
Los conflictos bĂ©licos suelen analizarse por sus terribles consecuencias humanas y geopolĂticas, pero a menudo se olvida que el medio ambiente tambiĂ©n sufre las secuelas directas de las explosiones, el ruido y la presencia de tropas. En el caso de Ucrania, la invasiĂ³n rusa de 2022 ha permitido documentar un experimento natural sin precedentes sobre cĂ³mo los animales salvajes reaccionan en tiempo real a un entorno que, de la noche a la mañana, se convierte en un campo de batalla.
Investigadores de la Universidad de Friburgo y de la EstaciĂ³n BiolĂ³gica de Doñana han aprovechado una red de cĂ¡maras de seguimiento que ya estaban instaladas en la zona de exclusiĂ³n de ChernĂ³bil para ver quĂ© pasaba. Lo que han encontrado, publicado recientemente en la revista Science, demuestra que la fauna no se queda de brazos cruzados ante el estrĂ©pito de la guerra, sino que ajusta sus rutinas de forma casi inmediata para intentar sobrevivir a una presiĂ³n humana que no tiene nada de pacĂfica.
Una red de cĂ¡maras trampa bajo el fuego militar

Antes de que los tanques cruzaran la frontera, ya existĂa un proyecto cientĂfico en marcha para monitorizar al lince euroasiĂ¡tico en la zona restringida de ChernĂ³bil. Esta circunstancia permitiĂ³ que, tras la retirada de las tropas rusas, el equipo pudiese recuperar los datos de 31 dispositivos de grabaciĂ³n con la ayuda inestimable del ejĂ©rcito ucraniano, que tuvo que limpiar de minas las rutas de acceso. Se analizaron los registros obtenidos durante los 35 dĂas de ocupaciĂ³n y se compararon con el mismo periodo del año anterior para detectar variaciones.
El despliegue militar transformĂ³ este refugio de biodiversidad en un corredor estratĂ©gico hacia Kiev, lo que implicĂ³ bombardeos, incendios y un movimiento constante de vehĂculos blindados. A pesar de los riesgos radiolĂ³gicos propios de la central, que obligan a seguir protocolos estrictos como no usar calzado abierto, el mayor peligro para los cientĂficos y los animales ha pasado a ser la municiĂ³n sin explotar y las barreras de alambre de espino que ahora fragmentan el paisaje.
Respuestas variopintas segĂºn cada especie

Lo mĂ¡s curioso del estudio es que no todos los animales reaccionaron igual ante el jaleo de la guerra. Por ejemplo, se observĂ³ que los zorros rojos y los ciervos redujeron su actividad nocturna de forma drĂ¡stica, algo que pillĂ³ por sorpresa a los expertos, quienes esperaban que los mamĂferos se volvieran mĂ¡s nocturnos para evitar encontrarse con los soldados durante el dĂa. En cambio, en los dĂas de mayor intensidad bĂ©lica, estas especies prefirieron quedarse mĂ¡s quietas durante la noche, quizĂ¡s para evitar ser detectadas o por el estrĂ©s acumulado.
Por su parte, otros animales mostraron comportamientos distintos ante las anomalĂas tĂ©rmicas causadas por los incendios forestales derivados de los combates. Mientras que los avistamientos de corzos cayeron en picado, las liebres europeas se dejaron ver mucho mĂ¡s en esas circunstancias, lo que sugiere una respuesta de movilidad muy alta ante situaciones de riesgo extremo. No cabe duda de que para estas criaturas, el ser humano ha pasado de ser una molestia lejana a una amenaza letal muy similar a la de cualquier depredador natural.
La supervivencia en asentamientos humanos y zonas minadas
Resulta llamativo cĂ³mo la presencia de infraestructuras humanas influyĂ³ en los movimientos de la fauna. Los jabalĂes y los perros mapache se alejaron de los asentamientos donde habĂa tropas, pero el lince y el zorro fueron detectados con mĂ¡s frecuencia cerca de estas Ă¡reas habitadas. Parece que estos depredadores mĂ¡s oportunistas supieron ver en los restos de comida o recursos asociados a la presencia humana una oportunidad que compensaba el riesgo de estar cerca de los militares.
Sin embargo, la peor parte se la han llevado especies amenazadas como el caballo de Przewalski, reintroducido en la zona hace dĂ©cadas. Aunque sus hĂ¡bitos no cambiaron demasiado en los vĂdeos, se ha confirmado la muerte de varios ejemplares por la explosiĂ³n de minas antipersona, lo que demuestra que los daños colaterales de la guerra son muy reales y fĂsicos. Los cientĂficos subrayan que el proceso de restauraciĂ³n ecolĂ³gica que vivĂa ChernĂ³bil vuelve a la vida se ha visto truncado, pasando de ser un laboratorio natural de paz a una zona militarizada donde investigar es jugarse la piel.
La situaciĂ³n actual en este territorio ucraniano deja claro que las consecuencias ecolĂ³gicas de un conflicto armado pueden durar mucho mĂ¡s que los propios disparos. La transformaciĂ³n de un entorno de rewilding en un escenario de guerra estĂ¡ alterando la dinĂ¡mica de las poblaciones salvajes a largo plazo, y es fundamental que la comunidad internacional mantenga el apoyo financiero y logĂstico a los investigadores que, a pesar de todo, siguen al pie del caĂ±Ă³n para proteger la biodiversidad en tiempos de crisis.

