
Las lluvias de los últimos meses han cambiado el tono del diagnóstico sobre Doñana: por primera vez en años, los datos apuntan a cierta estabilización de un espacio que venía encadenando sequías extremas y pérdidas de biodiversidad. El nuevo informe ‘Estado de la Biodiversidad de Doñana 2025’, elaborado por la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), dibuja un escenario con claros avances pero también con problemas de fondo que siguen muy presentes.
Según este trabajo científico, el Espacio Natural de Doñana mantiene un enorme valor ecológico, pero se encuentra en una situación delicada. La marisma ha vivido una inundación casi histórica que ha beneficiado a la vegetación, a las aves acuáticas y a buena parte de la fauna ligada al agua. Sin embargo, el acuífero aún acusa años de sobreexplotación, muchas lagunas continúan sin recuperarse y numerosas especies nativas siguen en retroceso, mientras crece la presión de invasoras.
Las lluvias dan un respiro: marisma casi llena y cambio de tendencia

El director de la Estación Biológica de Doñana, Eloy Revilla, resume así la situación: las precipitaciones recientes son positivas y han supuesto la “estabilización” del parque y de su acuífero, que parece haber empezado una lenta recuperación. En estos momentos, la marisma se encuentra en torno al 90 % de superficie inundada, unas 30.000 de las 34.000 hectáreas, y continúa recibiendo aportes de agua.
Buena parte de esa precipitación se concentró en periodos breves e intensos, sobre todo en marzo, mes en el que cayeron 287,2 mm, el 42,6 % del total anual. Estas lluvias torrenciales provocaron avenidas en los arroyos que alimentan la marisma y dieron lugar a un llenado excepcional, algo que hacía años que no se veía en Doñana.
Gracias a este aporte, la marisma alcanzó en marzo de 2025 una inundación cercana al 100 %, un hito que no se registraba desde 2010. El agua se ha mantenido durante 157 días, casi el doble de los 79 días de media histórica, lo que sitúa este ciclo hidrológico entre los más largos desde que hay registros detallados en 1984.
Los dispositivos de seguimiento instalados en la Reserva Biológica de Doñana —fenocámaras y torres de flujo que miden a diario el estado de la vegetación y su entorno— confirman una marisma con mayor vigor vegetal y más del doble de productividad respecto al año anterior. Para muchas especies ligadas a este hábitat, el cambio se nota ya en su dinámica reproductora.
Un acuífero que mejora despacio y lagunas que no levantan cabeza

Pese a esta mejoría en superficie, la recuperación del sistema de lagunas va muy por detrás. El informe subraya que solo el 36 % de las lagunas se ha llegado a inundar este ciclo, una cifra que evidencia que el acuífero aún no se ha restablecido tras años de extracción intensiva y déficit de lluvia.
Las lagunas peridunares más grandes de Doñana —Santa Olalla, Sopetón y Dulce— han mantenido agua durante buena parte del año hidrológico, lo que se considera un dato relativamente positivo. En particular, Santa Olalla ha permanecido inundada todo el ciclo, rompiendo la dinámica de años anteriores, cuando llegó a secarse por completo.
El contraste llega con muchas lagunas temporales, donde la falta de inundaciones recurrentes en los últimos años ha permitido una colonización progresiva de vegetación terrestre. Esos nuevos matorrales y herbazales secos están sustituyendo a los antiguos pastizales húmedos, dificultando enormemente que estos humedales recuperen en el futuro su estructura y su función ecológica original.
Revilla insiste en que el acuífero muestra “exactamente lo mismo” que el resto de indicadores: ha dejado de empeorar y empieza a mejorar muy lentamente, algo confirmado también por los datos de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. Sin embargo, recuerda que los acuíferos son sistemas de respuesta lenta y que su recuperación completa llevará tiempo, especialmente tras etapas prolongadas de sequía.
El gran “pero” que señala el director de la EBD-CSIC es la sobreexplotación del recurso hídrico. A su juicio, no se puede hablar solo de falta de lluvias: la demanda de agua ha sido durante años superior a la disponibilidad media a largo plazo, lo que ha generado un auténtico problema estructural. En este contexto, el cierre de explotaciones ilegales y la reducción de extracciones por parte de las distintas administraciones es visto como una pieza clave para acercar la demanda a lo que Doñana puede sostener.
Aves acuáticas: leve mejora reciente, caída profunda a largo plazo
El programa de censos de aves acuáticas de la ICTS-Doñana —uno de los más veteranos de Europa, con seguimientos aéreos y terrestres mensuales desde los años 70— permite ver con claridad el impacto de las lluvias y la sequía en la fauna. La temporada de invernada de 2025 se considera discreta, en buena parte porque las grandes lluvias llegaron algo tarde para beneficiarla.
En enero se contabilizaron 178.907 aves invernantes, por debajo del promedio histórico para ese mes, que ronda los 280.000 individuos, y muy lejos de los máximos de finales de los 80 y principios de los 90, cuando se superaban las 600.000 aves. El grueso de las precipitaciones se concentró a partir de finales de enero y, sobre todo, en primavera, de modo que el impacto más visible se ha notado en la reproducción y no tanto en la llegada de aves invernantes.
Pese a ello, en 2025 la mayoría de las especies de aves acuáticas presenta aumentos de abundancia respecto a 2024, un signo de cierta recuperación tras los años más duros de sequía. Sin embargo, cuando se analiza la serie de los últimos 20 años, el panorama cambia: los datos muestran un descenso acusado y sostenido, tanto en los conteos aéreos como en los terrestres.
Los grupos más afectados son los consumidores de vegetación, las pequeñas limícolas, las aves piscívoras y los patos de superficie, con caídas especialmente severas situadas entre el 69 % y el 80 %. Dentro de este contexto, el caso del ánsar común resulta especialmente llamativo: esta especie emblemática para el imaginario de Doñana ha alcanzado mínimos históricos, con apenas 3.500 individuos invernantes censados.
En lo que respecta a la reproducción, las lluvias de primavera han tenido un efecto mucho más claro. En 2025, el número de parejas reproductoras aumentó en el 85 % de las especies respecto al año anterior, señal de que la mejora del régimen hídrico puede traducirse rápidamente en más éxito reproductor. Aun así, los datos de largo plazo indican que cerca de tres cuartas partes de las especies muestran un descenso en el número de parejas reproductoras vinculado al deterioro hidrológico del humedal.
La campaña de anillamiento de aves paseriformes durante la migración posnupcial, en marcha desde 1994 sin interrupción, presenta un escenario algo distinto. En 2025 se anillaron cerca de 1.700 aves de 52 especies, cifras muy similares a la media histórica del programa. Los migrantes presaharianos se mantienen estables o incluso con ligeros incrementos, mientras que los migrantes transaharianos muestran un descenso moderado, posiblemente ligado a cambios en sus rutas, tiempos de paso o condiciones en sus áreas de descanso e invernada europeas y africanas.
Amfibios e insectos acuáticos, entre los grandes beneficiados
Si hay grupos que han notado claramente el alivio hidrológico, esos son los anfibios y los insectos acuáticos. El repunte de zonas encharcadas y la mayor duración de la inundación han creado condiciones muy favorables para su ciclo vital y su reproducción.
En el caso de los insectos, los escarabajos acuáticos han alcanzado en algunas áreas niveles de abundancia muy elevados, de los más altos de la última década. Las lagunas que han mantenido agua durante más tiempo son las que concentran las comunidades más diversas, lo que confirma la importancia tanto del volumen de agua como de la disponibilidad de microhábitats para sostener una alta riqueza de especies.
Los anfibios han experimentado una reacción similar. Especies como la rana común o el sapo de espuelas se han detectado con frecuencia en los muestreos, aprovechando las mejores condiciones de reproducción. El gallipato, un urodelio muy sensible a la pérdida de puntos de agua, vuelve a aparecer en más localidades después de varios años de sequía severa, lo que sugiere cierto respiro para este grupo tan vulnerable.
Entre los reptiles, lagartijas y salamanquesas mantienen una diversidad elevada y las zonas afectadas por el gran incendio de 2017 muestran una recuperación notable de sus comunidades herpetológicas. La presencia de especies de interés especial, como la lagartija de Carbonell —un endemismo ibérico catalogado como “vulnerable”—, refuerza el papel de Doñana como refugio clave para la fauna mediterránea amenazada.
Este conjunto de datos refleja que, cuando el régimen de lluvias acompaña, los grupos con ciclos de vida más rápidos responden con cierta rapidez, algo en lo que coinciden los investigadores: determinadas especies pueden aprovechar rápidamente un año bueno, aunque eso no compense por sí solo los impactos acumulados de largos periodos de escasez de agua.
Presión creciente de especies invasoras y declive de fauna nativa
El reverso de estos avances temporales es el peso creciente de las especies exóticas invasoras, especialmente en aquellos hábitats que han sufrido una degradación más intensa o que presentan un régimen hídrico muy irregular. Aquí, Doñana sigue afrontando uno de sus mayores desafíos.
El cangrejo rojo americano continúa con una presencia muy elevada en el Espacio Natural, alterando cadenas tróficas y compitiendo con especies autóctonas. La jaiba azul sigue expandiéndose por caños mareales y vuelve a detectarse en Veta Lengua con mayor número de individuos que en 2024. Además, por primera vez se incorporan datos detallados del caracol Physella acuta, detectado en la mayoría de los puntos muestreados con densidades importantes en algunas charcas.
En cuanto a la flora, la invasora Oxalis pes-caprae, conocida como vinagrera, continúa ganando terreno. No solo coloniza cada vez más superficie, sino que lo hace con poblaciones muy densas, desplazando a la vegetación autóctona y modificando la estructura de los hábitats donde se instala.
El seguimiento de la hormiga argentina, otra especie invasora bien conocida, indica que sigue presente en la Reserva Biológica, aunque sin nuevas señales claras de expansión. Paralelamente, el estudio de la comunidad de hormigas arborícolas que habitan los alcornoques ha revelado una gran diversidad de especies propias de ecosistemas mediterráneos, con más de 20 especies registradas, lo que demuestra que la fauna nativa aún conserva importantes núcleos de diversidad.
En otros grupos, sin embargo, el diagnóstico es mucho más pesimista. Entre los peces nativos, la situación se califica directamente de crítica: solo se han registrado tres especies en la marisma y una en lagunas, con abundancias mínimas en la primavera de 2025. En cambio, los peces exóticos dominan claramente, con la gambusia como especie más extendida y el pez gato aumentando de nuevo su presencia.
La situación tampoco es halagüeña para las tortugas autóctonas, tanto terrestres como acuáticas. La tortuga mora alcanza uno de los valores más bajos de abundancia de toda la serie histórica y los galápagos leproso y europeo, incluidos en el Catálogo Español de Especies Amenazadas, marcan también mínimos de población. Estos datos ponen de relieve la enorme vulnerabilidad de estos reptiles frente a las sequías recurrentes y la alteración de sus hábitats.
Mariposas y mamíferos: señales de alarma y pequeñas luces
Los lepidópteros tampoco se libran de las malas noticias. En 2025, las mariposas registraron una de las abundancias más bajas de toda la serie histórica, probablemente debido al carácter torrencial de algunos episodios de lluvia y a los cambios que estos provocan en la vegetación y en la disponibilidad de recursos florales.
Aun así, el informe también recoge algunas observaciones esperanzadoras dentro de este grupo. Se han detectado de nuevo especies que llevaban años sin aparecer, como Cyaniris semiargus, que no se observaba desde hacía cinco años, y Laeosopis roboris, cuya última cita databa de hace doce. Estas reapariciones sugieren que, en condiciones adecuadas, ciertas especies de mariposas pueden recolonizar o reactivarse en áreas donde habían desaparecido temporalmente.
En el caso de los mamíferos, el panorama es mixto. Conejos y liebres mantienen poblaciones muy bajas, un problema especialmente serio porque de ellos dependen depredadores emblemáticos como el lince ibérico y diversas rapaces. Con todo, los conejos muestran valores ligeramente mejores en primavera que el año anterior, una mejora aún tímida pero significativa para la cadena trófica.
El jabalí presenta cifras algo superiores a las de ejercicios previos, aunque todavía en la línea general de los últimos años, sin un cambio brusco de tendencia. Por su parte, los micromamíferos —roedores y otros pequeños mamíferos— registran densidades muy bajas en todas las especies muestreadas, lo que repercute también en los depredadores que se alimentan de ellos.
En cuanto al lince, aunque el informe se centra sobre todo en la dinámica general de biodiversidad, se advierte que sus poblaciones en Doñana siguen siendo muy sensibles, entre otros factores, a la escasez de presas como el conejo. Esto encaja con la idea de que las mejoras puntuales de agua no son suficientes por sí solas si no van acompañadas de una recuperación más amplia del sistema ecológico y de una gestión coherente del territorio.
Un respiro que obliga a no bajar la guardia
En conjunto, las lluvias del último ciclo hidrológico han supuesto un auténtico balón de oxígeno para Doñana, especialmente visible en la inundación extraordinaria de la marisma y en la respuesta de muchos grupos ligados al agua. El informe ‘Estado de la Biodiversidad de Doñana 2025’ refleja avances claros: más superficie encharcada, mayor vigor de la vegetación, incremento de la reproducción de aves acuáticas y anfibios y repunte de algunos insectos.
Sin embargo, la fotografía completa sigue mostrando retos estructurales de gran calado: un acuífero que solo empieza a recuperarse tras años de sobreexplotación, un sistema de lagunas en el que más de la mitad de los humedales no se inundan, especies nativas de peces y tortugas al borde del colapso, comunidades de mariposas y pequeños mamíferos empobrecidas y una presión de invasoras que no deja de crecer en los hábitats más degradados.
Para los investigadores del CSIC, los datos son razonablemente alentadores si se comparan con la última década, pero no permiten caer en la autocomplacencia. La mejora actual se apoya en uno o dos años buenos de lluvias y, aunque eso ha frenado la trayectoria negativa, la recuperación real de Doñana exige políticas sostenidas, una gestión más ajustada del agua y un esfuerzo coordinado entre administraciones para reducir presiones y consolidar el cambio de tendencia que asoma en 2025.