Luz verde a las subastas de cogeneración de 1.200 MW para reactivar la industria española

  • Adjudicación de 1.200 MW divididos en dos convocatorias de 600 MW que se celebrarĆ”n entre 2026 y 2027.
  • Inclusión obligatoria de un 10% de hidrógeno renovable en plantas de gas y entrada de la biomasa en el sistema.
  • Impacto económico previsto de unos 2.000 millones de euros en inversiones para modernizar el sector industrial.
  • Rentabilidad garantizada del 7,09% para las instalaciones que logren renovar su marco retributivo.

Planta de cogeneración industrial en España

El sector industrial español ha recibido por fin una noticia que se ha hecho de rogar durante mÔs de un lustro. El Consejo de Ministros ha dado el paso definitivo para aprobar el marco regulatorio que permitirÔ poner en marcha las subastas de cogeneración, una tecnología vital para la competitividad de fÔbricas que producen tanto calor como electricidad. Esta medida llega en un momento crítico, ya que la ausencia de un marco claro había provocado que muchas plantas echaran el cierre tras agotar su vida útil, dejando a la industria en una situación de vulnerabilidad energética bastante preocupante.

La propuesta, elevada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto DemogrÔfico, contempla la adjudicación total de 1.200 megavatios de potencia. No se harÔ todo de golpe, sino que el plan consiste en repartir esta capacidad en dos procesos competitivos de 600 MW cada uno, programados para 2026 y 2027. Con este movimiento, se busca no solo frenar el desmantelamiento de infraestructuras que ya funcionan, sino también incentivar la construcción de nuevas unidades que sean mucho mÔs eficientes y respetuosas con el medio ambiente, alineÔndose con los objetivos europeos.

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Detalle de infraestructura energƩtica de alta eficiencia

El desplome de la cogeneración en España ha sido de órdago en los últimos cinco años. Según los datos que manejan las principales asociaciones del sector, la capacidad instalada ha caído a la mitad, pasando de aportar el 12% de la electricidad nacional a apenas un 6%. Este vacío legal ha obligado a detener la actividad en unas 320 plantas, lo que supone una pérdida de unos 2.000 MW de potencia. Por eso, estas nuevas subastas se ven como una tabla de salvación para sectores tan potentes como el azulejero en Castellón o la industria química, que necesitan este respaldo para no perder el tren de la competitividad frente a otros países europeos.

Las inversiones que se esperan movilizar con estas convocatorias rondan los 2.000 millones de euros. Los beneficiarios podrÔn disfrutar de una rentabilidad razonable que se ha fijado en el 7,09% para el periodo regulatorio que abarca hasta 2031. No es moco de pavo, ya que este esquema ofrece la seguridad jurídica necesaria para que las empresas se atrevan a desembolsar el capital necesario para renovar sus calderas y equipos de generación, garantizando que el coste de la energía no las deje fuera de juego en los mercados internacionales.

En cuanto a los plazos de explotación que se han establecido, hay diferencias importantes según el combustible que se utilice. Las instalaciones que opten por el gas natural contarÔn con una vida útil regulada de 12 años, mientras que aquellas que se decanten por la biomasa en España podrÔn estirar ese periodo hasta los 20 años. Esta distinción busca favorecer la transición hacia fuentes renovables, premiando la estabilidad de las tecnologías que emiten menos carbono a la atmósfera y que ayudan a limpiar la gestión de residuos industriales.

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Exigencias verdes y requisitos tecnológicos

Operación de planta industrial con biomasa

No todo va a ser recibir ayudas; el Gobierno ha puesto sobre la mesa condiciones bastante estrictas en materia de sostenibilidad. Por primera vez, las plantas de gas que participen en las subastas deberÔn estar preparadas para mezclar al menos un 10% de hidrógeno renovable en su consumo habitual, apoyÔndose en el desarrollo de una planta de hidrógeno verde. AdemÔs, se han fijado unos límites de emisiones muy claros, concretamente de 270 gramos de CO2 por kilovatio hora, para asegurar que la modernización del parque industrial no suponga un paso atrÔs en la lucha contra el cambio climÔtico.

El diseño de las subastas se basarÔ en un sistema de sobre cerrado con mecanismo marginal descendente. Esto significa que las empresas tendrÔn que pelear por los megavatios ofreciendo descuentos sobre el valor estÔndar de la inversión. Para que no haya concentraciones extrañas ni monopolios, se ha establecido que ninguna compañía podrÔ adjudicarse mÔs de la mitad de la potencia subastada en cada tanda. De la organización de todo este tinglado se encargarÔ el Operador del Mercado Ibérico de la Electricidad (OMIE), siempre bajo la atenta mirada de la CNMC.

Otro punto interesante es la apertura del catÔlogo de inversiones. Ahora se podrÔn incluir sistemas de almacenamiento térmico y eléctrico, bombas de calor e incluso soluciones de digitalización para que las plantas sean mÔs inteligentes. Se estima que la puesta en marcha de estos 1.200 MW conseguirÔ evitar la emisión de 8,4 millones de toneladas de dióxido de carbono a lo largo de su vida operativa, impulsando los avances en la captura de CO2, lo que supone un respiro tremendo para las cuentas ambientales del país mientras se mantiene a flote el motor económico de las fÔbricas.

La puesta en marcha de este nuevo marco regulatorio supone el fin de una etapa de incertidumbre que ha castigado duramente al tejido fabril nacional. Al facilitar la renovación de equipos clave y fomentar el uso de gases renovables y biomasa, el sistema eléctrico ganarÔ en flexibilidad y la industria podrÔ mirar al futuro con algo mÔs de optimismo. Aunque el sobrecoste para el sistema se estima entre 414 y 582 millones de euros anuales, el beneficio en términos de eficiencia energética y ahorro de emisiones compensarÔ con creces el esfuerzo económico realizado por la administración pública.

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