La posible fusión de los negocios de downstream de Moeve y Galp ha sacudido el sector energético ibérico y ha encendido las alarmas competitivas en torno al liderazgo de Repsol. Ambas compañías han firmado un acuerdo no vinculante para avanzar en una integración que, si sale adelante, agrupará sus refinerías y redes de estaciones de servicio en España y Portugal bajo una estructura común.
Se trata de una operación de gran calado que aspira a crear un «campeón energético» en la Península Ibérica, con dos nuevas sociedades especializadas: una enfocada en la actividad industrial (refino, química y moléculas verdes) y otra centrada en la movilidad y la venta minorista de combustibles y servicios. El movimiento encaja con la estrategia europea de ganar escala para competir frente a los grandes grupos internacionales.
Cómo será la estructura de la fusión Moeve-Galp

El diseño acordado por las dos petroleras pasa por crear dos plataformas diferenciadas, IndustrialCo y RetailCo, a partir de la segregación previa de sus negocios de downstream. Cada grupo hará primero un spin-off interno de los activos que aportará a la alianza y, posteriormente, se fusionarán esos bloques de actividad equivalentes.
La primera sociedad, conocida provisionalmente como IndustrialCo, integrará las actividades de refino, química, trading y energías basadas en moléculas verdes, como biocombustibles avanzados e hidrógeno. Esta plataforma se orientará al cliente industrial, con un claro foco B2B y con la vista puesta en la transformación de las refinerías actuales en hubs multienergía integrados y de bajas emisiones.
La segunda pata del acuerdo será RetailCo, una compañía centrada en la venta minorista de combustibles, la red de gasolineras, las tiendas de conveniencia y las soluciones de movilidad. En este bloque se integrarán tanto la distribución de carburantes tradicionales como la recarga eléctrica y otros servicios asociados a la nueva movilidad.
Este esquema responde a una tendencia creciente en el sector, donde las compañías separan negocios intensivos en capital (como el refino) de los orientados al cliente final, para dar mayor transparencia al mercado y facilitar distintas estrategias de financiación, alianzas y desinversiones.
Reparto de poder y accionariado en IndustrialCo y RetailCo
En la futura plataforma industrial, los actuales accionistas de Moeve, Mubadala y Carlyle, conservarán el control. El acuerdo preliminar fija que estos socios tendrán en torno al 80% de IndustrialCo, mientras que Galp mantendría una participación superior al 20%. De este modo, la antigua Cepsa se situará como socio de referencia en la parte más intensiva y estratégica del negocio.
En el ámbito accionarial, Moeve está participada principalmente por Mubadala, brazo inversor del fondo soberano de Abu Dabi, con aproximadamente un 67% del capital, y por el fondo británico Carlyle, que entró en 2019 con algo más de un tercio de la compañía. En el caso de Galp, cerca del 55% de sus títulos cotizan libremente en bolsa, mientras que el resto se reparte, de forma destacada, entre Amorim Energía y la sociedad estatal portuguesa Parpública.
Para RetailCo, la ecuación será distinta: Moeve y Galp compartirán el control de la nueva compañía de movilidad con participaciones equilibradas. Esto refleja el peso similar de ambas redes de estaciones de servicio en la península, aunque matizado por el hecho de que la potencia industrial de Moeve es mayor, con dos refinerías en España, frente al gran complejo de Sines que aporta Galp.
En todo caso, la operación dejará fuera de la combinación los negocios de upstream, renovables y suministro y trading de energía de Galp, que seguirán bajo el paraguas del grupo portugués como empresa cotizada. Moeve, por su parte, aportará la práctica totalidad de sus actividades operativas a alguna de las dos plataformas, quedando su estructura corporativa al servicio de la nueva organización, sobre todo de la rama industrial.
Red de 3.500 gasolineras: un rival directo para Repsol
Uno de los grandes impactos de la fusión Moeve-Galp se verá en la red de estaciones de servicio en la Península Ibérica. La integración de las gasolineras de ambos grupos dará lugar a una plataforma de movilidad con alrededor de 3.500 puntos de venta en España y Portugal, una cifra muy cercana a la de Repsol.
En España, según los últimos datos sectoriales, Repsol lidera el mercado con más de 3.200 estaciones, lo que le otorga aproximadamente una cuarta parte del total nacional. Muy por detrás aparecen Moeve, con algo menos de 1.500 gasolineras, y Galp, con algo más de 500. Juntas, ambas marcas suponen actualmente en torno al 16% del parque español.
La foto cambia al cruzar la frontera. En Portugal, Galp es el principal operador con más de 700 estaciones de servicio y algo más del 20% del total, seguida por Repsol y BP. Moeve se sitúa más atrás, con una presencia menor que la de sus grandes competidoras y por debajo incluso de otras multinacionales como Shell.
Si se analizan ambos países en conjunto, Repsol dispone de algo menos de 3.800 puntos de venta en la península, frente a las más de 3.100 estaciones que suman Moeve y Galp antes de la integración total de sus redes. Con la nueva RetailCo, la brecha en número de gasolineras se reduce de manera significativa y la cuota conjunta de Moeve y Galp rondaría el 20% del parque ibérico, recortando distancia respecto al 23,5% aproximado de Repsol.
Además del número de puntos de venta, la nueva plataforma comercial pretende impulsar servicios de mayor valor añadido: mejores propuestas de conveniencia, comida preparada, soluciones de movilidad compartida y, sobre todo, una aceleración de la inversión en y otros sistemas de transporte de bajas emisiones.
Capacidad de refino y polos industriales en España y Portugal
La otra gran pata de la fusión Moeve-Galp es el negocio industrial. Con la aportación de sus complejos de refino, la futura IndustrialCo alcanzará una capacidad combinada de casi 700.000 barriles de crudo al día, repartidos en tres grandes polos en la península. Es una cifra relevante, aunque todavía por debajo del millón de barriles diarios que gestionan las refinerías de Repsol en España.
Moeve suma actualmente dos grandes refinerías en la península, en La Rábida (Huelva) y San Roque (Cádiz), con una capacidad conjunta que ronda el 31% del total español y donde ya se están acometiendo proyectos de biocombustibles y combustibles sintéticos. Galp aporta su complejo de Sines, en la costa portuguesa, una instalación clave para el abastecimiento del país y con acceso directo a rutas marítimas internacionales.
La integración prevé aprovechar al máximo el acceso privilegiado al mar y la logística integrada de estos activos, lo que refuerza la idea de convertirlos en plataformas para producir hidrógeno verde y otras moléculas de bajas emisiones. El objetivo declarado es posicionar a la península como un nodo relevante en el suministro de combustibles limpios hacia Europa y otros mercados.
Según los comunicados de ambas compañías, IndustrialCo se ha diseñado para desempeñar un papel central como foco de inversión industrial a largo plazo, apoyando la reindustrialización de la región y la descarbonización de sectores difíciles de electrificar, como la aviación, el transporte pesado o determinadas ramas de la industria química.
Este enfoque entronca con la estrategia de Moeve en los últimos años, muy orientada a desprenderse de activos de exploración de crudo para redirigir recursos hacia la transición energética y las moléculas verdes. Por su parte, Galp también ha ido reordenando su cartera con importantes desinversiones en upstream en Angola o Mozambique, al tiempo que refuerza su perfil renovable y su apuesta por nuevos vectores energéticos.
Impacto en el mercado ibérico y competencia con Repsol
La fusión Moeve-Galp llega en un momento en el que el sector petrolero europeo busca ganar tamaño y eficiencia para encarar la transición energética. En la Península Ibérica, la operación se interpreta como una maniobra clara para plantar cara a Repsol, tanto en refino como en distribución minorista.
La creación de dos grandes plataformas dedicadas a downstream sigue la estela de otros movimientos corporativos recientes, como la integración de negocios de upstream entre Repsol y TotalEnergies en el Mar del Norte. El hilo conductor es el mismo: aliarse con competidores de tamaño medio para alcanzar mayor escala, compartir riesgos e incrementar la capacidad de inversión en nuevos proyectos.
Analistas del sector consideran que la alianza Moeve-Galp encaja con las recomendaciones comunitarias de promover «campeones europeos» capaces de competir globalmente, en línea con los debates recogidos en informes como el elaborado por Mario Draghi sobre competitividad industrial en la UE. El sector energético, estratégico para la economía, es uno de los campos donde más se está impulsando esta concentración.
En el plano estrictamente competitivo, el nuevo grupo tendrá más músculo para negociar con proveedores, optimizar logística y presionar márgenes en estaciones de servicio, lo que podría repercutir en la dinámica de precios y en la oferta de servicios al consumidor final. También reforzará su capacidad para captar financiación destinada a proyectos de bajas emisiones y modernización de infraestructuras.
Eso sí, el avance de esta operación estará muy vigilado por las autoridades de competencia, como la CNMC en España y su homóloga portuguesa, que podrían imponer condiciones para evitar una excesiva concentración en determinadas zonas o segmentos de mercado.
Calendario, regulación y situación de los empleados
A día de hoy, el acuerdo entre Moeve y Galp es no vinculante. Las compañías han iniciado un proceso de negociación detallada y due diligence que se prolongará durante los próximos meses, con la intención de sellar documentos definitivos y vinculantes una vez que se cierren todos los flecos financieros, legales y operativos.
Las petroleras han comunicado que esperan un acuerdo en firme alrededor de mediados de 2026, siempre que cuenten con el visto bueno de los consejos de administración de ambas empresas y superen el escrutinio de las autoridades reguladoras y de competencia en España, Portugal y, previsiblemente, a nivel comunitario.
Mientras tanto, Moeve y Galp subrayan que seguirán operando como compañías independientes, sin cambios en el día a día de empleados, clientes o proveedores. Las direcciones insisten en que en esta fase inicial no se han tomado decisiones finales sobre plantilla, estructura interna o posibles solapamientos de funciones.
En conjunto, las compañías superan los 17.000 empleados a nivel global, por lo que cualquier reordenación futura será seguida muy de cerca por sindicatos y autoridades laborales. Por ahora, el mensaje oficial es que el objetivo de la fusión es reforzar la posición de las operaciones en la península y no recortar de forma drástica los recursos humanos.
Tanto Moeve como Galp se han comprometido a mantener informados al mercado y a sus grupos de interés conforme avancen las negociaciones, de acuerdo con sus obligaciones como empresas reguladas y, en el caso portugués, como compañía cotizada.
Dimensión financiera y estrategia a largo plazo
Aunque las compañías no han publicado una valoración oficial de la operación, diversas fuentes del mercado sitúan el valor conjunto del perímetro de downstream por encima de los 15.000 millones de euros, utilizando metodologías de suma de partes y referencias de transacciones previas. En el caso de Galp, su capitalización bursátil actual ofrece una referencia aproximada del tamaño del grupo, mientras que para Moeve hay que remontarse a la entrada de Carlyle en 2019 como hito más cercano.
En términos de resultados recientes, Moeve registró entre enero y septiembre de 2025 un beneficio neto ajustado de algo más de 470 millones de euros y un ebitda ajustado en torno a los 1.200 millones, con una parte significativa de sus inversiones ya dirigidas a proyectos de transición energética, como una gran planta de biocombustibles de segunda generación en Huelva.
Galp, por su lado, obtuvo en los nueve primeros meses de 2025 un ebitda próximo a los 2.400 millones y un beneficio neto ajustado cercano a los 1.000 millones, apoyado en su negocio de exploración y producción y en la entrada en funcionamiento de proyectos como Bacalhau en Brasil. Al mismo tiempo, ha aprovechado desinversiones en África para reordenar su cartera y reforzar su posición financiera.
La nueva estructura en dos plataformas permitirá, según defienden ambas direcciones, asignar capital de manera más específica a cada tipo de actividad: por un lado, grandes proyectos industriales de largo plazo y, por otro, un negocio de movilidad más dinámico, con potencial de crecimiento en servicios y soluciones de baja huella de carbono.
Los principales ejecutivos de las compañías, como el CEO de Moeve, Maarten Wetselaar, y la presidenta de Galp, Paula Amorim, han destacado públicamente que la integración busca crear grandes actores europeos en Iberia, combinando excelencia operativa en downstream con carteras de proyectos bajos en carbono y mayor especialización en cada rama del negocio.
Si la fusión de los negocios de downstream de Moeve y Galp supera todas las etapas previstas, el mapa energético ibérico se verá notablemente alterado: Repsol ganará un competidor de tamaño casi equivalente en gasolineras y con una capacidad de refino reforzada, mientras que España y Portugal podrían consolidar un nuevo polo industrial y de movilidad con mayor escala, capacidad inversora y ambición en la transición hacia combustibles y soluciones de baja emisión, todo ello sin perder de vista el escrutinio regulatorio y la reacción de un mercado que seguirá muy pendiente de cómo aterriza en la práctica esta macrooperación.
