La migración silenciosa: cómo los envases de plástico pasan químicos al pescado en nuestra propia nevera

  • Un estudio del IDAEA-CSIC confirma que aditivos como bisfenoles y ftalatos se transfieren al pescado durante su conservación en frío.
  • El tiempo de contacto es un factor crítico, detectándose tasas de migración de hasta el 100% en algunos compuestos específicos.
  • Las bandejas compostables mostraron paradójicamente niveles de transferencia química superiores a otros envases tradicionales.
  • La normativa europea ya ha comenzado a restringir el bisfenol A, aunque se ha establecido un periodo de transición para su eliminación total.

Pescado fresco envasado en bandeja de plástico

A menudo compramos pescado fresco pensando que al meterlo en la nevera dentro de su envoltorio estamos haciendo lo correcto para protegerlo. Sin embargo, una reciente investigación liderada por el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC) ha puesto el foco en un proceso que suele pasar desapercibido para el consumidor: la migración de sustancias químicas desde los plásticos hacia el propio alimento mientras este descansa en el frío de nuestros hogares.

Este estudio, que ha contado con la colaboración de la Universidad de Florencia, revela que no hace falta calentar el recipiente en el microondas para que los aditivos se muevan; las temperaturas bajas de la refrigeración y la congelación también permiten que compuestos potencialmente perjudiciales terminen en la carne del salmón, el atún o la merluza que luego serviremos en la mesa. Se trata de una realidad cotidiana que afecta a la seguridad alimentaria en el ámbito doméstico.

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El fenómeno de la transferencia química en condiciones de frío

La investigación se centró en analizar cómo se comportan sustancias como los ftalatos, bisfenoles y otros plastificantes cuando están en contacto prolongado con el pescado. A diferencia de otros trabajos que solo miraban el producto al salir del supermercado, aquí se recreó lo que pasa en una casa normal: dejar el pescado 48 horas en la nevera a unos 4 grados o tenerlo un mes entero en el congelador a 18 bajo cero. Los datos son claros: cuanto más tiempo pasa, más se llenan los tejidos del animal de estos químicos.

Lo más llamativo es que algunos aditivos diseñados para dar flexibilidad y resistencia a los plásticos mostraron una tasa de migración de hasta el 100% en ciertos escenarios. No es ninguna broma, ya que estamos hablando de componentes que el cuerpo humano no debería procesar en grandes cantidades. El equipo científico analizó un total de 49 contaminantes diferentes, encontrando que todos los tipos de plásticos probados permitían este trasvase en mayor o menor medida.

Análisis de laboratorio sobre plásticos y alimentos

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Diferencias según el tipo de pescado y el envase utilizado

No todos los pescados absorben los químicos de la misma forma. El estudio detectó que el contenido de grasa y agua de cada especie juega un papel fundamental. Por ejemplo, los compuestos que se llevan bien con las grasas (lipofílicos) migran con una facilidad pasmosa hacia especies grasas como el salmón. En el caso de plastificantes alternativos como el DEHA, se llegaron a registrar transferencias superiores al 95% en este tipo de pescado.

Por otro lado, la merluza, que es un pescado con más contenido en agua, parece atraer más a ciertos bisfenoles. Pero si hay algo que ha sorprendido a los investigadores es el papel de las bandejas denominadas compostables. Aunque suenen mejor para el medio ambiente, en este estudio concreto presentaron mayores niveles de plastificantes que otros envoltorios, lo que sugiere que la descomposición de bioplásticos aún presenta retos técnicos importantes.

  • Bandejas de poliestireno: Comunes en las pescaderías para el despacho diario.
  • Films y bolsas de congelación: Utilizados masivamente para organizar la compra.
  • Bandejas compostables: Una alternativa moderna que requiere mayor vigilancia toxicológica.

Envases de plástico en el frigorífico

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Salud pública y la nueva normativa en Europa

La preocupación no es solo teórica. Muchos de estos aditivos son conocidos por actuar como disruptores endocrinos, lo que significa que pueden alterar nuestro sistema hormonal. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) se ha puesto seria y recientemente pegó un hachazo al límite de exposición diaria de bisfenol A, reduciéndolo de forma drástica al comprobar que los riesgos para la salud son mayores de lo que se pensaba hace unos años.

En España, aunque la Ley de Residuos de 2022 ya mencionaba restricciones para estos componentes, la realidad es que todavía se detectan en los envases comerciales. A nivel europeo, se aprobó una regulación para limitar el uso de bisfenoles en contacto con comida, la cual entró en vigor en enero de 2025. Eso sí, se ha dado un margen de tres años para que la industria se adapte totalmente, por lo que aún conviviéramos un tiempo con estos materiales en las estanterías.

Detalle de aditivos plásticos en el pescado

La situación actual pone de manifiesto que debemos estar mucho más atentos a cómo guardamos la comida en casa, ya que los niveles de exposición química total no solo vienen del pescado, sino de todo lo que comemos, respiramos o tocamos. Es vital que las autoridades sigan presionando para que los nuevos materiales que sustituyan al plástico tradicional sean realmente seguros y cuenten con estudios de toxicidad profundos antes de llegar a nuestras cocinas para evitar que, intentando solucionar un problema ambiental, acabemos generando uno de salud.

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