La Hora del Planeta: cómo se apagan las luces en España para encender la conciencia ambiental

  • La Hora del Planeta celebra su 20ª edición con un gran apagón simbólico el sábado 28 de marzo de 20:30 a 21:30 horas.
  • Ciudades y municipios de toda España apagan edificios emblemáticos y parte del alumbrado público para reclamar más acción climática.
  • WWF destaca los avances logrados en estas dos décadas, pero alerta de la urgencia de frenar el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad.
  • Ayuntamientos, empresas y ciudadanía están llamados a sumarse con un gesto sencillo: apagar las luces durante una hora.

Apagado de luces por la Hora del Planeta

Durante una hora concreta del año, millones de personas en todo el mundo deciden apagar las luces de sus hogares y edificios más emblemáticos para lanzar un mensaje común: la lucha contra el cambio climático y la pérdida de biodiversidad no puede esperar. En España, municipios grandes y pequeños vuelven a unirse a esta cita global impulsada por WWF, que conmemora ya dos décadas de andadura.

En su 20ª edición, La Hora del Planeta se presenta como mucho más que un simple apagón simbólico. El gesto de dejar a oscuras plazas, monumentos y sedes corporativas se combina con campañas de sensibilización, compromisos ambientales y actividades paralelas que buscan recordar que la naturaleza es el sistema de soporte vital del que depende nuestra calidad de vida y la de las generaciones futuras.

Qué es la Hora del Planeta y por qué se celebra

La iniciativa nacía en Sídney en 2007 como una acción ciudadana sencilla: apagar durante sesenta minutos la iluminación de edificios y monumentos para llamar la atención sobre el cambio climático. Aquella primera prueba se ha convertido con los años en el que muchos consideran el mayor movimiento ambiental global, con participación en casi 200 países.

Hoy, la propuesta se mantiene igual de clara: de 20:30 a 21:30 horas, el sábado 28 de marzo, se invita a hogares, empresas, administraciones y centros educativos a sumarse apagando luces y aparatos eléctricos no esenciales. El objetivo es evidenciar que los pequeños gestos, coordinados a gran escala, pueden tener un fuerte impacto simbólico y servir de altavoz frente a gobiernos y tomadores de decisiones.

WWF, organización que impulsa la campaña a nivel internacional, recuerda que la naturaleza nos proporciona el aire, el agua y los alimentos que necesitamos cada día, pero se encuentra sometida a una presión creciente por el calentamiento global, la degradación de ecosistemas y la pérdida de especies. En este contexto, la Hora del Planeta se plantea como un recordatorio colectivo de que el planeta es nuestro hogar común.

En esta vigésima edición, el lema adoptado en España y otros países europeos —“20 ediciones. 20 éxitos”— pone el foco en los logros alcanzados en estas dos décadas de movilización social: avances en acuerdos climáticos, expansión de áreas protegidas, proyectos de restauración y recuperación de especies emblemáticas, entre ellas el lince ibérico.

Un aniversario marcado por la emergencia climática

A pesar de esos avances, WWF advierte de que la crisis climática continúa acelerándose. La organización recuerda que el planeta ya se ha calentado alrededor de 1,1 ºC respecto a los niveles preindustriales y que podría alcanzarse el umbral de 1,5 ºC en la próxima década si no se intensifican las medidas de mitigación.

Ese incremento de temperatura se está traduciendo en fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes: inundaciones, olas de calor prolongadas, sequías severas o incendios forestales de gran intensidad. En países mediterráneos como España, estos impactos se notan con especial crudeza, con episodios de danas, veranos cada vez más largos y mayor presión sobre los recursos hídricos.

WWF insiste en que esta década debe convertirse en un auténtico punto de inflexión. Para ello, reclama más rapidez y ambición en la reducción de emisiones, en la protección de la biodiversidad y en la transición hacia modelos de producción y consumo más sostenibles. La Hora del Planeta se presenta, así, como una llamada anual a no bajar la guardia.

La propia organización subraya que, en un contexto de incertidumbre global, es importante visibilizar también los motivos para la esperanza. Entre los hitos que se resaltan en este 20º aniversario se encuentran, por ejemplo, los avances hacia la recuperación de la capa de ozono, la expansión de áreas marinas protegidas o el impulso de energías renovables en numerosos países europeos.

Ciudades españolas que se apagan por el clima

En España, la convocatoria de este 28 de marzo vuelve a contar con la adhesión de centenares de ayuntamientos, que apagarán durante una hora parte del alumbrado de edificios públicos, monumentos y calles emblemáticas. Municipios de todos los tamaños han anunciado su participación para recordar, de forma visible, la urgencia de actuar frente a la emergencia climática.

En el ámbito urbano, el apagón voluntario se ha extendido desde grandes capitales a localidades medianas y pequeñas. Cada una adapta la iniciativa a su realidad, bien reduciendo la iluminación de plazas céntricas, bien apagando fachadas institucionales o fuentes ornamentales, siempre con la premisa de no comprometer la seguridad ciudadana.

WWF España anima a las corporaciones locales a utilizar el momento de la Hora del Planeta como altavoz para sus propias políticas ambientales, desde la eficiencia energética en edificios municipales hasta la apuesta por energías renovables o la mejora de zonas verdes urbanas.

Al mismo tiempo, se invita a la ciudadanía a participar desde casa, reduciendo su consumo energético durante ese tramo horario y adoptando hábitos cotidianos más sostenibles que puedan mantenerse a lo largo del año, como el uso racional de la electricidad, la movilidad activa o el consumo responsable.

Apagones simbólicos en municipios de toda España

Entre las localidades que han confirmado su participación destaca Chiclana, que mantiene un compromiso continuado de difusión de la campaña. El municipio gaditano apagará, entre otros, la Ermita de Santa Ana, la parroquia de San Juan Bautista, el Puente y la Fuente del VII Centenario, la iglesia de San Telmo, el convento de Nuestro Padre Jesús Nazareno, el Museo de Chiclana y el Arquillo del Reloj.

Las autoridades locales han hecho cálculos aproximados para ilustrar el posible impacto de la implicación vecinal: si todos los hogares del término municipal se sumaran al apagón, el ahorro podría rondar los 22.000 kWh en esa hora, evitando la emisión de unas 12 toneladas de CO2, una cantidad de dióxido de carbono cuyo equivalente de absorción se situaría en torno a la capacidad de varios centenares de árboles.

Alicante también se unirá a la cita apagando la iluminación de la Plaza Séneca y las luces exteriores del Castillo de Santa Bárbara. La ciudad se suma así a la cadena de enclaves históricos que quedarán a oscuras para subrayar la necesidad de proteger el clima y los ecosistemas de los que dependen tanto el bienestar de la población como actividades económicas clave.

En Daimiel, el ayuntamiento se ha adherido un año más a esta campaña global promovida por WWF, animando a gobiernos, empresas y particulares a mostrar su compromiso contra el cambio climático. Bajo el lema “Apaga la luz. Defiende el planeta”, el consistorio invita a la población a participar en el apagón de 20:30 a 21:30 horas y a prolongar ese compromiso con hábitos de vida más sostenibles.

La localidad sevillana de La Rinconada también confirmará su participación apagando la iluminación de edificios municipales y espacios de referencia, como el Ayuntamiento, la Tenencia de Alcaldía, el Centro Cultural de la Villa, el Depósito del Agua o el Centro de Formación Juan Pérez Mercader. El delegado de Medio Ambiente ha subrayado que un gesto tan sencillo como apagar la luz durante una hora transmite un mensaje claro de respeto por la naturaleza y de responsabilidad compartida.

El ejemplo de Fuenlabrada, Barberà del Vallès, l’Eliana y Zaragoza

En la Comunidad de Madrid, Fuenlabrada volverá a sumarse a esta movilización global apagando parte del alumbrado público de 26 calles y 12 fuentes ornamentales. El tramo horario será el mismo, de 20:30 a 21:30 horas del sábado 28 de marzo, con un dispositivo que alternará farolas para no comprometer la seguridad viaria.

Con este apagón parcial, el consistorio prevé evitar la emisión de más de 200 kilos de CO2 y ahorrar en torno a 800 kWh de energía eléctrica en tan solo una hora. La concejalía de Medio Ambiente y Sostenibilidad recuerda que se trata de un gesto simbólico integrado en una estrategia más amplia, que incluye la sustitución progresiva del alumbrado por tecnología LED, la revisión de horarios de encendido y apagado en edificios municipales y el compromiso de que una parte relevante de la energía consumida sea de origen renovable.

En Cataluña, Barberà del Vallès se adhiere de nuevo a la convocatoria mundial con el apagado de algunos de sus puntos más representativos. Entre ellos figuran la fachada del Ayuntamiento, las farolas bajas del paseo Doctor Moragas o la iluminación de la torre del parque de Can Serra, que quedarán a oscuras durante la franja de la Hora del Planeta.

La campaña en Barberà del Vallès incide además en la dimensión social y educativa de la iniciativa, invitando a la población a compartir en redes sociales imágenes de sus rincones naturales favoritos con etiquetas como #HoraDelPlaneta o #20ediciones20éxitos, con la idea de visibilizar la fragilidad de los ecosistemas y la necesidad de conservarlos entre todas las personas.

En la Comunidad Valenciana, el Ayuntamiento de l’Eliana renovará su adhesión a la Hora del Planeta con el apagado del entorno del consistorio, incluida la fachada y el alumbrado de la plaza del País Valencià, así como diversas calles del centro urbano. El municipio encuadra esta acción en una estrategia más amplia de lucha contra el cambio climático y de adaptación a impactos como olas de calor, sequías o episodios de lluvias torrenciales.

Zaragoza, por su parte, mantendrá su participación en esta conmemoración internacional apagando la iluminación ornamental de la Casa Consistorial y La Lonja, así como el alumbrado interior de las torres del Pilar y del retablo de Pablo Serrano. Además, se reducirá la luz en la plaza del Pilar y se apagará la fachada digital de Etopia junto con otras dependencias municipales vinculadas al agua y el medio ambiente.

Participación de empresas y medios de comunicación

La implicación del tejido empresarial en la Hora del Planeta se ha ido reforzando con los años, con compañías que asumen compromisos públicos de reducción de emisiones y acciones de sensibilización hacia su plantilla y su clientela. Algunas entidades apagan sus sedes emblemáticas y oficinas en distintos países, mientras muchas otras se suman con campañas informativas y actividades internas.

En el ámbito de los medios, plataformas de comunicación y entretenimiento colaboran como socios de difusión del mensaje ambiental. A través de programaciones especiales, documentales sobre ecosistemas en riesgo o piezas dedicadas a la emergencia climática, contribuyen a que la campaña llegue a un público más amplio y diverso, reforzando su alcance social.

En paralelo, grupos empresariales han ido incorporando hojas de ruta climáticas propias, que pasan por reducir sus emisiones en toda la cadena de valor, contratar electricidad de origen renovable o desarrollar servicios que ayuden a otras organizaciones a disminuir su huella de carbono. Estos pasos se alinean con objetivos a largo plazo como alcanzar cero emisiones netas en las próximas décadas.

Ese vínculo entre la Hora del Planeta y la acción corporativa a largo plazo busca mostrar que la cita anual no es un gesto aislado, sino un recordatorio periódico de compromisos que deben mantenerse todo el año. Las empresas que participan utilizan a menudo esta fecha para rendir cuentas sobre sus avances, publicar datos de reducción de emisiones o presentar nuevos planes de sostenibilidad.

La colaboración de medios, administraciones y compañías privadas ayuda a que el mensaje de la Hora del Planeta cale más hondo, subrayando que la transición ecológica requiere un esfuerzo conjunto y que cada actor —desde una pequeña empresa local hasta una gran corporación— tiene un papel que desempeñar.

Un gesto colectivo que invita a cambiar de hábitos

La organización de la campaña insiste en que el apagón de una hora no pretende resolver por sí solo el problema del cambio climático, sino servir de chispa para cambios más profundos. Cada edición se aprovecha para lanzar mensajes ligados al ahorro energético, a la movilidad sostenible, al consumo responsable o a la importancia de conservar los ecosistemas.

Para las ciudades, la Hora del Planeta supone una oportunidad de reforzar el vínculo entre políticas públicas y participación ciudadana. Muchos ayuntamientos acompañan el apagón con charlas divulgativas, actividades educativas, retos en redes sociales o iniciativas de voluntariado, con el objetivo de mantener vivo el debate sobre qué tipo de modelo urbano se quiere construir.

En los hogares, la propuesta pasa por convertir esta hora en un momento de desconexión eléctrica consciente: cenar a la luz de las velas, conversar sin pantallas, disfrutar de una pausa en el ritmo habitual y, de paso, reflexionar sobre el uso cotidiano de la energía. Ese pequeño paréntesis puede dar pie a revisar facturas, cambiar bombillas por otras más eficientes o replantearse costumbres de consumo.

Desde la perspectiva de WWF y de los municipios participantes, lo relevante es que el símbolo se traduzca, poco a poco, en transformaciones reales en la forma de producir, movernos y consumir. La emergencia climática y la pérdida de biodiversidad exigen cambios estructurales, pero también miles de decisiones individuales diarias que sumen en la misma dirección.

A veinte años de su nacimiento, la Hora del Planeta se ha consolidado como una cita anual en la que España y Europa se apagan durante sesenta minutos para recordar que el tiempo para actuar es limitado. Mientras ciudades, empresas y ciudadanía vuelven a coordinarse para dejar a oscuras calles y monumentos, el mensaje de fondo permanece intacto: cada acción cuenta, y la suma de millones de pequeños gestos puede marcar la diferencia en la carrera contra la emergencia climática.

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