La playa de Area de Bon, en el municipio pontevedrés de Bueu, se ha convertido en las últimas semanas en uno de los símbolos del impacto de la basura marina en la costa gallega. Lo que hasta hace poco era un arenal tranquilo y poco masificado apareció tras los temporales del invierno cubierto por una auténtica alfombra de residuos, especialmente microplásticos, repartidos por la arena y la duna.
Ante esa situación, más de sesenta personas se reunieron para una gran jornada de limpieza colectiva, impulsada a raíz del llamamiento público del influencer gallego Hugo Pérez. Vecinos, familias y voluntarios llegados de distintos puntos de la provincia se pusieron manos a la obra para intentar devolver a este entorno protegido parte de su estado natural.
Un llamamiento en redes que moviliza a decenas de personas

El origen de esta movilización está en el mensaje que lanzó Hugo Pérez Cabaleiro, conocido por su participación en programas de televisión y muy activo en redes sociales. Vecino de Bueu y amante de la naturaleza, se encontró la playa prácticamente irreconocible tras la sucesión de borrascas invernales, con la duna llena de restos de plástico hasta parecer un vertedero improvisado.
Tras organizar una primera limpieza con amigos, vio que las dimensiones del problema superaban con mucho lo que podían abarcar unas pocas personas. Decidió entonces aprovechar su altavoz digital para pedir refuerzos a través de las redes sociales, lanzando un SOS para Area de Bon y animando a cualquiera que pudiera a acercarse al arenal.
La respuesta fue notable: decenas de voluntarios, muchos de ellos jóvenes y familias con niños, acudieron al llamamiento. Algunos se habían apuntado previamente; otros, al pasar por la zona y ver lo que estaba ocurriendo, decidieron sumarse sobre la marcha y quedarse a colaborar en la recogida de residuos.
Entre los participantes había personas procedentes de diferentes municipios cercanos, como Poio, Pontevedra, Cangas o la propia Bueu. Para muchos era la primera vez que participaban en una actividad de este tipo, pero todos coincidían en el impacto que producía ver la cantidad de basura acumulada en un espacio de tanto valor natural.
Un espacio protegido muy castigado por los temporales
Area de Bon no es una playa cualquiera. Forma parte de la Red Natura 2000 dentro de la Zona Especial de Conservación (ZEC) Cabo Udra, un área de alto valor ecológico que alberga ecosistemas dunares y marinos sensibles a cualquier alteración. Su carácter poco urbanizado y relativamente salvaje la convierte en un refugio para fauna y flora litoral.
Los sucesivos temporales que han azotado Galicia en las últimas semanas han tenido, sin embargo, un efecto devastador en el arenal. El fuerte oleaje y los vientos arrastraron hacia la costa toneladas de residuos que flotaban en el mar o se acumulaban en otros puntos, concentrándolos en la playa y su sistema dunar.
El resultado fue una gran acumulación de plásticos visibles y microplásticos incrustados en la arena, además de restos de artes de pesca y otros objetos procedentes de actividades humanas. Quienes conocen bien la zona describen una imagen desoladora, con la duna prácticamente tapizada por fragmentos de colores, cuerdas y trozos de espuma sintética.
Esta situación encendió las alarmas entre los vecinos y entre las entidades que trabajan en la conservación del litoral gallego. La necesidad de actuar con rapidez, pero también con mucho cuidado, era evidente: había que retirar la mayor cantidad posible de residuos sin dañar la vegetación ni desestabilizar la duna.
Afundación, Actúa y Arena Limpia coordinan la jornada
Tras el aviso de Hugo Pérez, Afundación, la obra social de Abanca, decidió implicarse directamente en la iniciativa. A través de su programa de voluntariado Actúa y del proyecto medioambiental Plancton, se encargó de estructurar la jornada, coordinar a los participantes y garantizar que la intervención se hiciera siguiendo criterios técnicos adecuados.
La limpieza se desarrolló en colaboración con el colectivo Arena Limpia, habituado a organizar recogidas de basura marina en diferentes puntos de la costa. Entre ambas entidades fijaron un horario de trabajo, establecieron grupos y distribuyeron zonas para cubrir tanto el arenal como las dunas, siempre bajo la premisa de respetar al máximo el ecosistema.
Según explicó en la propia playa Manuel Cacheda, responsable del proyecto Plancton, se trataba de evitar en todo momento que la retirada de residuos implicase remover o dañar la materia orgánica de la duna. Por eso pidieron a los voluntarios que trabajasen con paciencia, separando uno a uno los microplásticos y fragmentos incrustados en la arena.
La iniciativa se enmarca en Plancton, el Plan de Conservación Territorial de Afundación, que en los últimos años ha permitido retirar ya más de 148 toneladas de residuos de playas y fondos marisqueros de Galicia. La limpieza de Area de Bon se suma así a una larga lista de actuaciones destinadas a reducir el impacto de la basura marina en el noroeste peninsular.
A lo largo de la mañana, los grupos de voluntarios recorrieron sistemáticamente la playa. Mientras unos se centraban en las zonas de arena y orilla, otros se adentraban con cuidado en el sistema dunar, rastreo meticuloso en mano para localizar microplásticos y pequeños restos que a simple vista podían pasar desapercibidos.
Casi 280 kilos de residuos y más de 43.000 fragmentos de plástico
Al término de la jornada, Afundación y las entidades implicadas realizaron un recuento detallado de todos los residuos retirados, con el objetivo de cuantificar el problema y disponer de datos que ayuden a comprender mejor el alcance de la contaminación marina en la zona.
En total, se lograron retirar casi 280 kilos de basura en tan solo unas horas de trabajo. Una parte muy significativa de ese peso correspondía a residuos plásticos de diferentes tamaños, muchos de ellos deteriorados y fragmentados por su larga exposición al mar y al sol.
El dato más llamativo fue el de los más de 43.000 fragmentos de plásticos de origen indeterminado recogidos en el arenal y las dunas. Se trata de pequeños trozos de material plástico cuyos productos originales son difíciles de identificar debido a la degradación: piezas minúsculas, láminas finas, virutas o restos deshechos.
Junto a ellos, el recuento registró también más de 9.000 cuerdas, cabos y cabitos, muchos procedentes de la actividad pesquera y marisquera. Estos elementos, además de contaminar, suponen un riesgo para la fauna marina, que puede enredarse en ellos o ingerirlos por error.
Las cifras obtenidas dan una idea bastante clara del nivel de contaminación acumulada en una única playa. Si se extrapolase la densidad de residuos hallada en Area de Bon al conjunto de la costa, el volumen de basura marina en el litoral atlántico y cantábrico sería, sin exagerar, de dimensiones preocupantes.
Tapones, jeringuillas, latas y restos de pesca: qué apareció en la arena
Más allá de los microplásticos, los voluntarios encontraron una amplia variedad de objetos. El listado es un auténtico inventario de residuos cotidianos que acaban en el medio marino por mala gestión, abandono o pérdidas accidentales.
Durante la limpieza se contabilizaron más de 800 tapones de plástico, además de una cantidad significativa de mecheros, jeringuillas, pinzas, un chaleco, cartuchos de caza, botes y botellas de plástico, vasitos y un total de 29 latas. Muchos de estos productos estaban muy deteriorados, lo que complica su identificación y aumenta el riesgo de que se desintegren en fragmentos más pequeños.
En la zona de duna y en tramos concretos del arenal aparecieron restos vinculados claramente a la actividad pesquera. Los participantes localizaron más de 800 trozos de espumas sintéticas o poliespán, empleados habitualmente como flotadores o elementos de apoyo en las artes de pesca.
También se recogieron alrededor de 300 palillos de batea, utilizados en el cultivo de mejillón en las rías gallegas, y una docena de nasas portuguesas, además de un importante volumen de restos de redes y otros aparejos rotos o abandonados.
Uno de los elementos que más peso aportó al cómputo final fueron los más de 95 kilos de maderas tratadas con clavos y pinturas, posiblemente procedentes de estructuras marítimas o embarcaciones. Aunque la madera pueda parecer menos problemática que el plástico, los tratamientos químicos y los elementos metálicos que incorpora suponen también un foco de contaminación.
Testimonios y conciencia ambiental entre los voluntarios
La jornada de limpieza no fue solo una acción puntual, sino también una experiencia de concienciación para quienes participaron. Muchos de los voluntarios confesaban sentirse impactados al ver de cerca la magnitud del problema de los residuos en el mar.
Álvaro, de 40 años y residente en Poio, se desplazó hasta Bueu tras ver en redes sociales el mensaje de Hugo Pérez. Contaba que era la primera vez que se unía a una actividad de este tipo, pero que no dudó en hacerlo al comprobar el estado en el que se encontraba la playa. Su impresión era clara: el arenal estaba lleno de suciedad y hacía falta implicarse.
Otra de las participantes, Alejandra, que vive en Pontevedra y acudió con su familia, reconocía que no le sorprendía del todo la escena, porque lleva años colaborando en limpiezas de playas y sabe bien lo que se puede llegar a encontrar. Lo que más le costaba era la parte más minuciosa del trabajo: separar uno a uno los microplásticos de la arena para no dañar la duna.
Desde Afundación insistían precisamente en ese aspecto: la única forma de proteger un ecosistema dunar tan delicado es retirar los residuos con calma, evitando arrancar plantas o remover en exceso la arena. Por eso, muchas personas pasaron la mañana prácticamente agachadas, cribando cada pequeña zona para localizar los fragmentos más diminutos.
Un grupo de jóvenes de Cangas y Bueu, centrados en una de las zonas con mayor presencia de artes de pesca, comentaba que resulta imposible no solidarizarse al ver la situación de la playa. Su mensaje era claro: quien vea de cerca un arenal cubierto de basura marina difícilmente permanecerá indiferente a la necesidad de actuar.
Un problema global reflejado en una playa gallega
Lo ocurrido en Area de Bon no es un caso aislado, sino un ejemplo muy visible de una problemática global: la acumulación de residuos plásticos y basuras diversas en mares y océanos de todo el planeta. La costa gallega, expuesta al Atlántico y a las rutas marítimas, actúa con frecuencia como punto de llegada de una parte de esos desechos.
Las cifras recogidas en esta limpieza —más de 43.000 fragmentos de plástico, miles de cuerdas y cabos, kilos de espumas sintéticas y maderas tratadas— muestran cómo los residuos se fragmentan y se dispersan, dificultando su retirada y aumentando su impacto sobre los ecosistemas marinos y costeros.
Acciones como la organizada en Bueu sirven para mitigar parcialmente el problema en puntos concretos, pero también para poner de relieve la necesidad de cambios más amplios: reducción del uso de plásticos de un solo uso, mejora en la gestión de los residuos, control de las pérdidas de materiales en actividades como la pesca o el transporte marítimo y educación ambiental continuada.
Para las personas que participaron en la jornada, la imagen de los sacos llenos de basura al final de la mañana fue tan impactante como la estampa inicial de la playa cubierta de residuos. Ver lo que se puede retirar en unas pocas horas de trabajo ayuda a tomar conciencia de cuánto se acumula en el mar con el paso de los años.
Area de Bon recupera poco a poco su aspecto habitual gracias al esfuerzo de estos voluntarios, de Afundación, del programa Actúa y del colectivo Arena Limpia, pero la experiencia deja claro que la batalla contra la basura marina es de largo recorrido. Lo sucedido en este pequeño rincón de las Rías Baixas resume, en realidad, un reto común para la costa gallega, española y europea: preservar los espacios naturales frente a una contaminación que no entiende de fronteras.