
Por primera vez desde que hay registros comparables, la Unión Europea ha producido más electricidad con energía eólica y solar que con combustibles fósiles. El hito se alcanzó en 2025 y supone un punto de inflexión en la forma en que el continente genera su electricidad, según el último análisis del centro de estudios energéticos Ember.
De acuerdo con ese informe, el viento y el sol aportaron alrededor del 30% de toda la generación eléctrica comunitaria, superando por un punto porcentual al conjunto de las fuentes fósiles, que se quedaron en el 29%. Al mismo tiempo, casi la mitad de la electricidad de la UE procedió de fuentes renovables, consolidando un cambio que ya venía gestándose en los últimos años.
Un cambio estructural en el sistema eléctrico europeo
El avance de la eólica y la solar no es un fenómeno puntual: en solo cinco años han pasado de cubrir en torno al 20% de la demanda eléctrica europea a rondar el 30%. En paralelo, la generación con combustibles fósiles se ha reducido del entorno del 37% al 29%, mientras que la hidráulica y la nuclear se han mantenido relativamente estables o han retrocedido ligeramente.
El informe European Electricity Review de Ember subraya que en 2025 un total de 14 de los 27 Estados miembros ya produjeron más electricidad con eólica y solar juntas que con todas las fuentes fósiles combinadas. Países como España, Portugal, Austria, Francia o Bélgica figuran en ese grupo, al que en 2025 se sumaron también Países Bajos y Croacia gracias al rápido despliegue de nueva potencia renovable.
En el conjunto de la UE, las renovables (eólica, solar, hidráulica y otras tecnologías limpias) aportaron cerca del 47,7% de la electricidad. La primera fuente individual del mix siguió siendo la nuclear, con aproximadamente un 23% del total, mientras que la eólica se situó en torno al 17% y la solar alcanzó un máximo histórico cercano al 13%, superando por primera vez de forma clara al carbón y a la generación hidroeléctrica.
Este vuelco en el reparto de tecnologías se ha producido, además, a pesar de unas condiciones meteorológicas poco favorables para la hidráulica y, en menor medida, para la eólica. La producción de las centrales hidroeléctricas se redujo alrededor de un 12% y la generación eólica cayó aproximadamente un 2%, pero la fuerte expansión de la potencia fotovoltaica instalada permitió compensar esa menor aportación del agua y del viento, lo que pone en valor la resiliencia energética.

El papel protagonista de la energía solar
Buena parte de este vuelco se explica por el empuje de la fotovoltaica. En 2025, la energía solar fue la tecnología que más creció en toda la UE, encadenando su cuarto año consecutivo con incrementos por encima del 20%. La generación solar se situó alrededor del 13% del total eléctrico europeo y marcó un récord de producción anual, duplicando ampliamente el volumen registrado a comienzos de la década.
Ese crecimiento se ha apoyado tanto en grandes plantas solares a escala de red como en la rápida extensión de instalaciones en cubierta, desde tejados residenciales hasta naves industriales. La capacidad fotovoltaica instalada aumentó cerca de un 19% en solo un año, más que cualquier otra fuente de generación, y prácticamente todos los países de la UE vieron aumentar su producción solar frente al ejercicio anterior.
En varios Estados miembros, la solar ya representa más de una quinta parte de la generación eléctrica. Hungría ronda el 28%, Chipre el 25%, mientras que Grecia, España y Países Bajos se sitúan en torno al 22%, 22% y 21%, respectivamente. Esta concentración de altos porcentajes en el sur y el oeste de Europa refleja tanto el recurso solar disponible como el impulso regulatorio y de inversión de los últimos años.
La energía eólica, por su parte, se consolida como la segunda fuente de generación renovable en la UE y una de las principales del sistema en su conjunto. Su cuota se mantiene cercana al 17%, por encima del gas, pese a un ligero descenso de la producción asociado a periodos con menos viento de lo habitual a comienzos de año. La combinación de eólica terrestre, proyectos marinos y repotenciaciones está permitiendo sostener su contribución en un contexto de demanda creciente.
Según la autora principal del informe, Beatrice Petrovich, el hito alcanzado en 2025 “demuestra lo rápido que está cambiando el sector eléctrico europeo” y confirma que la eólica y la solar han dejado de ser una opción marginal para pasar a sostener una parte sustancial del suministro. A su juicio, el gran reto a partir de ahora es reducir con rapidez la dependencia del gas importado y adaptar las redes para aprovechar al máximo la nueva capacidad renovable.
España, a la cabeza de la transición renovable
Dentro del panorama europeo, España aparece entre los países que más han acelerado su transición eléctrica. En 2025, la suma de eólica y solar alcanzó aproximadamente el 42% de la generación nacional, un porcentaje claramente superior a la media comunitaria y que sitúa al sistema eléctrico español en el grupo de cabeza en penetración de renovables variables.
El informe de Ember recoge que la solar fotovoltaica firmó un año de récord en España, con una cuota cercana al 22% de la electricidad producida. De este modo, el país se sitúa entre los cinco socios comunitarios en los que la fotovoltaica supera el 20% del mix, junto con Hungría, Chipre, Grecia y Países Bajos. La eólica, por su parte, ronda también el 20% del total, configurando un equilibrio notable entre ambas tecnologías.
Detrás de estas cifras hay una transformación profunda: el carbón ha pasado de dominar el sistema a ser casi residual. Mientras que en los años noventa aportaba alrededor del 40% de la generación eléctrica española, su contribución hoy apenas representa unas décimas del mix. La intensidad de emisiones del sistema se ha reducido de manera muy significativa, en línea con los objetivos climáticos y de calidad del aire.
Los expertos consultados por Ember subrayan que España no solo ha incrementado su capacidad renovable, sino que además ha logrado en algunos momentos del año producir más electricidad limpia de la que demanda su propio consumo, reforzando su papel como potencial exportador neto de energía de origen renovable en el marco europeo.
Ismael Morales, responsable de políticas climáticas de Fundación Renovables, apunta que el país “se ha consolidado como uno de los líderes europeos gracias a la apuesta decidida por la energía renovable, y la solar en particular”. A su juicio, el gran desafío a corto plazo es ser capaces de aprovechar toda esa generación, evitando vertidos y asegurando que pueda almacenarse y gestionarse para desplazar aún más al gas.
El gas, todavía pieza clave pero cada vez más cuestionada
Pese al avance de la eólica y la solar, el gas natural sigue teniendo un peso relevante en la generación eléctrica de la UE. En 2025, la producción con esta fuente aumentó en torno a un 8% respecto al año anterior, sobre todo para compensar la menor aportación de la hidráulica por la falta de lluvias en muchas cuencas europeas.
Aun así, la tendencia de fondo sigue siendo de descenso: la generación con gas se sitúa todavía aproximadamente un 18% por debajo del máximo registrado en 2019. La sustitución progresiva por renovables, el aumento de la eficiencia y las políticas climáticas de la UE apuntan a una reducción continuada de su cuota en los próximos años, especialmente si se consolidan el despliegue de almacenamiento y otras soluciones como el hidrógeno.
En el caso español, la electricidad producida con gas aumentó alrededor de un 19% en 2025, aunque se mantiene claramente por debajo de los niveles alcanzados durante la crisis energética de 2022. Este repunte se explica, en parte, por la menor producción hidroeléctrica y por el uso reforzado de las centrales de ciclo combinado para prestar servicios de apoyo a la red tras el apagón ibérico registrado en primavera.
Los analistas de Ember consideran, no obstante, que se trata de una situación básicamente temporal. Un cambio normativo aprobado en junio de 2025 permitirá que, a partir de enero de 2026, las instalaciones renovables y los sistemas de almacenamiento puedan participar en el control de tensión y otros servicios de red, reduciendo así la necesidad de recurrir a las centrales de gas para estas funciones.
Más allá del ámbito técnico, el mayor uso de gas ha tenido un impacto directo en la factura energética europea. El valor de las importaciones de este combustible destinadas al sector eléctrico ascendió hasta unos 32.000 millones de euros en 2025, lo que implica un aumento aproximado del 16% respecto al año anterior y supone el primer incremento de este tipo de costes desde la crisis de precios de 2022.
Impacto en precios y seguridad energética
El tirón del gas no solo ha afectado a la balanza comercial: las horas del día con mayor uso de centrales de gas han ido asociadas a picos de precios en los mercados eléctricos mayoristas. De media, los precios en esos periodos resultaron alrededor de un 11% superiores a los del año previo en el conjunto de la UE, según calcula Ember.
Este encarecimiento ha reavivado el debate sobre la vulnerabilidad europea frente a la volatilidad de los combustibles fósiles y a los vaivenes geopolíticos. Tras la reducción progresiva de las importaciones de gas ruso y el mayor peso del gas natural licuado procedente de otros proveedores, los responsables de política energética son cada vez más conscientes del riesgo que supone depender de un número limitado de suministradores.
El propio informe alerta de que esa dependencia incrementa la exposición de la UE a posibles chantajes energéticos y debilita su posición en negociaciones internacionales. En este contexto, la expansión de las renovables autóctonas y del almacenamiento se plantea no solo como una cuestión climática o económica, sino también como una pieza clave de la seguridad y la autonomía estratégica europeas.
La autora del estudio, Beatrice Petrovich, sostiene que “la próxima prioridad de la UE debería ser reducir de manera drástica la dependencia del gas caro e importado”. En su opinión, invertir en baterías, redes eléctricas más robustas y tecnologías que permitan electrificar consumos actualmente basados en combustibles fósiles es la vía más eficaz para lograr precios más predecibles y un suministro menos expuesto a crisis externas.
En paralelo, varios países han empezado a revisar sus marcos regulatorios para acelerar el despliegue de infraestructuras clave, desde nuevas interconexiones transfronterizas hasta redes de distribución preparadas para acomodar un volumen cada vez mayor de generación distribuida y autoconsumo.
Las baterías ganan protagonismo en Europa y en España
Uno de los elementos que más atención despierta en el informe de Ember es el salto adelante del almacenamiento en baterías a escala de red. En 2025, la potencia instalada de grandes sistemas de baterías en la UE superó los 10 gigavatios, más del doble de la capacidad que había apenas dos años antes. Se trata de un crecimiento muy rápido, impulsado por la mejora de la rentabilidad y por la necesidad de gestionar una mayor proporción de generación renovable, así como por innovaciones tecnológicas en almacenamiento.
Casi la mitad de esta potencia se concentra todavía en Italia y Alemania, aunque el estudio señala que la cartera de proyectos en desarrollo se está diversificando geográficamente. Países como Grecia, España y Polonia han alcanzado niveles récord de proyectos de baterías anunciados o en construcción, a pesar de que su capacidad operativa actual sigue siendo relativamente baja en comparación con la potencia eólica y solar ya instalada.
Según los datos recopilados por Ember, si todos los proyectos de baterías ahora en cartera llegaran a materializarse, la capacidad total de almacenamiento a gran escala de la UE superaría los 40 gigavatios. Esto supondría multiplicar por diez la cifra registrada en 2023 y reduciría significativamente la necesidad de mantener en funcionamiento centrales de gas en las horas punta.
España, que parte de una base todavía modesta en cuanto a baterías instaladas, ha visto dispararse el interés por este tipo de soluciones en 2025. Wilmar Suárez, analista de energía de Ember, destaca que el país cuenta con “una oportunidad enorme” en este campo, ya que su alta producción solar permite plantear proyectos de almacenamiento que trasladen la energía sobrante de las horas centrales del día a los momentos de mayor demanda y uso de gas.
De consolidarse esta tendencia, el almacenamiento podría convertirse en una pieza clave para aprovechar al máximo el potencial renovable español y reducir la exposición a los precios del gas. La combinación de baterías, redes reforzadas y una gestión más flexible de la demanda se perfila así como el siguiente gran capítulo de la transición energética en el país y en el conjunto de la UE.
Retos inmediatos y prioridades para los próximos años
El informe de Ember identifica varias áreas en las que será necesario avanzar con rapidez para consolidar el liderazgo renovable alcanzado en 2025. En primer lugar, se apunta a la necesidad de eliminar trabas administrativas y regulatorias que dificultan el despliegue de nuevas instalaciones de almacenamiento y la participación de las renovables en los servicios de red.
En segundo término, los expertos señalan la importancia de electrificar un mayor número de usos finales, desde la calefacción mediante bombas de calor hasta el transporte a través del vehículo eléctrico. Este proceso permitiría aprovechar mejor la generación eólica y solar disponible, desplazando consumos que hoy dependen de derivados del petróleo o del propio gas.
Otro frente clave es el refuerzo de las infraestructuras de transporte y distribución. La integración de grandes volúmenes de renovables variables exige redes más malladas, interconexiones transfronterizas capaces de equilibrar excedentes y déficits entre países y sistemas de gestión digital avanzados que permitan adaptar en tiempo real la demanda a la oferta disponible.
Por último, varios análisis coinciden en que la coherencia entre la política energética y la climática será determinante. Iniciativas como el acuerdo para poner fin a las importaciones de gas ruso antes de finales de la década, el impulso a las subastas renovables o la revisión de los mercados de capacidad tendrán que alinearse con el objetivo de seguir reduciendo el peso de los combustibles fósiles sin poner en riesgo la seguridad de suministro.
Tras un año en el que la eólica y la solar han logrado superar por primera vez a los combustibles fósiles en el mix eléctrico de la UE, el panorama que dibujan los datos apunta a un sistema cada vez más apoyado en fuentes limpias, con España entre los países que marcan el ritmo del cambio, pero también con desafíos claros: recortar la dependencia del gas, contener los costes para hogares y empresas y desplegar a gran escala redes y baterías que permitan que el viento y el sol sostengan con fiabilidad el corazón eléctrico de Europa.