Un avance científico liderado por investigadores costarricenses ha revolucionado el uso de microalgas vivas como herramienta para una agricultura más sostenible, poniendo el nombre del país en el panorama internacional de las soluciones basadas en la naturaleza. La tecnología desarrollada, que aprovecha las propiedades bioactivas de estos microorganismos, permite rehabilitar suelos degradados y aumentar la productividad de los cultivos de forma natural y sostenible.
El desarrollo de bioestimulantes agrícolas a base de microalgas vivas no solo ofrece una alternativa ecológica a los fertilizantes convencionales, sino que también responde a la necesidad creciente de adaptarse a los desafíos del cambio climático y la degradación del suelo en la agricultura moderna.
El nacimiento de una solución innovadora
En Costa Rica, la científica Maritza Guerrero y su equipo han impulsado el desarrollo de Phyco-Plus, un bioestimulante natural basado en microalgas vivas. Este producto regenera suelos empobrecidos y potencia el crecimiento de cultivos como lechuga, sandía, melón, zucchini y chile dulce, logrando un incremento en los rendimientos de entre un 20 % y un 30 % en las pruebas realizadas.
Lo más destacado de este avance es que la producción de Phyco-Plus se realiza en estanques de gran capacidad situados en Barva de Heredia, y el proceso se ha optimizado hasta reducir en un 95 % los costes de fabricación en comparación con los estándares internacionales. Este hecho facilita el acceso de pequeños y medianos agricultores a una tecnología que antes era casi exclusiva de grandes compañías.

Cómo funciona el bioestimulante de microalgas
Las microalgas son organismos unicelulares acuáticos capaces de realizar la fotosíntesis, generando oxígeno y capturando carbono. En su desarrollo, producen proteínas, vitaminas, lípidos, pigmentos y minerales que son esenciales para el crecimiento vegetal. Al incorporar estas microalgas vivas al suelo, se aumenta su biodiversidad y se activan procesos clave como la retención de agua, la fijación biológica del nitrógeno y la mejora de la estructura del terreno.
El bioestimulante, tras el cultivo y la cosecha mediante centrifugado, se embotella y aplica directamente en los campos agrícolas. Entre sus beneficios se encuentran: mejor desarrollo radicular, hojas de mayor tamaño, plantas más vigorosas y cultivos con mejor sabor y calidad. Además, reducen la dependencia de fertilizantes y pesticidas, favoreciendo la sostenibilidad y rentabilidad del agricultor.
Resultados tangibles en el campo
Productores como Jacob Ramírez han comprobado en sus propias tierras las ventajas del uso de microalgas vivas: crecimiento más rápido de las plantas, mayor tamaño de las hojas, raíces profundas y un incremento notable en la calidad y cantidad de las cosechas. Según Ramírez, una de las mayores fortalezas de este sistema es la diversidad de microorganismos en el suelo, ya que la aplicación de materia viva favorece tanto el cultivo presente como los futuros, manteniendo un ecosistema agrícola más equilibrado.
Las microalgas también contribuyen como mejoradoras del ciclo del carbono, permitiendo un flujo de entre 0,7 a 1,8 gramos de carbono por metro cuadrado, y aumentan la resiliencia de los cultivos frente a sequías, plagas y otras amenazas relacionadas con el cambio climático.