La IA disparará los residuos electrónicos: España se prepara para reciclarlos

  • Un estudio de Basel Action Network estima que la inteligencia artificial generará entre 395 y 617 millones de toneladas de residuos electrónicos entre 2025 y 2050.
  • Extremadura recicló en 2025 más de 2.000 toneladas de aparatos electrónicos, con una tasa por habitante de 9,81 kilos.
  • La planta CirCular de Huelva, con 550 millones de inversión, podrá tratar 60.000 toneladas anuales de RAEE y recuperar metales críticos como cobre, oro o paladio.
  • La generación mundial de residuos electrónicos crece cinco veces más rápido que su reciclaje, según Naciones Unidas.

Residuos electrónicos apilados

La basura electrónica se ha convertido en uno de los mayores quebraderos de cabeza ambientales del siglo XXI. Mientras toneladas de móviles, ordenadores y electrodomésticos acaban en vertederos o en plantas de reciclaje insuficientes, un nuevo factor amenaza con multiplicar el problema: la inteligencia artificial. Un reciente informe de la organización Basel Action Network (BAN) alerta de que el despliegue masivo de infraestructuras para IA podría generar una ola de desechos mucho mayor de lo previsto hasta ahora. En paralelo, España está dando pasos importantes para hacer frente a este reto, desde la recogida ciudadana hasta la construcción de plantas capaces de recuperar metales valiosos de los aparatos desechados.

Según Naciones Unidas, la generación de residuos electrónicos en el mundo aumenta cinco veces más rápido que su reciclaje. En 2022 se batió un récord de 62 millones de toneladas de RAEE, cifra que llenaría 1,55 millones de camiones de 40 toneladas, según el informe Global E-Waste Monitor 2024. Cada año se suman 2,6 millones de toneladas, y se espera que en 2030 se alcancen los 82 millones. Ante este panorama, la gestión responsable de estos desechos se ha vuelto urgente, y España intenta ponerse al día con iniciativas que combinan concienciación y tecnología.

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Una avalancha de residuos tecnológicos

El informe de BAN, titulado How Big is the AI Waste Wave?, calcula que la retirada anual de equipos electrónicos vinculados a la IA podría alcanzar entre 8,6 y 13,1 millones de toneladas en 2030, una cifra entre 40 y 60 veces superior a la proyección académica más citada hasta ahora. La diferencia está en que el estudio no solo cuenta servidores y unidades de procesamiento gráfico (GPU), sino toda la infraestructura electromecánica de los centros de datos: redes, distribución eléctrica, sistemas de refrigeración, almacenamiento y respaldo. Esta infraestructura representa alrededor del 87% de la masa de un centro de datos, mientras que los servidores apenas suponen el 13%.

Aparatos electrónicos desechados

Las proyecciones para 2050 son aún más alarmantes. Entre 31 y 46 millones de toneladas de equipos electrónicos podrían retirarse cada año, y en términos acumulados entre 2025 y 2050 se alcanzarían entre 395 y 617 millones de toneladas. Según BAN, ese volumen llenaría entre 15 y 23 millones de contenedores marítimos de 40 pies, suficientes para dar seis vueltas a la Tierra. Además, el llamado efecto contagio añadiría otros 16,2 a 30,7 millones de toneladas anuales fuera de los centros de datos, por la obsolescencia de teléfonos, ordenadores y redes de telecomunicaciones ante la expansión de la IA.

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El factor sorpresa: la inteligencia artificial

El impacto de la IA no solo se medirá en electricidad o agua. El debate ambiental se ha centrado en el consumo energético, pero se ha olvidado el destino de los equipos físicos, señala Jim Puckett, fundador de BAN. La organización advierte de que los ciclos de renovación de estos equipos podrían acortarse por la rápida evolución tecnológica, especialmente con la llegada de sistemas eléctricos superconductores, refrigeración líquida o nuevas químicas de baterías. Estos cambios podrían provocar la sustitución anticipada de infraestructuras todavía funcionales, agravando la montaña de basura electrónica.

Componentes electrónicos mezclados

La posible presencia de PFAS, los llamados ‘químicos eternos’, en los nuevos equipos añade otra capa de riesgo. BAN dedicará un informe específico a este asunto, pero ya avanza que la gestión responsable de estos residuos será un desafío enorme, pues solo una quinta parte de los residuos electrónicos del mundo se gestiona de forma responsable según el Global E-waste Monitor. En este contexto, cualquier aumento de volumen puede colapsar los sistemas de recogida y tratamiento existentes.

España, un ejemplo de recogida

Mientras tanto, algunas comunidades autónomas españolas demuestran que el reciclaje de aparatos electrónicos puede convertirse en un hábito ciudadano. Extremadura gestionó en 2025 un total de 2.045 toneladas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, lo que supone una recogida por habitante de 9,81 kilos. Para el director general de Fundación Ecolec, Luis Moreno, este resultado es el «mejor indicador» de la «respuesta responsable» de la ciudadanía extremeña, que ha asumido el reciclaje de dispositivos como un hábito clave para proteger el entorno.

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Recogida de residuos electrónicos

Estas cifras se suman a las de otras zonas como Ceuta, donde la recogida también ha aumentado, aunque con menor volumen. La clave, según los expertos, es que la ciudadanía ha interiorizado que los aparatos electrónicos deben depositarse en los puntos limpios y no en la basura doméstica. Un frigorífico mal procesado, por ejemplo, libera a la atmósfera emisiones contaminantes comparables a las de un vehículo que recorre 15.000 kilómetros, un dato que a menudo se utiliza para concienciar sobre la importancia de una correcta gestión.

De la chatarra al tesoro: la planta CirCular

Pero el reciclaje no solo es cuestión de recoger, sino también de transformar. En Huelva, Atlantic Copper ha inaugurado la planta CirCular, una instalación pionera en España que permite tratar hasta 60.000 toneladas de residuos electrónicos al año y recuperar cobre, oro, plata, platino, estaño y paladio. El proyecto ha requerido una inversión de 550 millones de euros, de los que el 40% se ha destinado a medidas ambientales, y ya genera unos 350 empleos entre directos, indirectos e inducidos.

Planta de reciclaje electrónico

La instalación ha sido declarada de interés estratégico por la Comisión Europea y la Junta de Andalucía, y se sitúa como la única de su tipo en el país. Con esta planta de reciclaje de metales, España refuerza su posición en la economía circular europea, al tiempo que reduce la dependencia de materias primas críticas importadas de terceros países. La iniciativa no solo recupera metales valiosos, sino que también contribuye a los objetivos comunitarios de reciclaje y suministro de materiales estratégicos.

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El futuro pasa por la economía circular

La puesta en marcha de CirCular es un ejemplo de cómo la industria puede convertir un problema en una oportunidad. La recuperación de metales a partir de residuos electrónicos permite reincorporar al ciclo productivo materiales que de otro modo acabarían en vertederos, y además reduce la necesidad de extracción primaria. En la misma línea, centros tecnológicos valencianos trabajan en proyectos como RECRIT-CV, que busca extraer litio, níquel o cobalto de baterías de ion-litio y placas de circuitos impresos, aunque estas iniciativas aún están en fase de investigación.

Metales recuperados de residuos

El reto de fondo, como advierte BAN, es que la planificación para gestionar los futuros residuos de la IA debe empezar ya. No se puede esperar a que las toneladas lleguen para construir infraestructuras y diseñar estrategias. La comunidad científica y las organizaciones ambientales piden a las grandes tecnológicas que asuman su responsabilidad y financien sistemas de recogida y tratamiento adecuados. Mientras tanto, los consumidores españoles han demostrado que están dispuestos a hacer su parte, pero necesitan más puntos de recogida y campañas claras.

En definitiva, el futuro de los residuos electrónicos se juega en dos frentes: el tecnológico, para mejorar los procesos de reciclaje, y el social, para que la ciudadanía siga colaborando. España ha dado pasos importantes con plantas como CirCular y con comunidades que reciclan cada vez más, pero la llegada de la inteligencia artificial amenaza con desbordar un sistema que ya trabaja al límite. Solo la anticipación y la inversión en economía circular permitirán evitar que la próxima gran avalancha de basura electrónica nos pille desprevenidos.

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