La presencia de plásticos y microplásticos en mares y costas se ha consolidado como uno de los problemas ambientales más preocupantes a nivel global. Se calcula que hasta un 95 % de los objetos hallados en playas y fondos marinos son de origen plástico y, en torno al 80 %, procede de actividades que se desarrollan en tierra firme, como el uso cotidiano de envases, textiles y otros productos de consumo.
En este contexto, el Golfo Nuevo, en la Patagonia argentina, se ha convertido en un laboratorio natural para entender cómo se comportan los microplásticos en un sistema marino semicerrado. Un equipo del Centro Nacional Patagónico (CENPAT) y del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR‑CONICET) ha llevado a cabo el primer estudio integral de la zona, aportando una base de datos clave que sirve también como referencia comparativa para otros litorales, incluidos los de España y Europa.
Un estudio pionero en todo el Golfo Nuevo
La investigaciĂłn fue liderada por AyelĂ©n Costa, becaria de CESIMAR‑CONICET, junto con los cientĂficos Juan Pablo Pisoni, Camila Tavano, Rodrigo Hernández Moresino y Juan Pablo Tomba. Su objetivo principal fue obtener una visiĂłn de conjunto de la contaminaciĂłn por microplásticos y otras partĂculas de origen humano en todo el perĂmetro costero del golfo.
Para lograrlo, el equipo diseñó un muestreo que abarcó 12 estaciones distribuidas a lo largo de la costa del Golfo Nuevo. A lo largo de tres campañas terrestres consecutivas, se tomaron muestras de agua superficial y de sedimentos intermareales, es decir, de la franja de playa que queda alternativamente cubierta y descubierta por las mareas.
Este enfoque permitió contar tanto con una especie de “instantánea” de lo que ocurre en el agua en un momento determinado, como con un registro de más largo plazo almacenado en los sedimentos. De este modo, los investigadores pudieron analizar no solo cuánta contaminación hay, sino también cómo se reparte y se mueve dentro de este sistema semicerrado.
El Golfo Nuevo se caracteriza por un intercambio limitado con la plataforma continental, lo que lo convierte en un entorno muy sensible a las entradas de contaminantes. Hasta ahora solo se disponĂa de un antecedente cientĂfico centrado en una zona reducida, de modo que este trabajo amplĂa de forma notable el conocimiento sobre todo el cuerpo de agua.
De dónde vienen los microplásticos y qué tipos predominan
Los resultados del estudio apuntan a que una fracciĂłn muy importante de las partĂculas detectadas está relacionada con productos textiles. Entre los materiales identificados destacan la celulosa antropogĂ©nica y fibras teñidas, con un claro predominio del color azul, seguidas de partĂculas transparentes y negras.
Además, se encontrĂł una cantidad significativa de tereftalato de polietileno (PET), un polĂmero muy comĂşn en botellas, envases alimentarios y otros productos de uso diario. Este tipo de plástico puede llegar al mar tanto desde la ciudad —a travĂ©s de residuos mal gestionados o arrastrados por el agua de lluvia— como desde el propio entorno marino, por ejemplo por el desgaste de redes de pesca y cuerdas utilizadas en actividades pesqueras.
Las fibras textiles, que se liberan durante el lavado de la ropa y otros tejidos, son especialmente problemáticas porque su tamaño microscĂłpico facilita que pasen los sistemas de depuraciĂłn y terminen en rĂos y mares. El patrĂłn observado en el Golfo Nuevo, con abundancia de fibras coloreadas y celulosa modificada por la acciĂłn humana, encaja con lo descrito en otros litorales del mundo, incluidos varios puntos del Mediterráneo europeo.
En el caso del PET, los investigadores señalan que su presencia refleja una mezcla de fuentes terrestres y marĂtimas. Por un lado, el consumo urbano de bebidas y productos envasados; por otro, la intensa actividad pesquera de la regiĂłn, que implica el uso de grandes cantidades de plásticos tĂ©cnicos.
Diferencias entre agua y sedimentos: una foto y un archivo
Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es la comparaciĂłn entre lo que se encuentra en el agua costera y en los sedimentos intermareales. SegĂşn explica el equipo, las muestras de agua se comportan como una fotografĂa puntual, muy sensible a episodios concretos como lluvias intensas, vertidos o variaciones en la actividad humana.
En estas muestras, las concentraciones más altas de microplásticos y fibras antropogĂ©nicas se localizaron en las zonas prĂłximas a la ciudad de Puerto Madryn. La correlaciĂłn con la proximidad urbana sugiere una influencia directa de las descargas pluviales, el escurrimiento de aguas de lluvia que arrastran residuos desde tierra, el transporte aĂ©reo de partĂculas y el tráfico marĂtimo asociado al puerto.
En cambio, los sedimentos de playa funcionan como un registro acumulado en el tiempo. Las partĂculas que se depositan en la arena pueden ser redistribuidas más tarde por la acciĂłn de las corrientes, el oleaje, los vientos intensos caracterĂsticos de la regiĂłn y las propias caracterĂsticas geomorfolĂłgicas de las playas del golfo.
Esta dinámica hace que, a diferencia de lo que se observa en el agua, no se detecten diferencias estadĂsticamente significativas en las concentraciones de partĂculas entre unas zonas y otras de los sedimentos. En otras palabras, el sedimento actĂşa como una especie de “nivelador” que reparte la contaminaciĂłn de forma más homogĂ©nea a lo largo de toda la costa.
La comparación entre ambos medios ofrece una visión complementaria de la evolución de la contaminación: mientras el agua refleja picos y variaciones rápidas vinculadas a la actividad diaria, el sedimento recoge la huella prolongada de lo que ha ido llegando al ecosistema con el paso del tiempo.
Un nivel de contaminaciĂłn bajo a moderado, pero preocupante
Al poner en perspectiva los resultados del Golfo Nuevo con otras zonas costeras, los cientĂficos concluyen que las concentraciones actuales se sitĂşan en un rango de bajo a moderado. Cuando se comparan los datos con los de playas argentinas como ClaromecĂł, Pehuen‑CĂł o Monte Hermoso, o con áreas muy estudiadas como el mar Mediterráneo, el mar Báltico o el Golfo de California, el Golfo Nuevo presenta valores inferiores.
Este dato no implica que la situaciĂłn sea tranquilizadora, sino que el problema todavĂa se encuentra en una fase en la que es posible actuar con margen para evitar que la contaminaciĂłn se dispare, como ya ha ocurrido en otros entornos costeros densamente poblados de Europa y España. En muchos casos, los niveles se han incrementado de manera rápida en apenas unas dĂ©cadas, coincidiendo con el auge del plástico de un solo uso y la producciĂłn textil masiva.
El equipo investigador subraya la importancia de disponer de una lĂnea de base sĂłlida, algo que hasta ahora no existĂa para el Golfo Nuevo. Esta referencia inicial permitirá, en los prĂłximos años, evaluar si aparecen nuevas partĂculas, cĂłmo varĂan las concentraciones y quĂ© efecto tienen las posibles medidas de mitigaciĂłn que se pongan en marcha.
Tal y como remarca AyelĂ©n Costa, conocer quĂ© se está encontrando y en quĂ© cantidades es el primer paso para definir estrategias de seguimiento y toma de decisiones. Sin datos comparables en el tiempo, resulta muy complicado medir el Ă©xito o el fracaso de las polĂticas de reducciĂłn de plásticos.
El trabajo se enmarca en una preocupaciĂłn cada vez mayor por parte de la comunidad cientĂfica internacional, que busca entender el impacto de los microplásticos en los ecosistemas marinos y en la cadena alimentaria, incluida la exposiciĂłn humana a travĂ©s del consumo de pescado y marisco, y el efecto sobre especies como las tortugas marinas, un asunto que tambiĂ©n preocupa a los paĂses europeos ribereños.
Relación con España y Europa: lecciones compartidas
Aunque el estudio se centra en el Golfo Nuevo, sus conclusiones resultan muy Ăştiles para comparar la situaciĂłn con otros mares semicerrados como el Mediterráneo, que baña buena parte de la costa española y de la UniĂłn Europea. En ambos casos, la limitada renovaciĂłn de agua favorece la acumulaciĂłn de residuos que llegan desde tierra y desde la actividad marĂtima.
Los patrones observados —predominio de fibras textiles, presencia notable de PET y mayores concentraciones cerca de núcleos urbanos y zonas portuarias— coinciden con los que describen investigaciones realizadas en el litoral mediterráneo español, el mar del Norte o el Báltico. Este paralelismo refuerza la idea de que la gestión de los residuos en tierra y la regulación de los vertidos son claves para frenar la llegada de plásticos al mar.
En la Unión Europea, la Estrategia sobre Plásticos y las normativas relativas a plásticos de un solo uso y microplásticos añadidos intencionadamente marcan una hoja de ruta para reducir este tipo de contaminación. Estudios como el del Golfo Nuevo aportan información valiosa sobre zonas que, aunque se encuentren lejos de Europa, comparten dinámicas ambientales similares y pueden servir como casos de estudio complementarios.
Para España, que cuenta con una extensa costa tanto en el Atlántico como en el Mediterráneo y el Cantábrico, el seguimiento sistemático de microplásticos en agua y sedimentos es una herramienta esencial. Experiencias en otros paĂses demuestran que actuar sobre la gestiĂłn urbana de residuos, la depuraciĂłn de aguas y las prácticas pesqueras puede reducir notablemente la cantidad de partĂculas que alcanzan el medio marino.
La investigaciĂłn del Golfo Nuevo pone de relieve la necesidad de combinar medidas locales con marcos de cooperaciĂłn internacional, algo que en Europa se está desarrollando a travĂ©s de directivas marinas y acuerdos regionales. Entender cĂłmo se comportan estos contaminantes en distintos tipos de golfo y bahĂa resulta fundamental para diseñar polĂticas adaptadas a cada realidad costera.
En conjunto, el trabajo realizado en el Golfo Nuevo ofrece un mapa detallado de la contaminaciĂłn por microplásticos y fibras antropogĂ©nicas en un sistema semicerrado y aĂşn relativamente poco alterado, al tiempo que proporciona una referencia Ăştil para comparar con otros mares, incluidos los europeos. Disponer de esta lĂnea de base abre la puerta a un seguimiento a largo plazo y a la puesta en marcha de acciones de mitigaciĂłn que, si se aplican con tiempo y de forma coordinada, pueden evitar que el problema alcance los niveles ya observados en muchas costas de España y del resto de Europa.