La energía renovable desaprovechada por la red eléctrica

  • España podría triplicar la energía renovable desaprovechada hasta 2030 por la congestión de la red.
  • Provincias como Badajoz, Ciudad Real, Zaragoza, Soria o Lugo concentran buena parte de los recortes de generación verde.
  • En Europa se pierden ya 72 TWh anuales por cuellos de botella y retrasos en la ampliación de infraestructuras eléctricas.
  • La UE necesita elevar de forma sostenida la inversión en redes para integrar los nuevos proyectos solares, eólicos y de baterías.

energía renovable desaprovechada

Una parte creciente de la electricidad renovable producida en España no llega a consumirse por culpa de las limitaciones de la red eléctrica. La combinación de cuellos de botella, retrasos en nuevas infraestructuras y el fuerte incremento de parques solares y eólicos está obligando a frenar la generación en momentos de alta producción, justo cuando más se avanza hacia la descarbonización.

El impacto no es menor: solo este año se dejarán de aprovechar 892 gigavatios hora (GWh) de energía verde por restricciones técnicas, y los analistas calculan que esta cifra podría multiplicarse por tres de aquí a 2030, hasta alcanzar los 2.869 GWh. Un volumen nada despreciable en un país que aspira a tener un sistema eléctrico prácticamente libre de emisiones a finales de la década.

España: líder en renovables, pero con energía desaprovechada

El metaanálisis europeo «The State of European Power Grids: A Meta-Analysis», promovido por Hitachi Energy y elaborado por Aurora Energy Research, sitúa a España entre los países más afectados por la congestión de la red. Según el documento, el sistema eléctrico español afronta un problema de fondo: la demanda y la generación no están en los mismos sitios.

Mientras el consumo eléctrico se concentra en Madrid y las principales zonas costeras, el grueso de los grandes parques eólicos y solares se ha instalado en áreas del interior y regiones periféricas, con menor demanda local y menos capacidad de evacuación. Este desajuste geográfico, unido a una red que no se ha adaptado al mismo ritmo, obliga en muchas ocasiones a limitar la inyección de electricidad a la red.

El responsable de renovables de Hitachi Energy, Alfredo Parres, explica que la limitada capacidad de transporte y los retrasos en la puesta en servicio de nuevas líneas acaban generando cuellos de botella que obligan a parar o reducir temporalmente la producción de los parques. Es lo que se conoce como «curtailments»: recortes forzosos de generación, incluso cuando hay sol y viento de sobra para abastecer la demanda, un fenómeno que también afecta a la energía eólica distribuida.

Paradójicamente, todo esto ocurre en un país que ya se encuentra a la cabeza de Europa en participación renovable. El año pasado, las energías limpias aportaron alrededor del 57% de la electricidad generada, situando a España como referencia en integración de tecnologías verdes. Sin embargo, el informe advierte de que esta ventaja puede diluirse si no se acelera de forma clara la inversión en redes de transporte y distribución.

El mensaje de los autores es claro: sin un refuerzo sustancial de la infraestructura, España corre el riesgo de desperdiciar una parte importante de su potencial renovable justo cuando la transición energética y la competitividad industrial europea dependen de contar con electricidad asequible, estable y libre de emisiones.

Provincias más afectadas por la energía renovable perdida

Los efectos de estas limitaciones se perciben con especial fuerza en algunas provincias del interior peninsular, donde se ha concentrado en los últimos años la instalación de grandes parques solares fotovoltaicos y eólicos. Son territorios con mucho recurso renovable, pero aún con infraestructura de red insuficiente para evacuar toda la energía generada.

En 2024, Badajoz se situó como la provincia española donde más electricidad renovable se quedó sin verter a la red, con alrededor de 177 GWh desaprovechados. Muy cerca aparece Ciudad Real, que perdió en torno a 120 GWh, según el análisis de Aurora Energy Research para Hitachi Energy.

Tras estas dos provincias destacan Zaragoza, con unos 143 GWh de energía no aprovechada, Soria, con aproximadamente 54 GWh, y Lugo, con unos 50 GWh. En todos estos casos, la combinación de altos niveles de generación renovable y falta de capacidad suficiente en las líneas de transporte explica buena parte de las restricciones.

El informe subraya que, si no se acometen inversiones adicionales en refuerzos de red, la energía verde desaprovechada seguirá creciendo a medida que entren en operación nuevos parques. El caso de Ciudad Real es paradigmático: la provincia se ha convertido en un polo renovable, pero la red aún no está dimensionada para absorber todo el caudal de electricidad que pueden suministrar sus plantas solares y eólicas.

Esta situación no solo tiene efectos ambientales, al perderse generación libre de CO2, sino también económicos: se reducen los ingresos de los proyectos, se envían señales de precio menos favorables para nuevas inversiones y se desaprovecha una oportunidad de consolidar empleo y actividad industrial ligada a la transición energética en zonas rurales y de la España interior.

Europa frente al reto de la energía renovable desaprovechada a 2030

A escala europea, el problema de la energía renovable desaprovechada a 2030 también preocupa. El informe calcula que en 2024 se perdieron 72 teravatios hora (TWh) de electricidad, en su mayoría de origen renovable, debido a cuellos de botella y limitaciones en las redes. Esta cifra equivale, aproximadamente, al consumo anual de electricidad de un país como Austria, lo que da una idea de la magnitud del desafío.

La raíz del problema es similar a la española, pero a gran escala: la infraestructura eléctrica europea no crece al ritmo de la generación renovable ni de la nueva demanda asociada a la electrificación. En muchos sistemas, las líneas de transporte y distribución se diseñaron pensando en un mapa de consumo y producción muy distinto al actual, con pocas grandes centrales fósiles y nucleares y menos descentralización.

Hoy, en cambio, la red debe ser capaz de conectar miles de parques eólicos terrestres y parques eólicos marinos, extensos campos fotovoltaicos, instalaciones de autoconsumo, así como gestores de carga para vehículos eléctricos, bombas de calor o electrolizadores para hidrógeno verde. Toda esta nueva demanda y oferta eléctrica presiona una infraestructura que aún arrastra años de infra-inversión.

Para que Europa logre su objetivo de cero emisiones netas de aquí a 2050, el documento apunta que será imprescindible triplicar la capacidad solar y eólica instalada en el continente, un impulso que ya refleja la creciente demanda del sector de la eólica marina. Esto irá acompañado de un incremento de la demanda eléctrica superior al 70%, impulsado por la electrificación del transporte, la climatización de edificios y parte de los procesos industriales.

Sin embargo, los autores avisan de que estas metas solo serán viables si se aborda a la vez una transformación profunda de la red de transporte y distribución, tanto en extensión como en digitalización y flexibilidad operativa. De lo contrario, la energía limpia que se proyecta instalar para 2030 y 2040 podría quedar parcialmente infrautilizada.

Colapso de solicitudes de conexión y proyectos en cola

Uno de los datos más llamativos del análisis tiene que ver con la cantidad de proyectos que buscan conectarse a la red y que, por ahora, no disponen de capacidad disponible. En países como España, Reino Unido, Francia, Italia y Países Bajos, la cifra de iniciativas en espera se ha disparado en los últimos años.

En conjunto, estos cinco mercados suman alrededor de 800 gigavatios (GW) de nuevos proyectos renovables —principalmente parques solares y eólicos— pendientes de conexión, además de cerca de 550 GW de proyectos de baterías que también pretenden engancharse a la red. Estas cantidades superan con creces la potencia actualmente en funcionamiento, estimada en unos 339 GW para la generación solar y eólica y apenas 10 GW de almacenamiento con baterías.

Esta enorme «cola de conexión» pone de relieve la brecha entre la ambición climática y la realidad de las infraestructuras. Muchos proyectos técnicamente maduros, con financiación y permisos avanzados, se encuentran frenados por la falta de capacidad para evacuar la energía o por procesos administrativos complejos y lentos para reforzar la red.

No solo los generadores se han lanzado a la carrera por conectarse. Los grandes consumidores eléctricos también están presentando masivamente solicitudes para enganchar sus instalaciones a la red: puntos de recarga rápida para vehículos eléctricos, centros de datos, calefacción y climatización totalmente eléctricas, o proyectos vinculados al hidrógeno de origen renovable.

El informe cifra en 321 GW las solicitudes de conexión de estos grandes consumidores en Europa, una potencia que supera la demanda máxima registrada en 2024, situada en torno a 245 GW. Este dato refleja que, si toda esa nueva demanda llegara a materializarse, el sistema necesitaría disponer de mucha más capacidad no solo de generación renovable, sino también de red y almacenamiento para poder atenderla con seguridad.

Inversión en redes: cuellos de botella y necesidades hasta 2045

La cuestión de fondo es cuánto habrá que invertir y en qué plazos para evitar que, de cara a 2030 y más allá, la energía renovable desaprovechada siga aumentando. En los últimos cinco años, la inversión europea en redes de transporte y distribución ha crecido cerca de un 47%, hasta aproximarse a los 70.000 millones de euros anuales.

Aun así, los cálculos de Aurora Energy Research indican que esta cifra resulta insuficiente: la inversión actual estaría entre un 13% y un 44% por debajo de lo necesario cada año para encajar con la senda de emisiones netas cero. Es decir, aunque la tendencia es ascendente, la brecha de inversión persiste si se compara con lo que haría falta para acompañar el despliegue renovable previsto.

Según el informe, Europa debería destinar entre 81.000 y 113.000 millones de euros anuales a redes eléctricas para resolver los cuellos de botella que ya se observan y evitar que se agraven a medida que aumente la generación limpia. Este rango de inversión permitiría tanto el refuerzo y digitalización de la red existente como la construcción de nuevas líneas y subestaciones.

Mirando más allá de 2030, el estudio traza una hoja de ruta hasta 2045 que implica una auténtica reconstrucción de la infraestructura eléctrica del continente. En ese horizonte temporal, Europa necesitaría instalar alrededor de 465.000 kilómetros de líneas de transmisión de alta tensión, unos 6,3 millones de kilómetros de líneas de distribución y más de 4 millones de transformadores para atender la creciente demanda y la integración masiva de renovables.

Este esfuerzo equivale, en la práctica, a rediseñar la red eléctrica europea en una sola generación. No se trata solo de añadir kilómetros de cable, sino también de modernizar equipos, incorporar tecnologías de control avanzado y flexibilizar la operación del sistema para que pueda gestionar con seguridad grandes volúmenes de producción intermitente y una demanda cada vez más electrificada.

Coordinación, planificación y uso más eficiente de la red

Más allá de las cifras de capacidad y de inversión, el informe pone el foco en la importancia de mejorar la coordinación entre todos los actores del sistema. La integración eficiente de la energía renovable, la electrificación de la economía y el cumplimiento de los objetivos climáticos no dependen solo del dinero destinado a redes, sino de cómo se planifica y se ejecuta su despliegue.

Los autores subrayan la necesidad de reforzar la colaboración entre operadores de sistemas de transporte (TSO) y de distribución (DSO), fabricantes de equipos, reguladores, promotores de proyectos renovables y grandes consumidores. Una mejor comunicación sobre necesidades de equipamiento y plazos de desarrollo permitiría reducir retrasos, evitar duplicidades y priorizar las actuaciones con mayor impacto en términos de reducción de energía desperdiciada.

Asimismo, el estudio defiende aprovechar al máximo las tecnologías disponibles para hacer un uso más eficiente de la red existente. Esto incluye soluciones de automatización y digitalización, sistemas de gestión activa de la demanda, almacenamiento energético distribuido y enfoques de flexibilidad que permitan adaptar tanto la generación como el consumo a las condiciones de la red en tiempo real.

En el caso de España, una mejora en la planificación conjunta de la red y los nuevos proyectos renovables ayudaría a minimizar futuras congestiones en provincias que ya hoy registran altos niveles de recortes de generación. Esto pasa por anticiparse en la construcción de nuevas líneas y subestaciones en las zonas donde se concentra el desarrollo renovable y en los corredores clave hacia los grandes polos de consumo.

El informe insiste en que, si se avanza en coordinación y se acelera la inversión adecuada, la energía renovable desaprovechada puede reducirse de forma significativa en la próxima década, permitiendo que España y Europa aprovechen plenamente su ventaja en recursos solares y eólicos y mantengan su competitividad en la carrera global por la descarbonización.

Los datos dibujan un escenario en el que España y el resto de Europa han demostrado una enorme capacidad para desplegar renovables, pero en el que la red eléctrica se ha convertido en el elemento crítico a resolver: sin un refuerzo decidido de las infraestructuras y una mejor coordinación entre agentes, una porción creciente de la energía limpia que podría producirse hasta 2030 se quedará sin aprovechar, con implicaciones directas para la transición energética, la seguridad de suministro y la posición competitiva del continente.

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