La flota mundial de coches eléctricos ya recorta 1,7 millones de barriles diarios de petróleo

  • La flota mundial de vehículos eléctricos evita el consumo de 1,7 millones de barriles de petróleo al día, casi tanto como las exportaciones de Irán por Ormuz.
  • La electrificación del transporte podría recortar un tercio de las importaciones globales de combustibles fósiles y ahorrar unos 600.000 millones de dólares anuales.
  • Europa ya ahorra cerca de 8.000 millones de dólares al año en petróleo gracias a los vehículos eléctricos, en un contexto de fuerte volatilidad de precios.
  • La expansión del coche eléctrico en Asia y Europa acelera el posible pico de demanda de petróleo y refuerza la seguridad energética.

Impacto de los vehículos eléctricos en el consumo de petróleo

La rápida expansión de la flota mundial de vehículos eléctricos empieza a dejar huella en uno de los pilares de la economía global: el petróleo. En 2025, estos coches, furgonetas y autobuses movidos por batería evitaron el consumo de alrededor de 1,7 millones de barriles de crudo al día, según el último análisis del centro de estudios energéticos Ember.

Ese volumen de petróleo no quemado es todo menos anecdótico: equivale a cerca del 70% de las exportaciones de Irán a través del estrecho de Ormuz, uno de los principales cuellos de botella del sistema energético mundial. En un momento marcado por tensiones geopolíticas y precios volátiles, el vehículo eléctrico se perfila como un amortiguador cada vez más relevante frente a nuevas crisis del petróleo.

1,7 millones de barriles diarios menos: qué significa realmente

El dato central del informe de Ember es claro: la electrificación del transporte por carretera ya ha conseguido que la demanda de petróleo sea sensiblemente menor de lo que habría sido sin coches eléctricos. Esos 1,7 millones de barriles diarios evitados suponen una parte apreciable del mercado mundial y sirven de referencia para comparar el impacto de la transición en marcha.

Para dimensionarlo, Ember equipara esta cantidad a las exportaciones iraníes de crudo, cifradas en unos 2,4 millones de barriles diarios que tradicionalmente circulan por el estrecho de Ormuz. Dicho de otra forma, la flota eléctrica mundial ya compensa la mayor parte de lo que Irán coloca en el mercado internacional en tiempos normales.

Además de este ahorro directo de petróleo, el informe subraya que la electrificación tiene un fuerte efecto protector frente a nuevas subidas de precios. Sin ese volumen de barriles evitados, la presión sobre el mercado internacional de crudo sería mayor, lo que podría traducirse en carburantes todavía más caros para consumidores y empresas en Europa y el resto del mundo.

Ember recuerda que por cada subida de 10 dólares por barril, la factura global de importaciones energéticas se incrementa en torno a 160.000 millones de dólares al año. Reducir la dependencia del crudo es, por tanto, algo más que una cuestión climática: se convierte en una herramienta económica de primer orden.

El petróleo como punto débil de la economía mundial

El análisis califica al petróleo como el auténtico “talón de Aquiles de la economía global”. La razón principal es que el negocio del crudo está extremadamente concentrado en unas pocas zonas productoras y rutas estratégicas, mientras que la inmensa mayoría de la población vive en países que dependen de las importaciones.

Actualmente, alrededor del 79% de la población mundial reside en Estados que no cubren con producción propia sus necesidades de petróleo. Esto los hace especialmente vulnerables a cualquier evento que altere la oferta: conflictos en regiones productoras, cierres de pasos marítimos clave o incluso ataques a infraestructuras energéticas con medios relativamente baratos, como drones.

En este contexto aparece de nuevo el estrecho de Ormuz, un corredor marítimo por el que transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial y una parte sustancial del gas fósil licuado. La región del Golfo concentra aproximadamente el 29% del suministro global de crudo, de modo que cualquier interrupción en este punto se traduce casi de inmediato en sobresaltos de precios.

La crisis actual en Oriente Próximo ha puesto el foco en la especial exposición de Asia, que importa alrededor del 40% de su crudo a través de Ormuz. Para algunos analistas, este episodio es una especie de “momento Ucrania” para el continente asiático, en alusión al shock energético que sufrió Europa tras la invasión rusa.

El informe también incide en que ni siquiera los grandes productores se libran de la volatilidad: Estados Unidos, a pesar de ser uno de los mayores extractores de petróleo del planeta, ha visto cómo los precios de la gasolina subían más de un 25% desde el inicio del conflicto actual, evidenciando que el mercado se fija globalmente y afecta a todos.

La alternativa: electrificación y menor dependencia del crudo

Frente a este panorama, Ember señala que, al contrario que en las crisis del petróleo de los años 70, hoy existe una alternativa tecnológica madura: la electrificación del transporte, acompañada por el despliegue de energías renovables y bombas de calor en edificios.

Según sus cálculos, sustituir el petróleo importado que se utiliza en el transporte por carretera por vehículos eléctricos permitiría recortar un tercio de las importaciones globales de combustibles fósiles. En términos económicos, estaríamos hablando de un ahorro cercano a 600.000 millones de dólares al año para los países importadores.

El informe amplía además la perspectiva más allá del coche particular. Si a la electrificación del transporte se sumara la sustitución progresiva de las calefacciones basadas en gas o derivados del petróleo por sistemas eléctricos eficientes, y si las renovables fuesen desplazando a las centrales térmicas que queman carbón, gas y fuel, los importadores podrían reducir hasta un 70% su factura de combustibles fósiles.

En palabras de uno de los autores del análisis, “los vehículos eléctricos son cada vez más competitivos frente a los de gasolina y diésel, y la volatilidad del petróleo hace que sean una opción lógica para los países que quieren protegerse de futuras crisis”.

Transición energética y vehículos eléctricos

Impacto económico en Asia, Europa y otras regiones

El efecto de los vehículos eléctricos ya se refleja en las cuentas de muchos países. Con un precio del crudo en torno a 80 dólares por barril, China se ahorra más de 28.000 millones de dólares anuales en importaciones de petróleo gracias únicamente a su flota eléctrica actual, según Ember.

Europa también empieza a notar este colchón, aunque a menor escala. El informe sitúa el ahorro europeo en unos 8.000 millones de dólares al año en importaciones de crudo evitadas por los coches eléctricos en circulación. En un mercado tan expuesto como el europeo, donde el coste de los carburantes se traslada rápidamente a la inflación, esta reducción de la factura energética tiene un peso nada desdeñable.

India, por su parte, registra un ahorro cercano a los 600 millones de dólares anuales, una cifra más modesta pero relevante para una economía con un fuerte crecimiento de la demanda energética y todavía una cuota baja de ventas de vehículos eléctricos.

La otra cara de la moneda la representan países de bajos ingresos muy dependientes de los combustibles fósiles. En economías como Namibia o la República Democrática del Congo, la importación de petróleo y derivados llega a suponer más del 15% del producto interior bruto. En estos casos, cada subida del barril genera un impacto desproporcionado sobre las finanzas públicas y el coste de la vida.

En el caso concreto de Europa, la crisis en Oriente Próximo y el encarecimiento del Brent, que ha llegado a superar los 100 dólares por barril, han empujado al alza los precios de la gasolina, el diésel y el queroseno. Esta realidad ha reavivado el debate sobre la necesidad de acelerar la electrificación del transporte terrestre y, en paralelo, reducir la dependencia del petróleo en la aviación y el transporte marítimo.

Ventas de vehículos eléctricos: un cambio global en marcha

La reducción de 1,7 millones de barriles diarios no surge de la nada: responde a un aumento muy rápido de las ventas de vehículos eléctricos en numerosas regiones. Ember contabiliza 39 países con una cuota de ventas de coches eléctricos superior al 10% en 2025, frente a apenas cuatro países en 2019.

Algunos mercados emergentes se encuentran entre los más dinámicos. Vietnam alcanzó una cuota de alrededor del 38% de vehículos eléctricos en las ventas de nuevos automóviles, superando incluso a la Unión Europea. Tailandia (21%) e Indonesia (15%) han logrado también avances notables, situándose por encima de economías como Estados Unidos, donde la cuota se sitúa en torno al 10%.

En la Unión Europea, la cuota media de ventas de vehículos eléctricos ronda el 26%, aunque existen fuertes diferencias internas. Países del norte y centro de Europa muestran cifras muy por encima de la media, mientras que otros Estados, como España, se mantienen rezagados en torno a un 9% de cuota, pese al potencial de reducción de importaciones de combustibles fósiles.

En América, la situación también es dispar: Brasil se mueve cerca del 9%, mientras que Japón, tradicional potencia automovilística, se queda alrededor del 3%, por debajo incluso de India, que se sitúa en el entorno del 4%.

El papel de Europa y España en la nueva seguridad energética

Para Europa, muy golpeada por la crisis de precios del gas tras la invasión de Ucrania, el informe de Ember refuerza una idea que ya ha calado en las instituciones comunitarias: la seguridad energética del futuro pasa por reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados y acelerar la electrificación.

El ahorro de unos 8.000 millones de dólares anuales en importaciones de petróleo gracias a los vehículos eléctricos que circulan por las carreteras europeas es todavía solo una fracción del potencial estimado. Bruselas ve en la combinación de coche eléctrico, renovables y bombas de calor una oportunidad para mitigar tanto riesgos geopolíticos como costes para hogares y empresas.

La exposición española a los vaivenes del mercado del crudo se refleja en la evolución reciente de los precios: la gasolina 95 ha llegado a situarse en torno a 1,77 euros por litro, mientras que el diésel ha superado la barrera de los 1,9 euros por litro en algunos momentos de tensión. El encarecimiento del queroseno de aviación, con subidas de entorno al 70% a nivel europeo en los últimos episodios de crisis, añade presión a un sector clave para la economía española como es el turismo.

En este contexto, los analistas coinciden en que una flota eléctrica mayor en España y en Europa habría amortiguado parte de este impacto, reduciendo la factura de importaciones y la exposición al encarecimiento de los carburantes.

¿Hacia el pico de demanda de petróleo?

La International Energy Agency (IEA) prevé que la demanda mundial de petróleo alcance su máximo alrededor de 2029, con un consumo que no sería mucho mayor que el registrado en 2025. Ember sugiere que la combinación entre conflictos geopolíticos y avance tecnológico podría adelantar ese punto de inflexión.

La lógica es sencilla: cada nuevo vehículo eléctrico que se incorpora a la carretera resta consumo de gasolina o diésel durante toda su vida útil. Si se mantiene el ritmo actual de ventas, o incluso se acelera, la curva de demanda de crudo para el transporte por carretera podría aplanarse antes de lo previsto y empezar a descender de forma estructural.

Para los países importadores, este escenario abre una ventana de oportunidad. Una transición rápida hacia la electrificación, apoyada en renovables nacionales, no solo contribuiría a cumplir objetivos climáticos, sino que permitiría recortar de manera significativa las facturas energéticas y la exposición a choques externos.

El informe de Ember plantea, además, una cuestión de fondo: si la crisis actual acelerará todavía más el pico de demanda de petróleo o si, por el contrario, algunos países optarán por mantener su apuesta por los combustibles fósiles a pesar de los riesgos. La experiencia reciente de Europa y ahora de Asia parece inclinar la balanza hacia la primera opción.

Todo apunta a que el ahorro de 1,7 millones de barriles diarios de petróleo logrado por la flota mundial de vehículos eléctricos en 2025 es solo un primer avance de un cambio más profundo. A medida que más países apuesten por la movilidad eléctrica y refuercen su generación renovable, la dependencia del crudo importado irá reduciéndose, con implicaciones directas para la seguridad energética, la estabilidad de precios y la capacidad de las economías —incluida la española y la europea— para afrontar futuras crisis sin repetir los sobresaltos del pasado.

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