greenertis como la de 2G Chemical Plastic Recycling se insertan de lleno en la tradiciĂłn quĂmica e industrial de Tarragona. La demarcaciĂłn alberga uno de los complejos petroquĂmicos más importantes del sur de Europa, y la integraciĂłn de estas nuevas tecnologĂas de reciclaje refuerza su posiciĂłn como nodo clave en la transiciĂłn hacia modelos más circulares.
El entorno cuenta, además, con instituciones cientĂficas de referencia, como el Institut CatalĂ d’InvestigaciĂł QuĂmica (ICIQ), que han venido trabajando en lĂneas de investigaciĂłn aplicadas a la reutilizaciĂłn de residuos y al desarrollo de procesos más eficientes. Desde este ámbito acadĂ©mico se subraya que el paso de la teorĂa a la planta industrial es esencial para que los avances de laboratorio se traduzcan en impactos reales sobre el territorio.
Expertos del sector resaltan que estamos ante una industria que prácticamente no existĂa hace unos años y que ahora empieza a tomar forma con instalaciones concretas, empleo y cadenas de valor asociadas. La expectativa es que, con el tiempo, se abran nuevas oportunidades de negocio vinculadas a la optimizaciĂłn de procesos, el diseño de productos más reciclables y la gestiĂłn integral de residuos.
Al mismo tiempo, desde las propias empresas se reconoce que todavĂa queda mucho por investigar y perfeccionar. Tanto en la eficiencia de los reactores como en la calidad y estabilidad de los productos obtenidos, la evoluciĂłn tĂ©cnica puede ser rápida si se mantiene la colaboraciĂłn entre industria, administraciĂłn y centros de conocimiento.
Con este telĂłn de fondo, la provincia de Tarragona se consolida como un laboratorio a escala real de la economĂa circular del plástico en Europa, donde se pondrá a prueba la viabilidad econĂłmica, ambiental y social del reciclaje quĂmico a medio y largo plazo. El seguimiento de su funcionamiento ofrecerá pistas valiosas para otros territorios que evalĂşen implantar iniciativas similares.
El despliegue de las plantas de reciclaje quĂmico en Tarragona y Flix combina inversiĂłn privada, apoyo pĂşblico, innovaciĂłn tecnolĂłgica y aprovechamiento de una sĂłlida base industrial previa para abordar uno de los grandes retos de nuestro tiempo: quĂ© hacer con los plásticos que hoy no se reciclan. La integraciĂłn de estas instalaciones en el polo petroquĂmico tarraconense, la generaciĂłn de empleo cualificado y la producciĂłn de aceites circulares que sustituyen al petrĂłleo convierten a la provincia en un referente emergente de economĂa circular, al tiempo que refuerzan la autonomĂa en materias primas de Cataluña y del conjunto de Europa.

