En los últimos años, el parque nuclear belga ha estado en el centro de la controversia. Las decisiones tomadas por el Gobierno belga, en conjunto con Electrabel, la empresa responsable de la explotación de varias de estas instalaciones, han generado preocupaciones tanto dentro de Bélgica como en países vecinos como Países Bajos, Alemania, y Luxemburgo. La inquietud aumenta por la puesta en marcha controvertida de varios reactores y la prolongación de la vida útil de reactores antiguos como Doel 1 y Doel 2.
Reactores antiguos y prolongación de su vida útil

El caso más relevante es el de los reactores Doel 1 y Doel 2, que generaron controversia tras la decisión del gobierno belga de prolongar su vida útil por diez años. Estos reactores, que datan de 1975, debían cerrar en 2025, pero factores como la seguridad energética y el inestable contexto geopolítico llevaron al gobierno a reconsiderar esa decisión. El motivo principal fue garantizar el suministro de energía, en medio de una crisis energética global.
Esta prolongación no estuvo exenta de problemas. A comienzos de 2016, el reactor Doel 1 sufrió una serie de paradas automáticas debido a un problema con su alternador, que ya había dado problemas anteriormente. La última parada de este reactor se produjo el 2 de enero de 2016, menos de una semana después de haber sido puesto en marcha tras 20 años de inactividad. Doel 3, por su parte, también fue detenido en diciembre de 2015 debido a una pérdida de agua en un generador de su parte no nuclear.
Inquietud internacional: Holanda, Alemania y Luxemburgo
Las dudas sobre la seguridad de estas instalaciones no solo generaron preocupación a nivel nacional, sino también entre los países vecinos. Países Bajos, que comparte frontera cercana con la central de Doel, fue uno de los primeros en expresar sus inquietudes. En enero de 2016, varios partidos de la oposición holandesa solicitaron que Bélgica tomara medidas más rigurosas tras conocerse los fallos en el reactor de Doel 1. El ministro del Interior de Bélgica intentó calmar los ánimos afirmando que no existía un problema de seguridad, pero esto no convenció a muchos.
En Alemania, la situación fue similar. La unidad Tihange 2, localizada a 70 km de la ciudad de Aix-la-Chapelle, también ha sido motivo de preocupación tras descubrirse microfisuras en el depósito de acero de su reactor. Estos daños, detectados en 2012, llevaron a numerosas paradas temporales tanto en Doel 3 como en Tihange 2, para realizar pruebas de resistencia.
El caso fue tan relevante que en febrero de 2016 Alemania y Bélgica acordaron llevar a cabo inspecciones recíprocas en sus respectivas centrales nucleares, una medida que ya se implementaba con Francia. A esto se añadió la creación de un grupo de trabajo para intercambiar información sobre las centrales fronterizas.
La presión de la sociedad civil
No solo los gobiernos han manifestado su preocupación. La sociedad civil también ha hecho oír su voz. En el marco de esta controversia, varias organizaciones antinucleares han presionado a las autoridades para que revisen las decisiones de reapertura de Doel 3 y Tihange 2. Un ejemplo significativo es el de la organización Avaaz, que en febrero de 2016 presentó 750.000 firmas en Bruselas solicitando una revisión exhaustiva de los reactores.
Estas protestas tomaron forma en manifestaciones frente al Ministerio de Energía de Bélgica, con activistas disfrazados con trajes de protección nuclear. Argumentaban que la decisión de Bélgica de reactivar estos reactores sin demostrar plenamente su seguridad era completamente irresponsable, lo que podría convertir a Bélgica en el próximo «Chernóbil» europeo.
Repercusiones legales internacionales
La tensión política entre Bélgica y sus vecinos no ha hecho más que aumentar. En agosto de 2016, varias ciudades holandesas presentaron un recurso ante la Comisión Europea para oponerse a la prolongación de Doel 1 y 2. Los municipios señalaron que el Gobierno belga no consultó adecuadamente a las regiones vecinas, algo que contraviene los tratados internacionales de cooperación fronteriza. A este recurso se sumaron también voces del Parlamento holandés, que, en junio de ese año, instaron al Gobierno holandés a unirse al llamamiento de Luxemburgo y Alemania para el cierre de los reactores más antiguos y problemáticos.
El debate sobre el futuro de la energía nuclear en Bélgica sigue abierto. Si bien la energía nuclear juega un papel clave en el suministro eléctrico del país, los argumentos en contra siguen siendo contundentes, sobre todo cuando se trata de instalaciones con décadas de antigüedad cuyos problemas de seguridad no parecen haberse zanjado completamente.

Es imprescindible seguir de cerca estos desarrollos y las medidas que se implementen para garantizar la seguridad de las personas y del medio ambiente ante cualquier posible incidente nuclear en Bélgica y más allá de sus fronteras.
