Según un trabajo de investigación realizado por Annika Carlsson-Kanyama y Rita Raty, los hombres consumen, en promedio, más energía que las mujeres en cuatro de los países incluidos en el estudio. Las investigadoras observaron los hábitos de consumo en 10 categorías y calcularon las emisiones de CO2 generadas por cada actividad. Este fenómeno pone de relieve cómo el género influye directamente en el impacto ambiental, con diferencias notables en el consumo de energía y las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).
Los hábitos masculinos: más energía y mayor impacto ambiental
Diversos estudios han confirmado que los hombres tienen un estilo de consumo más intensivo en energía, en comparación con las mujeres. Este comportamiento se debe en gran parte a su mayor uso del automóvil, la tendencia a salir más frecuentemente a restaurantes, y un mayor consumo de carne, alcohol y tabaco. Estos hábitos no solo incrementan su gasto energético, sino que también contribuyen significativamente a las emisiones globales de CO2.
En estudios realizados en países como Suecia, Noruega, Grecia y Alemania, se encontró que los hombres solteros consumen entre un 6% y un 39% más energía que las mujeres solteras, dependiendo del país. Este dato apunta a una brecha de consumo energético de género que afecta directamente la sostenibilidad global y añade otra dimensión a la discusión sobre la igualdad de género.
Factores determinantes: transporte y alimentación
Uno de los principales factores detrás de esta diferencia en el consumo de energía es el uso del transporte privado. Los hombres, en general, utilizan más el coche en comparación con las mujeres, tanto para trayectos relacionados con el trabajo como para actividades de ocio. Según algunos estudios, el transporte representa hasta el 42% de la huella de carbono de las actividades diarias de los hombres. En países como Grecia, los hombres llegan a consumir hasta un 350% más de energía en transporte que las mujeres, lo que genera un impacto considerable en el medio ambiente.
Por otro lado, el consumo de carne es otro factor clave que contribuye al mayor impacto de los hombres. El proceso de producción de carne es altamente intensivo en energía y emisiones, ya que la ganadería es responsable de alrededor del 18% de las emisiones globales de CO2, según datos de la FAO. Los hombres consumen más carne que las mujeres, quienes tienden a preferir dietas más sostenibles con mayor contenido de vegetales, frutas y legumbres.
Además, mientras que los hombres dedican una mayor parte de su gasto al transporte, las mujeres, por su parte, gastan más energía en actividades relacionadas con la alimentación, higiene, mobiliario y salud. Aunque estas categorías también generan un impacto en el medio ambiente, su contribución a las emisiones de CO2 es significativamente menor comparada con el transporte y el consumo de carne.
Diferencias energéticas por género en países europeos
El estudio de Carlsson y Raty analizó específicamente cuatro países: Suecia, Noruega, Alemania y Grecia. Según los resultados, Noruega muestra la menor diferencia entre géneros, con los hombres consumiendo solo un 6% más de energía que las mujeres. Por otro lado, Grecia demuestra la mayor brecha, ya que sus hombres consumen un 39% más que las mujeres. En Suecia, los hombres gastan un 22% más, y en Alemania, un 8%.
El patrón generalizado es que los hombres tienen hábitos que consumen más recursos y generan más emisiones que las mujeres, principalmente debido al uso de vehículos privados y al mayor consumo de productos con un alto impacto de carbono, como la carne. En contraste, las mujeres tienden a realizar trayectos más cortos, usar más el transporte público, y preferir dietas más basadas en productos vegetales.
¿Qué podemos aprender de estos estudios?
Los resultados de estos estudios revelan la necesidad urgente de incluir un enfoque de género en las políticas ambientales. Actualmente, es evidente que hay un desfase en la manera en que hombres y mujeres impactan el medio ambiente, lo que sugiere que las campañas de concienciación y las políticas públicas deberían estar dirigidas de manera específica según el género. Esto podría incluir mejoras en la infraestructura pública de transporte, un mayor acceso y promoción de dietas sostenibles, y fomentar la reducción del uso de vehículos privados.
Si bien la disparidad de ingresos entre hombres y mujeres también influye en estas cifras, las diferencias en los hábitos de consumo muestran una clara tendencia hacia un impacto ambiental mayor por parte de los hombres en prácticamente todas las actividades relevantes, desde el transporte hasta la alimentación. Por lo tanto, abordar este desequilibrio puede ser clave para lograr los objetivos de sostenibilidad.
Algunos expertos sugieren que, en lugar de centrarse exclusivamente en reducir el consumo de energía, se debería hacer un cambio de valores que influencie cómo los hombres perciben su uso de recursos. Por ejemplo, modificar la relación que existe entre estatus social y el uso de transporte privado o el consumo de carne podría ser una acción clave para reducir enormemente las emisiones.
En este sentido, las políticas públicas enfocadas en el cambio de comportamientos deben tener en cuenta cómo se distribuyen las responsabilidades de género en la sociedad y cómo cada género utiliza los recursos de manera distinta. Las mujeres, al gastar más en productos para el hogar y realizar más tareas no remuneradas, condicionan su huella ecológica de manera diferente a los hombres. Este es un punto clave a considerar en la planificación de futuras políticas para mitigar el impacto ambiental.
La investigación también pone de relieve otra preocupación relevante: el impacto de las diferencias de género no se limita únicamente al consumo de recursos, sino que también se refleja en cómo las personas se vinculan con temas ambientales. Por ejemplo, algunos estudios recientes sugieren que las mujeres tienden a estar más concienciadas con los problemas ambientales, lo que las lleva a tener comportamientos de ahorro energético o de consumo más éticos en comparación con los hombres.
Las diferencias en el comportamiento de consumo entre hombres y mujeres tienen importantes repercusiones para el medio ambiente. Si bien ambos géneros pueden mejorar sus hábitos para reducir su impacto ecológico, específicamente los hombres tienen un margen significativo de mejora, especialmente en el ámbito del transporte y la alimentación.
Este es el resultado de dejar a las mujeres jugando a las cientificas, esta es la utilidad que le dan al mundo su estudio, una simple banalidad feminista dirigida a no otra cosa que seguir culpando al hombre de todo, acaso el feminismo no es mas perjudicial al inducir al estado derrochar mas recursos para equiparar artificialmente su genero con los hombres y todo para que? Para que malgasten el tiempo con estas fruslerias fascistas de genero, los hombres ocupamos mayor cantidad de energia porwue somos los que trabajamos, creamos e innovamos, mantenemos a la sociedad para que el sexo debil pueda jugar a ser «doctores» y sentirse fuertes en un mundo donde jamas podrian sobrevivir sin el esfuerzo masculino, pero a estas malcriadas lo que necesitan es mandarlas a vivira la selva para que contemplen si es divertido vivir sin el trabajo masculino, ese que tanto recelan.