La Robla Green: arranque de un macroproyecto de energías verdes en León

  • Aprobación definitiva del Proyecto Regional La Robla Green y de su urbanización en el polígono industrial El Crispín, en La Robla (León).
  • Complejo integrado de biomasa, captura de CO₂, hidrógeno verde y e-metanol, con fuerte apoyo institucional y europeo.
  • Inversión cercana a los 850-880 millones de euros en La Robla, más financiación del BEI y conexiones con Villadangos Green.
  • Impacto socioeconómico: cientos de empleos en obra, 200 puestos estables y acuerdos con más de 1.000 agricultores para el suministro de paja de maíz.

Complejo de energías renovables La Robla Green

El municipio leonés de La Robla encara una nueva etapa ligada a la transición energética con la puesta en marcha de La Robla Green, un gran complejo de energías renovables concebido para sustituir la antigua actividad térmica por industria baja en carbono. Se trata de uno de los proyectos más ambiciosos ligados al hidrógeno y a los combustibles verdes en Castilla y León y en el conjunto de España.

Tras varios meses de tramitación, la Junta de Castilla y León ha dado el visto bueno definitivo al proyecto regional y al plan de reparcelación y urbanización del ámbito, lo que permite a la empresa promotora dar el salto de los papeles a la obra real. Con la aprobación publicada en el Boletín Oficial de Castilla y León (Bocyl), se cierran los principales trámites autonómicos y se abre la puerta a iniciar las actuaciones en el polígono industrial El Crispín.

Aprobación definitiva y marco urbanístico del proyecto

La Consejería de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio ha aprobado de forma definitiva el Proyecto Regional La Robla Green, incluyendo las determinaciones completas de reparcelación y de urbanización del suelo por el llamado sistema de concierto. Este modelo implica que son los propios dueños de las fincas quienes se organizan y acuerdan cómo redistribuir el suelo y asumir los costes de urbanización.

La orden publicada en el Bocyl establece que se debe notificar la resolución a propietarios y titulares de derechos sobre los terrenos afectados, así como a quienes presentaron alegaciones durante la tramitación urbanística. Una vez cumplidos estos pasos, el promotor podrá adquirir la condición de urbanizador con carácter definitivo, requisito previo para arrancar las obras sobre el terreno.

El desarrollo cuenta con declaración de utilidad pública e interés social, lo que refuerza su consideración como iniciativa estratégica para la comunidad autónoma. Además, la tramitación urbanística se ha completado sin alegaciones en el periodo de información pública del proyecto regional, lo que ha agilizado el cierre del procedimiento administrativo.

La urbanización del ámbito se realizará, según recoge la documentación autonómica, sin recurrir a expropiaciones, mediante el acuerdo entre los titulares de las parcelas en el polígono de El Crispín. Estos asumirán las inversiones vinculadas a viales, zonas verdes y servicios básicos como alumbrado, saneamiento o abastecimiento, encajando el diseño del parque industrial a las necesidades del complejo energético.

Con esta decisión, Medio Ambiente da el denominado “banderazo de salida” a las primeras obras de urbanización, al considerar que se han completado los informes y autorizaciones requeridos. La resolución, adoptada a finales de diciembre de 2025, despeja así la mayor parte de los obstáculos administrativos que quedaban pendientes.

Cronograma administrativo y permisos energéticos

El expediente de La Robla Green se puso en marcha de forma formal el 3 de octubre de 2023, cuando arrancó el procedimiento ambiental y la solicitud de los principales permisos ante la Junta. Por sus características, el complejo se sometió a una Evaluación de Impacto Ambiental ordinaria, la modalidad más exhaustiva de las previstas en la legislación.

La fase ambiental fue avanzando durante 2024. En el mes de octubre, la Junta emitió Declaraciones de Impacto Ambiental favorables para la planta de hidrógeno verde y la instalación de e-metanol, acompañadas de la autorización ambiental definitiva para la planta de hidrógeno. Estas resoluciones certificaron que el proyecto cumplía las exigencias de protección ambiental y permitieron pasar a las etapas posteriores.

En noviembre de 2024, la iniciativa fue reconocida oficialmente como Proyecto Regional, figura que facilita la coordinación administrativa de actuaciones de especial relevancia económica o social. Esta declaración no sustituye las licencias sectoriales, pero sí concentra y agiliza buena parte de la tramitación autonómica, algo clave para grandes inversiones industriales como esta.

Paralelamente, el 14 de marzo de 2025 la planta de biomasa recibió la autorización administrativa previa y la autorización de construcción en el ámbito energético, lo que supuso un paso determinante para poder levantar esta infraestructura dentro del marco regulatorio estatal y autonómico.

De acuerdo con la planificación inicial del promotor, se había previsto que las obras del complejo pudieran comenzar a partir del primer trimestre de 2026, una vez obtenidas las licencias municipales necesarias y completadas las últimas autorizaciones. Posteriormente, la compañía ha adelantado su intención de iniciar la construcción ya en el mes de enero, con un plazo de ejecución global de unos tres años.

Un macrocomplejo de energías verdes en suelo energético histórico

La Robla Green se concibe como una iniciativa industrial estratégica orientada a la transición energética y a la descarbonización de la industria pesada y el transporte. El proyecto se asienta sobre terrenos con un largo historial ligado a la generación eléctrica, lo que permite reutilizar parte de las infraestructuras existentes y avanzar en una reindustrialización sostenible de una zona marcada por el cierre de centrales térmicas.

El complejo integra varias piezas tecnológicas que operan de manera coordinada: una planta termoeléctrica de biomasa, una instalación de captura de CO₂, una planta de hidrógeno verde y una fábrica de e-metanol. En conjunto, se configura una cadena completa de producción de combustibles renovables, desde la biomasa agrícola hasta el combustible líquido final.

Según la documentación del proyecto, la planta de biomasa contará con una potencia de unos 50 MW y capacidad para generar alrededor de 400 GWh anuales de electricidad renovable. Su combustible principal serán restos agrícolas, sobre todo paja de maíz y otros cultivos sin uso ganadero procedentes del entorno agrario leonés.

La instalación de hidrógeno verde, apoyada en tecnología de electrólisis alimentada con energía renovable, dispondrá de una potencia de 200 MW y una producción estimada de cerca de 28.800 toneladas al año. Todo este hidrógeno se destinará a alimentar la planta de e-metanol, cerrando un ciclo integrado entre ambas fábricas.

Por su parte, la planta de e-metanol verde alcanzará una capacidad de producción de unas 100.000 toneladas anuales. Para ello combinará el hidrógeno obtenido por electrólisis con el CO₂ capturado en la central de biomasa, generando un combustible líquido considerado neutro en emisiones en todo su ciclo de vida y con alto interés para el transporte marítimo, la aviación y la industria química.

Inversión, financiación europea y papel de Reolum

El proyecto está impulsado por Reolum, a través de su filial Desarrollos Renovables Abies, S.L., que actúa como promotora del complejo en La Robla. La compañía prevé destinar en torno a 850 millones de euros a la construcción del conjunto de instalaciones, con un calendario de obra de tres años y un despliegue técnico y humano de gran envergadura.

Durante la fase de construcción se estima que trabajará en el proyecto una media de unas 800 personas, con picos que podrían alcanzar entre 1.500 y 1.600 trabajadores en los momentos de mayor actividad. Una vez en operación, las cuatro plantas de generación de energía verde asociadas al complejo generarían alrededor de 200 empleos directos vinculados al ámbito industrial, logístico y de mantenimiento.

Desde el punto de vista financiero, La Robla Green acumula un respaldo notable de instituciones europeas y nacionales. El Banco Europeo de Inversiones (BEI) ha aprobado una financiación de 445 millones de euros para la empresa promotora, vinculada al desarrollo de este Proyecto Regional en el polígono de El Crispín, lo que refuerza su consideración como iniciativa alineada con los objetivos climáticos de la UE.

A este apoyo se suma la aportación procedente del programa europeo Valles del Hidrógeno, del que el proyecto obtiene alrededor de 180 millones de euros en la convocatoria de clústeres y valles de hidrógeno. Además, el complejo ha recibido ayudas adicionales en subastas de biomasa y en materia de accesos e infraestructuras industriales, con subvenciones superiores a los dos millones de euros para el polígono de El Crispín.

El conjunto de estas fuentes de financiación, combinadas con la inversión privada de Reolum, elevan la dimensión económica del proyecto y lo sitúan entre las mayores apuestas por los combustibles renovables en el norte de España. La empresa también proyecta un desarrollo paralelo en Villadangos del Páramo, que, sumado al de La Robla, conformará uno de los polos de hidrógeno y e-metanol más relevantes de Europa.

Apoyo institucional y encaje en la transición justa

La relevancia de La Robla Green ha sido subrayada públicamente por el Gobierno de España. La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen, ha visitado en varias ocasiones la localidad para conocer de primera mano el avance del proyecto, al que ha descrito como “tractor, transformador e innovador” dentro de la estrategia de descarbonización nacional.

La responsable de Transición Ecológica ha destacado que el complejo combina cuatro grandes ejes tecnológicos: transformación del sistema energético, aprovechamiento de la biomasa, captura de CO₂ y desarrollo del hidrógeno y del metanol verde. Según sus palabras, se trata de un combustible “necesario en la senda hacia la descarbonización”, especialmente en sectores de difícil electrificación, como parte del transporte pesado o ciertas ramas de la química.

Además del componente energético, la ministra ha incidido en la dimensión social del proyecto, al implantarse en una comarca en transición justa que ha dependido durante décadas del carbón y de las centrales térmicas. El objetivo es sustituir esa actividad por nueva industria limpia, manteniendo empleo y actividad económica ligados a la energía pero con menores emisiones.

Desde 2019, el Ministerio cifra en torno a 1.000 millones de euros la inversión movilizada en el territorio leonés para proyectos tractores de industria y energía, multiplicando por diez las cifras del periodo anterior. En este marco se sitúa La Robla Green, que compartirá protagonismo con el otro gran valle del hidrógeno previsto en la provincia, en Ponferrada, y con proyectos de almacenamiento, autoconsumo y comunidades energéticas.

Durante sus visitas, Aagesen ha señalado también que el Ejecutivo central pretende que la transición energética “llegue a toda la ciudadanía”, combinando grandes infraestructuras como La Robla Green con medidas de apoyo a los consumidores más vulnerables, como el bono térmico o líneas de eficiencia energética en edificios públicos y privados.

Biomasa agrícola y acuerdos con más de mil agricultores

Uno de los pilares del proyecto es el aprovechamiento de la paja de maíz y otros residuos agrícolas de la zona del Páramo leonés, donde se concentran más de 80.000 hectáreas de cultivo. El CEO de Reolum, Yann Dumont, ha explicado que se trata de un material que, en muchos casos, no tiene uso alternativo y que puede generar problemas a los agricultores si no se gestiona adecuadamente.

Para garantizar el suministro de biomasa, la empresa ha cerrado ya acuerdos con más de un millar de agricultores, que participarán directa o indirectamente en la cadena de recogida y suministro de la paja. Según las estimaciones del promotor, esta colaboración generará un retorno económico cercano a los 16 millones de euros anuales en el territorio, reforzando la conexión entre el sector agrario y la nueva industria energética.

El esquema planteado pasa por transformar la paja de maíz en energía eléctrica y vapor en la planta de biomasa. A continuación, se capturará el CO₂ que se emitiría durante la combustión y se utilizará como materia prima en el proceso de fabricación de e-metanol, en combinación con el hidrógeno verde producido también en La Robla.

Este enfoque de aprovechamiento integral de residuos agrarios busca reducir el coste de gestión de la paja para los agricultores y convertirla en una fuente de ingresos adicional. Al mismo tiempo, contribuye a prevenir riesgos ambientales asociados a una mala gestión de estos restos, como quemas incontroladas o problemas de contaminación local.

Dumont también ha subrayado que el metanol renovable obtenido tiene potencial para ser utilizado como combustible para la descarbonización del transporte marítimo y como materia prima para el denominado SAF (combustible sostenible para la aviación), además de aplicaciones en la industria química. Con este proyecto, la provincia de León pasaría de ser importadora a convertirse en productora neta de metanol, aprovechando su tejido agrícola e industrial.

Conexión con Villadangos Green y el “Valle Leonés del Hidrógeno”

La Robla Green no se plantea como una iniciativa aislada, sino como una pieza central de un ecosistema energético más amplio que se extenderá también al polígono industrial de Villadangos del Páramo. Allí, Reolum impulsa otro gran proyecto vinculado al e-metanol, con una inversión estimada adicional de 341 millones de euros en una de sus fases, que se integrará funcionalmente con las instalaciones de La Robla.

Ambos polos conformarán lo que la empresa y las administraciones denominan “Valle Leonés del Hidrógeno Verde”. La interconexión física entre los dos emplazamientos se materializará mediante dos conducciones subterráneas de unos 37 kilómetros de longitud, pensadas para el transporte de CO₂ y para el almacenamiento y distribución de hidrógeno.

A través de uno de los ductos se podrán transportar hasta 200.000 toneladas anuales de CO₂ que no se utilicen en La Robla, para destinarlas a la producción de e-metanol en Villadangos. Allí está prevista la fabricación de unas 140.000 toneladas al año de e-metanol verde, que se sumarán a la producción generada en La Robla.

El segundo conducto tendrá capacidad de almacenamiento de hidrógeno de hasta 12 toneladas y permitirá interconectar distintos electrolizadores entre los polígonos de El Crispín y Villadangos del Páramo. La compañía considera que se trata de una solución pionera en el ámbito del hidrógeno a escala nacional, que puede abrir la puerta a nuevos usos industriales y logísticos de este vector energético.

En conjunto, los proyectos de La Robla y Villadangos Green alcanzarán una inversión global de alrededor de 1.300 millones de euros. La previsión es que entre ambos complejos se llegue a producir en torno a 260.000-280.000 toneladas de metanol renovable al año, consolidando a León como uno de los principales centros de producción de este combustible en Europa.

Además, el proyecto en La Robla contempla para facilitar la salida del metanol hacia los principales puertos y centros industriales. Esta conexión busca mejorar la competitividad logística del combustible y facilitar su exportación a mercados internacionales donde la demanda de combustibles bajos en carbono está en aumento.

La Robla Green se perfila así como una pieza clave en la reconfiguración energética de la Montaña Central leonesa, combinando innovación tecnológica, inversión público-privada y aprovechamiento de recursos agrarios locales. Con la urbanización ya aprobada, la financiación alineada y el apoyo institucional confirmado, la localidad encara una transformación profunda de su modelo energético y productivo que la sitúa en el mapa europeo de los proyectos vinculados al hidrógeno verde y a los combustibles sintéticos.

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