La planta de ensamblaje de baterías de Martorell se ha convertido en el nuevo símbolo del salto de la automoción española hacia el coche eléctrico. Situada en el corazón del complejo industrial de Seat, esta instalación marca un antes y un después para la compañía y para el propio Grupo Volkswagen en Europa, al ser la primera de estas características que el consorcio alemán pone en marcha fuera de su país de origen.
Con una capacidad potencial de hasta 300.000 sistemas de baterías al año y una inversión directa de unos 300 millones de euros, la planta se integra en un proyecto de electrificación mucho más amplio, valorado en alrededor de 10.000 millones en España. El objetivo es claro: posicionar a Martorell y al conjunto del país como un hub clave de electromovilidad en Europa, capaz de suministrar baterías y vehículos eléctricos urbanos a millones de clientes.
Una planta estratégica en el centro de la fábrica de Martorell

La nueva planta, conocida internamente como Taller 20, se ha levantado en poco más de dos años dentro del recinto industrial de Martorell. Ocupa unos 64.000 metros cuadrados de superficie, el equivalente aproximado a nueve campos de fútbol, y ha supuesto la creación de unos 400 empleos directos y alrededor de un centenar de puestos indirectos cuando esté a pleno rendimiento.
Esta unidad de producción no es un edificio aislado, sino un elemento central en la reconfiguración eléctrica de Martorell. La fábrica catalana, inaugurada en 1993, ha pasado por una profunda modernización para poder combinar líneas de vehículos de combustión, híbridos y 100% eléctricos. El resultado es una planta que aspira a mantener una capacidad de hasta 600.000 vehículos anuales, de los cuales unos 300.000 podrían ser eléctricos en los próximos años.
La inversión específica en la transformación de Martorell se sitúa en torno a los 3.000 millones de euros, dentro del paquete de 10.000 millones comprometido por el Grupo Volkswagen para la electrificación de sus operaciones en España. La nueva planta de baterías es uno de los pilares de este esfuerzo, junto a la gigafactoría de Sagunto (Valencia) y la adaptación de otras fábricas como la de Navarra.
Desde la compañía se subraya que Martorell pasa a ser la tercera planta del grupo en Europa por volumen y responsable de aproximadamente una cuarta parte de la producción total de vehículos en España. La instalación de baterías se concibe, por tanto, como una “pieza maestra” para asegurar el suministro de un componente crítico y reducir dependencias externas.
Capacidad, automatización y conexión directa con las líneas de montaje
Uno de los aspectos que más llaman la atención de la planta es su alto nivel de automatización. Según los datos facilitados por la empresa, las líneas están preparadas para ensamblar un sistema de baterías completo cada 45 segundos. Traducido a volumen, esto significa 1.200 packs al día y hasta 300.000 al año cuando funcione con tres turnos y una plantilla cercana a las 500 personas.
El proceso arranca con la recepción de las celdas de batería, que por ahora llegan en tren desde otras factorías del Grupo Volkswagen y sus filiales. A la espera de que la gigafactoría de Sagunto esté operativa, se contempla el suministro desde instalaciones como la de Salzgitter. Sobre estas celdas se construye un sistema de batería basado en la plataforma MEB+ y la nueva célula unificada de PowerCo, diseñada con arquitectura “cell-to-pack” para ganar densidad energética y reducir costes al eliminar el nivel de módulo tradicional.
Una vez ensamblados, los sistemas de baterías se trasladan directamente a las zonas de montaje de vehículos a través de una estructura automatizada de unos 600 metros de longitud, descrita como un puente o túnel técnico que conecta el Taller 20 con los talleres de carrocería y ensamblaje final. Este corredor, completamente robotizado, permite mover las baterías sin necesidad de transporte por carretera interno, reduciendo tiempos, costes y emisiones logísticas.
De momento, toda la producción de la planta se destinará a coches que se fabriquen en Martorell. La planificación del grupo prevé que, a partir de 2026, la planta abastezca de forma exclusiva las líneas del Cupra Raval y del Volkswagen ID. Polo, los dos urbanos eléctricos que se convertirán en la punta de lanza del proyecto de coche eléctrico asequible para Europa occidental.
Modelos que recibirán las baterías: Cupra Raval y Volkswagen ID. Polo

La principal razón de ser de la nueva planta es garantizar el suministro de baterías a la próxima familia de coches eléctricos urbanos del Brand Group Core del Grupo Volkswagen. El modelo que abrirá camino será el Cupra Raval, un compacto 100% eléctrico que se ensamblará en Martorell y que pretende convertirse en la puerta de entrada a la electromovilidad para muchos conductores europeos.
El Raval se ha presentado como un coche con precio de partida alrededor de los 26.000 euros, con varias versiones orientadas a equilibrar autonomía, rendimiento y coste. Aunque los detalles técnicos definitivos se irán afinando, se han adelantado configuraciones con potencias en torno a los 155-166 kW y autonomías estimadas de unos 400-450 kilómetros, dependiendo de la versión. La marca también ha avanzado que será uno de los primeros modelos del grupo en incorporar el catalán como idioma del sistema de infoentretenimiento, un guiño simbólico al arraigo local de la fábrica.
Junto al Raval, Martorell acogerá la producción del Volkswagen ID. Polo (denominado en algunos proyectos como ID.2all o ID. Polo), otro urbano eléctrico orientado a un público amplio, que compartirá arquitectura básica y sistemas de batería con el modelo de Cupra. Ambos se consideran clave para la estrategia del grupo en el segmento de acceso, muy sensible al precio y a las ayudas públicas existentes en cada país.
El proyecto de coche eléctrico urbano del grupo no se limita a Martorell. Desde el Centro Técnico de Seat se ha liderado el desarrollo de una familia completa de cuatro modelos 100% eléctricos: además del Cupra Raval y el Volkswagen ID. Polo ensamblados en Catalunya, la planta de Volkswagen en Landaben (Navarra) producirá el Skoda Epiq y un SUV compacto conocido como ID. Cross. Todos ellos compartirán una base tecnológica común y se beneficiarán del suministro de baterías y del conocimiento generado en Martorell.
Sostenibilidad: energía solar, agua y reducción de huella de carbono
La nueva planta de baterías en Martorell no solo busca producir más, sino hacerlo de manera más sostenible y eficiente. En la cubierta del edificio se han instalado unos 11.000 paneles solares que, según la compañía, podrán cubrir hasta un 70% de la demanda eléctrica necesaria para el proceso de ensamblaje de los sistemas de baterías.
Junto a la generación fotovoltaica se ha implantado un sistema de recogida y gestión de aguas pluviales con una capacidad equivalente a unas tres piscinas olímpicas. Esta infraestructura permite reutilizar agua en distintos procesos industriales y contribuye a optimizar el consumo de recursos en un contexto de creciente preocupación por la sequía y el cambio climático.
Además de estas medidas visibles, Seat y el Grupo Volkswagen destacan la incorporación de procesos logísticos más compactos, el diseño de flujos internos que reducen movimientos innecesarios y la adopción de tecnologías de ensamblaje pensadas para disminuir la huella de CO₂ por unidad producida. El uso de la arquitectura cell-to-pack en los sistemas de baterías, junto con la introducción de químicas como el fosfato de hierro y litio (LFP) como alternativa, forma parte de esta estrategia para abaratar costes y alargar la vida útil de las baterías.
El conjunto encaja en la narrativa de Seat de que la planta de Martorell se está convirtiendo en un referente europeo en producción de vehículos eléctricos, no solo por volumen, sino también por la integración de soluciones de eficiencia energética y economía de recursos. La idea es que cada nueva batería que sale de la línea contribuya a reforzar esa imagen de “fábrica del futuro” dentro del grupo.
Inversión, empleo y apoyo institucional
El acto de inauguración de la planta ha tenido una fuerte carga institucional y política. A la cita acudieron el president de la Generalitat, Salvador Illa; el ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu; el presidente del Consejo de Administración de Seat & Cupra y CEO de la marca Volkswagen, Thomas Schäfer; y el consejero delegado de Seat & Cupra, Markus Haupt, junto al resto del comité ejecutivo. También estuvieron presentes representantes sindicales de UGT y CCOO y dirigentes de distintos partidos, como Oriol Junqueras o Albert Batet, subrayando el amplio consenso en torno al proyecto.
En sus intervenciones, Hereu e Illa enmarcaron la puesta en marcha del Taller 20 como una “apuesta de país” y una pieza importante para reforzar la independencia industrial de Europa en un momento de tensiones geopolíticas y competencia global, especialmente con China. El ministro expresó que desde Martorell y desde Catalunya se está construyendo la base para que la movilidad eléctrica llegue “a millones de hogares europeos”, mientras que el president destacó el peso del sector de la automoción en el PIB industrial catalán y la necesidad de “convertir el reto climático en una oportunidad de desarrollo”.
El proyecto se ha beneficiado del impulso de programas públicos como el PERTE VEC, diseñados para estimular la implantación de la cadena de valor del vehículo eléctrico en España. Por parte de la compañía, Markus Haupt ha insistido en que la inauguración del taller de baterías supone un “punto de inflexión en la historia de Seat y Cupra”, al permitir producir coches 100% eléctricos fabricados en España y orientados al mercado europeo.
La planta dará trabajo, una vez estabilizada la producción, a unas 500 personas entre empleo directo e indirecto, y se concibe como una instalación de referencia dentro de la red industrial del Grupo Volkswagen. En un contexto en el que el mercado del coche eléctrico en Europa crece, pero todavía por debajo de las previsiones iniciales, contar con una instalación flexible y escalable se considera un factor clave para adaptarse a la evolución de la demanda.
Contexto europeo, retos del mercado y estrategia del Grupo Volkswagen
La inauguración de la planta de Martorell se produce en un momento en el que el mercado del coche eléctrico en Europa avanza de forma desigual. La penetración de los vehículos a batería ha ido aumentando, pero a un ritmo más lento de lo que muchos fabricantes habían previsto. Esta realidad llevó a la Unión Europea a retrasar la entrada en vigor de la normativa Euro 7 de 2025 a 2027 y mantiene vivo el debate sobre la prohibición de matricular coches de combustión a partir de 2035.
Para Seat y el Grupo Volkswagen, este entorno regulatorio cambiante tiene un doble efecto. Por un lado, la flexibilización temporal de algunos objetivos de emisiones ha dado cierto margen para seguir comercializando modelos de combustión, lo que ayuda a sostener el negocio mientras la electrificación gana tracción. Por otro, la presión para reducir CO₂ obliga a acelerar las ventas de vehículos 100% eléctricos, que actualmente ofrecen márgenes más ajustados que los coches tradicionales, lo que afecta a la rentabilidad.
La compañía ha reconocido que esta combinación de obligaciones ambientales, costes elevados de desarrollo y factores externos como los aranceles a coches fabricados en China —caso del Cupra Tavascan— ejerce presión sobre sus resultados. Sin embargo, mantiene la apuesta por cumplir las metas climáticas y por consolidar una oferta competitiva de eléctricos. En este escenario, disponer de una planta de baterías propia, conectada a futuras gigafactorías y adaptada a la nueva célula unificada, se interpreta como una herramienta clave para ganar control tecnológico y recortar costes a medio plazo.
Los responsables del Grupo Volkswagen han presentado el sistema MEB+ y la célula unificada como una plataforma global que permitirá escalar la producción de modelos eléctricos en diferentes regiones, con flexibilidad para usar distintas químicas de batería según las necesidades de autonomía, precio y disponibilidad de materias primas. Martorell, con su Taller 20, se integra desde el principio en esta estrategia y se posiciona como uno de los nodos donde se fabricarán los sistemas de baterías que darán vida a los eléctricos urbanos del grupo.
Todo este movimiento industrial llega en paralelo a un aumento, todavía gradual, de la cuota de mercado del coche eléctrico. En Europa, su participación en las matriculaciones se sitúa ya en el entorno de algo menos de una quinta parte de las ventas, mientras que en España el peso sigue siendo más reducido, aunque crece año tras año apoyado por la expansión de la red de recarga y por incentivos públicos. La nueva planta de Martorell pretende aprovechar esa inercia y contribuir a que la electrificación sea una opción más accesible para muchos conductores.
Con la puesta en marcha de la planta de ensamblaje de baterías en Martorell, Seat y el Grupo Volkswagen suman una pieza decisiva a su hoja de ruta eléctrica: una instalación altamente automatizada, conectada directamente a las líneas de montaje, diseñada con criterios de sostenibilidad y respaldada por una fuerte inversión pública y privada, que sitúa a la factoría catalana en el centro de la estrategia europea de coche eléctrico urbano y la prepara para fabricar, a gran escala, los modelos que deberán consolidar la movilidad eléctrica en el mercado masivo.
