La transición hacia un modelo de economía circular en España avanza a distintos ritmos, combinando inversiones millonarias, nuevas regulaciones y casos de éxito que demuestran que el cambio es posible. Sin embargo, el camino no está exento de obstáculos: la necesidad de infraestructuras, la competencia desleal de productos importados y el debate sobre cómo financiar la transformación marcan la agenda del sector.
Europa ha fijado objetivos ambiciosos de reciclaje y reducción de vertido que España debe cumplir, como alcanzar un reciclaje del 55% de residuos municipales en 2025 y reducir un 13% el peso de los residuos generados respecto a 2010. Para lograrlo, las administraciones y las empresas trabajan en iniciativas que van desde la gestión de neumáticos hasta la colaboración entre universidades, pasando por ayudas autonómicas y la polémica sobre la valorización energética.
Fondos y ayudas para impulsar la circularidad

El Gobierno de La Rioja ha destinado 7 millones de euros a través de la ADER para apoyar la eficiencia energética, las renovables y la economía circular en empresas y autónomos. Estas ayudas, enmarcadas en la Orden EIE/60/2024, se dirigen a la industria, los edificios de servicios y una línea específica de transición ecológica. La iniciativa busca reducir la dependencia de combustibles fósiles y mejorar la competitividad del tejido productivo riojano.
Por su parte, el PSOE de Ceuta ha llevado al Pleno una propuesta para exigir al Gobierno local que active la presentación de proyectos al PERTE de Economía Circular, dotado con 492 millones de euros, y que dé transparencia a los 32 millones de euros del FEDER 2021-2027 asignados a la ciudad. La formación advierte de que Ceuta corre el riesgo de perder fondos europeos y oportunidades de empleo si no acelera la implantación de su Plan Integrado de Gestión de Residuos 2025-2030.
Estas dos realidades reflejan la disparidad en el ritmo de adopción de la economía circular entre comunidades autónomas. Mientras unas invierten y planifican, otras se enfrentan a retrasos en la ejecución de sus planes, lo que pone en riesgo el cumplimiento de los objetivos europeos y la captación de fondos.
Casos de éxito: gestión de neumáticos y colaboración académica

Uno de los ejemplos más consolidados de economía circular en España es la gestión de neumáticos fuera de uso. Signus, la entidad líder en este sector, gestionó más de 230.000 toneladas en 2024, equivalentes a 16 millones de neumáticos de turismo, superando en un 5,5% sus obligaciones legales y alcanzando una tasa de reutilización del 12,2%. El proceso transforma estos materiales en pavimentos deportivos, carreteras y materiales de construcción, alargando su vida útil y reduciendo residuos.
En el ámbito académico, la Cátedra MARE de Economía Circular y la Cátedra UNESCO de Ingeniería Ambiental han firmado un acuerdo de colaboración para reforzar la investigación, la formación y la transferencia de conocimiento. La alianza, impulsada por la Universidad de Cantabria, permitirá desarrollar proyectos conjuntos, seminarios y movilidad académica, conectando la economía circular con la ingeniería ambiental para generar mayor impacto social e internacional.
Ambos casos demuestran que la colaboración público-privada y la innovación son claves para avanzar hacia un modelo circular. Sin embargo, el sector textil, uno de los más afectados por la nueva regulación europea, advierte de que la transición no puede basarse solo en obligaciones, sino que necesita una industria competitiva y con capacidad de inversión.
El debate sobre la valorización energética y el mercado de emisiones

Uno de los puntos más controvertidos de la agenda circular es la posible inclusión de las instalaciones de valorización energética municipal en el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión (EU ETS). Según estimaciones del sector, el coste podría superar los 100 millones de euros anuales en España desde los primeros años, y alcanzar los 270 millones hacia 2040. Asociaciones como AEVERSU advierten de que esta carga regulatoria podría ralentizar las inversiones necesarias para reducir el vertedero, ya que cada euro destinado a costes de emisión es un euro que no se invierte en nuevas infraestructuras de reciclaje.
Desde el sector de la valorización energética se defiende que la economía circular no puede basarse en una única solución, sino en una combinación de prevención, reciclaje y valorización para los residuos no reciclables. La experiencia de países europeos avanzados muestra que las mayores tasas de reciclaje y los menores niveles de vertido se logran integrando todas las opciones, no enfrentándolas. Por ello, se pide cautela antes de imponer nuevas cargas que podrían desincentivar la construcción de plantas de tratamiento y prolongar la dependencia del vertedero.
El debate refleja la tensión entre los objetivos climáticos y los de economía circular. Mientras la UE exige reducir el vertido y aumentar el reciclaje, la posible inclusión de la valorización en el EU ETS podría encarecer una de las herramientas necesarias para lograrlo. La decisión final, que se espera en los próximos meses, tendrá consecuencias directas sobre la capacidad de España para cumplir los objetivos europeos y avanzar hacia un modelo realmente circular.
La transición hacia la economía circular en España avanza con pasos firmes, pero también con desafíos que requieren coordinación entre administraciones, inversión en infraestructuras y un marco regulatorio que no penalice a la industria nacional frente a competidores de terceros países. La combinación de fondos europeos, casos de éxito como el reciclaje de neumáticos y la colaboración académica, junto con un debate abierto sobre la valorización energética, dibuja un panorama en el que la sostenibilidad y la competitividad deben ir de la mano para que la circularidad no se quede en una aspiración, sino que se convierta en una realidad palpable en todo el territorio.
