La energía solar transforma antiguas minas de carbón en una oportunidad verde

  • Hasta 300 GW de energía solar podrían instalarse en minas de carbón cerradas a nivel mundial para 2030.
  • Australia, China, EE.UU., Indonesia e India concentran las mayores áreas aptas para el desarrollo solar en antiguas minas.
  • La conversión de minas impulsa empleo local, limpieza ambiental y energía renovable simultáneamente.
  • Más del 95% de minas cerradas están cerca de redes eléctricas, facilitando su reutilización para generación limpia.

energía solar en minas de carbón

La transformación de viejas minas de carbón en espacios productivos para la energía solar está revolucionando el sector energético global. A medida que la minería del carbón va perdiendo terreno frente a fuentes más limpias, vastas áreas que durante décadas estuvieron dedicadas a este combustible fósil se están convirtiendo en campos solares capaces de abastecer de energía a países enteros.

Expertos y diversas organizaciones internacionales estiman que, si se aprovecha el potencial de las minas de carbón cerradas, podrían sumarse cerca de 300 gigavatios (GW) de potencia solar al mix energético mundial antes de que finalice la década. Las cifras provienen de recientes investigaciones de entidades como Global Energy Monitor, quienes han rastreado los cierres de minas y han calculado la superficie susceptible de albergar paneles solares a gran escala.

Un potencial global impulsado por grandes potencias

proyectos solares en minas de carbón

A nivel mundial, el cierre de cientos de minas en los últimos años ha dejado más de 2.000 km² disponibles para reconvertir en plantas solares. Solo Australia, uno de los principales productores del planeta, cuenta con aproximadamente 1.470 km² ya identificados como idóneos para este tipo de proyectos, lo que equivale a una capacidad potencial de unos 73 GW.

China encabeza hoy la reconversión de antiguos yacimientos de carbón, con 90 proyectos solares en minas ya en marcha y otros 46 en fase de planificación. Su caso sirve de ejemplo a otros grandes países productores, como Estados Unidos, Indonesia e India, en cuyos territorios se concentra la mayoría del terreno degradado por la minería y ahora disponible para energías renovables.

La cercanía de estas minas a infraestructuras eléctricas existentes, como subestaciones y líneas de transmisión, facilita la integración inmediata de la nueva generación solar en la red. Global Energy Monitor calcula que más del 95% de minas cerradas en los últimos años se encuentran a menos de 10 km de una red eléctrica, lo que elimina una de las principales barreras a la hora de instalar plantas solares de gran tamaño.

Beneficios ambientales, sociales y económicos

La reconversión de estos espacios va mucho más allá de la producción de electricidad limpia. Diversos análisis apuntan a que la instalación de plantas solares en minas abandonadas puede suponer la creación de más de 250.000 empleos permanentes y otros 317.000 temporales solo en labores de construcción, cantidades significativamente superiores a los puestos de trabajo que se prevé que desaparezcan en la industria del carbón de aquí a 2035.

Además de revitalizar empleos y dinamizar la economía local, la reutilización de terrenos degradados permite resolver un doble problema: la restauración ecológica de áreas afectadas por la minería y la búsqueda de espacios para nuevas infraestructuras renovables, todo ello sin generar conflicto con otros usos del suelo, como la agricultura o la conservación de la naturaleza.

En muchos casos, la recuperación ambiental incluye el sellado de antiguos vertederos de residuos tóxicos y la gestión del agua subterránea, tareas indispensables para asegurar la estabilidad del terreno y la seguridad de las comunidades cercanas.

Casos destacados y retos de futuro

Diversos países ya han impulsado proyectos emblemáticos de reconversión. En Australia, por ejemplo, se han anunciado planes para instalar más de 2,7 GW de solar en antiguas minas, mientras que en China la cifra total instalada supera los 14 GW y sigue creciendo año a año.

Transformar una mina en desuso no siempre es tarea sencilla. Los trámites administrativos, la burocracia y la necesidad de asegurar la estabilidad física del terreno (especialmente en minas situadas por debajo del nivel freático, como Hazelwood o Yallourn en Australia) pueden retrasar la puesta en marcha de nuevos parques solares. En ocasiones, la solución pasa por rellenar los vacíos mineros con agua o materiales de relleno para prevenir riesgos de hundimientos y daños a infraestructuras cercanas.

La mayoría de los proyectos se benefician de la disponibilidad de redes eléctricas cercanas, lo que reduce costes e impulsa la viabilidad económica. La recuperación de estos terrenos para otros usos también está generando interés: en Australia ya se exploran alternativas como el almacenamiento de energía mediante gravedad en pozos mineros o el desarrollo de centrales hidroeléctricas de bombeo, siempre en combinación con energía solar y eólica.

Perspectivas para los próximos años

La transformación de minas de carbón en instalaciones solares puede suponer hasta el 15% de la nueva capacidad solar global prevista para 2030. Esto, unido a la gran cartera de proyectos solares a gran escala en desarrollo (más de 2.000 GW a nivel mundial), marca un cambio de paradigma que no solo ayuda a cumplir los compromisos climáticos internacionales, sino que también representa una alternativa realista para regenerar regiones tradicionalmente ligadas al carbón.

Esta estrategia, además de mitigar conflictos por el uso del suelo y reducir el desempleo en zonas mineras, acelera la transición hacia una energía más limpia. Tal y como señalan los analistas, la clave está en adoptar políticas y marcos legales adecuados para facilitar la rápida transformación de estas áreas y asegurar el éxito de la transición energética, sin dejar atrás a las comunidades locales ni los objetivos medioambientales.

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