Los veranos en Europa ante el cambio climático: olas de calor mortales y ciudades en transformación

  • El cambio climático triplica el impacto mortal de las olas de calor, con 2.300 fallecimientos en 12 ciudades europeas solo en diez días de verano.
  • Las temporadas de calor se alargan y afectan a nuevas regiones, con ciudades como Atenas o Madrid soportando meses de temperaturas extremas.
  • Las personas mayores y quienes tienen problemas de salud son las más vulnerables a este aumento del calor extremo.
  • Las ciudades europeas buscan adaptarse con soluciones urbanas, sistemas de alerta y más espacios verdes ante el aumento de episodios extremos.

Veranos en Europa cambio climático

El paisaje estival en Europa ha cambiado radicalmente en los últimos años, transformando lo que antes era sinónimo de descanso y temperaturas agradables en una sucesión de episodios de calor extremo que ponen en jaque tanto a la salud pública como a la vida cotidiana en el continente. Las consecuencias del cambio climático son cada vez más evidentes y ya no se limitan a excepcionales olas de calor: el verano se prolonga, las noches tropicales se multiplican y los récords de temperatura se baten cada temporada, afectando especialmente a las ciudades, donde el asfalto y la falta de vegetación agravan el estrés térmico.

El verano pasado, entre el 23 de junio y el 2 de julio, Europa vivió uno de los episodios de calor más letales hasta la fecha. Un análisis liderado por expertos del Imperial College de Londres y la London School of Hygiene & Tropical Medicine calcula que al menos 2.300 personas fallecieron prematuramente en 12 grandes ciudades europeas a causa del calor. De estas, aproximadamente 1.500 muertes –lo que equivale al 65%– se atribuyen directamente al aumento de las temperaturas provocado por el cambio climático.

Ciudades bajo presión: los nuevos epicentros del calor extremo

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Los datos recogidos por el equipo científico revelan un impacto desigual entre las grandes urbes europeas. Milán encabezó la lista con 317 defunciones atribuibles al cambio climático, seguida de cerca por Barcelona, que sufrió 286 muertes relacionadas con el calor, y Madrid, donde el 90% de los fallecimientos por calor se asociaron al calentamiento global. En el listado también figuran urbes como París, Londres, Roma, Atenas o Lisboa, donde las altas temperaturas durante esos días dispararon la mortalidad entre la población más vulnerable.

El estudio apunta que el calor extremo afecta de manera especial a quienes padecen enfermedades crónicas o son mayores de 65 años. De hecho, cerca del 88% de las víctimas mortales de esta ola de calor pertenecían a este grupo, lo que evidencia que el envejecimiento de la población europea es un factor de riesgo añadido frente a los veranos cada vez más extremos. Sin embargo, el calor no discrimina del todo: en la última oleada, también se contabilizaron muertes en adultos jóvenes y de mediana edad.

Las olas de calor, a diferencia de otras catástrofes naturales, son un “asesino silencioso” que actúa mayoritariamente en la intimidad de hogares, hospitales y residencias. Muchas de estas muertes pasan desapercibidas y no se contabilizan oficialmente como causadas por las altas temperaturas, lo que dificulta la percepción social del riesgo real asociado a los veranos del nuevo clima europeo.

No solo los fallecimientos directos por golpe de calor cuentan: las altas temperaturas empeoran numerosas patologías y debilitan la salud general, especialmente cuando las noches son tórridas y el organismo no puede recuperarse del estrés térmico del día.

El verano europeo se alarga y bate récords

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Un informe internacional coordinado por la organización Climate Resilience for All ha analizado el comportamiento de las temperaturas extremas entre 2019 y 2023 en 85 grandes ciudades del mundo. El resultado es claro: las temporadas de calor ya no se limitan a los tradicionales meses veraniegos, sino que pueden extenderse hasta cinco meses en algunos núcleos urbanos europeos.

En Europa, Atenas encabeza la lista con unos 145 días al año de calor extremo, mientras que Tirana y Lisboa también soportan largas temporadas con máximas peligrosas. Madrid presenta una “temporada cálida” de unos 119 días que se prolonga desde mayo hasta bien entrado septiembre. París, por su parte, ya supera los tres meses anuales con temperaturas por encima de los 32ºC. Este fenómeno, según los expertos, es consecuencia directa de un clima global cada vez más cálido y la urbanización acelerada.

El servicio Copernicus, encargado de la monitorización climática europea, confirma que el último mes de junio fue el más cálido registrado en España y uno de los más cálidos en Europa Occidental. Destaca también el aumento de las noches tropicales, en las que el termómetro no baja de los 20ºC, lo que supone un desafío adicional para la salud y el bienestar.

Este cambio en los patrones climáticos implica más riesgo para la salud, infraestructuras menos preparadas, y presión añadida sobre los servicios sanitarios, especialmente en ciudades menos acostumbradas históricamente a este tipo de temperaturas.

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La salud, la gran perjudicada

Salud afectada por olas de calor

El organismo humano, aunque dispone de mecanismos para regular la temperatura, no está preparado para aguantar episodios tan prolongados de calor. El exceso térmico, sobre todo si se combina con noches en las que el cuerpo no se recupera, incrementa el riesgo de deshidratación, empeora enfermedades cardiovasculares y respiratorias y favorece los golpes de calor, especialmente entre las personas mayores y quienes tienen problemas de salud crónicos.

Durante la última ola de calor, la mayoría de los fallecimientos se produjeron en personas mayores y con patologías preexistentes, aunque también hubo víctimas entre adultos jóvenes en edad laboral. La falta de aire acondicionado, sobre todo en viviendas y servicios públicos de países de Centroeuropa y el norte del continente, agrava la vulnerabilidad de grandes franjas de población, no acostumbradas a episodios tan extremos.

El calor extremo pone a prueba la capacidad de respuesta de los sistemas sanitarios, especialmente cuando se producen repuntes de ingresos hospitalarios y se saturan los servicios de emergencias. Los expertos advierten que, si no se adoptan medidas a tiempo, estos episodios serán cada vez más letales y frecuentes.


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