El despliegue de la energía solar fotovoltaica en España avanza a buen ritmo, pero el camino hacia los objetivos marcados por el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) para 2030 todavía requiere de un esfuerzo considerable. Con una potencia instalada que ya supera los 50 GW, el país se enfrenta ahora al reto de integrar nuevos proyectos en espacios cada vez más complejos, donde la disponibilidad de suelo es limitada y la aceptación social juega un papel determinante.
En este contexto, el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) acaba de resolver la convocatoria de ayudas del programa RenoInn, destinada a proyectos innovadores de energías renovables y almacenamiento. La iniciativa, financiada con fondos europeos NextGenerationEU, ha concedido 21,3 millones de euros a 22 proyectos, de los cuales 19 son instalaciones solares fotovoltaicas. La mayoría de estas iniciativas aprovechan infraestructuras existentes como estaciones de depuración, vertederos clausurados, carreteras o antiguas explotaciones mineras, lo que demuestra que la fotovoltaica puede convivir con otros usos del territorio sin necesidad de ocupar suelo agrícola o espacios naturales de valor.
Objetivos 2030: 76 GW de potencia fotovoltaica
El PNIEC establece un objetivo de 76 GW de potencia fotovoltaica para 2030, de los cuales 57 GW deberían estar conectados a la red eléctrica y 19 GW en régimen de autoconsumo. Según los datos manejados por el IDAE y la Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA), a día de hoy hay 37,5 GW conectados a la red y 9,2 GW en autoconsumo. Esto significa que, en los próximos cinco años, sería necesario instalar alrededor de 20 GW para vertido a red y 10 GW en autoconsumo, un ritmo de crecimiento que exige agilizar los trámites administrativos y buscar nuevas ubicaciones para los paneles.
La superficie necesaria para alcanzar esos 57 GW en suelo sería de aproximadamente 114.000 hectáreas, lo que representa solo el 0,2% de la superficie total de España. Según el IDAE, esta superficie podría encontrarse en espacios antropizados: cubiertas de edificios, marquesinas, suelos industriales degradados, espacios de servidumbre, láminas de agua o incluso vertederos clausurados. La utilización de estos espacios no solo reduce la presión sobre el suelo productivo, sino que también facilita la aceptación social de los proyectos, al tratarse de zonas con valores ecológicos o paisajísticos ya degradados.

Proyectos pioneros en infraestructuras y suelos degradados
La convocatoria del programa RenoInn ha puesto de manifiesto el potencial de la fotovoltaica para integrarse en infraestructuras de todo tipo. Entre los proyectos beneficiarios destacan nueve instalaciones en estaciones de depuración o desaladoras, tres en vertederos clausurados o en funcionamiento, cinco en carreteras, dos en espacios afectados por minería y uno en un aeropuerto, un canal y un puerto respectivamente. Por comunidades autónomas, Cataluña lidera la lista con ocho proyectos, seguida de Aragón con cuatro, Castilla y León y Andalucía con dos y tres respectivamente, y el resto repartidos entre País Vasco, Extremadura, Galicia, Canarias y Asturias.
Uno de los ejemplos más llamativos es el proyecto de la Ecocentral de Granada, donde la Diputación instalará 6 MW de potencia fotovoltaica con 3 MWh de almacenamiento en la ladera de un vertedero de rechazos. La energía generada se consumirá en la propia planta de tratamiento y los excedentes se verterán a la red. Otro caso relevante es el de la empresa Minera de Santa Marta, en Belorado (Burgos), que ha recibido 2,6 millones de euros para hibridar su central de cogeneración con una instalación solar de 8,9 MWp y 4,9 MWh de almacenamiento, ubicada sobre una antigua escombrera minera. También destaca el proyecto de Endesa en el Canal de Lleida, que integra 1,6 MW fotovoltaicos en la infraestructura hidráulica existente, aprovechando el propio canal como sistema de almacenamiento regulable.
El reciclaje de paneles: un reto y una oportunidad económica
Mientras España acelera el despliegue de nueva capacidad, la industria fotovoltaica también debe prepararse para gestionar los residuos que generarán los paneles al final de su vida útil. Según un análisis de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), para 2050 más de 25 millones de toneladas de paneles solares habrán llegado al final de su vida útil en todo el mundo, lo que equivale a más de 400 GW de capacidad instalada. La recuperación de materiales como cobre, aluminio, plata, silicio y vidrio podría generar un mercado de 6.000 millones de dólares anuales en 2040 y superar los 20.000 millones en 2050.
Actualmente, el reciclaje de paneles solares permite recuperar más del 90% de sus materiales, y con los avances tecnológicos previstos podría alcanzarse una tasa cercana al 100%. Sin embargo, el volumen de residuos plantea un desafío logístico importante: IRENA calcula que la recogida y el tratamiento de los paneles requerirán al menos 120.000 viajes de camiones pesados y más de 150 plantas de tratamiento de tamaño mediano en la próxima década. La aplicación de los principios de la economía circular -reducir, reutilizar y reciclar- será fundamental para minimizar el impacto ambiental y maximizar el aprovechamiento de los materiales recuperados.
La fotovoltaica como motor de empleo y desarrollo
El sector fotovoltaico no solo contribuye a la descarbonización del sistema energético, sino que también se ha convertido en un importante generador de empleo. Según los datos citados por IRENA, la energía solar fotovoltaica representó el 43% del empleo total en energías renovables en 2024, con más de 7,2 millones de puestos de trabajo en todo el mundo. En España, el crecimiento de las instalaciones de autoconsumo y de los grandes parques solares está impulsando la creación de empleo cualificado en ingeniería, instalación, mantenimiento y operación de plantas.
Además, la reutilización y el reciclaje de paneles solares pueden generar nuevas oportunidades laborales. Un estudio realizado por una red de empresas sociales en Europa estima que una capacitación laboral adecuada puede generar entre 60 y 140 empleos por cada 1.000 toneladas de materiales recogidos para la reutilización de residuos electrónicos. En las economías en desarrollo, las actividades de recogida, reparación y reciclaje dentro de modelos de economía circular también pueden generar ingresos para los trabajadores del sector informal, siempre que se establezcan marcos regulatorios que protejan su salud y seguridad.
La combinación de todos estos factores -objetivos ambiciosos, proyectos innovadores en espacios degradados, y una industria del reciclaje en ciernes- dibuja un panorama prometedor para la fotovoltaica española. El sector no solo debe centrarse en instalar más megavatios, sino también en hacerlo de forma inteligente, aprovechando las infraestructuras existentes y preparándose para gestionar el ciclo de vida completo de los paneles. Con la vista puesta en 2030, España tiene la oportunidad de consolidarse como un referente europeo en integración de renovables y economía circular, demostrando que la transición energética puede ser compatible con la protección del territorio y la creación de riqueza.