Burgos se ha convertido en uno de los territorios donde el hidrógeno verde está dejando de ser un concepto de futuro para pasar a ser un motor industrial muy real. En pocos años, la provincia ha visto cómo se encadenan proyectos de producción, almacenamiento y uso de este gas renovable en distintos municipios, desde la capital hasta Villamayor de los Montes, Lerma o Aranda de Duero.
Detrás de esta oleada hay inversión pública europea, empresas tecnológicas punteras, ayuntamientos que quieren atraer empleo y una apuesta clara por la descarbonización del transporte y de la industria. Todo ello está tejiendo un mapa del hidrógeno en Burgos que abarca desde pequeñas plantas orientadas al entorno local hasta un gran valle del hidrógeno con vocación internacional.
Planta de hidrógeno verde en Villamayor de los Montes: primeras autorizaciones y dudas locales
Uno de los proyectos que más miradas acapara es el de la planta de hidrógeno verde de Villamayor de los Montes, impulsada por la empresa sevillana Atlántica Sailh 2 SL. La Junta de Castilla y León ya ha emitido el informe de impacto ambiental, un paso clave que declara la compatibilidad ambiental de la iniciativa, aunque con condiciones y medidas correctoras que todavía deberán aplicarse con precisión.
La instalación se ubicaría a unos 680 metros del casco urbano de Villamayor de los Montes, en una parcela de 2,7 hectáreas actualmente dedicada al secano. Dentro de ese recinto vallado, la propia nave industrial ocuparía alrededor de 1.500-1.551 metros cuadrados, donde se integrarán los equipos de electrólisis, tanques, sistemas de control y otras instalaciones auxiliares.
La tecnología elegida es la electrólisis alcalina del agua. Básicamente, el proceso consiste en tratar el agua para separar los átomos de hidrógeno y oxígeno mediante electricidad. El hidrógeno generado se conducirá hasta un hidroducto soterrado de hasta 500 metros de longitud, que lo conectará con la red nacional de transporte, de modo que el gas pueda integrarse en el sistema energético general.
Para funcionar a pleno rendimiento, la planta prevé operar 24 horas al día los 365 días del año, sin paradas, lo que da idea del carácter industrial del proyecto. Con este régimen, la producción estimada ronda los 8.630,4 kilogramos de hidrógeno diarios, es decir, algo más de 3.150 toneladas al año, cifras que la sitúan como una instalación relevante dentro del conjunto de proyectos de la provincia.
El consumo de agua es uno de los aspectos que más atención despierta. El proyecto calcula una demanda de 172 metros cúbicos de agua diarios, equivalente a unos 61.200 metros cúbicos al año, procedentes de la red municipal de Villamayor de los Montes. Para ponerlo en contexto, el Ministerio para la Transición Ecológica estima que cada persona gasta unos 133 litros diarios (unos 48.545 litros anuales), por lo que el uso de agua de la planta supera ampliamente al consumo de un único vecino, pero se mantiene en un rango asumible para un municipio si se gestiona correctamente. En cualquier caso, el documento ambiental no contempla instalar sistemas de recogida y aprovechamiento de agua de lluvia, algo que algunos sectores consideran una oportunidad perdida.
En cuanto a la energía, la planta solo puede considerarse de hidrógeno “verde” si la electricidad que alimenta la electrólisis procede de fuentes renovables. La compañía promotora indica que firmará un acuerdo de compra de energía limpia procedente de Valdorros, que viajaría hasta Villamayor a través de unos 14 kilómetros de línea subterránea. El consumo anual previsto se sitúa en torno a 255 GWh, lo que da idea del tamaño del contrato renovable necesario para sostener la actividad.
Según la documentación, la planta no generará emisiones significativas a la atmósfera ni producirá residuos peligrosos incontrolados. Los subproductos químicos, como el hidróxido potásico o el hidróxido sódico, se gestionarán a través de operadores autorizados. En cuanto al agua sobrante del proceso, aproximadamente la mitad de la consumida, se verterá a la red de saneamiento municipal como agua ultrapura o desmineralizada, por lo que no se considera contaminante.
La ubicación elegida añade una capa más de complejidad. El terreno, además de agrícola, cuenta con protección natural y cultural: limita con la carretera BU‑V‑1411 y se encuentra colindante al yacimiento arqueológico de La Quintana. También está a 150 metros del río del Ángel. El proyecto afirma que el pueblo de Villamayor no sufrirá afecciones directas, pero el contexto ambiental obliga a extremar las precauciones durante la construcción y la operación.
Desde el punto de vista administrativo, la Junta ha concluido que el impacto ambiental es compatible, siempre que se cumplan una serie de medidas preventivas y correctoras. Atlántica Sailh 2 SL —empresa que se especializa en desarrollar proyectos hasta fase “Ready to Build” para luego venderlos a otros operadores— aún debe obtener permisos sectoriales adicionales antes de levantar la planta. Entretanto, el Ayuntamiento, con el alcalde Érik Hernando al frente, ha optado por una postura de prudencia, reclamando a la empresa que explique los detalles del proyecto directamente a los vecinos en reuniones informativas.
Villamayor de los Montes en el contexto de la “burbuja” del hidrógeno en Burgos
La planta de Villamayor se enmarca en una oleada de iniciativas energéticas que sitúan a Burgos como un eje clave del hidrógeno renovable. En la comarca ya se estudian o tramitan otros proyectos de biogás e hidrógeno, y la percepción entre parte de la población es que el territorio vive una avalancha de propuestas industriales de gran escala, muchas veces diseñadas desde despachos lejanos.
La experiencia en otras zonas demuestra que la aceptación social puede ser tan importante como la viabilidad técnica. Por eso el debate en Villamayor de los Montes gira no solo en torno al empleo y la inversión, sino también al papel de los municipios en la toma de decisiones, a la protección del paisaje rural y al uso compartido de recursos como el agua o el suelo agrícola.
Aun así, el movimiento en torno al hidrógeno verde en la provincia no responde a un único proyecto, sino a una estrategia más amplia impulsada por empresas, asociaciones y administraciones, que tiene su epicentro en un gran plan: el Valle del Hidrógeno de Castilla y León, con fuerte presencia en Burgos.
El Valle del Hidrógeno de Castilla y León: Burgos como núcleo de un ecosistema completo
Bajo el nombre de Valle del Hidrógeno de Castilla y León se agrupa una de las iniciativas más ambiciosas de España para crear un ecosistema integral del hidrógeno renovable. El proyecto está promovido por la Fundación Caja de Burgos (cuyo director general, Rafael Barbero, preside también la Asociación Castellano y Leonesa del Hidrógeno), la empresa burgalesa Hiperbaric y el centro tecnológico Cartif, entre otros socios.
El objetivo de este valle del hidrógeno es transformar Castilla y León en el principal polo integrado de hidrógeno verde del país, cubriendo toda la cadena de valor: desde la producción por electrólisis alimentada por renovables, hasta la compresión, el almacenamiento, la distribución y el uso final en movilidad e industria. El proyecto ha recibido ya una inyección de 20 millones de euros de fondos europeos, pero se estima que movilizará unos 380 millones de inversión total en un periodo de unos 60 meses.
Las previsiones apuntan a la creación de hasta 2.000 puestos de trabajo, entre directos e indirectos, a lo largo de la próxima década, y medidas de formación en hidrógeno verde. El volumen de producción de hidrógeno que se maneja es muy elevado: se pretende alcanzar unas 16.800 toneladas anuales de hidrógeno verde, que servirán de base para fabricar derivados como metanol y amoniaco renovable. Estos productos se orientarán a usos industriales y a sistemas de movilidad de cero emisiones, incluyendo el transporte marítimo, donde el amoniaco verde empieza a perfilarse como alternativa a los combustibles pesados tradicionales.
El proyecto cuenta con un consorcio de 35 socios de nueve países, 22 de ellos españoles, entre empresas tecnológicas, compañías industriales, universidades, administraciones públicas y operadores energéticos y logísticos. Para Rafael Barbero, se trata del primer gran proyecto “large scale” de hidrógeno en España financiado por la Unión Europea, con capacidad real de transformar el tejido productivo regional.
La mayor parte de las actuaciones se concentrarán en Burgos capital, concretamente en el Polígono Industrial de Villalonquéjar. El plan se estructura en tres fases: un primer periodo de diseño detallado de proyectos piloto e infraestructuras (fijado en torno a 2025); una fase intermedia, entre 2026 y 2027, para la instalación y puesta en marcha de los demostradores; y una etapa final, entre 2028 y 2029, en la que todo el sistema operará en condiciones reales, con vistas a su escalado y replicabilidad en otros lugares.
En términos energéticos, el valle se apoyará en la potente base renovable de Castilla y León, que cuenta con 7.200 MW de potencia eólica instalada, por encima de países como Portugal, Noruega o Irlanda. Los promotores calculan que la sustitución de combustibles fósiles por el hidrógeno verde producido permitirá evitar la emisión de unas 152.000 toneladas de CO₂ al año. Entre las infraestructuras previstas destaca una hidrolinera capaz de operar a 350 y 700 bares, conectada por hidrogenoductos y soluciones de transporte intermodal.
Durante el lanzamiento oficial, celebrado en el Fórum Evolución de Burgos, se organizaron ponencias y mesas redondas con representantes de compañías como Enagás, Lhyfe, Plug Power o Ciuden, además de expertos de EPRI y empresas locales. Se abordaron desde los aspectos técnicos y logísticos hasta los casos de éxito internacionales, con el objetivo de que el valle se nutra de la experiencia de otros países y escale con rapidez.
Planta de hidrógeno y amoniaco verde en Villalonquéjar (Burgos)
Paralelamente al Valle del Hidrógeno, la capital burgalesa impulsa su propia planta de hidrógeno y amoniaco verde en el polígono de Villalonquéjar. El proyecto, liderado por la ingeniería Sener a través de la sociedad Buramove, ya cuenta con la Declaración de Impacto Ambiental favorable, lo que permite avanzar hacia las obras, previstas para comenzar antes de que acabe el año.
La instalación se levantará en una parcela de 148.554 metros cuadrados en la calle López Bravo, convirtiéndose en una de las primeras plantas españolas que integran producción de hidrógeno verde mediante electrólisis con síntesis de amoniaco renovable en el mismo emplazamiento. Parte del hidrógeno se dedicará al suministro de una hidrolinera para camiones, furgonetas y autobuses, lo que refuerza el papel de Burgos como nodo de movilidad limpia.
El proyecto contempla una producción inicial de 18.000 toneladas de amoniaco verde al año, con la posibilidad de triplicar esa cifra en fases posteriores de ampliación. Todo el amoniaco se destinará a la empresa química vecina Adisseo España, asegurando así un cliente industrial próximo y estable, algo decisivo para la viabilidad económica del complejo.
Esta iniciativa forma parte del programa europeo H2 Pioneros y ha obtenido 8,8 millones de euros en ayudas europeas, gracias a su capacidad de escalado y su potencial de mercado. La inversión total ronda los 150 millones de euros, lo que la coloca entre las grandes apuestas de la provincia por el hidrógeno verde. Con ella, Burgos afianza su posición en la transición energética, vertebrando un polo químico y logístico asociado a combustibles limpios.
Lerma y el proyecto Iberlerma H2: hidrógeno, eólica y fotovoltaica en el Arlanza
En la comarca del Arlanza, el protagonismo recae en Iberlerma H2, una iniciativa de gran envergadura que combina producción de hidrógeno verde con un parque eólico y una planta fotovoltaica integrados. La propuesta, promovida por Grupo Ibereólica Renovables a través de sociedades vinculadas como Iberhidrógeno SL, ha recibido una declaración de impacto ambiental favorable, pero aún necesita autorizaciones adicionales para poder ejecutarse.
El proyecto prevé levantar una nave para la generación de hidrógeno mediante electrólisis alimentada por cinco aerogeneradores y un campo solar que sumará 29.000 paneles fotovoltaicos. En conjunto, la instalación se extenderá sobre más de 250 hectáreas de terreno agrícola y forestal entre Lerma y Quintanilla de la Mata, lo que ha abierto un intenso debate sobre el uso del suelo y el impacto paisajístico.
Desde el punto de vista técnico, Iberlerma H2 plantea trabajar prácticamente todo el año para producir entre 2.000 y 3.800 toneladas de hidrógeno anuales. El aporte hídrico, estimado en 87.600 metros cúbicos al año, se obtendrá de acuíferos subterráneos, un punto que genera inquietud entre vecinos y agricultores por el posible efecto sobre los recursos de agua de la zona.
El componente económico es notable: la cifra de inversión se mueve entre los 67 y los 75 millones de euros, dependiendo de las distintas fases y elementos asociados (incluyendo parque eólico, planta solar y sistemas de electrólisis). La construcción promete más de 200 puestos de trabajo directos en las diferentes etapas del proyecto, además de la participación de empresas locales, según explicó el presidente de Grupo Ibereólica Renovables, Gregorio Álvarez.
Sin embargo, la magnitud del proyecto también ha despertado recelos. La instalación de cinco aerogeneradores de alrededor de 220 metros de altura, visibles desde una amplia distancia, y el despliegue masivo de paneles solares han provocado la reacción de parte de la población. Plataformas como Stop Biogás Arlanza se han convertido en el canal de expresión de quienes temen un cambio drástico del paisaje y un incremento de presiones sobre la fauna.
El informe ambiental establece diversas condiciones, especialmente en lo relativo a la protección de especies sensibles. En la zona se ha constatado la presencia de aves como el milano real, el sisón común o el águila imperial ibérica, además de distintos murciélagos incluidos en catálogos de protección. Los técnicos señalan que el diseño final deberá adaptarse para minimizar el riesgo de colisión o alteración de hábitats, lo que puede implicar reubicar aerogeneradores, modificar rutas de tendidos o reforzar el seguimiento ambiental.
Proyecto Iberlerma H2 en Lerma: electrolizador y usos del hidrógeno producido
Dentro del proyecto de Lerma se incluye un electrolizador de 25 MW, que será el corazón de la producción y pone de relieve la importancia de la mejora de electrolizadores. Alimentado exclusivamente por energía procedente de una planta fotovoltaica de 15 MW y de un parque eólico de 34 MW, el sistema está diseñado para alcanzar hasta 4.000 toneladas anuales de hidrógeno renovable, si se desarrolla en todas sus fases.
La previsión es que la planta entre en funcionamiento a lo largo de 2025, aunque el calendario puede ajustarse en función de permisos y de la propia evolución del mercado del hidrógeno. El gas generado, al ser 100 % renovable, podrá utilizarse como materia prima industrial, combustible para vehículos mediante hidrolineras, fuente de calor para procesos térmicos o incluso mezclarse con gas natural en redes existentes (blending), reduciendo así la huella de carbono de los combustibles fósiles.
Desde la compañía promotora se destaca la capacidad del proyecto para situar a Burgos a la vanguardia de la producción y desarrollo de tecnologías de hidrógeno verde, reforzando la independencia energética de los sectores industriales de Castilla y León. Ibereólica Renovables recuerda además su experiencia en renovables, con cientos de MW eólicos y solares en operación y construcción tanto en España como en Latinoamérica.
Al mismo tiempo, la historia reciente de la provincia, con otros proyectos energéticos controvertidos como la planta de amoniaco verde en Melgar de Fernamental respaldada por el fondo KKR, hace que una parte del tejido social observe estas iniciativas con cierta prevención. La coincidencia de sedes empresariales y la sucesión de megaproyectos en la misma provincia alimentan la percepción de que Burgos se ha convertido en un laboratorio energético donde, a ojos de muchos vecinos, todavía falta participación ciudadana real.
Aranda de Duero: una planta de hidrógeno verde ligada al agua regenerada
Más al sur, Aranda de Duero también se ha sumado al mapa del hidrógeno verde con un proyecto que arranca en el polígono industrial Allendeduero. Las empresas Forest Power Aranda S.L. y Tresca S.A. han solicitado el informe de compatibilidad urbanística para construir una planta de producción de hidrógeno y derivados en una parcela de unos 70.000 metros cuadrados, próxima a la depuradora de aguas residuales.
Este trámite marca el primer paso formal del proyecto en el ámbito municipal, mientras que la Junta de Castilla y León será la encargada de gestionar la evaluación de impacto ambiental. Desde el Ayuntamiento, el concejal de Promoción y Desarrollo, Juan Manuel Martín, interpreta esta iniciativa como una oportunidad para vincular la industria local con las energías renovables y, en particular, con un uso innovador del agua regenerada.
La idea es aprovechar las aguas depuradas del municipio dentro de un ciclo cerrado, evitando nuevas captaciones y encajando el proyecto en una lógica de economía circular. De este modo, la planta funcionaría como un ejemplo de integración entre depuración, producción energética y reducción de impactos ambientales.
La instalación proyectada se basará en la electrólisis del agua, igual que otros complejos de la provincia. Se utilizará electricidad procedente de fuentes renovables —solar o eólica— para separar el hidrógeno del oxígeno, obteniendo así un combustible sin emisiones directas de dióxido de carbono. El hidrógeno se destinará tanto a usos energéticos como a la síntesis de derivados, contribuyendo a la descarbonización de diferentes sectores.
En paralelo a la planta, Aranda de Duero ha dado otros pasos para alinearse con la estrategia regional del hidrógeno. En mayo de 2024, el Ayuntamiento se integró por unanimidad en la Asociación Castellano Leonesa del Hidrógeno (H2CyL), con el respaldo de la patronal local FAE‑Asemar. Además, el consistorio ha adquirido un autobús de hidrógeno financiado con fondos europeos del Plan de Recuperación, que formará parte del Plan de Sostenibilidad Turística para ofrecer rutas más limpias, por ejemplo entre las bodegas de la zona.
La gran planta de Forest Power en Aranda: seis kilotoneladas anuales
Tras meses de silencio institucional, se ha conocido el alcance real del proyecto de Forest Power en Aranda de Duero. La compañía planea construir una planta de hidrógeno verde y derivados con una capacidad instalada de 45 MW, capaz de generar alrededor de seis kilotoneladas de combustible verde al año, lo que la sitúa en una escala considerable para una ciudad de tamaño medio.
La firma ha aspirado a una subvención de 63 millones de euros procedentes de fondos europeos para la innovación en hidrógeno verde. Sin embargo, ni en la convocatoria inicial ni en la repesca más reciente logró obtener financiación, por lo que, si no se abren nuevas líneas de ayuda, tendrá que asumir la inversión completa con recursos propios u otras fórmulas de financiación privada.
Forest Power Aranda S.L. es una sociedad de nueva creación, pero comparte dirección fiscal en Madrid y parte del equipo directivo con otra empresa homónima en Cantabria dedicada a la generación eléctrica a partir de renovables, cogeneración y residuos. En el plano urbanístico, la parcela adquirida en Allendeduero —algo más de seis hectáreas— era una de las últimas grandes superficies en manos de Sepes, que había tratado de venderla durante más de una década con rebajas de precio y agrupación de terrenos. Finalmente, el paquete de siete parcelas se cerró en torno a 1,7 millones de euros (sin IVA).
En la actualidad, el proyecto se encuentra en fases iniciales de tramitación. A nivel municipal, se ha registrado la solicitud de informe de compatibilidad urbanística, y en el plano regional la Junta tramitará la evaluación de impacto ambiental. El Ayuntamiento subraya que la planta permitirá valorizar las aguas regeneradas del municipio, reforzando su apuesta por el hidrógeno como eje de promoción industrial y como motor estratégico de desarrollo futuro.
Esta estrategia se ve reforzada por acciones concretas, como la integración del nuevo autobús de hidrógeno en rutas turísticas y urbanas. Aunque el vehículo debía haber llegado antes, retrasos en la formalización del contrato han desplazado su entrega hasta, previsiblemente, mediados de 2026. Cuando esté operativo, funcionará como escaparate práctico de las aplicaciones del hidrógeno en movilidad.
Hidrógeno verde: qué es, por qué interesa tanto a Burgos y a Castilla y León
Todos estos proyectos tienen un denominador común: el uso del hidrógeno verde como vector energético. Se denomina así al hidrógeno producido mediante electrólisis del agua usando electricidad procedente de fuentes renovables, como la eólica o la solar. A diferencia del hidrógeno “gris” (obtenido a partir de gas natural) o “azul” (también fósil pero con captura parcial de CO₂), el verde no genera emisiones directas de dióxido de carbono durante su producción.
El hidrógeno es el elemento más abundante del universo y está presente en el agua y en la materia orgánica. Sin embargo, no aparece en estado libre en la naturaleza, por lo que es necesario producirlo artificialmente. La electrólisis es una de las tecnologías que permiten obtenerlo de forma limpia: un electrolizador, alimentado con electricidad renovable, separa la molécula de agua (H₂O) en hidrógeno (H₂) y oxígeno (O₂). Si la electricidad es renovable, el proceso es prácticamente neutro en carbono.
La relevancia de este sistema es enorme en términos de reducción de emisiones. La Agencia Internacional de la Energía calcula que sustituir el hidrógeno de origen fósil por hidrógeno verde podría evitar hasta 830 millones de toneladas de CO₂ al año a escala mundial. De ahí que se considere una pieza clave para descarbonizar sectores donde la electrificación directa es complicada, como la industria química, el acero, la aviación o el transporte pesado por carretera y por mar.
Otra ventaja del hidrógeno es su capacidad de almacenamiento y transporte. Se puede comprimir y guardar en tanques, inyectar en gasoductos o incluso transformarse en derivados como amoniaco o metanol, más fáciles de transportar. En el ámbito del transporte, se utiliza en vehículos con pila de combustible, donde el hidrógeno reacciona con el oxígeno del aire para generar electricidad que alimenta un motor eléctrico, emitiendo únicamente vapor de agua.
Castilla y León, y en particular Burgos, encajan bien en este mapa porque disponen de un potente recurso renovable (especialmente eólico), una posición logística estratégica y un tejido industrial que puede consumir y transformar ese hidrógeno. La combinación de polígonos industriales, redes de transporte, empresas tecnológicas y financiación europea ha convertido a la provincia en uno de los focos más activos en proyectos de hidrógeno verde a escala nacional.
Con plantas en Villamayor de los Montes, Lerma, Aranda de Duero y Villalonquéjar, junto con el Valle del Hidrógeno de Castilla y León y la red de hidrolineras previstas, Burgos va dibujando un ecosistema cada vez más completo: producción, derivados como amoniaco o metanol, logística, uso en autobuses y camiones, y colaboración entre administraciones, universidades y empresas. El reto ahora pasa por que estos proyectos consoliden empleo de calidad, cuiden los recursos naturales y mantengan un diálogo real con los territorios donde se implantan, para que la transición energética llegue de verdad al conjunto de la sociedad burgalesa.