El próximo 12 de agosto marcará un antes y un después en la forma de consumir bebidas en España. A partir de esa fecha, bares, restaurantes, supermercados y tiendas empezarán a cobrar un depósito de 10 céntimos por cada lata, botella de plástico de un solo uso o brik de hasta tres litros. No se trata de un impuesto ni de una subida de precios, sino de una fianza que el cliente podrá recuperar íntegramente si devuelve el envase vacío en los puntos habilitados.
Este sistema, conocido como Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR), forma parte de un paquete de medidas impulsadas por la Unión Europea para fomentar la economía circular y reducir el abandono de residuos. El objetivo es alcanzar una tasa de recogida del 90% de los envases de plástico antes del 1 de enero de 2029, una meta que ya se ha logrado en otros países europeos con sistemas similares.
¿Cómo funciona el depósito de 10 céntimos?

El mecanismo es sencillo: al comprar una bebida envasada, el establecimiento añadirá 10 céntimos al precio final, que aparecerán reflejados de forma independiente en el tique de compra. Por ejemplo, un paquete de seis latas supondrá pagar 60 céntimos adicionales. Esa cantidad no se queda en el negocio, sino que funciona como un depósito que el consumidor puede recuperar al devolver el envase vacío en cualquiera de los puntos de venta habilitados.
La ley obliga a los distribuidores a reembolsar el depósito íntegramente, incluso si la lata o botella no se compró en ese establecimiento. Para facilitar la devolución, los supermercados y grandes superficies instalarán máquinas automáticas que escanean el código de barras y devuelven el dinero, mientras que los pequeños comercios podrán optar por la recogida manual. Este sistema ya se aplica con éxito en varios países europeos y ha demostrado ser eficaz para aumentar el reciclaje.
La normativa tiene su origen en la legislación europea y española que establece la hoja de ruta hacia una economía circular. Además, el Reglamento UE 2025/40, aprobado en enero de 2025, introduce limitaciones adicionales para los envases de un solo uso.
El fin de los envases monodosis de plástico
A partir del mismo 12 de agosto, también arranca la eliminación progresiva de los sobres monodosis de plástico que se utilizan habitualmente en bares y restaurantes para servir azúcar, sal, leche, aceite, vinagre o salsas como el kétchup y la mayonesa. Esta medida, contemplada en el Reglamento UE 2025/40, se aplicará de forma escalonada hasta el año 2030, cuando estos envases deberán haber desaparecido por completo de los establecimientos, acelerando la transición hacia la sostenibilidad.
La idea es reducir drásticamente el volumen de residuos plásticos generados por estos pequeños formatos, que a menudo acaban en la basura tras un solo uso. Los hosteleros tendrán que buscar alternativas reutilizables, como dispensadores de vidrio o sistemas de recarga, siempre que cumplan con las exigencias de higiene y seguridad alimentaria. Esta medida complementa el SDDR y refuerza el compromiso de la UE con la reducción de plásticos de un solo uso.
Nuevas obligaciones para fabricantes y distribuidores

En agosto, además, entra en vigor el nuevo Reglamento Europeo de Envases y Residuos de Envases (PPWR), que traslada a fabricantes, importadores y distribuidores la Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP). Esto significa que las empresas que ponen envases en el mercado español deben hacerse cargo de la gestión de los residuos que generan, ya sean domésticos, comerciales o industriales. Hasta ahora, muchas de estas obligaciones recaían sobre los clientes, pero con el PPWR la responsabilidad recae directamente sobre el productor.
Para facilitar el cumplimiento, existen los Sistemas Colectivos de Responsabilidad Ampliada del Productor (SCRAP), como GENCI y Envalora. Estas entidades agrupan a miles de empresas y ofrecen soluciones centralizadas para la declaración de envases, la gestión de residuos y la trazabilidad. Por ejemplo, GENCI lleva cinco años gestionando la RAP de envases comerciales e industriales, mientras que Envalora, respaldado por 28 asociaciones sectoriales, cuenta con más de 3.000 empresas adheridas. Ambos sistemas permiten a las compañías cumplir con la normativa de forma eficiente y evitar posibles sanciones.
La normativa española previa ya había sentado las bases de esta nueva responsabilidad, pero el PPWR armoniza las obligaciones en toda la Unión Europea, con exigencias más estrictas en materia de prevención, reutilización y reciclaje. Las empresas que no se adapten a tiempo se enfrentan a multas y a una desventaja competitiva, ya que el coste de la gestión de residuos recae de forma desproporcionada sobre quienes sí cumplen.
Así, el 12 de agosto se convierte en una fecha clave para la gestión de envases en España. Los consumidores deberán pagar un depósito por cada lata, botella o brik, pero lo recuperarán al devolver el envase. Los bares y restaurantes eliminarán progresivamente los monodosis de plástico, y los fabricantes asumen nuevas obligaciones con la RAP. Todo ello forma parte de un esfuerzo conjunto por cumplir los objetivos europeos de reciclaje y reducir el impacto ambiental de los envases de un solo uso.
