En la provincia de Córdoba se pone en marcha uno de los proyectos de bioenergía más singulares de Argentina: la instalación de una planta capaz de transformar aceite vegetal usado en biodiesel sustentable. El emprendimiento se desarrollará en la ciudad de Villa María y se presenta como un polo bioenergético de segunda generación, orientado a aprovechar residuos urbanos e industriales que hasta ahora eran un problema ambiental.
La iniciativa, impulsada por el Gobierno provincial junto al municipio, el Parque Industrial local y la empresa PowerBio, busca cerrar el círculo de la economía circular: recolectar aceite vegetal usado procedente de restaurantes, bares, comedores e industrias alimenticias, procesarlo y convertirlo en combustible para abastecer flotas públicas. Con ello se pretende reducir emisiones contaminantes, evitar el vertido inadecuado de aceites y avanzar hacia una matriz energética más limpia.
Una planta pionera de biodiesel de segunda generación
El proyecto fue oficializado mediante la firma de una carta de intención entre el Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos de Córdoba, la Municipalidad de Villa María, el Parque Industrial, Logístico y Tecnológico de la ciudad y la firma PowerBio, responsable de la operación técnica. El esquema de trabajo consolida una alianza público-privada para poner en marcha la primera planta argentina orientada específicamente a biocombustibles de segunda generación a partir de aceite vegetal usado.
La planta se ubicará en el Parque Industrial de Villa María, sobre un predio de 5.600 metros cuadrados, donde se configurará un auténtico Polo Bioenergético. Allí se instalará una línea de procesamiento de aceite vegetal usado (AVU) con capacidad para tratar hasta 5.000 litros diarios, que serán transformados en biodiesel apto para uso vehicular mediante procesos de purificación y transesterificación.
Según las proyecciones oficiales, el complejo será capaz de producir alrededor de 80.000 litros mensuales de biodiesel, volumen que se alimentará principalmente del aceite recolectado en restaurantes, comercios gastronómicos, comedores colectivos e industrias alimentarias de Villa María y su zona de influencia. Cuando el flujo de AVU no alcance para cubrir la capacidad instalada, se prevé articular con plantas aceiteras regionales para garantizar insumos complementarios.
La empresa PowerBio, a través de su equipo técnico, remarca que se trata de un biocombustible de segunda generación, lo que implica que la materia prima no compite con la producción de alimentos. A diferencia del biodiesel tradicional, que suele elaborarse con aceites vegetales vírgenes (como soja o colza), en este caso se trabaja sobre un residuo que ya cumplió su función original y que, sin un sistema de gestión adecuado, termina obstruyendo cañerías, contaminando cursos de agua y generando costes de eliminación.
En la práctica, el proyecto convierte un pasivo ambiental en un recurso energético local, integrando la dimensión ambiental con la productiva y la tecnológica. Para Villa María, históricamente vinculada al entramado agroindustrial del interior cordobés, el polo bioenergético supone también un paso hacia la diversificación de su perfil productivo.

Cuatro pilares: procesamiento, mezcla, expendio y recolección
El Polo Bioenergético de Villa María se estructura en torno a cuatro componentes principales que funcionarán de manera integrada dentro del Parque Industrial. El primero es la planta de tratamiento de aceite vegetal usado, donde el AVU se recibe, se limpia y se somete a un proceso químico para convertirse en biodiesel de calidad suficiente para su uso en motores diésel convencionales.
El segundo pilar es una mezcladora B20, diseñada para combinar biodiesel con gasoil en proporciones 20/80. Esta instalación permitirá producir de forma controlada mezclas B20, compatibles con la normativa nacional y utilizables sin modificaciones técnicas en la mayoría de los motores diésel. El sistema también contempla la producción de mezclas B50 para aquellas flotas que puedan operar con mayor contenido biológico.
El tercer elemento clave es el denominado «Punto Bio Villa María», un punto de expendio de combustible situado dentro del propio parque industrial. Este espacio estará destinado al abastecimiento de vehículos estatales, principalmente de la Empresa Provincial de Energía de Córdoba (EPEC), la Policía provincial y la Dirección Provincial de Vialidad, entre otros organismos del departamento General San Martín. El suministro se realizará con precios preferenciales respecto al gasoil convencional.
Por último, el cuarto componente será un punto verde para la recolección organizada de aceite vegetal usado. Allí podrán llevar su residuo, sin coste y con trazabilidad, los establecimientos gastronómicos, comercios e industrias que generen grandes volúmenes de AVU. El objetivo inicial es captar entre 3.000 y 5.000 litros mensuales procedentes de la ciudad, con la posibilidad de ampliar la red hacia localidades cercanas.
Este sistema de recogida busca resolver un problema habitual en urbes con intensa actividad gastronómica: el destino del aceite vegetal que ya no puede reutilizarse. Al canalizarlo hacia una planta de biocombustibles, se evita su vertido a redes cloacales o cursos de agua, se reducen los costes de gestión para quienes lo generan y se crea una fuente local de materia prima para la producción de biodiesel.
Impacto ambiental y reducción de emisiones
Los impulsores del proyecto destacan el impacto ambiental como uno de los ejes principales de la planta. De acuerdo con las estimaciones oficiales, la producción prevista de biodiesel permitiría lograr una reducción de emisiones equivalente a sacar de circulación 366 vehículos por mes. Esta equivalencia, utilizada como referencia comunicativa, ilustra el potencial del proyecto para contribuir a la descarbonización del transporte público provincial y municipal.
Al tratarse de biodiesel de segunda generación, el balance ambiental resulta aún más favorable. Se reutiliza un residuo que, de otro modo, se convertiría en foco de contaminación, y se sustituye parcialmente el consumo de combustibles fósiles convencionales. Además, el esquema se integra en una lógica de economía circular aplicada a la gestión de residuos urbanos e industriales, alineada con las tendencias globales de transición energética.
El polo bioenergético también tendrá un papel educativo y de sensibilización. La creación de puntos verdes y la invitación a comercios y vecinos a entregar su aceite usado fomentan hábitos más responsables en el manejo de residuos domésticos y comerciales. De este modo, el proyecto no solo incide en la matriz energética, sino también en la cultura ambiental de la ciudad y su área de influencia.
Desde el Gobierno provincial se sostiene que la iniciativa contribuirá a consolidar a Córdoba como una de las jurisdicciones más activas en materia de bioenergías, sumando ahora el aprovechamiento de aceites usados a la ya consolidada producción de bioetanol a partir de maíz. Para Villa María, el polo se perfila como una oportunidad para posicionarse como referente en políticas locales de movilidad sustentable y gestión de residuos.
Inversión público-privada y marco regulatorio
La puesta en marcha de la planta de biodiesel sustentable implica una inversión mixta cercana al millón de dólares. El sector público aportará unos 430.000 dólares destinados principalmente a obras de infraestructura dentro del Parque Industrial: preparación del predio, conexiones de servicios y adecuación de instalaciones. Por su parte, la empresa PowerBio realizará un desembolso aproximado de 505.000 dólares en equipamiento, tecnología, operación y desarrollo de procesos.
La carta de intención firmada por las partes tiene un carácter inicial con un plazo de doce meses prorrogables, durante los cuales se avanzará en los detalles técnicos, económicos y contractuales necesarios para la ejecución definitiva del proyecto. Este instrumento sirve como base para ajustar cuestiones operativas, definir cronogramas y afinar el modelo de negocio y de gobernanza del polo bioenergético.
En el plano normativo, el proyecto se apoya en la Ley Provincial 10.721, que promueve la producción y el consumo de biocombustibles y bioenergía dentro del territorio cordobés. Esta ley ofrece un marco jurídico y herramientas de incentivo para desarrollar iniciativas vinculadas a combustibles alternativos y energías renovables, y ha permitido a Córdoba avanzar en proyectos que van desde el bioetanol hasta el biodiesel, pasando por otras soluciones bioenergéticas.
Además, el impulso a las mezclas B20 y B50 se ve respaldado por la regulación nacional, que habilita la comercialización de hasta un 20% de biodiesel en gasoil y 15% de bioetanol en nafta. Las autoridades cordobesas interpretan esta apertura normativa como una oportunidad para reforzar su liderazgo en el uso de biocombustibles y expandir la implementación de cortes superiores en ámbitos controlados, como las flotas públicas.
En este contexto, la apuesta provincial no se limita al biodiesel. El plan general contempla avanzar hacia un modelo de abastecimiento multimodal, integrando biocombustibles líquidos con movilidad eléctrica y mezclas avanzadas de bioetanol para diversificar las fuentes de energía en el transporte y los servicios públicos.
Abastecimiento de flotas públicas y punto tripartito
Uno de los objetivos centrales del Polo Bioenergético de Villa María es abastecer de combustible a las flotas públicas provinciales y municipales del departamento General San Martín. Los vehículos de EPEC, la Policía de Córdoba, Vialidad y otros organismos utilizarán mezclas B20 e incluso B50, según las características de cada servicio, para reducir la dependencia del gasoil fósil.
El ministro de Infraestructura y Servicios Públicos, Fabián López, enmarcó el proyecto dentro de una estrategia más amplia para crear en Villa María un punto de carga tripartito: biodiesel para vehículos diésel, una mezcla con mayor porcentaje de bioetanol para vehículos a nafta y un sistema de recarga para vehículos eléctricos. Este enfoque busca que el parque industrial se convierta en un nodo energético diversificado para las flotas del Estado.
La proximidad de Villa María a los grandes productores de bioetanol de la provincia facilita la incorporación de mezclas superiores a los cortes estándar en naftas, como el E17 (17% de bioetanol), que se está analizando incluir dentro del esquema de abastecimiento. Córdoba ya cuenta con experiencias similares en la capital provincial, donde se han instalado surtidores con altos porcentajes de bioetanol para determinadas flotas.
Este modelo multimodal se alinea con los objetivos de transición energética y con la búsqueda de mayor soberanía en la provisión de combustibles para el sector público. Al mismo tiempo, permite que la provincia y sus municipios utilicen sus propios recursos y capacidades productivas, desde el maíz para bioetanol hasta el aceite usado para biodiesel, reduciendo la huella de carbono asociada al transporte.
Retos operativos y proyección para Villa María
Aunque el proyecto presenta un notable potencial ambiental y productivo, sus responsables reconocen que la puesta en marcha implicará desafíos operativos significativos. Entre ellos, garantizar un flujo constante de aceite vegetal usado, consolidar redes de recolección que cubran tanto Villa María como localidades vecinas, y mantener la competitividad del biodiesel frente al gasoil convencional.
Será clave construir una logística eficiente para captar el AVU procedente de restaurantes, bares, comedores, fábricas y otros generadores distribuidos por la región. Ello requerirá campañas de concienciación, acuerdos con cámaras empresariales y un sistema de incentivos que anime a los establecimientos a entregar su aceite en los puntos verdes previstos.
En paralelo, las autoridades locales ven en el polo bioenergético una herramienta para avanzar hacia políticas urbanas de menor impacto ambiental. La implementación de puntos verdes y el uso de biocombustibles en el transporte público y los servicios municipales se enmarcan en la intención del Ayuntamiento de reducir la huella de carbono de la ciudad y modernizar su sistema de gestión de residuos.
Si el cronograma avanza como está previsto, Villa María podría convertirse en uno de los principales nodos de energías renovables y movilidad sustentable del interior cordobés. La ciudad aspira a consolidarse como un caso de referencia sobre cómo convertir residuos urbanos e industriales en energía, generando al mismo tiempo actividad económica, empleo y señales políticas ligadas a la transición energética.
En conjunto, la puesta en marcha de esta planta en Córdoba para transformar aceite usado en biodiesel sustentable representa un paso relevante hacia un modelo que combina industria, cuidado ambiental y tecnología, aprovechando residuos que antes eran un problema para producir combustibles más limpios, abastecer flotas públicas y reforzar el papel de la provincia como actor destacado en el desarrollo de bioenergías.