El impulso a una ecología integral gana tracción en el ámbito eclesial y social con la publicación de un manifiesto de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB) y el mensaje de los obispos españoles para la Jornada de Oración por el Cuidado de la Creación. Ambas iniciativas, inspiradas en Laudato si’, abogan por una mirada que entrelace justicia socioambiental, paz y cuidado de la Casa Común.
En este contexto, la propuesta “Paz con la Creación” y el Tiempo de la Creación convocan a comunidades y entidades a pasar de las ideas a las prácticas concretas: desde una conversión ecológica integral hasta cambios de estilo de vida, pasando por la educación, la agroecología y el compromiso con los territorios más vulnerables.
Claves del Manifiesto por una ecología integral
La Comisión Especial para la Ecología Integral y la Actividad Minera de la CNBB ha difundido el “Manifiesto por una Ecología Integral”, un texto con arraigo en la espiritualidad cristiana de América Latina que rechaza las falsas soluciones que maquillan de verde realidades injustas y denuncia la lógica depredadora del extractivismo, la financiarización de la naturaleza y ciertas transiciones energéticas que terminan sacrificando pueblos y ecosistemas vulnerables.
Lejos de quedarse en la crítica, el documento se presenta como anuncio de esperanza: reivindica el testimonio de los mártires de la ecología, la resistencia de pueblos originarios y comunidades tradicionales, la práctica de la agroecología, la sobriedad feliz y una espiritualidad que reconoce la interdependencia de toda la creación.
Disponible en portugués, español e inglés, el Manifiesto se ofrece “al servicio” de comunidades, diócesis y organismos que buscan vivir en profundidad el cuidado de la creación, y se enmarca en el camino sinodal y en la preparación de grandes hitos eclesiales y ambientales, con la vista puesta también en espacios como la COP30.
Figuras como Leonardo Boff han descrito la crisis actual como una “guerra contra la Madre Tierra”, señalando la urgencia de superar la lógica del crecimiento ilimitado; mientras, teólogas y pensadoras como Moema Miranda subrayan que esta narrativa busca un horizonte compartido con movimientos sociales y organismos internacionales, más allá del ámbito estrictamente eclesial.
Redes como Iglesias y Minería ponen el acento en la justicia socioambiental y en la valoración de las espiritualidades de los pueblos originarios —con el Buen Vivir como inspiración—, y animan a impulsar reformas como la agroecología, la reforma agraria y un cambio estructural del modelo energético para que deje de estar supeditado a la lógica del mercado.
El Manifiesto bebe de Laudato si’ y propone una conversión ecológica integral que vincula fe, justicia social y defensa del medio ambiente; una senda que pretende traducirse en prácticas comunitarias, litúrgicas, educativas y económicas alineadas con la dignidad humana y el cuidado efectivo de la Casa Común.

Justicia ecológica, deuda y paz: el acento episcopal
En España, el mensaje “Semillas de paz y esperanza en la casa común” de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social sitúa la ecología integral como camino para enlazar justicia y paz, inspirándose en la Escritura y en el magisterio reciente. La idea central: no habrá paz estable sin justicia efectiva, tampoco con la naturaleza agredida.
Los obispos denuncian la “deuda ecológica” acumulada por los países más industrializados y reclaman una reforma profunda de la arquitectura financiera internacional. Proponen que las ayudas sustituyan a los préstamos que asfixian a los más pobres, en un gesto que vaya más allá de la magnanimidad y asuma la justicia restaurativa como criterio.
El mensaje, alineado con el Año Jubilar, recuerda la tradición bíblica de la remisión de deudas como oportunidad para “un nuevo comienzo”, e invita a que el Norte reconozca el crédito ecológico del Sur. La paz social y ambiental, sostienen, exige decisiones valientes en lo económico y en la protección de los más frágiles.
Se proponen tres “semillas” de paz: poner fin a la violencia y la guerra, adoptar estilos de vida sobrios y solidarios, y recuperar la confianza caminando juntos en clave de sinodalidad. De este modo, se busca una alianza renovada entre humanidad y creación, que haga visible la caricia de Dios en la historia.
El texto —suscrito por diversos prelados, entre ellos responsables de Barcelona, Pamplona, Córdoba, Ibiza, Ciudad Real y los auxiliares de Barcelona y Madrid— pone en valor que la justicia ambiental es ya una urgencia concreta, y no un horizonte abstracto, porque afecta primero a quienes menos han contribuido a la crisis climática.
Para acompañar el proceso, se ofrecen materiales litúrgicos y propuestas pastorales con motivo de la Jornada del 1 de septiembre y del periodo que se extiende hasta el 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís, patrono de la ecología, de modo que parroquias y diócesis puedan integrar la ecología integral en su vida cotidiana.

Iniciativas y agenda del Tiempo de la Creación
Más allá de los documentos, se promueven acciones concretas durante el Tiempo de la Creación para aterrizar esta visión. Entre ellas figuran una Jornada de Ecofeminismo y Espiritualidad, con espacios de reflexión sobre ecojusticia y transición ecosocial por la mañana y la tarde (13 de septiembre), y una charla sobre “ver a Dios en la creación” inspirada en Teilhard de Chardin (17 de septiembre) en un centro cultural.
La pedagogía también pasa por proyectos estables como el Borgo Laudato si’ en Castel Gandolfo, concebido como un entorno formativo donde se aplican principios de ecología integral: zonas agrícolas, jardines, espacios de aprendizaje y propuestas de agricultura ecológica y regenerativa, todo ello orientado a vivir, trabajar y hacer comunidad con un menor impacto.
En paralelo, comunidades y movimientos están reforzando prácticas de agroecología, consumo responsable y acompañamiento a poblaciones afectadas por el extractivismo, con la mirada puesta en una transformación que una justicia social, económica y ambiental, y que incluya la escucha de los territorios.
Este movimiento de fondo —que integra denuncia, esperanza y acción— articula fe y justicia con propuestas concretas: desde el manifiesto de la CNBB hasta las llamadas a condonar la deuda ecológica y a cambiar estilos de vida, pasando por agendas formativas y celebraciones que alientan a cuidar con responsabilidad la Casa Común.
