
El almacenamiento energético se ha convertido en una pieza clave del futuro eléctrico en España, en medio del avance de las energías renovables y la progresiva retirada de la generación nuclear. Asegurar la estabilidad de la red ante la variabilidad de la producción, cubrir picos de demanda o responder a posibles apagones son algunos de los grandes retos actuales, a los que tanto la industria como la administración buscan dar respuesta con nuevas soluciones tecnológicas y marcos normativos adaptados.
Durante los últimos años han surgido proyectos de gran envergadura y una creciente apuesta industrial nacional —especialmente en integración de baterías con fotovoltaica—, mientras que el debate regulatorio y los apoyos institucionales mantienen en vilo gran parte del sector debido a la falta de una legislación específica que aporte seguridad y dinamismo a las inversiones.
Impulso industrial y nuevos proyectos de almacenamiento en España
Empresas españolas y europeas están protagonizando un despliegue de soluciones de almacenamiento energético para dar soporte a la transición energética. Endurance Motive, una firma valenciana especializada en baterías de litio, ha cerrado la venta de su primera megabatería de 5.015 kWh, la primera fabricada íntegramente en la península y destinada a un proyecto solar en Las Palmas de Gran Canaria. Se trata de un hito para la industria nacional, tanto por la capacidad de ingeniería como por el enfoque en la integración y operación propia de sistemas BESS (Battery Energy Storage Systems) a gran escala.
El precio del sistema ronda los 500.000 euros, integrándose en una planta fotovoltaica para mejorar la gestión de la energía generada. Según la compañía, este salto consolida su posición como actor relevante en toda la cadena de valor: desde la fabricación y el diseño hasta la puesta en marcha y mantenimiento de sistemas para el mercado de hibridación con renovables.
Paralelamente, Galp ha iniciado el desarrollo de dos importantes instalaciones de almacenamiento energético en España y Portugal, sumando una capacidad de 74 MW, con sistemas de baterías avanzados que incluyen tecnología grid-forming para mejorar la estabilidad de red. En España, el parque solar de Manzanares acogerá un sistema de 14 MW/28 MWh, mientras que en Portugal se desplegarán cuatro sistemas de más de 60 MW en los parques solares de la empresa. Estas iniciativas se apoyan en financiación europea gracias al Plan de Recuperación y Resiliencia REPowerEU.
En Extremadura, grandes promotores como Iberdrola, Fotowatio, Naturgy y Samca se encuentran en fase de tramitación ambiental de diez proyectos de almacenamiento híbridos con plantas solares, que suponen una inversión potencial superior a 1.000 millones de euros y una capacidad conjunta superior a 3,5 GWh. Estos proyectos permitirían cubrir por sí solos el consumo de toda la región durante varias horas y, según técnicos del sector, pueden amortiguar alteraciones de tensión y facilitar una mejor recuperación ante apagones.

Soluciones europeas, sostenibilidad y adaptación a la normativa
El mercado europeo también está pisando el acelerador. Maxxen, fabricante suizo de soluciones de almacenamiento, ha empezado a exportar sus sistemas inteligentes, modulares y escalables —fabricados en una planta neutra en carbono en Turquía— a toda Europa, con una estrategia enfocada en clientes industriales, comerciales y grandes instalaciones. Sus sistemas cumplen con los requisitos técnicos y regulatorios de la UE y ofrecen plena adaptabilidad para el acceso a ayudas públicas y financiación —en línea con convocatorias del IDAE, esquemas PNRR o programas REPowerEU y NextGenEU—.
La cartera tecnológica abarca desde sistemas BESS de gran escala hasta soluciones modulares ‘behind-the-meter’ para autoconsumo industrial, incluyendo equipamiento de alta fiabilidad, durabilidad y trazabilidad europea. Maxxen, además, apuesta por un modelo sostenible orientado a segunda vida y reciclaje de componentes, con operaciones comerciales y técnicas centralizadas en Zúrich y presencia directa en España y otros mercados estratégicos.
Retos normativos tras el bloqueo de reformas
A pesar de este impulso, el sector se enfrenta a una incertidumbre regulatoria provocada por la reciente no convalidación parlamentaria del Real Decreto-ley 7/2025. Se han paralizado avances relevantes, como la declaración de utilidad pública del almacenamiento, la exención de evaluación ambiental para proyectos híbridos, la prioridad de redespacho o la introducción del agregador de demanda. Asociaciones del sector como ASEALEN y AEPIBAL advierten del riesgo para más de 2.000 millones de euros en inversiones y la posible pérdida de ayudas públicas y proyectos comprometidos hasta 2030.
Fabricantes y desarrolladores nacionales y europeos habían presentado ofertas por más de 30 GW en convocatorias recientes, aunque la falta de certezas frena la aceleración del sector. Los expertos subrayan la urgencia de recuperar y adaptar las medidas esenciales del decreto, ya sea mediante nuevas iniciativas legislativas o el consenso parlamentario. El objetivo común es dotar al almacenamiento de marco propio y estable que garantice la integración con renovables, la viabilidad de nuevas inversiones y el acceso a financiación europea.
Desafío nuclear y almacenamiento como respaldo renovable
El debate sobre el cierre progresivo de las centrales nucleares en España —que se prolongará hasta 2033— pone sobre la mesa la necesidad de fortalecer el almacenamiento energético para evitar riesgos de suministro y garantizar cobertura los días de máxima demanda. Actualmente, en torno al 5,2% de la potencia total instalada en el país corresponde a nuclear, mientras que fuentes renovables como la eólica y solar alcanzan el 65% de la capacidad instalada.
Los expertos coinciden en que, aunque otras tecnologías convencionales pueden cubrir gran parte de la demanda tras el cierre nuclear, resulta crucial desplegar más almacenamiento —especialmente mediante baterías— para asegurar que la energía renovable no se desaproveche en horas de baja demanda y pueda volcarse a la red cuando más se necesita.
Actualmente, la gran mayoría del almacenamiento en España se basa en bombeo hidráulico, con apenas un pequeño porcentaje aportado por baterías. El reto consiste en acelerar el despliegue de sistemas modernos y escalables, capaces de cubrir picos, amortiguar alteraciones de tensión y ganar flexibilidad en caso de caídas inesperadas de la generación renovable o de respaldo.
La industria refleja una rápida expansión, aunque todavía depende de mejoras regulatorias que permitan aprovechar la inversión y la innovación tecnológica tanto a nivel nacional como europeo. El almacenamiento se perfila como una garantía de modernidad, seguridad y resiliencia para el sistema eléctrico español frente a los retos de la transición energética.
