Meta cierra acuerdos de energĂ­a nuclear para alimentar sus centros de datos de IA

  • Meta firma tres grandes acuerdos nucleares con Vistra, TerraPower y Oklo para asegurar energĂ­a a largo plazo.
  • Los contratos podrĂ­an desbloquear hasta 6,6 GW de electricidad baja en carbono para 2035 en Estados Unidos.
  • La energĂ­a respaldará el supercluster de IA Prometheus y otros centros de datos, priorizando potencia firme y continua.
  • La apuesta nuclear refuerza el papel de la energĂ­a como ventaja competitiva clave en la carrera por la inteligencia artificial.

Acuerdos de energĂ­a nuclear para centros de datos de IA

En plena escalada de la demanda eléctrica asociada a la inteligencia artificial y a los centros de datos, Meta ha decidido mover ficha y atar el suministro a muy largo plazo. La matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp ha cerrado tres grandes acuerdos de energía nuclear en Estados Unidos con el objetivo de garantizar que sus futuros despliegues de IA no se vean frenados por la falta de electricidad.

Estos pactos, firmados con Vistra, TerraPower y Oklo, se suman a un compromiso previo con Constellation Energy y podrían desbloquear hasta 6,6 gigavatios (GW) de capacidad nuclear nueva y existente de aquí a 2035. Meta enmarca la operación como un paso clave para sostener el crecimiento de sus centros de datos, incluido el supercluster de IA Prometheus que está levantando en New Albany, Ohio, y que aspira a ser uno de sus núcleos principales de cálculo avanzado.

Una carrera por la energĂ­a en plena explosiĂłn de la IA

Con la IA generativa y los modelos de gran tamaño disparándose, la industria tecnológica ha descubierto que el verdadero cuello de botella no son solo los chips o el talento, sino disponer de energía abundante, estable y de baja emisión. Entrenar y hacer funcionar modelos de IA a gran escala exige un flujo eléctrico continuo, día y noche, y con poca tolerancia a cortes o sobresaltos en la red.

En este contexto, la energía nuclear reaparece como una alternativa estratégica: ofrece producción firme 24/7, no depende del viento ni del sol y puede acompañar los picos de carga de los centros de datos sin la volatilidad de otras tecnologías. Para compañías como Meta, amarrar contratos nucleares de largo plazo supone reducir la incertidumbre sobre el coste del kilovatio hora y facilitar la planificación de nuevas infraestructuras digitales.

El movimiento de Meta se suma a una tendencia más amplia en el sector, donde las grandes tecnológicas compiten silenciosamente por asegurar megavatios a décadas vista. A medida que se anuncian nuevos campus de centros de datos en Estados Unidos y, por extensión, en otras regiones como Europa, cada acuerdo energético se convierte en una pieza más de esa carrera por no quedarse atrás en la potencia de cálculo.

En paralelo, la compañía subraya que estos contratos contribuirán a reforzar la cadena de suministro nuclear estadounidense y a sostener empleo local en construcción y operación de plantas, un argumento que encaja con las prioridades políticas de seguridad energética y reindustrialización que dominan actualmente el debate en Estados Unidos.

Meta ya había tanteado el mercado nuclear en 2024, cuando lanzó una solicitud de interés para asegurarse entre 1 y 4 GW de energía de este origen. Con los acuerdos anunciados ahora, la empresa va claramente un paso más allá y se posiciona como uno de los mayores compradores corporativos de energía nuclear del país, según palabras de su propio equipo directivo.

Vistra, TerraPower y Oklo: combinaciĂłn de plantas existentes y reactores avanzados

EnergĂ­a nuclear para centros de datos de Meta

El diseño de los acuerdos de Meta mezcla extensión de vida de centrales ya en operación con el impulso a tecnologías nucleares de nueva generación. Por un lado, el pacto con Vistra garantiza energía procedente de tres plantas nucleares en el cinturón industrial estadounidense, mientras que, por otro, los convenios con TerraPower y Oklo se orientan al desarrollo de pequeños reactores modulares (SMR) y reactores avanzados.

En el frente de la capacidad ya operativa, Meta ha firmado contratos a 20 años para adquirir electricidad de las centrales de Perry y Davis-Besse, en Ohio, y de la planta de Beaver Valley, en Pensilvania. Además de comprar energía, la compañía destaca que estos acuerdos ayudarán a financiar la ampliación de capacidad y la prolongación de la vida útil de las instalaciones, que cuentan con licencias activas más allá de 2030 y, en algún caso, hasta mediados de siglo.

En cuanto a TerraPower, la empresa cofundada por Bill Gates, Meta aportará financiación para el desarrollo de dos unidades Natrium capaces de generar hasta 690 megavatios (MW) de potencia firme, con entregas previstas en torno a 2032. El acuerdo también concede a Meta derechos sobre la energía procedente de hasta otras seis unidades Natrium adicionales, que podrían sumar alrededor de 2,1 GW de capacidad para 2035, reforzando el margen de maniobra energético a medio plazo.

El tercer pilar es Oklo, firma en la que figura entre los inversores más destacados Sam Altman, máximo responsable de OpenAI. La colaboración con Meta se centrará en la puesta en marcha de un campus energético de hasta 1,2 GW en el condado de Pike, en Ohio, específicamente orientado a respaldar los centros de datos de la compañía en la región. Este tipo de campus integra varios reactores modulares y está pensado para suministrar potencia cercana a las instalaciones de cómputo.

La apuesta por pequeños reactores modulares es uno de los elementos más innovadores del paquete. Los defensores de los SMR sostienen que, al fabricarse en serie en fábrica y no construir cada unidad desde cero in situ, podrían abaratar costes y reducir plazos de despliegue frente a los reactores convencionales de gran tamaño. Los críticos, sin embargo, advierten de que todavía no se ha demostrado que puedan alcanzar las mismas economías de escala y recuerdan que, por ahora, no existe ningún SMR en operación comercial en Estados Unidos.

El supercluster de IA Prometheus y el papel de Ohio y Pensilvania

Supercluster de IA y energĂ­a nuclear

Uno de los grandes destinatarios de esta capacidad nuclear será el supercluster de IA Prometheus, el complejo de centros de datos que Meta está construyendo en New Albany, Ohio. Se trata de un clúster de unos 1 GW que abarcará varios edificios y que la compañía desea tener operativo en breve para alojar cargas de trabajo de entrenamiento y despliegue de modelos de IA a gran escala.

La elección de Ohio y Pensilvania no es casual. Ambos estados cuentan con una larga tradición industrial y energética, buena parte de la infraestructura de red necesaria y un ecosistema de proveedores capaz de absorber proyectos de este tamaño. Al ligar contratos de compra de energía con la extensión de vida de plantas nucleares locales, Meta intenta encajar sus intereses tecnológicos con las prioridades económicas regionales.

Desde el punto de vista de las comunidades afectadas, la compañía insiste en que los acuerdos podrán generar miles de empleos temporales en construcción y cientos de puestos de trabajo permanentes para la operación y el mantenimiento de las plantas. A ello se suma el efecto tractor sobre servicios asociados como ingeniería, seguridad, logística o mantenimiento industrial, que normalmente acompañan a inversiones de este tipo.

Estos proyectos también se insertan en una narrativa política en la que la seguridad energética y la autonomía tecnológica han ganado peso. En un contexto de tensiones geopolíticas y transiciones energéticas complejas, que una gran empresa tecnológica apueste por contratos nucleares a décadas vista refuerza el mensaje de que la infraestructura crítica debe estar asegurada internamente.

Aunque el grueso de los acuerdos se sitúa en Estados Unidos, el movimiento lanza una señal que resuena también en otros mercados maduros, como la Unión Europea, donde se debate de forma intensa sobre cómo compatibilizar el crecimiento de la IA con los objetivos climáticos y las limitaciones de la red eléctrica. La experiencia estadounidense con grandes contratos nucleares corporativos será observada de cerca por reguladores y operadores europeos.

DimensiĂłn financiera y reacciĂłn del mercado

En el plano bursátil, el anuncio ha tenido impacto inmediato en algunos de los socios de Meta. Las acciones de Oklo se dispararon cerca de un 20% tras conocerse los acuerdos, mientras que los títulos de Vistra registraron subidas de alrededor del 8% en las operaciones previas a la apertura del mercado. Esta reacción refleja la percepción de que los contratos a 20 años con un cliente de primer nivel aportan visibilidad de ingresos y respaldo a los planes de expansión de estas empresas.

Para Meta, la importancia se mide de otra manera. Asegurar energía nuclear firme a largo plazo introduce una mayor claridad sobre el coste energético futuro de su infraestructura de IA, un capítulo que va ganando peso a medida que se multiplican los centros de datos y se intensifica el uso de modelos avanzados. El mensaje hacia los inversores es que la compañía asume que el despliegue de IA implicará un capex estructural elevado, no solo en servidores y redes, sino también en acuerdos energéticos y, en algunos casos, participación directa en activos de generación.

Esta estrategia puede generar un efecto arrastre en todo el sector tecnolĂłgico. Si Meta se asegura ya el acceso a varios gigavatios de potencia nuclear hasta 2035, otras grandes plataformas digitales y operadores de centros de datos podrĂ­an verse presionados a cerrar acuerdos similares para no quedar en desventaja competitiva, tanto en disponibilidad de energĂ­a como en previsibilidad de costes.

La llamada “competencia por los megavatios” tiene, además, un posible efecto indirecto sobre el resto de la economía: una mayor demanda de energía firme por parte de las big tech podría tensionar los precios y la disponibilidad para otros consumidores, desde la industria tradicional hasta los hogares. Esto añade presión sobre reguladores y planificadores de redes, obligados a equilibrar crecimiento digital, uso residencial y tejido productivo.

En paralelo, la asociación de Meta con compañías como TerraPower, Oklo y Constellation contribuye a situar a la energía nuclear en el centro del debate sobre transición energética, no solo como soporte de la industria digital, sino como pieza de un mix eléctrico descarbonizado en el que renovables y nuclear se complementen.

Riesgos, plazos y la importancia de la regulaciĂłn

A pesar del volumen de gigavatios anunciado, el gran reto es el calendario. Extender la vida útil de plantas existentes suele ser más rápido que construir nuevas unidades, pero exige aprobaciones regulatorias, inversiones de actualización y acuerdos con los operadores de red. Cada revisión de licencia, cada obra de modernización y cada auditoría de seguridad puede introducir retrasos y sobrecostes.

La incertidumbre se amplifica cuando se trata de tecnologías nucleares avanzadas y SMR. Ninguno de los reactores modulares proyectados por TerraPower y Oklo se encuentra aún en operación comercial, y los procesos de licenciamiento en Estados Unidos son largos y exigentes. El éxito de los acuerdos dependerá en buena medida de cómo evolucionen los marcos regulatorios y de la capacidad de los desarrolladores para cumplir plazos y presupuestos.

En este escenario, analistas e inversores no mirarán solo el titular de los 6,6 GW, sino el desglose real de capacidad firme que irá entrando en servicio año a año. También será clave la naturaleza concreta de los contratos (si se trata de acuerdos de compra de energía a largo plazo, inversiones directas o fórmulas híbridas) y hasta qué punto los hitos de entrega están condicionados por permisos regulatorios o decisiones de política energética.

Hay, además, un componente de percepción pública. El resurgir de la nuclear como pilar de la expansión de la IA puede reabrir debates sobre seguridad, gestión de residuos y aceptación social de las centrales. Aunque en Estados Unidos la discusión está en plena revisión, en regiones como Europa determinados países mantienen posiciones muy divergentes sobre el papel de esta tecnología en el mix energético.

Con todo, la perspectiva de que los centros de datos de IA consuman cantidades masivas de electricidad durante décadas añade urgencia a la búsqueda de fuentes de energía baja en carbono y de alta disponibilidad. En ese contexto, la nuclear, con todos sus matices, se presenta para empresas como Meta como una de las pocas opciones capaces de ofrecer potencia firme a gran escala sin incrementar de forma significativa las emisiones.

La jugada de Meta, articulada en torno a acuerdos con Vistra, TerraPower y Oklo y apoyada en activos existentes y proyectos de nueva generación, refuerza la idea de que la infraestructura energética se ha convertido en parte del núcleo del negocio tecnológico. En la carrera por la inteligencia artificial, no bastará con contar con los mejores algoritmos o los chips más avanzados: las empresas que consigan asegurarse la energía necesaria, con contratos estables y tecnologías de baja huella de carbono, partirán con una ventaja que puede marcar la diferencia en la próxima década.

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