
La energía térmica se ha convertido en un pilar silencioso de la transición energética europea. Aunque el foco mediático suele recaer en la electricidad renovable, buena parte del consumo de energía en hogares, servicios e industria se destina al calor, y las instituciones comunitarias empiezan a ajustar sus normas para reflejarlo.
Al mismo tiempo, España atraviesa un momento contradictorio en uno de sus sectores térmicos clave: la energía solar térmica. Los últimos datos muestran un desplome histórico en nueva potencia instalada, pero también un potencial enorme en aplicaciones industriales y en el parque de vivienda nueva, con la vista puesta en una recuperación a corto plazo.
Europa actualiza las reglas del juego para medir la energía térmica
El Consejo Europeo ha dado un paso relevante al aprobar una nueva directiva sobre Instrumentos de Medida (MID) que refuerza el papel de los contadores y sistemas de medición en la transición ecológica. Entre los dispositivos afectados se encuentran los contadores de energía térmica, fundamentales para facturar y gestionar el consumo de calor en redes urbanas, edificios y soluciones de climatización eficiente.
Con esta revisión normativa se amplía el ámbito de aplicación de la directiva para abarcar equipos de suministro de vehículos eléctricos y surtidores de gas comprimido, pero también se subraya la importancia de mejorar la medición de los flujos de energía térmica. La idea es que el usuario final disponga de datos claros y directos sobre el consumo, ya sea en el propio contador, en una pantalla remota o en dispositivos como teléfonos inteligentes y pantallas de vehículos en el caso de determinados equipos.
La directiva revisada introduce además exigencias técnicas para que los cables de los equipos de recarga eléctrica puedan sustituirse con facilidad si sufren daños o robos, sin sacrificar el rendimiento del sistema. Esta armonización del marco técnico pretende facilitar el despliegue de infraestructuras de medición y suministro energético en todo el mercado único.
Uno de los objetivos de fondo es impulsar la digitalización y la medición inteligente. Al contar con contadores térmicos y eléctricos más avanzados y conectados, se abre la puerta a sistemas de facturación más transparentes, gestión optimizada de la demanda y mejor integración de las energías renovables, tanto eléctricas como térmicas.
Tras su adopción formal, la nueva norma entrará en vigor 20 días después de su publicación en el Diario Oficial de la Unión Europea. A partir de ahí, los Estados miembros dispondrán de 24 meses para trasladarla a su legislación nacional, y en general se aplicará 30 meses después de la entrada en vigor, con un periodo más largo -48 meses- para cargadores de vehículos eléctricos y surtidores de gas comprimido.
La energía térmica en España: desplome histórico, pero con margen de recuperación
Mientras la regulación europea afina la forma de medir el calor, el mercado español de energía solar térmica atraviesa una de sus peores rachas. El Informe Anual 2025 de ASIT Solar Térmica cifra en 59,5 megavatios térmicos (MWt), equivalentes a unos 85.000 metros cuadrados de captadores, la en 2024.
Ese volumen supone un descenso del 38% respecto al año anterior, cuando se habían incorporado cerca de 137.500 metros cuadrados. En términos de superficie, 2024 se ha convertido en el peor ejercicio de las últimas dos décadas para el sector, con la única excepción de 2005, que aún registró algo más de 95.000 metros cuadrados de nuevas instalaciones.
A pesar del frenazo reciente, el acumulado es considerable: ASIT calcula que España cuenta ya con unos 3.670 MWt de potencia solar térmica instalada, repartida en aproximadamente 5,2 millones de metros cuadrados. Esta base refleja que la tecnología ha tenido un recorrido sólido a lo largo de los años, aunque el impulso se haya moderado en el último periodo.
La asociación sectorial ve, sin embargo, motivos para el optimismo moderado de cara a 2025. Uno de los motores previstos es el repunte de la construcción de viviendas: solo en 2024 se iniciaron alrededor de 127.000 nuevas unidades, un 16,7% más que en 2023, y se finalizaron cerca de 98.000, lo que implica un aumento de algo más del 11%.
Junto al tirón del ladrillo, ASIT señala el impacto esperado de las ayudas del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), las líneas de financiación de las comunidades autónomas en el marco de los fondos Feder 2021-2027 y el sistema de Certificados de Ahorro Energético (CAE). Estos mecanismos pueden mejorar la rentabilidad de las instalaciones solares térmicas, tanto en edificios residenciales como en aplicaciones de servicios y procesos productivos.
Una tecnología europea, de proximidad y con alto impacto térmico
La asociación subraya que la solar térmica es una tecnología esencialmente europea, con una cadena de valor muy localizada. Buena parte de la demanda de equipos en la Unión Europea se cubre con producción propia, utilizando materiales abundantes y reciclables como vidrio, acero o cobre, lo que la alinea con los principios de la economía circular.
En España, la capacidad industrial es elevada: según los datos recopilados por ASIT, el sector cuenta con posibilidad de fabricar del orden de un millón de metros cuadrados de captadores solares térmicos al año. Sin embargo, en 2024 la utilización real de esa capacidad fue muy limitada.
Las plantas españolas apenas produjeron un 8% de su potencial, con unos 85.000 metros cuadrados de captadores, de los cuales cerca de 50.000 se exportaron a alrededor de medio centenar de países. Es decir, una parte sustancial de la fabricación nacional se destinó a mercados exteriores, mientras que el despliegue interno continuó a la baja.
El contexto global refuerza la relevancia de la energía térmica: se estima que aproximadamente la mitad de la demanda energética de los hogares se destina al calor, ya sea para calefacción, agua caliente sanitaria o climatización. En la industria, el peso de la energía térmica es aún mayor, entorno al 75% del consumo total, centrado en procesos como secado, cocción, lavado, destilación o tratamiento de materias primas.
Desde la óptica de ASIT, para cubrir la demanda de calor de proceso industrial a baja temperatura (hasta unos 400 ºC) la energía solar térmica ofrece una alternativa muy competitiva. Existen ya más de mil sistemas operativos en todo el mundo en diferentes sectores industriales, lo que demuestra, según la asociación, que no se trata de una tecnología experimental, sino de soluciones que han superado la fase piloto.
Aplicaciones industriales: del sector alimentario a la química
El presidente de ASIT, Oleguer Fuentes, destaca que en España sectores como alimentación, bebidas, química o textil están incorporando progresivamente sistemas solares para cubrir necesidades térmicas entre 30 ºC y 400 ºC. Las nuevas plantas han pasado en pocos años de escalas de apenas 2 MWt a instalaciones que superan los 30 MWt, lo que evidencia un salto cuantitativo en la ambición de los proyectos.
En cuanto a costes, la asociación sitúa el precio del calor solar térmico de baja temperatura en torno a 20-30 euros por megavatio hora, una banda que puede resultar muy competitiva frente a combustibles fósiles, especialmente en un contexto de volatilidad de precios del gas y de mayor presión regulatoria sobre las emisiones.
La elección del tipo de colector depende en gran medida de la temperatura necesaria en el proceso. Para aplicaciones de hasta unos 100 ºC, como calentamiento de agua, climatización o ciertos procesos de lavado, se emplean colectores de aire, colectores planos y tubos de vacío, que funcionan sin concentrar la radiación.
Cuando se requieren temperaturas más elevadas, entre 100 ºC y 400 ºC, entran en juego colectores solares térmicos de concentración, como placas Scheffler, colectores Fresnel o sistemas cilindro-parabólicos, más vinculados en el imaginario colectivo a la termosolar de generación eléctrica, pero perfectamente adaptables a la producción de calor industrial.
Un estudio realizado por la empresa alemana solrico en febrero de 2025 calcula que existen al menos 1.315 sistemas solares térmicos en funcionamiento dedicados a la producción de calor industrial en todo el mundo. En conjunto, suman unos 1,531 millones de metros cuadrados de área de captación, con una potencia aproximada de 1.071 MWt instalada.
Según las cifras recopiladas, el mercado de soluciones solares térmicas para procesos industriales se ha mostrado variable de un año a otro, pero con una media de alrededor de cien nuevos sistemas puestos en marcha anualmente entre 2017 y 2024, con una potencia cercana a 1,1 MWt por proyecto. No es un despliegue masivo todavía, pero sí una dinámica de crecimiento sostenido en un nicho específico.
Productividad térmica y ventaja frente a la fotovoltaica
Una de las ideas en las que insiste el sector es la alta densidad energética que proporciona la solar térmica. Para una misma superficie de captación, los sistemas térmicos pueden llegar a generar entre tres y cuatro veces más energía útil que una instalación solar fotovoltaica convencional destinada a producir electricidad.
Esto no significa que ambas tecnologías compitan directamente, ya que cubren usos diferenciados: la fotovoltaica se orienta a la electricidad y la solar térmica al calor. Pero en emplazamientos donde el espacio disponible es limitado y la demanda principal es térmica, la balanza puede inclinarse fácilmente hacia la opción de colectores solares.
La conjunción de una cadena de fabricación europea consolidada, un potencial de producción nacional elevado y una demanda de calor significativa en múltiples sectores sitúa a la solar térmica en una posición estratégica. El gran reto, a corto plazo, pasa por reactivar la demanda interna, acelerar la sustitución de calderas convencionales y afinar los esquemas de ayudas para proyectos industriales.
En paralelo, la actualización de marcos normativos como la directiva MID y la extensión de contadores de energía térmica más avanzados permitirán medir mejor el rendimiento real de estas instalaciones, algo clave para que inversores, empresas y administraciones tomen decisiones con datos fiables y comparables.
El conjunto de cambios regulatorios europeos y la evolución del mercado español muestran que la energía térmica está dejando de ser la gran olvidada de la transición energética. Su papel en hogares, edificios y, sobre todo, en la industria la convierte en un elemento imprescindible para reducir emisiones y dependencia de combustibles fósiles, y en los próximos años será uno de los campos donde se juegue buena parte del cumplimiento de los objetivos climáticos.