
Con la subida de las temperaturas y el verano llamando a la puerta, España se está poniendo las pilas para proteger sus pulmones verdes. Las autoridades ya han dado el pistoletazo de salida a los operativos especiales, desplegando todo el arsenal necesario para que este año no tengamos que lamentar grandes pérdidas en lo que a incendios forestales se refiere.
No es solo cuestión de tener los camiones de bomberos y los hidroaviones a punto, que también, sino de aplicar el sentido común y normativas mucho más duras. Este año, la tecnología y la gestión territorial van de la mano para intentar adelantarse a las llamas antes de que la primera chispa toque el suelo, algo que nos obliga a todos a estar más atentos que nunca.
IPIF: La nueva tecnología para vigilar el monte

Una de las grandes novedades de esta temporada es el estreno del índice IPIF por parte de la AEMET. Este sistema no se limita a mirar el termómetro o el viento, sino que es capaz de analizar cómo está de seca la planta o cuánta agua le queda a la tierra. Gracias a este avance, los expertos pueden saber con mucha más precisión dónde hay un peligro real de que el fuego se descontrole.
Lo que mola de este nuevo sistema es que ha mejorado su resolución una barbaridad, pasando de cuadros de cinco kilómetros a solo uno. Esto permite que los servicios de emergencia no den palos de ciego y puedan distribuir sus recursos de una forma mucho más eficiente sobre el terreno, sabiendo exactamente qué zonas son auténticos polvorines.
Este índice ha sido diseñado mirando con lupa lo que ha pasado en la última década, que por cierto ha sido de las más calurosas que se recuerdan. Al tener en cuenta estas nuevas realidades climáticas, el sistema falla mucho menos que el anterior, evitando esas falsas alarmas que a veces volvían locos a los dispositivos de extinción.
Contar con una herramienta que entiende si estamos ante un suelo agrícola o una masa de pinos cerrada es un salto de gigante. Al final, lo que se busca es tener una capacidad de anticipación brutal para que, si algo se tuerce, la respuesta sea inmediata y contundente antes de que el problema se haga gigante.
Despliegue masivo en las comunidades autónomas

En regiones como Extremadura, el Plan Infoex ya ha activado la época de peligro alto, que se extenderá en principio hasta mediados de octubre. Esto significa que el despliegue de medios es total y que no se puede bajar la guardia ni un segundo, con miles de profesionales listos para intervenir en cuanto salte el aviso en cualquier punto de la geografía extremeña.
Por su parte, Castilla-La Mancha no se ha quedado atrás y ha puesto sobre la mesa una inversión de 126 millones de euros para su dispositivo Infocam. Es una apuesta muy seria para proteger el medio rural y generar empleo estable en nuestros pueblos, demostrando que cuidar el monte es también cuidar de la gente que vive en él y de su futuro.
El operativo castellanomanchego cuenta este año con más de 2.700 profesionales y cerca de 250 medios, entre los que destacan helicópteros de gran capacidad y brigadas helitransportadas. Se trata de una maquinaria muy bien engrasada que busca que el 90% de los conatos se queden en eso, en un susto pequeño que no llegue a mayores.
Incluso en zonas como Castilla y León, donde el riesgo se ha declarado medio de momento, ya se han suspendido todas las autorizaciones para quemar restos vegetales por culpa de los vientos secos. No hay que olvidar que las condiciones meteorológicas desfavorables pueden cambiar el panorama en cuestión de horas, obligando a endurecer las restricciones de forma repentina.

Prohibiciones y reglas que debemos cumplir
Para evitar disgustos, se han establecido prohibiciones muy claras: nada de encender fuego en espacios abiertos, áreas de descanso o zonas recreativas, por muy habilitadas que parezcan. Tampoco se puede usar material pirotécnico ni abandonar objetos que puedan arder, porque un simple descuido con un cigarrillo o un petardo puede acabar en una auténtica catástrofe natural.
El uso de maquinaria agrícola o forestal también está bajo la lupa, especialmente cuando el riesgo es muy alto o extremo. En estos casos, los trabajadores deben presentar una declaración responsable y contar con medidas de seguridad adicionales, como extintores o mochilas de agua, para reaccionar al instante si una chispa salta donde no debe.
Incluso actividades cotidianas como hacer una barbacoa para un evento quedan totalmente prohibidas cerca del monte, permitiéndose únicamente el uso de equipos de gas si las condiciones lo permiten. Es vital que entendamos que estas normas no son para fastidiar, sino para minimizar las probabilidades de que un fuego humano arrase con miles de hectáreas.
La vigilancia y la responsabilidad de cada uno son las mejores armas que tenemos contra este problema que nos afecta a todos. Teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de los fuegos son evitables, echar un ojo a nuestro alrededor y cumplir las normas a rajatabla es la mejor forma de asegurar que nuestros paisajes sigan estando ahí el año que viene.
Lograr que nuestros entornos naturales sobrevivan a los meses más críticos del calendario requiere de un esfuerzo conjunto entre las administraciones, que aportan la tecnología y los recursos de extinción, y la propia ciudadanía, que debe actuar con la máxima cautela posible. Al final, la mejor noticia siempre será que el dispositivo de emergencia no haya tenido que intervenir porque la prevención ha funcionado de maravilla y no se ha dado pie a ninguna situación de riesgo innecesario.


