
La energía eólica ha encontrado un nuevo campo de expansión: el aire. Mientras los parques convencionales siguen instalándose en tierra y mar, una nueva generación de proyectos apuesta por elevar los aerogeneradores a alturas hasta ahora reservadas a la aviación. China ya ha probado un sistema que flota a 4.000 metros sobre el nivel del mar y Alemania está a punto de completar el montaje del rotor más alto jamás construido, a 300 metros de altura. Ambas iniciativas, aunque de naturaleza distinta, comparten un mismo objetivo: capturar vientos más potentes y constantes que los que soplan a ras de suelo.
La carrera por la altitud no es una simple cuestión de récords. A mayor altura, la velocidad del viento aumenta y su flujo se vuelve más estable, lo que se traduce en más horas de generación a plena carga y, por tanto, en una mayor producción eléctrica con el mismo rotor. Esa es la lógica que impulsa tanto al aerostato chino como a la torre alemana de 365 metros, dos desarrollos que buscan llevar la energía eólica a terrenos donde antes no resultaba rentable.
China prueba en el cielo su central eólica flotante
La compañía china Sawes ha completado el primer ciclo de pruebas de su sistema eólico aerotransportado S4000, un aerostato con apariencia de dirigible que, según informa el South China Morning Post, está diseñado para operar a unos 4.000 metros de altitud. El ingenio, que tiene una longitud similar a la de un Boeing 747 y se mantiene en el aire gracias al helio, incorpora turbinas ligeras que le permiten ganar altura y mantenerse en posición. Durante las pruebas, realizadas en el noroeste del país el pasado agosto, el sistema demostró su capacidad de ascenso, de mantener la posición, de generar electricidad y de ser recuperado con éxito al final del proceso.
La televisión estatal china CCTV calificó el hito como «un avance para la energía eólica de gran altitud» y un paso hacia su implementación a escala industrial. Y no es para menos: a 4.000 metros, los vientos apenas encuentran obstáculos y alcanzan velocidades muy superiores a las registradas en superficie, similares a las corrientes en chorro que aprovechan los aviones. La ausencia de fricción con el terreno permite un recurso mucho más constante y potente, lo que convierte a estos sistemas en una opción viable para ubicaciones remotas donde no llega la red eléctrica.
Una de las ventajas de esta tecnología es su movilidad. Al trabajar desde el aire y transmitir la electricidad a tierra a través de un cable, el S4000 puede trasladarse con relativa facilidad entre distintos emplazamientos. Eso lo hace especialmente útil en desiertos, tierras altas, islas o zonas afectadas por desastres donde se necesita energía de forma urgente. El modelo probado es el hermano mayor del S2000, que ya voló a 2.000 metros en enero y generó 385 kWh en sus ensayos. Según el diario Hunan Daily, el equipo de Sawes ya trabaja en el S6000, un modelo que operará por encima de los 6.000 metros de altitud.
Alemania levanta el rotor a 365 metros
En el este de Alemania, el proyecto Schipkau, en el estado de Brandeburgo, se prepara para un hito similar, aunque con una tecnología más convencional. El aerogenerador, que alcanzará los 365 metros con las palas incluidas, está a punto de ver cómo su góndola y su rotor son elevados hasta los 300 metros de altura. La operación, prevista para el 20 de septiembre, se realizará con una grúa que subirá los componentes hasta una plataforma a 165 metros, desde donde un sistema hidráulico de elevación completará el izado. Todo el conjunto pesará 750 toneladas e incluye una torre interior móvil.

El promotor del proyecto, la empresa Gicon, destaca que la mayor velocidad del viento a esa altura permitirá incrementar hasta un 40% la producción de energía eólica, lo que equivaldría a duplicar la electricidad generada manteniendo el mismo diámetro de rotor. La estructura de celosía de cuatro patas, similar a la de las torres eléctricas, es una de las señas de identidad de este diseño, que recuerda a la Torre Eiffel. La compañía asegura que las condiciones en lo alto son comparables a las de los aerogeneradores marinos, pero con unos costes de construcción y mantenimiento mucho menores.
El proyecto ha despertado el interés de delegaciones de China y la India, que ya han visitado las obras. La apuesta por la altura responde a la necesidad de ampliar la capacidad eólica terrestre en países donde escasean los emplazamientos adecuados. Con torres de 300 metros, regiones con poco viento hasta ahora podrían convertirse en zonas viables para la generación eólica, abriendo un nuevo mapa de posibilidades para el sector.
La eólica europea sigue creciendo en tierra y mar
Mientras estos proyectos de récord avanzan, el sector eólico europeo mantiene su ritmo de crecimiento. Según los datos de WindEurope, durante el primer semestre de 2026 se instalaron 8,8 GW de nueva capacidad en Europa, un 30% más que en el mismo periodo del año anterior. Alemania lideró el crecimiento con 3,4 GW, seguida de Reino Unido (789 MW) y España (612 MW). Con estas incorporaciones, la capacidad eólica total europea superó los 311 GW, con 270,5 GW en tierra y 40,9 GW en el mar.
La eólica terrestre concentró la mayor parte de las nuevas instalaciones, con 6,5 GW, mientras que la marina aportó 2,3 GW. La asociación prevé cerrar 2026 con alrededor de 24 GW de nuevas instalaciones y alcanzar los 436 GW en 2030. Las inversiones también acompañan: unos 9.000 millones de euros captados en el semestre respaldarán proyectos por 5,2 GW, y las subastas gubernamentales adjudicaron ayudas para 17,2 GW, de los cuales 8,4 GW corresponden a eólica marina.
Sin embargo, el sector advierte de que los permisos y la capacidad de red siguen siendo un cuello de botella. La concesión de autorizaciones se ha desacelerado en España, Francia, Reino Unido, Italia e Irlanda, lo que podría limitar los proyectos listos para construir en los próximos años. Alemania, en cambio, autorizó más de 9 GW de eólica terrestre entre enero y junio, lo que refuerza su papel como motor del crecimiento europeo, aunque persisten dudas sobre la capacidad de la red para integrar toda esa energía.
A la espera de que el S4000 chino o el aerogenerador alemán demuestren su viabilidad comercial a gran escala, la industria eólica europea ha sentado unas bases sólidas de crecimiento. La combinación de tecnología, inversión y apoyo político sitúa al continente en disposición de cumplir sus objetivos climáticos, siempre que los trámites se agilicen y las redes se amplíen al ritmo necesario. La apuesta por la altura, en cualquier caso, apunta a un futuro donde el cielo también será territorio eólico.
