Nuevo récord histórico de generación de energía nuclear en la Argentina

  • Las centrales nucleares argentinas alcanzaron en 2025 su mayor producción histórica, con 10.760.572 MWh netos.
  • Embalse y Atucha II marcaron sus propios récords, consolidando su peso en el sistema eléctrico nacional.
  • Atucha I avanza en su Proyecto de Extensión de Vida, con un 48% de progreso para asegurar 20 años más de operación.
  • El almacenamiento en seco de combustible en Atucha II (ASECG II) registra un 38% de avance y refuerza la seguridad y sostenibilidad del parque nuclear.

Central nuclear y récord de generación

La generación de energía nuclear en Argentina ha vuelto a batir su propia marca y cierra 2025 con un máximo histórico, encadenando dos años consecutivos de crecimiento y consolidándose como uno de los pilares del suministro eléctrico del país. Este desempeño refuerza el papel de la nuclear como fuente de base, capaz de aportar estabilidad en un contexto de demanda en aumento y transición energética en marcha.

Según los datos difundidos por Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NA-SA), empresa de mayoría estatal responsable de la operación de las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse, en 2025 se alcanzó una generación neta anual de 10.760.572 MWh. Esta cifra supera los 10.449.015 MWh netos registrados en 2024, lo que supone la confirmación de una tendencia al alza y sitúa a la energía nuclear en torno al 7,5% de la demanda eléctrica nacional.

Un nuevo máximo histórico para el parque nuclear argentino

El último ejercicio cerró con un récord absoluto de producción eléctrica nuclear, que se sostiene en el elevado nivel de disponibilidad de las tres centrales y en la optimización de sus factores de carga. Desde la compañía subrayan que estos resultados son fruto de una combinación de mantenimiento planificado, gestión técnica rigurosa y altos estándares de seguridad, claves para garantizar un suministro continuo y previsible.

En términos operativos, la mejora respecto a 2024 supone más de 300.000 MWh adicionales generados, un volumen significativo en el marco del sistema eléctrico argentino. Este aumento está asociado sobre todo al desempeño de las centrales de potencia más elevada, Embalse y Atucha II, que en 2025 firmaron también sus mejores registros individuales desde que entraron en servicio.

La posición de la energía nuclear como fuente de base cobra especial relevancia al funcionar de manera complementaria a las energías renovables variables, como la eólica o la solar. Mientras estas dependen de las condiciones meteorológicas, las centrales nucleares aportan un caudal constante de electricidad, lo que facilita la operación del sistema y reduce la necesidad de respaldo fósil.

Desde el sector energético se destaca que, además de su carácter estable, la nuclear es una tecnología baja en emisiones de gases de efecto invernadero, lo que la convierte en una herramienta útil dentro de las estrategias de descarbonización. Aunque en Europa este debate está más avanzado, con países como Francia, Finlandia o la propia España revisando el papel de la nuclear en sus mix energéticos, la experiencia argentina se observa como un caso práctico de cómo mantener en funcionamiento un parque existente con altos niveles de rendimiento.

Récords en Embalse y Atucha II: las centrales que tiran del carro

Central nuclear en operación

El máximo anual de 2025 no es solo un hito conjunto del parque nuclear: también se sostiene en marcas sin precedentes en dos de las tres centrales en servicio. La Central Nuclear Embalse, ubicada en la provincia de Córdoba, alcanzó una generación neta de 5.352.203 MWh, superando su récord anterior de 5.224.058 MWh de 2023. Esta mejora evidencia el impacto positivo de las tareas de modernización y las estrategias de operación implementadas tras su extensión de vida.

Por su parte, la Central Nuclear Atucha II, situada en la provincia de Buenos Aires, cerró el año con una producción de 5.408.370 MWh netos, por encima de su máximo previo de 5.200.490 MWh alcanzado en 2016. Este salto reafirma el rol de Atucha II como una de las principales fuentes de generación de base del sistema, con una operación que, según destacan desde la empresa, se sostiene en elevados factores de carga y estabilidad operativa.

El comportamiento conjunto de Embalse y Atucha II demuestra que las inversiones en mantenimiento, actualización tecnológica y gestión de activos pueden traducirse en incrementos sostenidos de generación sin necesidad de construir nuevas centrales. Este enfoque es seguido con interés en otros países, incluidos Estados miembros de la Unión Europea, donde se debate cómo alargar la vida útil de las instalaciones existentes y aprovechar al máximo las infraestructuras ya amortizadas.

En la práctica, el nuevo récord refleja que las centrales argentinas han sido capaces de operar durante largos períodos sin interrupciones significativas, algo que en el ámbito nuclear se vincula directamente con programas de inspección estrictos, procedimientos de seguridad consolidados y equipos técnicos especializados. La empresa subraya que, más allá de los números, el objetivo principal sigue siendo la seguridad de las personas y del entorno.

Este desempeño continuado también aporta una señal de estabilidad al Mercado Eléctrico Mayorista (MEM), donde NA-SA comercializa la energía producida. La presencia de una fuente de base robusta permite moderar la volatilidad de precios asociada a otras tecnologías, una cuestión que, salvando las diferencias de mercado, resulta familiar para los operadores eléctricos europeos.

Atucha I: extensión de vida para dos décadas más de operación

El récord de generación llega en paralelo a una serie de proyectos estratégicos destinados a asegurar el futuro del parque nuclear argentino. Entre ellos destaca el Proyecto de Extensión de Vida de Atucha I, considerado una de las iniciativas de infraestructura energética más relevantes del país.

Atucha I, la primera central nuclear de potencia de América Latina, se encuentra actualmente en una parada programada de larga duración para acometer trabajos de modernización y reemplazo de componentes clave. A un año del inicio de esta parada, el proyecto presenta un 48% de avance, con progresos significativos en la actualización de sistemas esenciales para la seguridad y la operación.

El objetivo es claro: que la central pueda seguir en funcionamiento durante al menos 20 años adicionales, manteniendo los estándares internacionales más exigentes en materia de seguridad nuclear y protección radiológica. Este enfoque es similar al que se ha seguido en varios países europeos, donde la extensión de vida de las centrales existentes se plantea como una opción para reforzar la seguridad de suministro mientras se desarrollan nuevas capacidades renovables.

Las obras incluyen tanto intervenciones en la isla nuclear como mejoras en los sistemas de control, instrumentación y gestión de la planta. Desde NA-SA se resalta que estos trabajos no solo buscan alargar la vida útil de la central, sino también incorporar tecnologías actualizadas y criterios de diseño más modernos, algo que encaja con las recomendaciones de los organismos internacionales especializados.

Una vez completado el proyecto de extensión de vida, Atucha I volverá a integrarse plenamente en la operación del sistema eléctrico argentino, aportando una potencia firme que se considera clave para acompañar el desarrollo de las energías renovables y reducir la dependencia de combustibles fósiles importados, una cuestión que también preocupa en buena parte de Europa.

Gestión del combustible nuclear: almacenamiento en seco en Atucha II

Junto al refuerzo de la vida útil de las centrales, otro eje central de la política nuclear argentina es la gestión segura y responsable del combustible usado. En este ámbito se enmarca el Proyecto de Almacenamiento en Seco de Elementos Combustibles Gastados (ASECG II) en Atucha II, que ya registra un 38% de progreso.

Este proyecto contempla la implantación de una solución de almacenamiento en seco para el combustible irradiado, una tecnología que ya se utiliza en numerosos países y que permite descongestionar las piscinas de almacenamiento ubicadas en las propias centrales. De este modo se garantiza la continuidad operativa de la planta, al tiempo que se refuerza la seguridad a largo plazo de los materiales nucleares.

El sistema de almacenamiento en seco se basa en contenedores especiales diseñados para mantener el combustible aislado y refrigerado sin necesidad de sistemas activos complejos. Esta opción se considera robusta desde el punto de vista de la seguridad y facilita la gestión futura de los residuos de alta actividad, en línea con los requisitos establecidos por los organismos reguladores y los estándares de referencia a nivel internacional.

En el contexto europeo, varios países han apostado por soluciones similares para optimizar la gestión del combustible gastado, tanto en centrales en operación como en instalaciones en proceso de cierre. La experiencia de Atucha II se suma así a un conjunto de casos que muestran que la combinación de almacenamiento en piscina y almacenamiento en seco es una herramienta eficaz para gestionar el ciclo de combustible mientras se avanza en las discusiones sobre soluciones definitivas de largo plazo.

Según recalcan desde Nucleoeléctrica, el avance del proyecto ASECG II es clave no solo desde el punto de vista técnico, sino también como señal de compromiso con la seguridad y el cuidado ambiental, dos aspectos que suelen centrar el debate público en torno a la energía nuclear, tanto en Argentina como en el resto del mundo.

Plan nuclear, seguridad energética y mirada hacia Europa

El buen desempeño operativo y el progreso de las obras estratégicas se enmarcan en una hoja de ruta de largo plazo para el sector nuclear argentino. La empresa está presidida por Demian Reidel, físico formado en el Instituto Balseiro y doctor en Economía por la Universidad de Harvard, quien figura como autor del denominado Plan Nuclear Argentino, un documento que orienta las líneas maestras para el desarrollo del sector en las próximas décadas.

Desde la compañía se remarca que el récord de generación de 2025 refuerza la posición de la energía nuclear como fuente eficiente, confiable y baja en emisiones, llamada a acompañar el crecimiento económico y el aumento de la demanda eléctrica. El rol de las centrales como parte de la llamada «energía de base» se presenta como un elemento central para asegurar la seguridad energética del país.

En Europa, donde el debate sobre la taxonomía verde, la neutralidad climática y el cierre o permanencia de las centrales nucleares sigue muy vivo, el caso argentino aporta un ejemplo de cómo un parque consolidado puede seguir incrementando su producción mediante mejoras técnicas y proyectos de extensión de vida. Países como Francia, Suecia o Finlandia han defendido una línea similar, mientras que otros, como Alemania o España, han optado por un calendario de cierre gradual, aunque en el caso español no se descartan ajustes en función de las necesidades futuras del sistema. El pulso europeo pone en contexto estas decisiones.

Más allá de las decisiones políticas de cada país, la evolución de la nuclear argentina pone de manifiesto que la combinación de seguridad, mantenimiento y planificación a largo plazo puede traducirse en un mayor aporte de esta tecnología al mix energético sin nuevos reactores a corto plazo. Este aspecto resulta de particular interés para los debates europeos sobre costes, inversión y tiempos de despliegue de nuevas infraestructuras.

En el plano interno, Nucleoeléctrica Argentina insiste en que el foco sigue puesto en garantizar operaciones seguras y sostenibles, consolidar los proyectos en marcha y analizar la viabilidad de futuras centrales que puedan ampliarse o incorporarse al parque. Todo ello, señalan, con la vista puesta en un sistema eléctrico más robusto, diversificado y compatible con los objetivos de reducción de emisiones que también marcan la agenda en la Unión Europea.

El balance de 2025 deja así una fotografía clara: el parque nuclear argentino ha alcanzado su mayor nivel de generación de la historia, impulsado por las marcas de Embalse y Atucha II y respaldado por proyectos estructurales como la extensión de vida de Atucha I y el almacenamiento en seco en Atucha II. Con una aportación cercana al 7,5% de la demanda eléctrica y una operación basada en criterios de seguridad y confiabilidad, la nuclear se mantiene como una pieza clave del sistema energético nacional y un caso a seguir de cerca desde España y el resto de Europa, donde la discusión sobre qué papel debe jugar esta tecnología en las próximas décadas continúa abierta.

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