La proliferación de microplásticos en nuestro entorno se ha convertido en un tema de gran actualidad, pero también de creciente inquietud para la comunidad científica y la sociedad. Estos fragmentos minúsculos de plástico, cuya presencia se multiplica en los alimentos, el agua y el aire que consumimos a diario, suponen un desafío para la salud pública y el medio ambiente. Aunque resulta complicado detectarlos a simple vista, las últimas investigaciones apuntan a que su impacto resulta mucho más serio de lo que pensábamos hace solo unos años.
El origen de los microplásticos no es único; provienen tanto de la fragmentación de plásticos mayores como de procesos industriales, lavado de textiles y el propio uso cotidiano de productos plásticos. Además, los nuevos hallazgos demuestran que su presencia está mucho más extendida que los típicos residuos visibles en playas u océanos. Esta contaminación silenciosa plantea retos urgentes en campos como la seguridad alimentaria, la salud humana y la conservación ambiental.
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Una base de datos para consultar
En una iniciativa pionera, el Food Packaging Forum junto a expertas del Instituto Federal Suizo de Ciencia y Tecnología Acuáticas (Eawag) y la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, han revisado más de 100 estudios científicos que analizan la presencia de partículas plásticas inferiores a 10 mm en alimentos, tras su contacto con envases y recipientes de plástico. Fruto de este exhaustivo trabajo ha surgido la plataforma interactiva FCMiNo dashboard, de acceso libre, que permite consultar los datos de estos contaminantes según el producto, el material y el uso. Esta herramienta se presenta como el primer mapa de evidencia sistemática sobre cómo el uso habitual de artículos de contacto con alimentos contribuye a la contaminación por microplásticos y nanoplásticos.
Según sus responsables, estos elementos han sido una fuente poco valorada de exposición humana, aunque su empleo cotidiano, como abrir botellas o preparar infusiones, puede liberar diminutas partículas en los alimentos. Los científicos subrayan también la necesidad urgente de investigar la migración de estos fragmentos desde los materiales de envasado o preparación, pues podrían estar entrando en la cadena alimentaria en mayor medida de lo que se sospecha actualmente.
Microplásticos en la sal: un problema de aire, agua y procesos

Las sales de mesa y productos similares no están exentas de esta amenaza. Investigadores de la Universidad Pontificia Comillas han establecido que la principal vía de contaminación en las salinas tradicionales es el aire y no tanto el agua de origen, como se pensaba. Analizando diferentes etapas de la producción en salinas de España y Portugal, hallaron de 256 a 1500 microplásticos por litro durante la procesión y hasta 193 partículas por kilo en la sal comercializada. El entorno inmediato, especialmente si es natural y protegido, influye en la cantidad de microplásticos presentes, aunque ningún proceso puede considerarse totalmente libre de contaminación aérea y de los utensilios utilizados en la cadena industrial.
Se ha corroborado además que, aunque el agua de mar o salmuera pueda contener estos fragmentos, una parte significativa procede del contacto con neumáticos, cintas transportadoras o envases plásticos empleados tras la cristalización de la sal. Estas fuentes múltiples de contaminación convierten a la sal en un símbolo de la omnipresencia de los microplásticos en nuestra alimentación.
El impacto en la salud humana sigue en estudio. Aunque la cantidad diaria de partículas consumidas a través de la sal parece pequeña, su exposición acumulada, sumada a otros alimentos y bebidas, es difícil de calcular y potencialmente peligrosa. Además, los microplásticos pueden estar acompañados de sustancias químicas añadidas durante la fabricación del plástico, o actuar como vehículos de patógenos y especies invasoras.
Contaminación por microplásticos en envases y utensilios

El habitual uso de envases y utensilios plásticos en la vida moderna es una de las fuentes más importantes –y menos visibles– de exposición a microplásticos. Estudios recientes han evidenciado que los recipientes para comida para llevar, sobre todo en contacto con alimentos calientes o aceitosos, liberan partículas que terminan en nuestra comida. El empleo reiterado, la exposición al calor e incluso el lavado frecuente intensifican esta migración de materiales plásticos a los alimentos y bebidas. En algunos casos, se han contabilizado miles de partículas ingeridas al realizar varios pedidos en envases plásticos.
La solución más inmediata y sencilla propuesta por expertos pasa por sustituir los envases de plástico por alternativas como cerámica, vidrio, madera o acero, y reducir el uso de utensilios desechables cuando sea posible. Así, se disminuye no solo la cantidad de microplásticos ingeridos, sino también la exposición a compuestos químicos que pueden desprender los plásticos, como ftalatos o bisfenoles.
Microplásticos y nanoplásticos: clasificación según tamaño y riesgos
Por tamaño, se distingue entre macroplásticos (más de 5 mm), microplásticos (de 5 mm a una micra) y nanoplásticos (por debajo de una micra). Estos contaminantes surgen en parte por la fragmentación progresiva de plásticos grandes, mientras que otras fracciones son fabricadas directamente con estos tamaños más pequeños para usos específicos. La persistencia en el medio ambiente, su capacidad para incorporarse a la cadena alimentaria e incluso para ser inhalados, incrementa su peligrosidad.
Las evidencias sugieren que el efecto sobre la salud puede ser múltiple: desde cambios celulares por las partículas físicas, hasta intoxicaciones por los componentes químicos transportados o infecciones por microorganismos adheridos. Además, investigaciones recientes han hallado nanoplásticos en cantidades muy superiores a las estimadas previamente, especialmente en zonas marinas profundas como el Atlántico Norte, donde su concentración puede superar a la de microplásticos y macroplásticos agrupados.
Los riesgos incluyen posibles efectos inflamatorios, alteraciones metabólicas, problemas reproductivos y bioacumulación en organismos marinos y terrestres, con potencial de pasar a la dieta humana mediante el consumo de pescados y otros productos.
Soluciones y nuevas líneas de investigación
Para abordar este desafío, la investigación avanza en herramientas y tecnologías que permitan monitorizar y reducir la presencia de micro y nanoplásticos. Universidades y centros de investigación en España y Europa desarrollan filtros cerámicos de alta tecnología para depuración de aguas industriales y residuales. Estos filtros, más ligeros, resistentes y duraderos que los tradicionales, ofrecen una alternativa eficaz tanto para la industria como para uso doméstico.
Proyectos como SusBrane y B4Carbranas han fabricado prototipos capaces de retener contaminantes casi invisibles y promover un consumo sostenible del agua. Los avances en membranas innovadoras y en tecnologías de reutilización y reciclaje están respaldados por iniciativas europeas para formar nuevos expertos y acelerar la transición hacia una economía circular sin plásticos innecesarios.
La evidencia científica en aumento y la dificultad para avanzar en regulaciones hacen que la prevención y reducción en origen sean las medidas más efectivas. Apostar por materiales alternativos, limitar el uso de plásticos de un solo uso y exigir mayor rigor en las normativas son pasos esenciales para combatir este enemigo invisible que ya forma parte de nuestra vida diaria.
