La gestión del aumento de residuos sólidos en las aguas residuales se ha convertido en uno de los frentes más delicados para el saneamiento urbano en Málaga. Los últimos datos de la Empresa Municipal de Aguas de Málaga (Emasa) muestran que, lejos de remitir, el problema sigue muy presente en la red de alcantarillado y en las estaciones de depuración.
Durante el último año analizado, la ciudad tuvo que hacer frente a la retirada de 2.345 toneladas de residuos sólidos procedentes de las aguas residuales. Esta cifra, que de por sí es elevada, cobra aún más relevancia porque implica un repunte después de varios ejercicios de descenso, y vuelve a poner el foco en los hábitos cotidianos de la ciudadanía y en el impacto de los episodios de lluvia sobre la red de saneamiento.
Un repunte que rompe la tendencia a la baja
Según los datos facilitados por la Empresa Municipal de Aguas de Málaga (Emasa), en 2025 se retiraron de la red de saneamiento y de las depuradoras 2.345 toneladas de residuos sólidos, todos ellos procedentes de las aguas residuales de la ciudad. Esto supone un incremento del 6,7% respecto a las 2.197 toneladas de 2024, lo que interrumpe la línea descendente que se venía registrando en los últimos años.
En ejercicios anteriores se había pasado de unas 3.721 toneladas de residuos recogidos en 2017 a cifras en torno a las 2.300 toneladas, con 2.341 toneladas computadas en 2023. Este descenso sostenido hacía pensar en una mejora de los hábitos de vertido y en un efecto positivo de las inversiones realizadas, pero el repunte de 2025 demuestra que el problema sigue lejos de estar resuelto.
Buena parte de este aumento se explica por la combinación de malas prácticas en el uso del inodoro y condiciones meteorológicas concretas. Emasa señala que 2025 estuvo marcado por diversos periodos de lluvias que favorecieron el arrastre hacia la red de saneamiento de los residuos acumulados durante etapas más secas, pese a las labores periódicas de limpieza y mantenimiento.
La consecuencia es que, a pesar de las medidas puestas en marcha para reducir peso y volumen de los desechos mediante sistemas de compactación y mejora de los equipos de retirada, el volumen total de residuos que acaba en el vertedero ha vuelto a crecer, generando tensión adicional sobre las infraestructuras de saneamiento urbano.
Para el Ayuntamiento de Málaga, estos datos son una llamada de atención que refuerza la necesidad de implicar más a la población en un uso responsable del sistema de alcantarillado, evitando que el inodoro se utilice como una papelera y frenando así una tendencia que, de consolidarse, podría repercutir no solo en el medioambiente, sino también en la factura de mantenimiento del servicio.

Toallitas y otros residuos no biodegradables, en el centro del problema
Emasa subraya que la mayor parte de los sólidos que aparecen en las aguas residuales tiene su origen en productos higiénicos de uso cotidiano que acaban en el inodoro de forma inadecuada. Entre ellos destacan las toallitas húmedas, los bastoncillos de algodón y las compresas, además de otros residuos no biodegradables que nunca deberían tirarse por la taza.
Aunque algunos de estos productos se comercializan con mensajes ambiguos sobre su supuesta “biodegradabilidad” o sobre la posibilidad de desecharlos por el inodoro, la realidad es que se comportan como auténticos cuerpos extraños en la red de saneamiento. No se deshacen con la misma facilidad que el papel higiénico y terminan formando tapones y acumulaciones que dificultan el paso del agua.
Estos atascos provocan averías en equipos de bombeo, obstrucciones en tuberías y problemas de funcionamiento tanto en las estaciones de depuración como en los colectores principales. A ello se suma el impacto ambiental, ya que parte de estos residuos pueden llegar al medio natural en episodios puntuales, especialmente cuando se producen alivios por tormenta o desbordamientos en la red.
El carácter no biodegradable de estos desechos implica que permanezcan intactos durante largos periodos dentro de la infraestructura de saneamiento, adheridos a otros sólidos o enredados en elementos mecánicos. Esto se traduce en paradas de equipos, necesidad de intervenciones manuales y un desgaste prematuro de bombas y sistemas de filtrado.
En definitiva, detrás de la cifra de 2.345 toneladas hay un patrón muy claro: hábitos cotidianos aparentemente inocuos, como tirar una toallita tras su uso, se convierten a gran escala en un problema estructural para la ciudad, con consecuencias económicas, ambientales y operativas.
Dónde se capturan las 2.345 toneladas: red, depuradoras y estaciones de bombeo
El volumen total de residuos sólidos retirados no se concentra en un único punto del sistema, sino que se distribuye a lo largo de las diferentes fases del saneamiento urbano. Los datos desglosados muestran cómo la red de alcantarillado, las estaciones depuradoras de aguas residuales (EDAR) y las estaciones de bombeo (EBAR) actúan como filtros sucesivos.
De esas 2.345 toneladas de desechos, aproximadamente el 33,8%, es decir, unas 793,3 toneladas, se eliminó en las limpiezas periódicas de la red de saneamiento municipal. Estas actuaciones se realizan de forma programada para prevenir atascos, mejorar el flujo del agua residual y retirar los sólidos que se acumulan en los colectores.
El bloque más voluminoso, un 40,1% del total (equivalente a unas 940,7 toneladas), quedó retenido en los sistemas de tamizado de las EDAR de Guadalhorce y Peñón del Cuervo. Estos equipos, situados a la entrada de las depuradoras, funcionan como una primera barrera que intercepta los residuos de mayor tamaño antes de que entren en los procesos biológicos y mecánicos de tratamiento del agua.
El porcentaje restante, en torno al 26% (611 toneladas), se evacuó desde las estaciones de bombeo de aguas residuales (EBAR) repartidas por la ciudad y dotadas de sistemas de retirada de sólidos. Estas instalaciones son clave para impulsar el agua residual hacia las depuradoras, especialmente en zonas con desniveles o grandes distancias, y sufren de forma directa las consecuencias de la presencia de residuos no aptos.
Este reparto evidencia que la presión sobre todo el sistema de saneamiento es considerable, desde los colectores hasta los equipos finales de depuración. Además, pone de manifiesto que cualquier mejora que reduzca la llegada de sólidos al inodoro tendría un efecto en cadena positivo en todas las etapas del proceso.
Un coste económico cercano a 1,9 millones de euros anuales
Más allá de las cifras de toneladas, la presencia masiva de residuos sólidos en las aguas residuales tiene un impacto directo en la economía del servicio de saneamiento. Emasa estima que la limpieza de las redes, la retirada de estos desechos y su transporte al vertedero suponen cada año un desembolso cercano a los 1,9 millones de euros.
En esta cuantía se incluyen las operaciones de limpieza de colectores, la extracción de sólidos en estaciones de bombeo y en depuradoras, así como el traslado de los residuos al Centro Ambiental de Los Ruices, donde se gestionan de forma adecuada. Se trata de un coste recurrente, al que hay que sumar las inversiones adicionales para renovar o reforzar infraestructuras.
El efecto de los residuos no se limita al gasto directo. La aparición de averías y paradas forzosas en bombas, tamices y otros equipos conlleva también costes indirectos, tanto por reparaciones como por la necesidad de disponer de personal y recursos de guardia para atender incidencias. Esto obliga a destinar parte del presupuesto que podría emplearse en mejoras del servicio a resolver problemas evitables.
Desde el Ayuntamiento y desde Emasa se insiste en que, si se lograra reducir de manera significativa la cantidad de sólidos que llegan por el inodoro, se podría aliviar la carga económica sobre el sistema de saneamiento. A largo plazo, esto se traduciría en una red más eficiente, menor gasto en reparaciones y una gestión más sostenible de los recursos públicos.
En un contexto en el que muchas ciudades europeas buscan optimizar sus infraestructuras de agua y saneamiento, el caso de Málaga ilustra hasta qué punto pequeños gestos individuales tienen un reflejo en las cuentas municipales y en la planificación de inversiones a medio y largo plazo.
Inversiones en tamices, desbaste y modernización del sistema
Para hacer frente al creciente volumen de residuos sólidos, Emasa lleva varios años impulsando inversiones específicas en equipos de retirada y compactación. El objetivo es doble: por un lado, interceptar el máximo posible de desechos antes de que dañen las instalaciones; por otro, conseguir que los residuos que finalmente se llevan al vertedero lo hagan con menor contenido de agua, reduciendo así su peso y volumen.
Una de las actuaciones más destacadas ha sido la instalación de nuevos tamices en las estaciones de bombeo. Estos dispositivos actúan como filtros que capturan toallitas, plásticos y otros sólidos antes de que puedan llegar a las depuradoras, minimizando las obstrucciones y las paradas de equipos críticos. Esta medida se ha extendido progresivamente a diferentes EBAR de la ciudad.
Paralelamente, la compañía trabaja en la implantación de sistemas de desbaste en los puntos de alivio por tormenta. Estos puntos, que permiten descargar parte del caudal cuando se producen lluvias intensas y la red se ve sobrecargada, son especialmente sensibles a la presencia de residuos sólidos. Incorporar equipos de desbaste ayuda a retener una parte importante de estos materiales, reduciendo el riesgo de que terminen en cauces naturales o en el mar.
Las mejoras no se limitan a la instalación de maquinaria. Emasa también ha ido orientando su estrategia hacia la optimización de los procesos de compactación y secado de los residuos, de modo que su gestión posterior sea más eficiente. Esto se traduce en menos viajes de transporte, menor consumo energético asociado a la manipulación de los desechos y un aprovechamiento más racional de las instalaciones de tratamiento.
Pese a estas inversiones, el aumento registrado en 2025 pone de relieve que la tecnología por sí sola no basta. Las autoridades locales recalcan que es necesario combinar la renovación de infraestructuras con cambios en los hábitos de la ciudadanía, especialmente en lo que tiene que ver con el uso del inodoro como punto de vertido.
Campañas de sensibilización y educación ambiental
Consciente de que gran parte del problema se origina en los hogares, el Ayuntamiento de Málaga y Emasa han reforzado sus campañas de concienciación ciudadana. La idea es sencilla: recordar que el inodoro solo está pensado para recibir agua, orina, heces y papel higiénico, y que el resto de residuos deben ir a la papelera o contenedores específicos.
Estas campañas se articulan a través de mensajes informativos en medios locales, redes sociales y soportes urbanos, pero también mediante acciones más directas en el entorno educativo. Desde el Área de Sostenibilidad Medioambiental se organizan actividades en centros escolares y universidades para explicar, de forma práctica, qué ocurre con las toallitas y otros residuos una vez se tiran por el inodoro.
Además, se llevan a cabo iniciativas en colaboración con asociaciones de vecinos y distintos colectivos sociales. Entre estas actuaciones destacan las visitas guiadas a las instalaciones de depuración, donde los participantes pueden ver de primera mano la cantidad de residuos que llegan cada día y el esfuerzo que supone retirarlos.
El Ayuntamiento insiste en que la implicación de la ciudadanía es clave para revertir la tendencia al alza registrada en 2025. Reducir el vertido de toallitas, bastoncillos, compresas y otros productos de un solo uso no solo beneficia al medioambiente, sino que también contribuye a mantener en mejor estado la red de saneamiento y a contener los costes de mantenimiento.
Aunque todavía queda margen de mejora, las administraciones locales consideran que la educación ambiental continuada es la vía más eficaz para cambiar hábitos arraigados y avanzar hacia un sistema de saneamiento más sostenible, alineado con los objetivos de gestión responsable del agua que se persiguen en España y en la Unión Europea.
El escenario que dibujan las 2.345 toneladas de residuos sólidos retirados de las aguas residuales de Málaga deja claro que la combinación de inversiones técnicas, control operativo y cambio de hábitos ciudadanos es la única forma de aliviar la presión sobre la red de saneamiento. La ciudad se enfrenta al reto de seguir modernizando sus infraestructuras, al tiempo que fomenta un uso más responsable del inodoro y refuerza la educación ambiental, con el fin de reducir tanto el impacto económico como las consecuencias medioambientales de un problema que, aunque invisible a primera vista, está muy presente bajo las calles.
